El desarrollo sostenible es la garantía para la seguridad alimentaria

A propósito del Día Mundial de la Alimentación.

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Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Ayer 15 de octubre, estuvimos celebrando Día Mundial de la Mujer Rural, y hoy 16 de octubre, conmemoraremos el Día Mundial de la Alimentación, entre otras razones para renovar el compromiso para erradicar el hambre para siempre de la Tierra.

En momentos que buena parte del territorio de Cuba recién fuera devastado por las fuerzas naturales del huracán Irma, aprovechamos para para reconocer que, en particular las mujeres rurales, sufrieron mucho con tal evento: no solo vieron sus hogares dañados o destruidos, sino también se afectaron muchos sectores productivos, que mayormente emplean mujeres, como la producción avícola.

Después de un desastre natural como el huracán Irma, el incentivo para dejar las áreas rurales y buscar una vida mejor puede ser muy fuerte, sobre todo para los que han perdido todo. Pero en el mundo no solo son los desastres naturales los que obligan a la gente de salir de sus campos y de su patria: infelizmente hay muchos conflictos bélicos, hay países con situaciones económicas precarias, que no permiten que las poblaciones se desarrollen. Mas ¿qué pasa si todos lo hacen? Actualmente ya más que la mitad de la población del planeta vive en centros urbanos; ¿quién queda entonces para los trabajos del campesino, de la campesina, para producir los alimentos para toda esta población?

Por esta razón el lema del Día Mundial de Alimentación de este año es “Cambiar el futuro de la migración. Invertir en seguridad alimentaria y desarrollo rural”. Reconocemos que un desarrollo económico sostenible tiene que comenzar en las áreas rurales; esta es la base de la seguridad y la soberanía alimentaria y la base para el desarrollo de otras industrias. Inversiones en comunicación, infraestructura productiva, condiciones de vida, son necesarias para garantizar un futuro de las mujeres y los hombres rurales y con esto un futuro de toda humanidad. Por lo tanto, para la FAO, el enfoque principal en la recuperación después del huracán Irma es la restauración de los medios de vida y de producción de alimentos, que tanto las mujeres como los hombres de campo perdieron.

Pero no solo esto – tenemos también que invertir en conocimientos, haciendo la labor agrícola más atractiva, más remunerativa, menos riesgosa. Tenemos que invertir en tecnologías que son “climáticamente inteligentes”, para poder convivir con los efectos del cambio climático, como el huracán Irma, sin sufrir daños graves, pero también tenemos que contribuir a mitigar el cambio climático. Para todo esto necesitamos campesinas y campesinos.

En Cuba ya hemos comenzado trazar este camino. Con la hoja de ruta para la Agricultura de Conservación, que el Ministerio de Agricultura con el apoyo de la FAO está implementando, esperamos que esta agricultura climáticamente inteligente sea realidad en el futuro cercano para mejorar la productividad, seguridad y vida de los cubanos y contribuir así a un socialismo próspero y sostenible.

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