Arturo López Levy: “reformar las reformas”

Arturo López Levy responde algunas preguntas sobre el complejo panorama político actual, en vísperas del 6to Congreso del PCC.

Jorge Luis Baños - IPS

El planteamiento de una reforma económica dadas las condiciones precarias cubanas es un paso de avance

1.- ¿Cómo caracteriza el entorno internacional de Cuba del momento en que se realiza este nuevo congreso del PCC? ¿Dirías que es similar al de la cita anterior, o sea del  V congreso?  ¿De lo contrario,  qué ha cambiado?

El actual entorno internacional es muy diferente al existente en 1997 cuando ocurrió el V Congreso del PCC. En aquel entonces el consenso de Washington en torno al capitalismo neoliberal fundamentalista era el modelo predominante en América Latina. Ese modelo fundamentalista fracasó generando una lectura más balanceada sobre el papel del estado en la economía, con nuevos énfasis en la importancia de los factores políticos de estabilidad, a partir de los éxitos de las economías del Este de Asia, incluyendo las experiencias socialistas de aquella región en China y Vietnam.

Hoy, la mayoría de la comunidad internacional ve con agrado el inicio de reformas en la isla, en un contexto de orden, sin injerencias extranjeras, ni dictados sobre una reforma neoliberal. En las Américas, con la excepción de Washington, donde el embargo y la política maximalista de cambio de régimen impuesto desde el exterior sigue siendo la ley, el contexto internacional es favorable para las reformas. Además de Venezuela y los aliados del ALBA, países como Brasil, China y España han expresado interés en acompañar los cambios ofreciendo ayuda técnica y financiera.

Lamentablemente, el ambiente económico mundial es aún incierto aunque hay señales que la economía norteamericana empieza a salir de la recesión. Si Cuba comienza a aplicar las políticas correctas, y capea la subida en los precios de los alimentos, es de esperar a mediano plazo que las posibilidades de inversión extranjera se incrementen, particularmente si hay una apertura ordenada, incluyendo a las inversiones de los cubanos del exterior.

Raúl Castro y el expresidente estadounidense James Carter durante la visita de este último a La Habana del 28 al 30 de marzo de 2011. (Pool de prensa)2.- ¿Cree que las tensiones con Estados Unidos -renovadas en los últimos tiempos a raíz del caso Gross y nuevas acusaciones de Cuba contra Washington- sean determinantes en decisiones que se adopten en el congreso?

La detención de Alan Gross y el programa de la USAID, especialmente si no se desmontan las lógicas impuestas por la Administración Bush al mismo, son obstáculos mayores al progreso de  las relaciones entre Cuba y EE.UU. Sin embargo, no anulan las dinámicas  generadas por la administración Obama con una visión de la política exterior en general y de la política hacia Cuba en particular centradas en la negociación y el intercambio.  Washington tiene una visión más sofisticada sobre América Latina, donde empieza a reconocer compatibilidades entre un orden regional bajo su hegemonía y un nacionalismo cubano centrado en el desarrollo económico.

La dirección del PCC sabe que aun dentro de un contexto de diferencias  insalvables sobre modelos políticos, hay oportunidades reales para socavar e incluso liquidar a mediano plazo la política de embargo.  La realización de una reforma económica cubana profunda, que lleve al crecimiento económico y la atracción de capitales de otros países, es hoy la forma más efectiva de promover nuevos apetitos en los sectores de negocios norteamericanos. La movilización de esos grupos corporativos seria letal para el lobby pro embargo, que no es tan poderoso pero no ha enfrentado un lobby contrario de envergadura. Una interrogante será el análisis del PCC sobre las nuevas condiciones existentes en la comunidad cubano-americana, donde hay un nuevo segmento emigrado que quisiera participar de la reforma económica, aun cuando tenga discrepancias con el modelo político unipartidista.

Desde que ascendió a la primera magistratura, Raúl Castro ha lanzado varias señales expresando disposición a manejar pragmáticamente los conflictos existentes con Washington. Si ambos gobiernos piensan con creatividad y claridad pueden encontrar una solución al caso Gross y construir un modus vivendi en el cual la promoción injerencista de cambio de régimen por imposición es socavada.

3.- Fidel Castro declaró el carácter socialista de la Revolución cubana el 16 de abril de 1961. ¿Cree que de no mediar Girón se hubiera radicalizado  del mismo modo el proceso cubano?

Como lo revelan los informes diplomáticos de las embajadas canadiense y británica de la época, la radicalización de la base popular del gobierno de Fidel Castro hubiese sido imposible sin la invasión de Bahía de Cochinos. La invasión organizada por la CIA impuso una lógica de emergencia, en la que limitaciones a los derechos civiles aparecieron por lo menos entendibles sino legitimas. La victoria de Girón, que incluyó golpes significativos a la oposición interna unificó al campo gubernamental, en tanto muchos nacionalistas no comunistas percibieron la necesidad de una alianza con la URSS como necesaria para resistir la hostilidad de Washington. Hoy quizás lo optimo seria que cada parte, en Cuba y en Miami, recordara aquellos eventos con sobriedad, evitando enconar agravios.

4.- En el orden interno, ¿qué urgencias de la Cuba actual colocaría en la agenda de debates del sexto Congreso?  

La principal urgencia de la agenda del VI Congreso es la ratificación del rumbo de reformas a partir de una línea partidista en la que el mercado y la propiedad privada dejen de ser anatemizados por la ideología oficial. Se trata de crear un cambio de mentalidad en los cuadros del PCC de modo tal que se conviertan en promotores de una economía mixta, con un mínimo de coherencia, pues ni en los lineamientos ni en los discursos de Raúl Castro hay delineado todavía un nuevo modelo de gestión. De ese cambio de concepción depende el avance en dos procesos paralelos también enunciados como parte de la reforma: la descentralización y la reducción del aparato del estado.

El congreso debe también elegir un nuevo comité central, con un buro político en que comience una sucesión inter-generacional hacia grupos crecidos después del triunfo de la revolución pero con visiones y experiencias distintas a la generación histórica que tomo el poder el 1 de enero de 1959. Raúl Castro cumplirá ochenta años el próximo junio, arribando a la edad que el propio Fidel aclaró al comandante Tomas Borge, “son demasiados para cumplir funciones de estado”. Es de esperar que el congreso empiece a perfilar no solo potenciales sucesores de Raúl sino también nuevos mecanismos para distribuir funciones entre los líderes de forma más colectiva e institucional. Recuérdese que la lectura castrista de la caída del socialismo en la URSS  apuntó como falla  el excesivo poder concentrado en Mijaíl Gorbachov. En contraste, las experiencias socialistas de Vietnam y China han desarrollado un sistema de balances y contrapesos dentro del partido, con límites de mandato y edad, que han proveído formas colectivas de gobernabilidad con suficientes grados de estabilidad y unidad en la elite.

El planteamiento de una reforma económica dadas las condiciones precarias cubanas es un paso de avance. La buena marcha del proceso dependerá en última instancia de la existencia de un liderazgo capaz de reformar las reformas, con un criterio autónomo, lidiando apropiadamente con los problemas de corrupción y desajuste que es lógico esperar en una transición del plan a una mayor participación del mercado.

Arturo López Levy es conferencista y doctorando en la Escuela Josef Korbel de Estudios Internacionales de la Universidad de Denver.

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