De Fuller al teatro Karl Marx: la historia del tranformismo cubano

Síntesis de una investigación hecha con apoyo de Cenesex, la Fundación Avina e IPS-Inter Press Service.

Jorge Luis Baños - IPS

Desde 2008 los transformistas cubanos protagonizan una gala para conmemorar el Día Mundial de Lucha contra la Homofobia.

Hay poco escrito, casi nada, sobre el transformismo  en Cuba. Las fuentes vivas también escasean. Y no parece interesar mucho a historiadores y críticos de arte como fenómeno artístico.

Por eso para algunas personas resulta “sospechoso” que transformistas cubanos suban, el sábado 7 y el domingo 8 de mayo de 2011, al teatro capitalino Karl Marx, el mayor teatro de la isla y considerado la meta más grande de un artista en Cuba.

Sin embargo, la historia del transformismo en Cuba tiene larga data y sus peculiaridades.  Hurgo en los archivos polvorientos y aparece Fuller, catalogado como excéntrico, bailarín y transformista, en publicaciones de inicios del siglo XX.

La segunda referencia en el tiempo es de transformismo masculino. Fue la actriz y cantante cubana Rita Montaner la precursora en Cuba de esta manifestación artística.

Montaner debutó con la interpretación del negrito calesero en el estreno de la zarzuela “Niña Rita o La Habana en 1830”, de los compositores cubanos Ernesto Lecuona y Eliseo Grenet, en el habanero teatro Regina, el 29 de septiembre de 1927. La obra es señalada, además, como el inicio de la renovación de la zarzuela cubana.

Recuerdo haber visto la foto de un transformista en la exposición “Eros y Tánatos: la fotografía en la escena cubana”, que del 23 de julio el 12 de agosto de 2009 exhibió la Fototeca de Cuba. Sigo la pista.

Era un primer plano de un actor vestido de mujer del grupo Bataclán Universitario, fundado en 1922 por alumnos de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.
La instantánea estaba fechada en 1927.

—“El transformismo era considerado una imitación y a los imitadores se les llamaba maquietistas”, repasa Enrique Ríos, especialista del Centro Nacional de Investigaciones de las Artes Escénicas.

En el teatro vernáculo, el término maquietista define a personas que se dedican a cantar, bailar, recitar e imitar satíricamente.

También, existen certezas de transformistas camuflados entre las bailarinas de las famosas congas del carnaval habanero, como “Las Bolleras” y “Las Jardineras”.

—“En los carnavales del año 47 ó 48, en los camiones, entre los mamarrachos, iban hombres vestidos de mujer —mujeres de hombre no las recuerdo. Era lo que ahora se denomina transformistas cómicos porque la imagen de mujer era algo burda”, comenta el teatrólogo, crítico y actor cubano Roberto Gacio.

Pero, al parecer, el transformismo en los primeros años del siglo XX no sólo estuvo relacionado con el llamado teatro bufo o vernáculo y de variedades, y con las fiestas populares.

Tal vez porque las mujeres tenían aún vedados ciertos espacios y eran empleos asequibles para hombres con modelos de masculinidad menos rígidos que los socialmente impuestos, hacia finales de la década de los 30’s y antes que en muchos países, los transformistas también figuraban en los espectáculos musicales de importantes centros nocturnos habaneros.

Sin embargo, fueron los años 50’s los que vieron florecer el transformismo en la isla.

“Era raro cabaret de segunda —que no era un tugurio— que no tuviera un transformista en su elenco”, cuenta la cantautora Lourdes Torres, uno de los iconos del transformismo, la comunidad gay y de personas con VIH, en Cuba.

Otras personas entrevistadas refuerzan que la legitimidad del movimiento estuvo relacionada con la aparición en televisión de este fenómeno artístico.

El comediante Luis Echegoyen creó su personaje televisivo “Mamacusa Alambrito, la del alma grande y el cuerpo chiquito”, una delgada anciana, ataviada con un discreto maquillaje, su vieja cartera y peculiares vestidos de guinga.

Ríos evoca a Prematura, otro personaje televisivo encarnado por Tito Hernández, “gran imitador también de personalidades políticas”.

Mientras, Violeta Vergara caracterizaba a Pelusa, un joven vendedor de periódicos.

Vergara aparece como la primera mujer que incorpora un personaje masculino a la televisión cubana. Hasta ahora es el segundo hallazgo de transformismo masculino.

Pero la creciente popularidad y el rigor del transformismo en la isla no convencían a las autoridades. Ríos asegura que durante estas décadas “las publicaciones periódicas consideraban impropio reflejar esas manifestaciones”. Y la televisión las prohibió por disposición del entonces ministro de Comunicaciones (1954-1958), Ramón Vasconcelos.
Desde la década de los 30’s,  se sancionaba en Cuba a las personas que habían osado “salir del closet”, bajo el delito de Ostentación Pública; aún cuando el transformismo no es privativo de un tipo de orientación sexual.

Transformismo en Revolución

Mandato y ley, fueron herencias del gobierno revolucionario que llegó al poder en Cuba en 1959.

El transformismo continuó estigmatizado como manifestación pública, “escandalosa”, de la homosexualidad, anclado en una homofobia instalada ya a todos los niveles de la sociedad cubana.

En la década de los 90’s, el centro cultural santaclareño El Mejunje rescató el transformismo para espacios estatales. Los protagonistas: el promotor cultural Ramón Silverio y la compañía Futuro.

—“Alberto, fundador de la compañía, me pidió hacer un homenaje a Freddy Mercury, tras su muerte en 1991. Quería recrear el mundo y el ambiente de Mercury. Por eso se le pidió a la gente que fuera disfrazada. No era un espectáculo de transformistas. Pero acudió mucha gente de vestida de mujer. Ese fue el embrión”, narra Silverio.

En 1995, el teatro América prestó su escenario el 28 de febrero para elegir a Miss Gunila entre 9 transformistas concursantes, ante 1.700 espectadores.

El jurado estuvo integrado por los escritores Miguel Barnet —autor del cuento Fátima o el Parque de la Fraternidad— y Senel Paz —guionista de “Fresa y Chocolate” y autor del cuento en que se basaba el filme— y la cantante Soledad Delgado.

Tres décadas después de su veto reaparecían los transformistas en teatros y cabarets estatales, más allá de las paladares y el mundo diseñado para el turismo extranjero. Sin embargo, a los prejuicios se añadiría la pandemia del VIH, con el discriminatorio y erróneo cartelito de “enfermedad de homosexuales”.

Es en 1995 que se presenta en el Festival Internacional del Nuevo Cine de La Habana, “Mariposas en el andamio”, un documental del fallecido Luis Felipe Bernaza, sobre la vida de transformistas en el barrio periférico de La Güinera.

Mientras esto ocurría sin gran divulgación y se eliminaba la referencia a la homosexualidad en el Código Penal, la televisión cubana presentaba Sabadazo, un programa transmitido en horario estelar, “donde los personajes homosexuales y travestidos aparecían diseñados como caricaturas para hacer reír a los televidentes”, recordaba el escritor Tomás Fernández Robaina.

Pese a estos inconvenientes, Sabadazo contribuyó a la desmitificación del transformismo como una manifestación privativa de personas homosexuales y lo legitimó como expresión del arte y de artistas. En este sentido, la pionera fue la actriz Aurora Basnuevo con sendos personajes masculinos.    

TransformArte

La expresión del transformismo mediante la caracterización de cantantes femeninas de moda y el doblaje de sus voces, le ha impedido ser considerado una manifestación artística, según defensores de la supuesta “alta cultura”, de la academia y homófobos habituales. Y los transformistas son vistos como especies de “no actores”, de “locas desenfrenadas”, con el único don de la simulación, del disfraz.

Entre las fronteras del arte y la imitación, el transformismo cubano desafiaba su sambenito, reinando en espacios informales de las noches habaneras, hasta que el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) comenzó la Campaña por el respeto a la libre orientación sexual e identidad de género.

A esta Campaña se unieron estos artistas, formados por la institución estatal como promotores de salud sexual, con énfasis en la ITS/VIH/sida (síndrome de inmunodeficiencia humana, causante del sida) y activistas en derechos sexuales.

Desde 2008 protagonizan una gala para conmemorar el Día Mundial de Lucha contra la Homofobia, con el Cenesex como organizador. Pero su trabajo excede este día.

Como consecuencia del adiestramiento recibido, han impuesto un sello a esta manifestación que distingue a Cuba de otros países: realizan prevención de salud desde los escenarios y activismo en espacios tradicionalmente dedicados solo a la cultura, al espectáculo.

Por los resultados, el Cenesex y el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, trazan estrategias para la profesionalización de algunas de sus figuras y directores como Carlos Díaz y el recientemente fallecido Héctor Quintero, han incorporado a transformistas en sus elencos.

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