El grupo en el sostén del desvalimiento

Un necesario acercamiento a la realidad de la transexualidad para visibilizar la diversidad familiar en Cuba actualmente.

Archivos IPS Cuba

En diciembre de 2009, un grupo de travestis y transexuales participan en el I Taller Internacional del proyecto HSH-Cuba.

Durante el último quinquenio, la Comisión Nacional de Atención integral a personas transexuales ha consolidado un trabajo de investigación en el área de atención psicológica, a la vez que ha desarrollado otra para el trabajo con las familias de las personas transexuales.

Este acercamiento a la realidad de la familia y la transexualidad se integra a las acciones que desarrolla el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) en el campo de la salud sexual y el ejercicio de los derechos sexuales de la población cubana.

El propósito de este trabajo es socializar la investigación realizada durante los años 2006 y 2007, visibilizar la diversidad familiar como punto de partida para analizar las percepciones, experiencias y vivencias relativas al crecimiento, dentro del grupo familiar, de las personas transexuales y las experiencias de estas en su devenir como sujetos transexuales, con la finalidad de develar aquellos aspectos que posibiliten sensibilizar a la población en general acerca de los avatares, malestares y sufrimientos psíquicos que pueden asociarse al “hecho transexual”.

No obstante, y aun cuando la primera fase de la investigación está concluida, repensamos el trabajo realizado, utilizando como marco de referencia una visión salubrista de la salud, que si bien cuestiona la medicalización y patologización de las personas transexuales, coloca en la agenda política y en la concepción de atención integral dos cuestiones básicas e inherentes a los derechos humanos: la vigilancia del derecho a la salud y la obligatoriedad por el Estado de la protección de la salud.

Por eso, y aunque pueda constituirse en una digresión, comenzaremos por exponer tres nociones de acción en el tema que nos ocupa: la primera, la naturaleza social de la salud; la segunda, la determinación social de la salud (muy actual desde la creación de la Comisión de Determinantes sociales de la OMS); y la tercera, la salud como derecho y, por tanto, la salud mental como un derecho humano de las personas transexuales.

La naturaleza social de la salud

La salud no es un acontecimiento solo del orden bionatural, que acontece en el ámbito individual, sino que por su propia naturaleza es resultante de las complejas y cambiantes relaciones e interacciones entre la individualidad biológica de cada uno (a) y su entorno y condiciones de vida, en los órdenes económico, ambiental, cultural y político (…)  Enfermamos y morimos en función de la forma en que vivimos, nos alimentamos, nos reproducimos, trabajamos, nos relacionamos, nos educamos, desarrollamos nuestras capacidades y enfrentamos nuestras limitaciones.[i]

De ahí que consideremos que, aun cuando el paradigma biomédico ancla su taxonomía acerca de la transexualidad como trastorno – enfermedad, es el nicho  ecológico, en el que se construye la identidad de género, la biografía de cada sujeto marcada por la normatividad y las representaciones colectivas existentes en el macro, meso y microentorno, lo que mueve el continum de la percepción de salud a la percepción de enfermedad, tomando en consideración que la salud es una categoría subjetiva, especialmente, si se le define en términos como bienestar y calidad de vida.

La determinación social de la salud

En la actualidad se reconoce que 50 por ciento de los factores que influyen en la salud de las poblaciones son sociales, 25 por ciento guarda relación con los servicios de salud y que solo 15 por ciento y 10 por ciento se corresponden con factores biológicos y medioambientales[ii]. Y que son determinantes sociales estructurantes de la salud el ingreso, la educación, la etnia, la sexualidad y el género, ya que originan exclusión social[iii] e inequidades de salud.

Luego, es la exclusión social, el estigma, la transfobia, lo que influye en que las personas trans gocen de peor o mejor salud y son los servicios de salud, la falta de acceso a una atención de calidad y/o la formación biologicista de los profesionales de la salud, los que se encargan de etiquetar desde el saber–poder[iv] a las personas transexuales como enfermas.

La salud mental como un derecho humano

Una de las limitaciones que encontramos con mayor frecuencia en el tema de la salud mental radica, precisamente, en la ausencia de un deslinde entre el campo de la salud de aquel otro que atiende a los trastornos mentales y/o enfermedad mental.

De ahí que, cuando tratamos de profundizar en cualquier documento, reporte de investigación y/o texto sobre dicho tema, comenzamos a encontrar cifras que nos remiten a la ausencia de bienestar psíquico y a un elevado número de personas que padecen y/o padecerán por causa de trastornos mentales.

Matraj[v] plantea, al definir la salud mental: “es el pleno desarrollo de las potencialidades, incluyendo la capacidad de gozar; es el máximo conocimiento de determinaciones, tanto propias como de procesos circundantes; es la plena integración dialéctica al medio, con capacidad para transformarlo y de transformarse. En otras palabras, crecimiento psíquico, crecimiento social, conciencia, acceso al placer, capacidad de crear. Calidad de vida. Identidad sin aislamiento”.

La salud mental  tiene una vinculación directa con el desarrollo de las personas, las comunidades y los países en general. La OPS/OMS considera la salud mental como “el núcleo de un desarrollo equilibrado de toda la vida, que desempeña una función importante en las relaciones interpersonales, la vida familiar y la integración social.

Es un factor clave para la inclusión social y la plena participación en la comunidad y en la economía. En realidad, la salud mental es mucho más que la mera ausencia de enfermedades mentales, es una parte indivisible de la salud y la base del bienestar y el funcionamiento eficaz de las personas. Se refiere a la capacidad de adaptarse al cambio, hacer frente a la crisis, establecer relaciones satisfactorias con otros miembros de la comunidad y encontrar un sentido a la vida”.[vi]

Sin embargo, más que adaptarse al cambio, consideramos que la salud mental se construye desde la capacidad de identificar, prever y transformar las situaciones que generan malestar, así como adoptar los mecanismos que contribuyan al sostenimiento del bienestar y la consecución de los proyectos de vida.

Cabría preguntarse: ¿cómo se construye bienestar mental en un medio que margina lo diferente, excluye lo diverso, expulsa a sus miembros del interior de la familia-hogar? ¿Cómo se logra articular proyectos de vida desde una migración interna que busca espacios amigables a la diversidad, cómo identificar, prever y transformar imaginarios sociales anclados en construcciones sociales heterosexistas y hegemónicas, que ilegitiman todo lo que no se ajusta a sus normas y a los discursos que se derivan de estas?  Desde ese lugar se construye el desvalimiento y se domestican los mecanismos de la transformación. Algunos testimonios:

“Mi papa me rechazó, me humilló, me maltrató; no tenía ni comprensión ni apoyo de él. Él se ensañó. Yo no quiero recordar esta situación tan escabrosa”. [Persona transexual de hombre a mujer.]

“Mi papá comenzó a beber con regularidad, situación que empeoró la dinámica de mi hogar. Mi mamá siempre me culpó […]. Es doloroso decirlo, pero sentí un gran alivio cuando mi padre murió. Siempre me sentí muy coaccionada; cuando tomaba golpeaba a mi mamá y a mí. Cuando nos dejó, sentí que podía seguir mi vida libremente”. [Persona transexual de hombre a mujer.]

“Cuando salía con mi papá, me obligaba a hacer cosas que no me gustaban; me obligaba a meterme con las mujeres, a besarlas en la boca. Con él era todo muy desagradable y yo no quería salir con él”. [Persona transexual de hombre a mujer.]

“Mi padre no aceptó la situación y se crearon muchos problemas; mi mamá discutía con mucha frecuencia con él, pues la culpaba de lo que me pasaba. Él siempre creyó que era maricón,[vii] y mi abuela, para defenderme, le decía que yo era un niño fino, y él repetía  que yo no era fino sino que era maricón”. [Persona transexual de hombre a mujer.]

El grupo en el sostén del desvalimiento vs el grupo como espacio para la toma de poder. La familia en Cuba

Desde el triunfo revolucionario se han venido operando cambios en la vida familiar, mediatizados por el papel que la Revolución Cubana ha otorgado a las mujeres y los hombres en el desarrollo social.

Se han modificado las expectativas acerca de los roles de género y, con ello, se ha flexibilizado el ejercicio de los roles asignados y asumidos por mujeres y hombres a partir de la masividad de la participación de las mujeres en la vida social, relegando en gran medida, el modelo prerrevolucionario de las mujeres en la vida hogareña y la valoración casi exclusiva de estas por su desempeño en la organización doméstica y el cuidado familiar.

También se han producido profundos cambios demográficos, debido al descenso de la fecundidad y de la mortalidad, y una estructura de causas de muerte en la que, desde hace décadas, las enfermedades infecciosas han cedido terreno a las crónicas y degenerativas[viii]. Los bajos niveles de crecimiento poblacional, el envejecimiento y el alto índice de matrimonios y sus rupturas, aunados a las migraciones externas e internas y a las diferentes formas de organización del trabajo y de la vida familiar, hacen imposible hablar, en la actualidad, de un modelo único de familia cubana.

En nuestro contexto se mezclan una amplia gama de agrupaciones familiares que van desde la familia nuclear tradicional, las familias extendidas o las monoparentales, hasta aquellas que constituyen personas de un mismo sexo, aun cuando no exista reconocimiento legal de estas uniones. De ahí que resulte complejo el acercamiento al objeto de estudio, por varias razones:

-La existencia de múltiples definiciones de familia.

-Pocas investigaciones que vinculen familia con diversidad sexual.

-Distribución geográfica de las familias con miembros transexuales.

Definiciones de familia

Aunque existen múltiples definiciones de familia, en su mayoría relacionadas con el enfoque de quien aborde el tema y de la arista que se pretenda estudiar, existe consenso en considerar la familia como institución y grupo social, indisolublemente relacionada con el desarrollo y los procesos de cambio social.

De ahí que cualquier acercamiento al estudio de la familia como grupo humano y social, así como de las funciones que cumple, no pueda realizarse aislado del contexto histórico cultural en el cual se desarrollan esas prácticas.

Ramos[ix], para referirse a lo enunciado con anterioridad, plantea que nunca podría realizarse un análisis de la familia aislada de su entorno, pues sus miembros están relacionados con su ambiente exterior y en él ocupan estatus y desempeñan roles que no pasan desapercibidos para los miembros que se encuentran en formación. La familia está inmersa en una compleja red, que es la estructura social que influirá en el seno de cada grupo familiar particular, condicionando sus formas de vida y su funcionamiento.

Vacíos en la producción científica

En Cuba, en los últimos años, se han desarrollado infinidad de estudios que indagan en el tema de la familia desde perspectivas sociales, culturales, psicológicas, demográficas y otras. En dicho universo, la diversidad sexual y los posicionamientos de estas familias dentro del entramado social han estado casi ausentes, para no absolutizar, dentro de la producción científica cubana.

Esto no permite que se pueda hilvanar un referente que posibilite realizar un análisis comparado y/o rastrear aquellos cambios que pueden haberse producido durante las últimas décadas en el país, en cuanto a cómo las familias han vivido la experiencia de la diversidad sexual de sus miembros.

Aunque debemos reseñar que, durante los últimos años, ha existido una mayor visibilidad y debate en lo que atañe a los comportamientos sexuales y a la diversidad sexual. La visibilidad y el debate referido, según nuestro juicio, guardan relación con una coalición de factores, entre los que se encuentran:

1- el número mayor de personas diagnosticadas con VIH son hombres que tienen sexo con otros hombres;

2- los medios de comunicación social han transmitido (aunque no siempre con acierto), en diferentes momentos, programas que muestran  la diversidad de parejas sexuales existentes y su inserción en la vida familiar y social;

3- la intensificación en las acciones de promoción y prevención de las infecciones de transmisión sexual y el VIH a nivel comunitario;

4- el trabajo que desarrolla el Cenesex en pos de sensibilizar a la población en general acerca del respeto y la responsable orientación  sexual y con grupos en particular (transexuales, travestis, lesbianas,…), con el fin de potenciar el ejercicio de sus derechos sexuales como derechos humanos.

Distribución geográfica

En una de las primeras jornadas contra la homofobia realizadas en Cuba (Archivos IPS Cuba).Son escasas las familias que tienen entre sus miembros a una persona transexual y habitan en las diferentes provincias del país, de ahí que fue necesario ajustar el objetivo de develar y hacer visible dicha realidad y trabajar sólo con las familias que viven en la Ciudad de La Habana y que aceptaron participar en la investigación.

A los grupos de discusión asistieron un mayor número de personas transexuales, ya que la mayoría de estas viven en Ciudad de La Habana.

A partir de situar estos tres aspectos, se consideró que la definición a utilizar como punto de partida es la que designa a la familia “como una entidad en que están presentes e íntimamente entrelazados el interés social y el interés personal, puesto que, en tanto célula elemental de la sociedad, contribuye a su desarrollo y cumple importantes funciones en la formación de las nuevas generaciones y, en cuanto centro de relaciones de la vida en común de mujer y hombre, entre estos y sus hijos y de todos con sus parientes, satisfacen intereses humanos afectivos y sociales de la persona”.[x]

Sin lugar a dudas, tal y como recoge la definición, la familia cumple diversas funciones en la formación de sus miembros, a la vez que busca la satisfacción de las necesidades, tanto afectivas como sociales, de sus integrantes. Veamos algunas de estas funciones en el contexto que nos ocupa, las personas transexuales.

Para muchos, satisfacer las necesidades afectivas de sus miembros es uno de los pilares en el que descansa el crecimiento humano. La familia es considerada como un espacio de sostén frente al desvalimiento y fuente nutricia de afecto.

Mariela Castro Espín, directora del Cenesex, discursaba con el objetivo de promover la reflexión acerca de la estrategia de atención integral a personas transexuales, a la necesidad de la actualización del Código de Familia y, por tanto, de cambios en su letra, ya “que todos, sin distinción, formamos parte de una familia y que, por ende, fortalecer la institución familiar ofrecía garantías para impulsar cambios en la población cubana favorables a la aceptación de las personas transexuales en todos los ámbitos de la vida social del país”.

Ante esta realidad compartida, cabría preguntarse: ¿cómo se vive y se construye la identidad de la familia cuando uno de sus miembros es sentido como una persona con un trastorno de identidad de género?, ¿cómo se experimenta y construye la identidad como sujeto transexual dentro de la familia?

En los diferentes grupos realizados se comprobó que no todas las familias estaban en condiciones de satisfacer las necesidades afectivas de sus miembros, por varias razones:

-En el imaginario familiar están ancladas las representaciones sociales que estigmatizan lo diferente.

-La  protección del  miembro familiar que destaca por su incongruencia sexo-género tiene costos para la familia, la pareja y, en especial, para la mujer, quien cumple el mandato cultural del rol asignado: ser mujer es igual a ser madre.

Con excepción de una de las madres que participó en el grupo, en el resto de las familias se evidenciaron los costos emocionales asociados al maternaje.[xi]

“Desde que comenzó a caminar, noté que algo diferente pasaba con mi hijo. Tuve muchos  problemas con mi esposo por la situación del niño; le quería pegar y por eso me tuve que divorciar”. [Madre de una persona transexual de hombre a mujer.]

Debe señalarse además que, en un gran número de familias, las situaciones derivadas de la aceptación y comprensión acerca del hijo o la hija produjeron conflictos en las relaciones de pareja. Al producirse la disolución del vínculo de pareja, en todos los casos las madres se quedaron responsabilizadas con el cuidado de sus hijos, en la actualidad personas transexuales.

Esta realidad coloca a las mujeres en la responsabilidad de acompañar un proceso que tiene un serio impacto en sus existencias, tanto en su salud mental como en sus proyectos de vida en pareja. Una de las madres que participó en el grupo relató:

“Mi esposo y yo nos separamos, pues la situación se tornó muy difícil. Pasado el tiempo, conocí a otra pareja, pues yo estaba muy joven, y él también rechazó a mi hija. Esto determinó una nueva separación. Si yo no fui capaz de soportar que su papá la maltratara, cómo iba a permitírselo a un extraño. […] Tuve la suerte de encontrar un buen hombre con quien me casé y tuve dos hijos más, un varón y una niña. Él la trata como a una hija más, al igual que sus hermanos, pero las madres siempre vivimos ese temor, siempre estoy viviendo un sufrimiento y sobresalto. Pienso que si las personas descubren su identidad, pueden hacerle algo malo. Yo he salido con ella y hay hombres que le dicen cosas muy desagradables”. [Madre de una persona transexual de hombre a mujer.]

Luego, cuando se hace referencia a las necesidades afectivas de los miembros del núcleo familiar, se requiere integrar a dicho análisis los avatares del devenir de padres y madres, así como las necesidades afectivas de los padres durante el proceso de socialización —léase crianza de los hijos o hijas—, desde los modelos asignados a dichos roles por la sociedad en determinado contexto y momento histórico.

Si bien en el momento histórico actual se movilizan y ponen en crisis las estructuras familiares y los roles de mujer y varón que remiten a la familia nuclear tradicional, por la diversidad de estructuras familiares existentes en el país, los mandatos culturales y las representaciones acerca de la sexualidad siguen anclados en los modelos de  familia nuclear heterosexual, en los que el hijo o la hija van a ser modelados con apego a los estereotipos de género, según el sexo asignado al nacer y en concordancia con “lo deseado socialmente” para cada sexo.

Lo diferente produce extrañamiento y negación, vergüenza y culpa, angustia y temor, rechazo y dolor; por tanto, la familia –y en especial los padres y las madres– pasa un tiempo elaborando los duelos y la confusión que le produce ver crecer, en su más amplia acepción, la contradicción entre lo deseado y lo real-no deseado.

Durante el embarazo, a partir de conocer el sexo de su futuro hijo, muchos padres y madres fantasean con lo que será su vida, cómo se llamará, qué estudios desean para él o ella, qué les gustaría que hiciera o aprendiera, e incluso le adjudican cualidades y proyectos de vida que no pudieron cumplir (lo deseado); sin embargo, lo real-no deseado los coloca ante la fractura de lo idealizado para su hijo o hija, ya que si bien su sexo asignado apoya lo fantaseado, durante su crecimiento la construcción de la identidad sexo-género hace que muchos de los padres no superen dicha contradicción, de ahí que sucumban ante el complejo proceso de construcción de la identidad transexual de sus hijos e hijas, y otro miembro de la familia, pariente o amigo cercano les releve en la tarea de la crianza o en el acompañamiento de la aceptación.

“Mi tía N sabía que este no era igual a otro niño desde muy pequeño y fue quien contribuyó a sensibilizar a la mamá de Y, y a la familia en general. Su padre y su hermano no aceptaron la situación; el hermano se alejó definitivamente”. [Tía de persona transexual de hombre a mujer.]

Identidad individual y patrón psicosexual

Las funciones que apuntan al desarrollo de la identidad individual de cada uno de los miembros de la familia, así como aquella que refiere la adquisición de un patrón psicosexual, son dos cuestiones que merecen ser analizadas desde sus puntos de encuentro. Tanto una como otra  se logran a través de las relaciones intersubjetivas de padres e hijos.

Entonces, la identidad individual y la adquisición de un patrón psicosexual se conforman desde el interjuego de las relaciones que distancian y acercan el “sí mismo” (niño o niña) del/al “otra u otro” (madre o padre) durante el aprendizaje y comprensión de las semejanzas y las diferencias y para el reconocimiento de las necesidades propias que posibilitan el aceptarse como un ser diferente a los progenitores.

La construcción de la identidad, para devenir sujeto, se inicia muy tempranamente en la vida y pasa por sucesivos procesos; en cada etapa, en las relaciones que se establecen con los otros (padres, familiares, amigos, parejas,…), se va deslindando el “yo” del “otro”.

De ese interjuego deviene lo que se es como persona en todos los órdenes de la vida social. Explicarlo de forma tan simple no puede excluir el contexto y la historia. Luego, en cada persona se pueden rastrear las huellas de la cultura aprehendida, internalizada, interiorizada y expresada en su cotidiano actuar, como expresión externa de lo que se es.

En nuestra consideración, el nudo crítico radica en cómo se vive la certeza de ser y estar: de ser mujer o varón y estar en un cuerpo que no corresponde a lo que se es como sujeto psicológico, pero que forma parte indivisible e inseparable de la identidad personal.

A través de la relación con “los otros” se construye lo que somos corporal, emocional, espiritual y cognitivamente. No obstante, el lugar de la familia en la adquisición de un patrón psicosexual de la persona, que no se reconoce ni se identifica por lo que se es, sino por lo que siente ser, es hasta hoy un tema pobremente tratado.

La sociedad distingue dos sexos y, por ende, cada familia socializa –en mejor o peor medida– a sus miembros, según la asignación de sexo en el nacimiento y la concepción aprehendida de lo que culturalmente se tipifica como femenino o masculino.

De ahí que cada familia intente, en un primer momento, reducir a aquellos miembros que no cumplen la “norma cultural” a los estereotipos de feminidad y masculinidad, mediante un control férreo de la conducta, en ocasiones, aunque sea penoso reconocerlo, a partir de la prescripción de profesionales de la salud mental que consideran que el abandono de uno de los padres o el alejamiento de este  es

responsable de la incongruencia sexo-identidad de género; o que la práctica de deportes en los que se emplea la fuerza o están tipificados exclusivamente como de un sexo u otro, puede solucionar los tempranos conflictos familiares asociados a la negativa del desempeño de determinados roles por  niños y niñas.

Esta creencia, en vez de facilitar la situación, agrava la angustia familiar y culpabiliza a uno de los progenitores, o a ambos, situación que en muchos casos se revierte en algún grado de violencia hacia quien construye su identidad de género como transexual.

Los testimonios de las personas transexuales avalan los conflictos vividos en sus familias de origen y las brechas que impiden que se cumplan las funciones asignadas socialmente a las familias. Las rupturas y los desencuentros familiares imposibilitan, en muchos casos, la aceptación de la identidad de género y, con ello, el éxodo del hogar de las personas trans.

Reproducción social

Representantes del Grupo Trans del Cenesex integran panel en la I Muestra Temática del Festival Internacional del Cine Pobre de Humberto Solás, realizada en Cienfuegos en noviembre de 2008 (Archivos IPS Cuba).

La familia cumple un rol protagónico en los procesos de desarrollo de sus miembros, muy especialmente en los procesos de reproducción social. En las familias en las que uno de sus miembros es una persona transexual, la reproducción social se ve atravesada por múltiples factores:

Las migraciones internas. Las familias se trasladan de un lugar a otro

para tratar de aliviar el estigma que vivencian, dirigido hacia el familiar que no se acerca a la “norma”; o tratan de acercarse a las poblaciones donde consideran superior la asistencia médica  y, por ende, en capacidad de reducir a su hijo e hija a lo deseado socialmente para, así, minimizar las secuelas del estigma en la familia.

La necesidad de la libre expresión sexual por la persona que siente la incongruencia sexo-género. La temprana necesidad de vivir acorde con su dentidad de género, vestir y actuar los roles según esta,  les obliga a cambiar frecuentemente de domicilio en busca de una mejor aceptación y una mayor libertad de actuar, según lo deseado-sentido.

La necesidad de inserción en el mercado laboral según sus necesidades de género y el libre ejercicio de derechos de las personas transexuales. Aun cuando en Cuba no existe discriminación por ninguna razón en la plataforma jurídica ni constitucional, y desde el triunfo de la Revolución se rompieron los esquemas que tipificaban los puestos de trabajo y los salarios según el sexo de quien ocupe dichos puestos, en la representación social y en el imaginario individual persiste aún la creencia que determinadas labores deben ser realizadas por mujeres u hombres; en el caso de que lo reclamen personas del otro sexo, estos serían homosexuales o lesbianas.

Los factores antes señalados afectan directamente la inserción y participación de las familias y las personas transexuales en la reproducción social, ya que abandonan espacios sociales y laborales ya conquistados con el propósito de iniciar una vida nueva en aquellas comunidades que puedan resultarles más amigables.

Asimismo, es importante señalar que el abandono temprano del sistema nacional de educación se convierte en un obstáculo para la inserción laboral en puestos de alta calificación y/o técnicos de mejor remuneración, por lo que, aun cuando se vinculan al trabajo social remunerado, los salarios son bajos debido a que responden a la baja complejidad del trabajo.

Algunas de las personas transexuales, que participaron en los grupos y aportaron sus testimonios, reconocen haber abandonado tempranamente sus familias y hogares como vía para el logro de su independencia económica y poder vivir sin presiones su identidad transexual.

“Decidí estudiar peluquería y desde los 17 años tengo mi título como peluquera integral. No conseguí trabajo en Puerto Padre y decidí venir para La Habana para, acercarme al CENESEX trabajar por cuenta propia, hasta que comencé a trabajar vinculada al Estado. Mi familia ya me aceptó, pero yo asumí hacer mi vida porque soy muy joven y quién sabe lo que me quede por delante”. [Persona transexual de hombre a mujer.]

La homofobia internalizada hace que muchas familias vivan con recelo y angustia los cambios que observan en sus hijos e hijas, en las primeras etapas de la vida, pues el desconocimiento acerca de lo que les acontece les lleva a pensar que están frente a un homosexual.

La experiencia de acompañar la construcción de la identidad transexual de hijos e hijas resulta dolorosa y no exenta de duelos, pues muchas madres han visto desvanecerse sus proyectos de pareja y, con estos, sus proyectos de vida en familia.

La socialización de las mujeres como madres hace que, en su mayoría, enfrenten la atención de sus hijos e hijas como un proceso de cuidado de la salud, pues sin dudas resulta más alentador asumirlo desde ese punto de vista que aceptar la diferencia y la diversidad sexual para las cuales no están preparadas.

Los  padres abandonan la tarea de la paternidad por la vergüenza de sentirse vinculados a lo inesperado o no deseado de un hijo que quiebra un modelo de masculinidad hegemónica que no admite dudas: hombre es igual a hombre.

Tras la invisibilidad y el desvalimiento se integran numerosas aristas, todas visibles:

-el silencio ante lo no deseado,

-el desbibujamiento de los límites de la homofobia, (no solo dirigida a homosexuales)

-la generalización y colectivización de los derechos sexuales (existe respeto a los derechos sexuales, habría que preguntarse de quiénes)

-la medicalización de lo diferente,

-la negación de la violencia,

-la culpa, la vergüenza, los sentimientos de fracaso,

-las migraciones internas en búsqueda de aceptación,

-los paradigmas que están en la base de los estudios de familia y de las intervenciones de los profesionales de la salud.

Las reflexiones compartidas son resultado del trabajo de las autoras con familias y personas transexuales en diferentes espacios grupales que, según Cucco[xii], es la matriz viva, lugar de génesis y neogénesis de la subjetividad; lugar diagnóstico y operativo por excelencia.

Junto a la dimensión institucional, permite comprender cómo lo macro puede transmutarse en lo más íntimo de cada persona; cómo puede dejar allí, en la formación de la propia subjetividad, la marca, la inscripción social, cultural e intergeneracional. Inscripción, desde una perspectiva dialéctica, que marcará un desarrollo y será un factor al servicio de la reproducción y/o transformación de la propia sociedad.

Por tanto, se entiende el espacio grupal como un eslabón fundamental que permite dar cuenta de la relación entre ciencias psicológicas y sociales, y comprender cabalmente cuestiones de la formación de la subjetividad y de la relación entre estructura social y estructura individual.

De ahí que podamos afirmar que el trabajo con los grupos nos permitió dar seguimiento al pasaje del desvalimiento a la toma de poder de las personas transexuales y de los miembros de las familias, y proponernos un programa que aborde cuestiones medulares para la salud mental de las personas transexuales y de sus familias, como son:

-Las sexualidades y la relación diádica sexos -géneros (deconstrucción de los modelos hegemónicos femenino-masculino, hombre –mujer).

-La familia: acercamiento a las funciones desde diferentes paradigmas del conocimiento.

-El trabajo de la familia y la comunicación afectiva y efectiva.

-Autoestima, asertividad y empoderamiento.

-Toma de decisión, autonomía y derechos humanos.

-Violencia intrafamiliar, institucional y estructural.

-Homofobia, lesbofobia, transfobia.

En el entendido de que los grupos posibilitan nombrar, escuchar las voces, abrir espacios a la participación y al ejercicio de los derechos humanos, promover la reflexión y el debate a viva voz con las familias y las personas transexuales, construir un ECRO[xiii] que se integre al funcionamiento de la familia como grupo.

Pero, además, y no menos importante, los grupos ofrecen las pistas para la discusión, en los diferentes ámbitos de la sociedad cubana, de la urgencia de la inclusión del tema en la agenda en las políticas sociales, como garantía a la sostenibilidad del derecho a la protección de la salud de las personas transexuales en Cuba.

* El trabajo es una actualización para el I Coloquio Internacional Transidentidades, Género y Cultura, celebrado del 9 al 11 de junio en la capital cubana. Introduce reflexiones desde una visión salubrista al tema de la transexualidad, las personas transexuales y sus familias, ya publicado en el libro La transexualidad en Cuba, compilado por Mariela Castro Espín.



Notas:

[i] E. Guerrero: Determinantes sociales y enfermedades crónicas no transmisibles: Oportunidades para coordinación y actividades conjunta. Presentación en Reunión de Puntos Focales de ENT. Organización Panamericana de la Salud, Oficina Regional Organización Mundial de la Salud, Panamá, 10 de octubre, 2007.

[ii] P.P. Balladelli: Abordaje de los factores determinantes de la salud en Colombia. Presentación de Representante OPS/OMS Colombia, Cali, 11 de julio, 2007.

[iii] World Health Organization (WHO): Commission on Social Determinants of Health. Discussion paper for the Commission on Social Determinants or Health. Draft;  5 May, 2005.

[iv] Foucault analiza la relación saber-poder, desde el saber es intrínsecamente poder [y es desde ese poder que los profesionales de la salud mental diagnosticamos la transexualidad como enfermedad, basados en clasificaciones que surgen de la misma relación, la generación de saber desde el poder].

[v] M. Matraj: “La salud mental pública”, Editorial Paidós, pp. 67, 1992.

[vi] OPS: “La salud mental en Las Américas: nuevos retos al comienzo del milenio”, documento presentado a la Sesión del Subcomité Ejecutivo de Planificación y Programación de la Oficina Panamericana de la Salud,  Washington, D.C., EUA, 14 al 16 de marzo de 2001.

[vii] Maricón es una de las formas peyorativas con las que se designa al hombre homosexual en Cuba; tiene una fuerte carga de violencia verbal.

[viii] Juan Carlos Alfonso Fragas: “Cuba: Características sociodemográficas de las mujeres en la edad median”, en Leticia Artiles Visbal, Daysi A. Navarro Despaigne y Blanca Rosa Manzano Ovies (comp.): Climaterio y menopausia. Un enfoque desde lo social. Editorial Científico-Técnica, La Habana, p. 23, 2007.

[ix] R. Ramos: “La familia como agente de socialización política”, Rev. Interuniv. Form. Profr., 9, 85-99.  ISSN 0213-8464, 1990.

[x] Código de familia. 1987. Divulgación Ministerio de Justicia, La Habana. Cuba.

[xi] Maternaje se refiere a todas las labores que se derivan en el espacio familiar de la maternidad y el cuidado de los hijos o hijas en su más amplio sentido.

[xii] Mirta Cucco: “El Grupo Formativo como método para la intervención comunitaria sobre los malestares de la Vida Cotidiana.” Trabajo de Tesis Doctoral. Fundamentos y Desarrollos Psicoanalíticos, Universidad Complutense de Madrid, 2005.

[xiii] Esquema Conceptual Referencial Operativo (ECRO). Se utiliza en la Psicología social y en el trabajo grupal. ECRO designa el conjunto de ideas, conocimientos, líneas de pensamiento que posibilitan la articulación de acciones grupales dirigidas al cambio. Se construye durante el trabajo grupal, por tanto, es referente del grupo para el análisis de situaciones y guía para la acción.

 

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