Adaptación no es resignación

En la zona geográfica donde está insertada Cuba se producirán impactos significativos por el cambio climático.

Jorge Luis Baños - IPS

Se han perdido otros 100 millones de hectáreas de bosque

El planeta llora, grita, arde y suda por los cuatro costados. Frío glacial por un lado, calor abrumador por el otro. Lluvias intensas en una región, sequía en otras. Los eventos extremos son cada vez más frecuentes.

De enero a junio de este 2010, la temperatura media del planeta -océanos y tierra- fue la más elevada que jamás se haya registrado, según las mediciones de la Agencia Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).

De acuerdo con la agencia estadounidense, los 10 récords de temperatura global constatados desde 1880 se sitúan todos en los últimos 15 años, las temperaturas promedio han crecido en 0,8 grados centígrados desde 1980, las últimas dos décadas del siglo XX fueron las más ardientes de los últimos 400 años y, posiblemente, las más calurosas de varios milenios.

Según el Panel Intergubernamental de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el Cambio Climático, 11 de los últimos 12 años están dentro de la docena de años más fogosos desde 1850.

Sube el nivel del mar y aumenta la frecuencia e intensidad de los ciclones. Se ha alterado el régimen de lluvias. Se han perdido otros 100 millones de hectáreas de bosque. Los desiertos han crecido. El 30 por ciento de las especies desaparecerá si la temperatura global se incrementa entre 1,5 y 2,5 grados centígrados. Pequeños estados insulares corren el riesgo de desaparecer bajo las aguas.

Entre las noticias cada vez más alarmantes para la humanidad están las del cambio climático; pero no basta solo con lamentarse, sino con ejecutar acciones que mitiguen y permitan a la humanidad y a las comunidades adaptarse a estos terribles cambios o, al menos, lograr que esas catástrofes dejen el menor daño posible a los habitantes de este planeta convulso.

“La falta de una acción internacional clara y decidida para mitigar el cambio climático amenaza con socavar las esperanzas de generaciones enteras de erradicar la pobreza y alcanzar niveles adecuados de salud, nutrición y educación”, denunció el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, en las Mesas Redondas interactivas de la sesión de alto nivel de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, realizada en Nueva York el 22 de septiembre de 2009.

Indicó que “las estrategias de mitigación (reducción y absorción de las emisiones de gases de efecto invernadero) y adaptación (disminución de la vulnerabilidad ante el impacto del cambio climático) no serían efectivas si no cambian los patrones insostenibles de producción y consumo de las sociedades opulentas, que son las responsables fundamentales del daño ambiental en todo el planeta”.

El primer Centro de Gestión para la Reducción de Riesgo se ubicó en el municipio Guamá, en Santiago de Cuba. (Foto: Jorge Luis Baños - IPS Cuba)Experiencias en municipios

Los recientes informes del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático indican, con un nivel de certidumbre elevado, que se producirán impactos significativos asociados al cambio climático en la zona geográfica donde está insertada Cuba, sobre todo los relacionados con la producción de alimentos; el aumento de la fragilidad de los asentamientos costeros e instalaciones económicas, incluyendo el turismo; la disponibilidad de agua potable y la salud humana.

La evaluación certera de los impactos potenciales sobre las diferentes esferas de la economía y la sociedad posibilita minimizar adecuadamente los efectos más negativos; pero habrá determinadas situaciones que tendrán un carácter irreversible. La adaptación a los cambios climáticos no implica solo reducir la fragilidad de las comunidades a diversos fenómenos, sino prepararlas para enfrentarlos y adoptar las mejores decisiones en cada caso.

Los Centros de Gestión para la Reducción de Riesgo (CGRR), creados a nivel municipal en todo el país, constituyen una experiencia que ha permitido disponer de la información necesaria en aquellas zonas más vulnerables al clima.

Los antecedentes de esta práctica se remontan a diciembre de 2004, cuando la Unidad de Reducción de Desastres del Buró de Prevención y Recuperación de Crisis del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo publicó, en el contexto de la II Conferencia Mundial de Reducción de Desastres, en Kobe, Japón, en enero de 2005, una serie de estudios de caso.

Entre ellos sobresale el referido a “Reducción del riesgo en asentamientos costeros en La Habana: un caso de estudio de Cuba”, reporte de un proyecto desarrollado por el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil de Cuba (EMNDC), con financiación de la ONG Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL), como parte del Cuarto Plan de Acción del Departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea para la Preparación ante Desastres (DIPECHO, por sus siglas en inglés).

Entre los impactos positivos de este proyecto se cuentan la realización de una evaluación de riesgo por inundaciones costeras en cinco  municipios del litoral norte de la Ciudad de La Habana. Este proceso fue liderado por los alcaldes, en calidad de jefes de la Defensa Civil, y tuvo un enfoque participativo que favoreció la coordinación de diferentes sectores e instituciones involucrados.

Como resultado, se diseñó y validó la primera metodología de evaluación de riesgo confeccionada por el EMNDC.

– El mejoramiento del acceso de los gobiernos municipales a la información de la Defensa Civil y de los servicios meteorológicos mediante Internet, Intranet y otros canales de comunicación. Esto también mejoró el acceso de las comunidades a las alertas tempranas emitidas por estos organismos.

– El desarrollo de un Sistema de Información Geográfico (SIG) para facilitar el análisis del riesgo, la toma de decisiones, la planificación del desarrollo y la respuesta a las situaciones de peligro de desastres. Esta fue la primera experiencia en el país del empleo de un SIG para propósitos de reducción de desastres.

– La creación de puestos de dirección municipales permanentes, devenidos Centros de Gestión para la Reducción de Riesgo (CGRR), con la finalidad de incorporar los análisis de riesgos en la planificación del desarrollo y los proyectos de inversión, monitorear la información meteorológica y activar los Puntos de Alerta Temprana (PAT).

– La creación y equipamiento de brigadas de rescate y salvamento en las comunidades, para dar una primera respuesta ante peligros de desastres.

El proyecto permitió determinar una nueva propuesta metodológica y técnica para favorecer el fortalecimiento de las capacidades locales. Se concibió así la creación de CGRR en los municipios y el establecimiento de Puntos de Alerta Temprana en las comunidades más vulnerables.

En junio de 2005, el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil y el Ministerio de la Inversión Extranjera y la Colaboración Económica  crearon el primer Centro de Gestión para la Reducción de Riesgo (CGRR), con el apoyo financiero de la Iniciativa para el Manejo de Riesgo en el Caribe (CRMI, por sus siglas en inglés), conjuntamente con el Buró de Prevención de Crisis y Recuperación del PNUD y otros programas de esa agencia de las Naciones Unidas.

Este primer centro se ubicó en el municipio Guamá, en la provincia de Santiago de Cuba, por ser uno de los más vulnerables del territorio nacional. Los esfuerzos de Cuba en materia de gestión para la reducción de riesgo de desastres son de interés para muchos países de la región, con los cuales se han establecido acciones de intercambio y cooperación, que han contado con el auspicio de las agencias del Sistema de Naciones Unidas, organismos gubernamentales internacionales y regionales, y organizaciones no gubernamentales, entre otros actores de la cooperación.

El análisis de riesgos de desastres constituye el proceso científicamente fundamentado para calcular el riesgo, mediante el empleo de métodos y técnicas apropiadas, basadas en análisis de probabilidades y una estadística confiable que garantice un resultado eficazmente cuantificado en relación con la actividad socioeconómica que es objeto de análisis.

El estudio de riesgos debe arrojar un modelo con el resultado predictivo acerca de las pérdidas y daños para el objeto (medio geográfico), respecto al cual se realizó anteriormente el análisis de peligro y de vulnerabilidad.

El riesgo se deduce de la interacción del peligro y la vulnerabilidad, y sus resultados determinan la identificación y evaluación de los daños o pérdidas, tanto económicas, físicas, sociales y (o) ambientales, en determinados sectores de la sociedad.

La disminución del riesgo, en la práctica, depende de la reducción de la fragilidad, para lo cual es preciso un trabajo multilateral y sistemático, que abarque varias ramas de la economía y los órganos de dirección del gobierno en las diferentes instancias.

El estudio de riesgos debe realizarlo personal debidamente preparado en estos temas, capaz de proponer, sobre la base de los resultados, las acciones requeridas para prevenir con el tiempo suficiente, o mitigar, los efectos de posibles desastres.

El riesgo de un sistema u objeto (medio geográfico) se elevará con el aumento de la magnitud de cualquiera de los factores de los cuales depende.

Todas las actividades de planeamiento físico, las nuevas inversiones de obras de infraestructura y edificaciones en general, ubicadas en áreas de riesgos, requieren de estudios de riesgos de desastres de origen natural.

Sus resultados, conclusiones y recomendaciones, los mapas de peligro, los de vulnerabilidad y riesgos deben formar parte del sistema de información geográfica de los órganos de dirección política, estatal y económica del país, a las diferentes instancias.

En la etapa de estudio, un escenario de peligros es la representación cartográfica de una situación posible en la que un evento peligroso (extremo) o su área de influencia afectan a determinada región o asentamiento humano. Cuando en dicho escenario se representa el momento más crítico de acción de los peligros (los cuales varían en tiempo, de acuerdo a la aproximación y la magnitud del peligro), se precisan los límites y las magnitudes de los riesgos en un escenario crítico.

La producción de materiales de construcción, a partir del desarrollo de las industrias locales, aún no está a tono con las necesidades de la vivienda. (Jorge Luis Baños - IPS Cuba)Construcciones más resistentes

La acción combinada de los huracanes Gustav y Ike, así como de las tormentas tropicales Fay y Hanna, en 2008, provocó daños considerables a consecuencia de los vientos, las lluvias e inundaciones a su paso, en prácticamente toda Cuba.

El problema más complejo fue el estado calamitoso en que dejó a 444.000 casas, buena parte de ellas con pérdidas parciales y totales de techo, más otras averías. Del total, 63.249 fueron derrumbes totales. Más de 200. 000 personas quedaron sin techo por un tiempo y para algunos cientos de miles más las casas requieren reparación.

Con la amarga experiencia de registrar daños de distintos grados en tantas viviendas, Cuba busca modelos constructivos y diseños más perdurables, a partir de las condiciones de cada provincia del país.

Pese a los avances, la producción de materiales de construcción, a partir del desarrollo de las industrias locales, aún no está a tono con las necesidades de la vivienda, ni con la situación económica por la que atraviesa el país, la cual impone el empleo cada vez más racional de los recursos,

“Falta de exigencia, control e iniciativas a la hora de potenciar uno de los programas más importantes que lleva adelante la Revolución, en materia constructiva, frenan su desarrollo en varios lugares, de los cuales Villa Clara es un reflejo, no obstante ser reconocido como el territorio de mejor trabajo en la nación”, publicó el diario oficial Granma el pasado 18 de junio.

A principios del actual año 2010, en los 34 talleres existentes en siete provincias solo se explotaban las capacidades instaladas entre 12 y 15 por ciento,  aunque en junio llegó a 30 por ciento, lo que revela “cuán lejos estamos aún de comprender la importancia de este proyecto, de cuya concreción dependerá, en gran medida, la solución del problema de la vivienda en Cuba en los próximos años”, afirmó la misma fuente.

Fernando Martirena, director del Centro de Investigación y Desarrollo de Estructuras y Materiales (CIDEM), de la Universidad Central Marta Abreu, de Las Villas, apuntó cuánto se ha hecho en los últimos años en este terreno, pero reconoció lo ineludible de que el camino sea más corto, para satisfacer gran parte de las necesidades sociales.

Martirena informó que, en 2005, se producían cerca de 5.000.000 de ladrillos en pequeños hornos operados por productores individuales, cifra generada actualmente  solo por la provincia de Granma. El pasado año se crearon 33.000.000 en iguales condiciones, lo que sirve para construir casi 8. 000 viviendas.

“En mayo de este año se produjeron en Cuba 220.000 bloques por esta vía, capaces de forjar las paredes de 220 viviendas. Además, por cada unidad creada se ahorró a la nación casi un kilogramo de cemento en relación con los consumos de las tecnologías tradicionalmente usadas”, aseguró el experto a la prensa local.

Otro indicador de eficiencia radica en la disminución de los costos de transportación en 85 por ciento, a partir de la producción local de áridos. No es lo mismo llevar una rastra de arena, bloques o cualquier otro material desde Santa Clara hasta Sagua la Grande, que producirlo localmente, explicó el director del CIDEM, centro merecedor en 2007 del Premio Mundial auspiciado por la sección “Habitat”, de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Como un ejemplo de insatisfacción, ejemplificó la escasa elaboración de cemento puzolánico, elaborado a partir de una combinación de cal, zeolita y cenizas provenientes de la industria azucarera, entre otros insumos. “Pudiéramos aportar mensualmente 140 toneladas de ese tipo de material, el cual permite sustituir hasta 40 por ciento el cemento Portland y, sin embargo, no se hace porque resulta más fácil que el Estado continúe suministrando todos los recursos”, agregó el experto.

“Villa Clara, por ejemplo, tiene ocho talleres con capacidad para producir más de 140 toneladas de este tipo de cemento al mes y, a pesar de poseer una de las mejores minas de zeolita del país y la industria azucarera, no ha cumplido nunca las metas previstas, sin que nada justifique tales irregularidades”, apuntó.

Muchas veces la producción de materiales en la red de talleres de varias provincias se detiene por cualquier detalle, abundó, y para demostrarlo argumenta que, de los 24 días laborables, solo se trabaja como promedio entre cuatro y seis al mes, “cifra que resulta vergonzosa”, declaró a la prensa local.

En junio de 2009, la dirección del gobierno cubano solicitó al CIDEM presentar su experiencia en el desarrollo de la tecnología de producción local de materiales alternativos, idea aprobada para ser extendida al resto del país. También se creó el Grupo de Trabajo para la Producción Local de Materiales de la Vivienda, presidido por el ministro de la Construcción, Fidel Figueroa, del cual Martirena y su equipo forman parte.

La propuesta es que, de manera local, cada territorio aproveche sus potencialidades en la producción de áridos, ladrillos, tejas, bloques, cemento, madera y todo aquello que esté a su alcance, a la par de que se le facilitan las maquinarias necesarias a fin de que puedan montar los talleres.

Decisivo, además, es el desarrollo de la microminería, porque cuesta más transportar un metro cúbico de árido, a una distancia de 30 kilómetros, que producirlo de manera local, con la utilización de las piedras dispersas por los campos, que pueden ser trituradas en molinos creados para tal fin, opción que genera grava, gravilla y arena, explicó Martirena.

La solución al problema de las cubiertas es otro tema previsto por el CIDEM, a partir de la creación de techos semipesados que incluyen viguetas, tabletas de hormigón y tejas de microconcreto, iniciativa ahorradora de gran cantidad de acero y cemento, y que aporta soluciones duraderas, resistentes a huracanes.

Un recorrido realizado en junio del actual año, por un reportero del periódico Granma, reveló diversas insuficiencias en  varios centros productores de materiales de construcción que emplean los medios alternativos en Villa Clara, la mejor provincia en este tipo de construcción. El reportaje evidenció  cuán lejos está la realidad de las verdaderas potencialidades.

En Manicaragua, por ejemplo, llevaban  dos semanas sin trabajar por carecer de cemento, según la directora de la entidad, Odalis Miranda, quien reconoció que nunca han empleado zeolita de la cantera de San Juan de los Yeras para producir material puzolánico, con lo cual hubieran optimizado el cemento P 350 que recibieron en los primeros cinco meses del año.

Sagua la Grande, con capacidad para producir 14.000 ó 15.000 bloques, entregó en mayo pasado solo 9. 000 por problemas organizativos. En el municipio  Encrucijada se dejaron de elaborar cerca de 33.000 tejas por la falta del techo en uno de los locales donde se producen, sin que hasta la fecha se avizore una solución al caso.

La ciudad de Santa Clara solo confecciona 320 bloques diarios, de los cerca de 8. 000 que pudieran entregar, según reconoció su director, Aliet Martínez. Allí cuentan con los materiales imprescindibles, aunque tampoco emplean el cemento puzolánico. La principal limitación es el techo de un local adjunto, donde pudiera ampliarse la producción, aún sin solución a pesar de los reclamos del director. Las constantes afectaciones por falta de fluido eléctrico también han hecho mella en la manufactura, así como las pésimas condiciones en que desarrollan su labor, lo que ha obligado a acortar la jornada laboral.

Estos son algunos ejemplos que demuestran que dilatar la solución de un problema sencillo puede conspirar también contra la buena intención de muchos, publicó el diario Granma el pasado mes de junio.

El estado de las inversiones mineras para el desarrollo de la producción de materiales de la construcción y el aprovechamiento de las potencialidades de los pequeños yacimientos de áridos en las localidades fueron temas abordados en la sesiones plenarias del quinto período ordinario correspondiente a la séptima legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular,  que sesionó el pasado 29 de julio, en La Habana.

“Existen suficientes recursos minerales —áridos en este caso particular— para dar solución a la demanda por territorios”, aseguró Yadira García Vera, ministra de la Industria Básica, ante los diputados de Comisión de las Industrias y la Construcción del parlamento.

Incrementar la producción de materiales alternativos en todo el país los acerca mucho más a la población —con el consecuente ahorro por concepto de transporte—, y posibilita satisfacer mejor las demandas constructivas de cada lugar, indicó García Vera.

Víctor Ramírez, presidente del Instituto Nacional de la Vivienda, reconoció que todavía es insuficiente el sistema de comercialización de materiales de la construcción a través del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN), pero que de los 268 renglones que se necesitan para construir, ya en el mercado comienzan a ofertarse algunos. La cantidad se incrementará en la medida en que la industria reordene su capacidad productiva.

Ramírez informó que en 2011 existirá un programa estatal de construcción de viviendas y otro por esfuerzo propio. Explicó que el país no puede continuar subsidiando 85 por ciento del costo de los materiales a la totalidad de la población. Existe una comisión que determinará, con criterios bien formulados, quiénes serán protegidos con precios diferenciados.

Para el año venidero, el plan de vivienda ascenderá a 43.000 inmuebles, 11.000 más que en los dos años precedentes. Cuba ha reparado 60 por ciento del más de medio millón de viviendas dañadas por huracanes que azotaron a la isla en 2008, dijo el pasado mes de marzo un funcionario del Ministerio de la Construcción, quien agregó que espera que este año puedan estar solucionadas todas las dañadas.

De esas 600.000 estropeadas por los ciclones “ya  60 por ciento están resueltas”, dijo a periodistas Jorge Luis Rodríguez, viceministro primero de la Construcción, durante una conferencia de prensa previa a una Feria Internacional del sector en La Habana, el pasado mes de marzo. Apuntó, en esa ocasión,  que las viviendas que se están construyendo “soportan todas los ciclones”.

La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) ha contribuido a la reconstrucción y rehabilitación de más de 5.000 viviendas en las zonas cubanas azotadas por los huracanes Ike y Gustav, que asolaron la isla en 2008.

Esta acción continuada de la cooperación española se enmarca en el “Plan 2008-2010 de apoyo de España a Cuba para la recuperación de las zonas afectadas por los huracanes Ike y Gustav”, y ha estado acompañada por diversas misiones de seguimiento de los proyectos en ejecución, en las que han participado autoridades locales, representantes del Sistema de las Naciones Unidas y el equipo técnico de la AECID en Cuba.

Desde la puesta en marcha de este plan, se han ejecutado distintas intervenciones en materia de recuperación del fondo habitacional, reconstrucción de infraestructuras sociales, recuperación de la capacidad productiva, así­ como en lo relacionado con la gestión de riesgos y la prevención de desastres.

Como parte de la línea de apoyo a la rehabilitación de esas viviendas, cabe destacar diversas iniciativas destinadas a la producción local de materiales de construcción y al equipamiento de brigadas municipales de construcción, las cuales se ejecutan a través del Instituto Nacional de la Vivienda de Cuba, junto con los gobiernos provinciales y municipales de Pinar del Río y Holguín, dos de las provincias más castigadas por los efectos de los huracanes.

Una parte importante de estas intervenciones se canalizan mediante  los diversos convenios de colaboración que se han establecido con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y con la Agencia de las Naciones Unidas para el HABITAT (UN-HABITAT).

En redes eléctricas y de comunicaciones

Solo de 1996 a 2006 los meteoros doblegaron 33 torres de telecomunicaciones, dejando sin televisión, radio o teléfonos móviles a más de dos millones de personas y causando pérdidas por unos siete millones de pesos, informó la prensa cubana el pasado 10 de marzo.

Cuando el viento sopla fuerte en medio de un huracán, son las estructuras altas las más expuestas a sus furias, máxime si estas se levantan decenas de metros sobre el suelo y muchas veces encima de grandes montañas.

Así sucede con las torres de telecomunicaciones, muchas de las cuales se han venido abajo en Cuba debido al fuerte azote de huracanes potentes, durante la última década. No se trata solo del daño a estas estructuras, sino del tiempo durante el cual las personas quedaron sin los servicios mencionados, lo cual redunda en pérdidas mucho mayores y más complicadas de calcular.

Construir  torres que resistan fenómenos meteorológicos  con vientos sostenidos de hasta  340 kilómetros por hora, como los del huracán  Gustav en 2008, el más violento de los últimos 50 años en Cuba,  es la idea que anima al  proyecto Torres de Telecomunicaciones: vulnerabilidad y estructura, y bases para una norma cubana, que involucra a empresas del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones (MIC) y al Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (CUJAE).

Vivian Elena, jefa del proyecto, una ingeniera que ha examinado muchos hierros buscando dónde fallan cuando sopla el viento, explicó a la prensa nacional que, gracias a las nuevas tecnologías, ya no hay que esperar a que sople el viento para saber –con más o menos certeza–, si una torre de telecomunicaciones aguantará o no.

Complicados modelos matemáticos, que antes se hacían a mano y podían tener errores, ahora son posibles gracias a programas informáticos que ayudan a los ingenieros a repensar cómo sostener mejor los caminos hacia las alturas.

Muchos factores que pueden hacer que se derribe una de estas estructuras. Influyen la antigüedad, la calidad del acero con el cual fueron hechas, su ubicación geográfica, la fuerza del viento que azote, la cantidad de cables, antenas y parábolas que tenga encima o el mantenimiento que se le dé, entre otros factores, indicó la ingeniera cubana.

En el país, solo entre televisión y radio, hay más de 400 torres de telecomunicaciones, algunas de las cuales sobrepasan incluso los 200 metros de altura, como sucede con Televilla, en Ciudad de La Habana; la de televisión en las afueras de Santa Clara o la de Los Guineos, en Baracoa.

Sus edades también son tan variadas como el tipo de estructura, ya que están las autosoportadas, con forma piramidal, por lo general muy pesadas y que resisten más; o las sujetadas con cables, tradicionalmente muy altas, pero que tienden a presentar más fallas. “No hay ninguna en la que se pueda reducir a cero su vulnerabilidad ante el embate de los elementos”, sostuvo  Vivian Elena y añadió que “sí se pueden construir de forma que aguanten lo más posible”.

“El proyecto supone un estudio a fondo de los casos de derrumbe de cada torre, en caso de ocurrencia de huracanes, tratando de ir sacando regularidades y desentrañar las causas, para eliminarlas en los nuevos proyectos, o tratar de atenuarlas en las que ya están construidas”, abundó la especialista.

Como ejemplo, argumentó que se ha recomendado que en las estructuras con muchos cables, estos se agrupen para evitar que formen redes que hagan resistencia al aire. Las cuerdas metálicas, que ayudan a sostener esas moles, también deben tener un mantenimiento frecuente y deben tensarse de acuerdo con las especificaciones técnicas de cada caso.

Otro aspecto a tener en cuenta es el tipo de suelo en que se asienten las torres de comunicaciones, pues deben hacerse más fuertes las que están encima de lomas y utilizar cuando sea posible tubos redondos, porque son más aerodinámicos; igualmente se recomienda bajar las parábolas, cuando se acerca un meteoro, para evitar la resistencia que hacen.

En el caso de las parábolas, por ejemplo, se ha advertido que no pocas veces se fijan con mucha fuerza a la estructura para evitar que el viento las mueva y, por ende, se pierda la señal. Pero incluso, aunque esto no ocurra, puede ser muy peligroso, porque una ventolera puede encontrar resistencia y no tumbar la parábola, sino la torre completa, advirtió la especialista.

Si importantes son el agua, la alimentación o la electricidad, en caso de un desastre natural es primordial mantener las comunicaciones como vía de transmitir orientaciones o coordinar acciones que permitan salvar vidas y recursos. La fuerza de la naturaleza puede predecirse con alguna precisión, pero sus efectos solo pueden atenuarse con la actuación previa de las personas.

La norma cubana para la construcción de torres de telecomunicaciones, que adecuará las medidas internacionales  a la realidad de nuestro archipiélago, ayudará a que en el futuro se minimice el impacto en este sector, debido a huracanes y otros fenómenos.

La falta de angulares en las estructuras de las torres del servicio eléctrico pone en riesgo su estabilidad, incluso en condiciones meteorológicas normales, lo cual ha sucedido por  el robo y desvío de materiales en que incurren ciudadanos que han dañado y sustraído recursos del patrimonio estatal, acciones que ponen en riesgo la vida de otros ciudadanos y sabotean servicios esenciales para la población y la economía nacional.

“Los medios sustraídos se utilizan para la instalación ilegal del servicio eléctrico; la fabricación —con destino al mercado negro— de camas, colchones, ventanas, rejas y corrales. Se destacan también la construcción de casetas para guardar implementos agrícolas, garajes para vehículos, partes de carretones o cercas, entre otros. Son todas acciones de personas inescrupulosas, que para nada tienen en cuenta los daños materiales que ocasionan a la sociedad”, publicó el diario Granma el pasado 4 de junio.

Entre enero de 2005 y diciembre de 2009 se iniciaron 461 procesos penales contra 780 ciudadanos que incurrieron en esas fechorías —lo mismo como autores directos del daño a las torres, que como receptadores. Las provincias de Holguín, Villa Clara y Santiago de Cuba son las de mayor afectación, con 46 por ciento del total.

“Sin embargo, las sanciones y medidas aplicadas, entre las cuales se incluye el decomiso, no han sido lo suficientemente disuasivas; a nada parecen temer los infractores, ni siquiera a los peligros de alta tensión a que se exponen —más de uno ha perdido la vida—, al manipular los cables eléctricos de las torres o escalarlas para robar sus angulares”, advirtió el diario oficial en su comentario.

Pero no se trata sólo de eso, sino de los perjuicios que ocasionan durante fenómenos climatológicos, pues muchas de las torres que sucumbieron con los huracanes presentaban desperfectos técnicos provocados por el robo de algunos de sus elementos, a juicio de operarios y jefes de experiencia de la Unión Eléctrica. El 24 de agosto de 2006, por ejemplo, durante tres horas, toda la capital, Pinar del Río y parte de la provincia de La Habana permanecieron a oscuras.

La investigación en torno a esos hechos corroboró que la avería tuvo su origen en la ruptura de un conductor, dañado meses atrás como consecuencia de la caída de dos torres que no pudieron resistir vientos moderados; ambas tenían sus estructuras incompletas por causa del robo de varios angulares.

Pruebas presentadas en el 2007, durante un juicio realizado en la provincia de Matanzas, demostraron que los daños provocados por un temporal, en cuatro estructuras de esa localidad, tuvieron su origen en la falta de angulares. Producto de la caída de las torres, unas 250.000 viviendas de la región occidental permanecieron sin energía eléctrica durante cuatro días.

Los gastos por las reparaciones ascendieron a más de 600.000 dólares y 150.000 pesos, además de la consiguiente movilización de operarios de otras provincias para solucionar el percance en el menor tiempo posible.

“La existencia de los angulares en las torres les proporciona estabilidad, al ser afectadas por la acción de los vientos. Si faltan, disminuye en gran medida su capacidad de resistencia, volviéndose mucho más vulnerables, incluso en condiciones meteorológicas normales”, explica Yoan Martín Álvarez, director de Seguridad e Inspección de la Unión Nacional Eléctrica (UNE).

Según precisiones de la Unión Eléctrica, los primeros casos apenas se circunscribían a un reducido número y con moderados efectos económicos, pero a partir de 1999 comenzaron a incrementarse.

“El problema no solo radica en el precio del angular perdido, sino que para reponerlo es necesario, además, vincular una brigada de linieros, con lo cual se incurre en el gasto de equipos, salario, recursos. Lo peor de todo es que, al faltarle angulares a una sola estructura, esta se debilita y puede caerse con mayor facilidad y arrastrar consigo otras armazones, dañando el sistema electroenergético”, señaló el funcionario.

Medidas para atenuar efectos del cambio climático

 

Efectos del cambio climático

Acciones a tener en cuenta

Elevación del nivel medio del mar

Diseñar y construir obras ingenieras defensivas en las zonas costeras, reubicación paulatina de los asentamientos costeros.

Elaborar estrategias para asimilar la pérdida de territorios, en particular, los cayos adyacentes y humedales.

Aumento de las inundaciones por eventos meteorológicos extremos

Aumentar la protección de los centros turísticos e instalaciones económicas situadas en zonas costeras.

Organizar la evacuación o traslado rápido y efectivo de los residentes y sus propiedades.

Incremento de los daños materiales por mayor frecuencia de huracanes y otros fenómenos peligrosos

Actualizar periódicamente los planes contra catástrofes y las medidas de protección contra huracanes e intensas lluvias.

Mejorar paulatinamente la solidez de las  construcciones, el manejo y mantenimiento de las áreas verdes urbanas.

Lograr progresivamente el soterrado de las líneas eléctricas y telefónicas.

Aumento gradual de la temperatura del aire y cambio de duración de las estaciones

Reordenar el programa anual de siembras y desarrollo o introducción de nuevas variedades de plantas y animales más resistentes al calor y a las plagas.

Buscar variedades agrícolas más productivas y de ciclos cortos.

Aumentar los frigoríficos y bancos de semillas.

Especializar las producciones por territorios, según las nuevas condiciones climáticas, y desarrollar producciones agropecuarias en zonas elevadas.

Aumento de las sequías y reducción de la calidad y disponibilidad de agua potable

Optimizar el manejo y ahorro de los recursos hídricos, pero hacerlo con el debido cuidado para la subsistencia de la biodiversidad marina y evitar la intrusión salina en las cuencas hidrográficas.

Incentivar el ahorro de agua potable y su uso racional.

Desarrollar alternativas para el abasto de agua en zonas costeras y turísticas con plantas potabilizadoras.

Emisión de gases que producen el efecto invernadero o de otros contaminantes atmosféricos

Priorizar las inversiones y filtros para disminuir las emisiones de contaminantes a la atmósfera. Introducir tecnologías más limpias.

Controlar y limitar las emisiones del transporte terrestre.

Monitorear los transportes de contaminantes que llegan a Cuba desde larga distancia, incluyendo el polvo del Sahara, y los niveles de ozono troposférico.

Ampliar el uso de las fuentes renovables de energía, especialmente la solar y eólica.

Acentuación de las enfermedades transmitidas por vectores, plagas y epizootias

Incrementar la vigilancia de epidemias y enfermedades, así como de los controles de sanidad vegetal, especialmente en la frontera, puertos, aeropuertos y zonas turísticas.

Desarrollo de capacidades de respuesta rápida para el combate contra vectores, enfermedades y plagas.

Mejorar el sistema integrado de monitoreo ambiental y aumento de los controles sanitarios en áreas densamente pobladas.

Mejorar la información al público y la educación ambiental sobre estos temas.

Ampliación de algunas enfermedades crónicas no transmisibles y algunas enfermedades de la vista

Adecuar los procedimientos médicos del sistema de asistencia primaria

Introducir los sistemas de avisos y alertas tempranas,

Mejorar y ampliar las acciones preventivas y educativas con toda la población y al nivel de las áreas de salud.

Elaboración de una estrategia y acciones inmediatas que contribuyan a preparar las condiciones mínimas para enfrentar este agudo problema.

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