El Niño y La Niña, fenómenos impredecibles

El mayor impacto de El Niño en Cuba se produce entre los meses de febrero y abril en la zona occidental del país.

Foto: Archivo IPS Cuba

Una pequeña variación climática en una región influye en todo el planeta

Cualquier observador de un globo terráqueo que localice al archipiélago cubano, lo verá alargado y estrecho, colado en las aguas del Caribe, como si  buscara refugio en la cintura  del continente americano para guarecerse  del enorme y furioso mar Atlántico, en un supuesto “escondite geográfico” que no exime a Cuba de la influencia marcada de la enorme masa de agua que separa a América.

El influjo ejercido por la interacción atmósfera-océano en el mundo forma parte de las investigaciones de expertos de todas las latitudes. Una pequeña variación climática en una región  influye en todo el planeta, el cual parece pender ahora sobre una cuerda floja por los sucesivos movimientos telúricos de envergadura ocurridos en el primer trimestre de 2010:Haití, el 12 de enero; Chile, el 27 de febrero; y Turquía, el 8 de marzo.

 

Las catástrofes  mundiales son cada vez más frecuentes, desastrosas y ocupan grandes espacios en la prensa y los medios de comunicación. En esta isla del Caribe, cubanas y cubanos lo han vivido en carne propia. Más recientemente cuando, en la temporada ciclónica de 2008, sufrieron los embates de tres huracanes poderosos. Primero lo hizo Gustav, que entró al territorio el 30 de agosto,  con categoría 4, por la Isla de la Juventud, en la parte suroccidental, con vientos de 220 kilómetros por hora (km/h).

A la semana de conmover al mundo los desastres de Gustav en el Caribe, apareció Ike, que mantuvo en vilo  a todo el territorio nacional  bajo alarma máxima y recabó la evacuación de más de dos millones de personas. Luego, a inicios de noviembre, golpeó el meteoro Paloma. El saldo de la temporada ciclónica de 2008 fue de pérdidas estimadas en más de 10 mil millones de dólares, cuatro víctimas fatales  y decenas de miles de personas damnificadas.

Con tan funestos antecedentes, 2009 fue recibido en la isla con muchos temores, pero la calma se fue apoderando de las personas cuando los expertos del Instituto de Meteorología de la isla auguraron que la temporada ciclónica de ese año podría ser atenuada por la influencia del fenómeno climático Oscilación del Sur, comúnmente conocido como “El Niño”, que minimiza las condiciones apropiadas para la formación de meteoros en el océano Atlántico.

Durante los primeros 50 años del pasado siglo, en Cuba sólo se le temía a los ciclones o penetraciones del mar, pero otros episodios climáticos se han ido sumando a la lista de las preocupaciones cotidianas. Ahora hay que estar muy atentos también al desarrollo y los efectos de episodios como “El Niño” y su reverso, “La Niña”.

Cada vez más esos fenómenos forman parte del conocimiento de los habitantes del mayor archipiélago caribeño, pues influyen no sólo en el devenir de las temporadas ciclónicas y los ciclos de lluvia, sino también en muchas otras variables climáticas.

Retrato de los “niños”

Bautizado como “El Niño” por pescadores peruanos de anchoas que observaron corrientes más cálidas en el océano Pacífico, coincidentes con las festividades por el nacimiento de Jesús en la región católica, ese fenómeno había aparecido mucho antes  del siglo XX, según atestiguan documentos históricos anteriores a la conquista de América  por los españoles.

Generalmente, las costas de Perú están bañadas por la corriente de Humboldt, una cinta transportadora de agua fría que tiene su origen en la Antártida y que bordea la costa oeste de Sudamérica. Se trata de un flujo de agua de más baja temperatura, que mejora las capturas de peces en esa zona. Entre diciembre y marzo, esa corriente se retira y hay una consecuente subida de temperatura del mar, lo cual reduce considerablemente la pesca. A partir del mes de marzo, el sistema recobra sus condiciones normales.

En determinados años, el calentamiento de las aguas empieza antes y se prolonga más allá de los tres meses habituales. La comunidad científica sólo utiliza la expresión “El Niño” cuando el fenómeno se extiende más allá de lo considerado normal y acostumbra a aparecer por períodos entre dos y cinco años, con una duración media de 12 meses.

Los cambios térmicos de las aguas marinas tienen un reflejo automático en la circulación de los vientos y provocan alteraciones en la atmósfera. Este sistema retroalimentado recibe el nombre de ENOS en español o ENSO en inglés (“El Niño Oscilación del Sur”). La fase cálida es “EL Niño”, pero cuando las aguas se enfrían más de lo acostumbrado, se le denomina “La Niña”, “El Viejo” o el “Anti-Niño”.

En condiciones normales, los vientos alisios recorren el Pacífico ecuatorial de este a oeste y arrastran el agua de la superficie hacia Indonesia y Australia. En esa zona, el nivel del mar puede llegar a ser de hasta 60 centímetros más alto que en las costas de Panamá. Además, el agua que se desplaza hacia el oeste, al ser superficial, posee una temperatura elevada. El agua caliente superficial empuja la fría hacia las profundidades, puesto que la diferencia de temperatura y densidad impide que lleguen a mezclarse. La línea que separa estas dos masas de agua  y su posición a lo largo del Pacífico también define si ha llegado o no “El Niño”.

Con el advenimiento de este episodio, sus influjos llegan a los patrones meteorológicos de todo el mundo. Los vientos alisios se debilitan y arrastran menos agua superficial hacia Indonesia y Australia, lo que hace disminuir la lluvia. Al otro lado, frente a Perú, pierde intensidad el afloramiento de líquido superficial y decae la producción de pescado en esa zona. Además, el aire se calienta y las lluvias aparecen de forma abundante en muchas áreas del centro y sur de Sudamérica.

Aunque los episodios de “El Niño” o “La Niña” alteran las probabilidades de determinadas características climáticas en el mundo, sus resultados nunca son  idénticos en  diferentes latitudes y  pueden presentar  repercusiones más acentuadas  en determinadas zonas.

En el primer trimestre de este año 2009, cuando todavía  predominaban las condiciones de “El Niño”, se padecía una intensa sequía en el Caribe, Centroamérica y algunas naciones de Sudamérica, mientras en otras zonas de la región se reportaban  lluvias torrenciales, inundaciones y toda suerte de desgracias.

Menos ciclones, pero más intensos

Entrada del huracán Ike en BaracoaCientíficos de la OMM han anunciado una buena noticia y otra mala para los próximos 100 años. La buena es que el número de huracanes, tifones, inundaciones, tormentas de nieve y el resto de desastres relacionados con el clima disminuirá durante este siglo. La mala es que estos fenómenos serán cada vez van más intensos y  devastadores.

En un informe publicado en la revista Nature Geoscience, el equipo dirigido por el meteorólogo estadounidense Tom Knutson predijo que, a lo largo del siglo XXI, habrá entre seis y 34 por ciento menos de huracanes, pero la fuerza general de las tormentas, medida por la velocidad del viento, crecerá entre dos y 11 por ciento, lo que equivale a un aumento de la destrucción de 60 por ciento,  publicó el pasado 24 de febrero el medio español Publico. “Además, estos fenómenos también acarrearán más lluvias”, sentenció Knutson, quien ligó el aumento de la virulencia de las tormentas al cambio climático.

El estudio apuntó que se elevará la fuerza de las tempestades debido al calentamiento de los océanos y que, según se incremente la temperatura del agua, se reducirá el número de fenómenos meteorológicos, pero estos aumentarían  en intensidad y poder destructivo.

De hecho, los investigadores han comprobado que, desde 2000, las tormentas más intensas, de categorías 4 y 5, con vientos superiores a los 210 kilómetros por hora, han aumentado en 80 por ciento.

El océano Atlántico es el más perjudicado. En la última década, cinco grandes huracanes han asolado el continente americano y se reportó la muerte de 7.000 personas. Por ejemplo, el Katrina, en 2005,  tuvo los efectos más devastadores, al dejar un saldo de casi 2.000 muertos y daños por valor de 88.000 millones de dólares.

Sólo en 2009 asolaron al mundo 245 desastres naturales, de los cuales 224 estuvieron relacionados directamente con el clima y originaron perjuicios a 58.000.000 de personas, señaló el mencionado estudio.

Según los datos recogidos por el Centro para la Investigación de los Desastres Naturales (CRDE), esos fenómenos causaron más de 6.000 muertes. Sin embargo, algunos especialistas subrayan que el número de víctimas se ha reducido drásticamente, gracias al avance en el conocimiento de estos funestos episodios.

¿Y la Niña?

Así como “El Niño” surge al elevarse la temperatura de la superficie central y oriental del océano Pacífico ecuatorial, al enfriarse esas aguas por debajo de lo normal aparece “La Niña”, fase fría del ENOS, que en algunas regiones produce los efectos opuestos.

Aún no hay datos sólidos de lo que ocurrirá después del primer trimestre de 2010, cuando podría continuar este fenómeno, revertirse  hacia las condiciones de la fase fría  o volver a la misma situación neutra de comienzos de 2009 y finales de 2008.

Los registros históricos demuestran que hay 25 por ciento de posibilidades de que sobrevengan uno de estos episodios y un restante 50 por ciento de que se establezca un sistema neutro.

En términos de frecuencia, tanto “El Niño” como “La Niña” pueden presentarse con intervalos de dos a cinco años. La última evaluación de la OMM, al cierre de 2009, apuntaba a 50 por ciento de probabilidades del establecimiento de la primera versión, como ha ocurrido.

Uno de los principales tributarios de información de la OMM es el Centro Internacional para la Investigación del fenómeno “El Niño” (CIIFEN), radicado en Ecuador. Esa institución, en el boletín emitido en febrero de 2010, el más actualizado hasta redactar este artículo, informó que “la temperatura superficial del mar (TSM) disminuyó en el Pacífico. La TSM se mantiene cercana o ligeramente por debajo de lo normal en la mayor parte de la zona costera, excepto frente a Nicaragua, Costa Rica, El Salvador y el Golfo de Baja California, dónde se observa un ligero calentamiento muy localizado”.

El parte climático señala que “el clima regional ha estado influenciado, además, por el calentamiento del Atlántico Sur y la circulación atmosférica sobre Sudamérica”, aspectos que, en su conjunto, “han generado intensa variabilidad y ocurrencia de eventos extremos”.

El pronóstico del CIIFEM estimó que “la lluvia acumulada total está por debajo de los promedios en América Central, Ecuador, Colombia, Venezuela y zona central de Chile”. Eso no descarta, continúa el informe, que “en algún mes en particular las precipitaciones  se comporten de forma diferente, y se produzcan eventos climáticos extremos de corta duración”.

Durante la última semana de febrero, según el mencionado boletín del CIIFEM,  “la temperatura del mar en el Pacífico ecuatorial mostró una disminución del calentamiento de los últimos meses, consistente con los modelos de pronóstico. La temperatura del agua bajo la superficie del mar mantiene los núcleos cálidos, aunque con menor intensidad”. Hacia el sur del continente, “se observa temperatura del mar bajo lo normal frente a Perú y Chile”. En Centroamérica y el golfo de Baja California, “la temperatura se encuentra por encima del promedio”.

El  análisis estadístico de “232 estaciones de los Servicios Meteorológicos de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile, junto a los pronósticos oceanográficos y atmosféricos a escala global”, vaticinan precipitaciones por debajo de lo normal en Colombia, Venezuela y  centro de Chile, según el boletín del CIIFEM.

El documento agregó que habrá más posibilidad de lluvia cercana a lo habitual en el altiplano boliviano, pero que será aproximada y por encima de los promedios en los valles y llanos orientales de esa nación.

El resto de la región latinoamericana tiene superiores posibilidades de precipitación, cercana al promedio para la época. Mientras que  temperaturas máximas por encima de lo normal podrían ocurrir en el norte y centro de la sierra de Perú, Ecuador, Colombia, zona central de Chile y ciertas zonas del altiplano boliviano.  

Frío, frío o caliente, caliente

Mientras se vaticina que, posiblemente, 2010 sea el año más cálido de la década y que los primeros cinco años del próximo decenio podrían ser más calurosos a nivel global, en Cuba se vivió una temporada invernal extendida hasta marzo, con récord de temperaturas bajas y sucesivos frentes fríos.

Estos últimos son definidos como una zona límite entre dos masas de aire con marcado contraste térmico, en la cual la de más baja temperatura  avanza rápidamente hacia la caliente. En Cuba se clasifican atendiendo a la fuerza del viento máximo medio sostenido en la superficie a nivel del mar. Las categorías son: débiles (menor a 35 kilómetros por hora), moderados (de 36 a 55 km/h) y fuertes (si superan los 55 km/h).

“Varias regiones del mundo sufren desde hace meses intensas lluvias o sequías extremas, asociadas a la influencia del evento ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), en Cuba los mayores impactos de este complejo proceso de interacción océano-atmósfera ocurren entre los meses de febrero y abril”,  publicó el periódico Granma en su edición del 12 de febrero.

Investigaciones hechas por especialistas del Centro del Clima del Instituto de Meteorología de la isla, bajo la presencia del fenómeno, sustentan que en este primer trimestre se registra un incremento en la entrada de frentes fríos, precedidos por activas bandas de nublados con tormentas eléctricas y otras condiciones severas del tiempo.

Tal situación está asociada al surgimiento más frecuente de bajas extratropicales en el Golfo de México durante esta etapa de la temporada invernal, como sucedió en 1983.

Actualmente, el ENOS mantiene la categoría de moderado y aunque los modelos no prevén que siga intensificándose, los expertos del Centro del Clima de Cuba mantienen una vigilancia permanente sobre su evolución y probable influencia.

Según fuentes especializadas, el primer mes de 2010 clasificó como el cuarto enero más frío del período 1971-2010 en Cuba. Durante la primera quincena del año, los registros de temperaturas máximas y mínimas estuvieron muy por debajo de los habituales en gran parte del territorio nacional, debido al predominio casi permanente de masas de aire de origen ártico.

Esa situación dio lugar a la persistencia de la sensación de frío durante varios días consecutivos en todos los horarios, algo poco frecuente en el archipiélago cubano.

Evelio Alberto García Valdés, especialista del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba, señaló a la prensa nacional el 5 de marzo de este año, que los llamados sistemas frontales son fenómenos muy interesantes, pues ocasionan notables cambios de tiempo en apenas unas horas.

García Valdés, autor principal de una cronología de los frentes fríos que han pasado por las provincias habaneras desde 1916-1917 hasta 2007-2008, explicó que el invierno 2009-2010 “se ha caracterizado por una mayor frecuencia de días consecutivos con sensaciones de frío en todos los horarios, al haber poca diferencia entre los valores de temperatura máxima y mínima. También porque a partir de noviembre el número de frentes superó la media histórica por mes”.

Los siete frentes registrados en febrero de este 2010 (el promedio es de 3,34) son una cantidad que, para el segundo mes del año,  solo ha sido superada por los nueve ocurridos en 1964 y los ocho anotados en 1968.

El especialista García Valdés precisó a la prensa nacional “que se considera que un sistema frontal entró cuando ocurre un giro del viento al noroeste y norte, durante al menos tres horas consecutivas en el extremo más occidental de nuestro archipiélago”.

Para Cuba, el promedio de sistemas frontales por temporada ronda los 19,5. El récord es de 35, establecido en la de 1976-1977. Le siguen las de 1969-1970, con 30, y 1950-1951, que registró 29. En la primera década del siglo XXI el invierno más activo ha sido, hasta ahora, el 2008-2009, cuando se notificaron 27.

El especialista anotó que la primacía de menos nortes la tiene la temporada de 1996-1997, con 11. Mientras, la de comienzo más temprano le corresponde a la de 1923-1924, cuando el primer sistema frontal llegó el 10 de septiembre de 1923. Por el contrario, la que más tardó en terminar fue la de 1994-1995, pues el último llegó el 14 de junio de 1995.

Pero, frente a esta “fría” realidad de inicios de 2010 en Cuba, los expertos continúan asegurando que este año será el más cálido del primer decenio del siglo XXI, lo cual se basa en la combinación del calentamiento global antrópico y temperaturas más cálidas que las habituales en el Océano Pacífico tropical, debido precisamente al fenómeno El Niño.

Los servicios meteorológicos del Reino Unido, conocidos como Met Office, en colaboración con la Universidad de East Anglia, mantienen un registro de la temperatura global que se utiliza en los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. Cada diciembre o enero, la Oficina Meteorológica, en colaboración con la Universidad de East Anglia, emite un pronóstico de la temperatura de la superficie mundial para el siguiente año.

La previsión tiene en cuenta factores conocidos, tales como El Niño y La Niña; el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero; las influencias de enfriamiento de las partículas de aerosoles industriales; los efectos solares, si se conocen; las consecuencias de volcanes que disminuyen su temperatura y las variaciones naturales de los océanos.

Es probable que este 2010 sea el más cálido en el registro instrumental, batiendo el récord de 1998, pronosticaron los expertos del Met Office desde diciembre pasado, según reprodujeron diversos sitios digitales dedicados al tema del medio ambiente.

La temperatura global de 2010 será casi de 0,6 grados centígrados por encima de la media de la etapa comprendida entre 1961-90, lo cual será más probable si la corriente de El Niño bajara rápidamente, de forma inesperada, alrededor del inicio de 2010 –que no ha sucedido aún–, o si hubiera una erupción volcánica (ya ha habido reportes de actividad de este tipo en Nicaragua y Ecuador y se ha anunciado también para Chile, tras el terremoto del 28 de febrero de este año).

Los servicios meteorológicos de Reino Unido revisarán las previsiones para 2010 con los datos de observación disponibles y así podrán ratificar si este año será el más caluroso del último decenio y si, aproximadamente, la mitad de los años comprendidos entre 2010 y 2019 reportarán temperaturas superiores a las anteriormente observadas.

Entre los registros sostenidos por la Met Office aparece que:

•    La temperatura media global entre 1961 y 1990 fue de 14,0 ° C.

•    La temperatura global para 2010 se espera que sea 14,58 ° C, el más ardiente de la historia.

El año más caluroso registrado hasta 2009 fue 1998, que llegó a 14,52 ° C, una etapa dominada por el fenómeno Climático El Niño.

La OMM ha publicado estadísticas que sitúan a 2009 entre los 10 años más calurosos desde 1850, momento a partir del cual se cuenta con registros. Las cifras disponibles muestran que las temperaturas no dejan de aumentar, ya que el período 2000-2009 fue más caluroso que la década de los noventa, que a su vez fue más ardiente que la anterior.

Según las cifras de la OMM, se registraron temperaturas por encima de la media en la mayor parte del mundo, con  excepción de América del Norte, donde se reportaron las más frías.

Condiciones extremas

Aunque su ocurrencia no provoca el impacto violento de las grandes catástrofes, como los tsunamis, terremotos y huracanes, la sequía  ocasiona una degradación lenta de la calidad de vida de población, la naturaleza y la economía, advirtió Braulio Lapinel, especialista en ese  tema del Centro del Clima de Cuba, al ser entrevistado por la revista Bohemia, a principios de este año 2010.

El 2009 fue prácticamente un año seco. Pocas lluvias y ningún evento meteorológico extremo dejaron al país en 80 por ciento de la media histórica de precipitaciones. En Cuba se hacen cada vez más evidentes los problemas asociados al fenómeno de la escasez de agua, pues las fuentes de abasto, tanto  superficiales como  subterráneas, se han reducido.

La sequía es un fenómeno de lento desarrollo, pero no menos nefasto que otros desastres, ya que tiene una mayor duración, reconocieron expertos del Instituto de Geografía de la isla, en un estudio publicado en noviembre de 2008. Esos especialistas aseguraron que en la segunda mitad del siglo XX el clima en el mayor archipiélago caribeño transitó hacia condiciones que se caracterizan por el incremento de la temperatura superficial del aire y una mayor influencia del evento “El Niño/Oscilación del Sur” (ENOS), lo cual puede apreciarse en el aumento de la frecuencia e intensidad de eventos de sequías moderadas y severas; el incremento de la proporción de totales de lluvia en invierno, asociadas a eventos de grandes precipitaciones, y mayor capacidad destructiva de las líneas de tormentas prefrontales y tormentas locales severas.

En Cuba la evaporación es elevada, con valores de hasta 2.300 milímetros (mm) anuales en el Valle del río Cauto, el más largo de Cuba, situado en la región oriental y en la costa sur de Guantánamo, el territorio situado al extremo este de la isla. Las magnitudes más bajas de este componente del balance hídrico corresponden a las regiones montañosas, donde alcanzan alrededor de los 1.100 mm anuales.

En 1959 la cantidad de agua embalsada en Cuba era solamente de unos 28.000.000 de metros cúbicos (m3) y, actualmente, esta cifra es superior a los 9.000 millones de m3. Indudablemente, el rol de los embalses es muy importante para evitar las inundaciones y almacenar agua para distintos usos, tales como abasto a la población, agricultura, acuicultura, entre otros; aunque no siempre la construcción de estas obras resuelvan las demandas de agua, bien porque no existen donde tiene lugar la alimentación pluvial o porque el líquido represado no es utilizado a su máximo límite de explotación.

Rolando Baza, especialista del Centro Provincial de Meteorología en Guantánamo, territorio en el extremo oriental de Cuba, afirmó que los reportes de lluvia y el actual estado de llenado de las presas permiten afirmar que ese territorio afronta una intensa sequía meteorológica, divulgó la emisora Radio Rebelde el pasado 26 de febrero.

Durante el Taller Provincial sobre Desastres, que concluyó el pasado 25 de febrero, Baza afirmó que una de las consecuencias del cambio climático en la región cubana más oriental es la reducción del ciclo entre una sequía y otra.

Mientras, en el resto del mundo la OMM ha reportado un número muy elevado de condiciones meteorológicas extremas, como inundaciones, sequías y olas de calor. China sufrió su peor sequía en cinco décadas, y en Argentina, la zona sureste de Australia, el este de África, India y México se produjeron sequías agudas y prolongadas.

En la zona occidental de África las precipitaciones fueron tan intensas en septiembre que más de 100.000 personas resultaron perjudicadas. Burkina Faso experimentó las lluvias más copiosas reportadas en esa región en los últimos 90 años: más de 263 milímetros  en menos de 12 horas.

Fenómenos de precipitaciones extremas también dañaron  a muchas otras regiones del mundo. Inundaciones, tornados e intensas tormentas eléctricas provocaron graves daños en distintos puntos de Alemania. Reino Unido también sufrió desbordamientos  graves, mientras en el sureste de España y otras regiones del Mediterráneo se recogieron más de 300 milímetros de lluvias en menos de 48 horas.

Precipitaciones de intensidad inusitada también azotaron las regiones del sur y el centro del continente americano, lo que provocó inundaciones en Argentina, el noreste de Brasil, Colombia y Uruguay. Fenómenos de ese tipo  también ocasionaron corrimientos de tierras en Colombia y El Salvador, que reportaron la muerte de cientos de personas.

Por otra parte, Canadá reportó numerosos fenómenos climatológicos extremos, casi el doble del número habitual de avalanchas y una cantidad sin precedentes de tornados. Además, en las llanuras del norte de los Estados Unidos, octubre de 2009 fue el mes más lluvioso en 115 años.

Presionada por una fuerte sequía provocada por el fenómeno climático “El Niño”, Venezuela inició la creación de un sistema de generación de electricidad alterno al utilizado hasta hoy, dependiente en 70 por ciento de hidroeléctricas, informó Prensa Latina desde Caracas, el pasado 10 de febrero. El cambio climático, del cual El Niño es expresión, convirtió en una debilidad la que debería ser una fortaleza de su sistema energético, con el peligroso descenso de las fuentes de agua, agregó la misma fuente.

Los especialistas se centran hoy en El Guri, el mayor embalse del país, con unos 4.000 kilómetros cuadrados, que desciende hasta 13 centímetros diarios y amenaza con llegar al punto de colapso, que le impedirá generar electricidad, apuntó el reporte cablegráfico del pasado 10 de febrero.

Ante la ausencia de lluvias y de pronósticos de precipitaciones, las autoridades venezolanas se vieron obligadas a imponer medidas de cortes del servicio eléctrico en algunas zonas, al tiempo que emprendieron un plan de desarrollo alternativo.

Autoridades de Venezuela anunciaron la realización, en el primer semestre de este año, de más de 30 proyectos de generación que significarán 2.000 megavatios más para el sistema eléctrico nacional. En total, hasta 2015 se espera instalar capacidades que duplicarían los niveles nacionales actuales. El plan cuenta con un fondo anunciado por el presidente Hugo Chávez de 1.000 millones de dólares para obras, sobre las cuales ya entregaron propuestas varias firmas de Rusia, China, Brasil y otros países entregan.

Un artículo publicado el pasado 20 de febrero por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica informó que  “la escasa preparación de Perú para prevenir desastres se combinó con los desequilibrios climáticos que soporta América del Sur para producir un cóctel”, que dejó decenas de muertos y miles de viviendas arrasadas por las lluvias en este país andino. Las precipitaciones causaron estragos también en el norte del territorio, pero  el epicentro fue la sureña Cusco, donde en sólo tres días llovió lo que usualmente lo que cae en un mes.

Diecisiete de las 25 regiones peruanas soportan los destrozos de las lluvias que empezaron a caer en diciembre. El Instituto Nacional de Defensa Civil reportaba más de 22.700 personas sin techo y más de 108.000 con diversos daños parciales a sus viviendas, cultivos u otros bienes, hasta el pasado 20 de febrero.

Las alteraciones del clima afectan a toda la región de los Andes sudamericanos, señaló Elizabeth Cano, responsable del programa de reducción de riesgos de desastres y ayuda humanitaria de Oxfam Internacional.

En Ecuador hay sequía en varias provincias de la sierra, en la costa llovió torrencialmente y hubo al menos 11 personas muertas. En Bolivia se desbordaron los afluentes del río Amazonas en los departamentos orientales de Beni y Santa Cruz, agregó esa misma fuente.

En Brasil, Uruguay y Argentina, una ola de calor llegó acompañada de intensas lluvias en la actual temporada estival. La región está bajo los efectos de “El Niño/Oscilación del Sur” (ENOS) y la mayoría de los expertos aseguran que su presencia desata precipitaciones en la costa norte de Perú y sequías en la sierra sur.

Pero, a juzgar como  se presentó entre 1997 y 1998, también puede causar lluvias intensas en períodos cortos en la sierra sur, una zona con tendencia a las sequías, dijo a Tierramérica el especialista en prevención de desastres Pedro Ferradas, de la organización de cooperación técnica internacional Soluciones Prácticas ITDG.

Los científicos todavía no han establecido si el calentamiento global incide en una mayor virulencia del ENOS. Pero, dijo Ferradas, hay crecientes evidencias de que no “sólo produce mayor variabilidad climática, sino que hace más impredecible la ocurrencia de fenómenos como El Niño”.

La influencia sobre la captura de la langosta

No sólo los pescadores peruanos experimentaron problemas en sus capturas pesqueras, debido a cambios en las temperaturas de sus costas.

Expertos cubanos estudiaron el impacto del ENOS ocurrido en 1965-1966, 1969-1970, 1972-1973, 1976-1977, 1982-1983, 1987-1988 y 1991-1992 y su influencia en la captura de langosta en la plataforma suroccidental o golfo de Batabanó. Fue la primera investigación cubana que comprobó, estadísticamente, los vínculos entre el fenómeno de El Niño y los resultados de la pesca de especies marinas en la isla.

Los especialistas publicaron sus resultados en 1995, en la revista cubana de Investigaciones Marinas, y explicaron que se decidieron a estudiar lo que sucedió en el golfo de Batabanó, al sur de La Habana, por ser esa la región donde se desarrolla la pesquería más importante a nivel nacional de la langosta, un crustáceo muy  apetecido en la cocina internacional.

La estación más fiable en sus registros mareográficos por entonces, la de Casilda, el centro-sur de la isla, muy cerca del golfo de Batabanó, indicó que las anomalías del Nivel Medio del Mar (NMM) no fueron  iguales durante los últimos cinco eventos ENOS sometidos a estudio.

Durante el evento de 1972-1973, el NMM bajó en 1973 y se reportó alto en los dos años siguientes; en 1976-1977 fue bajo en 1976 y en 1977 comenzó a ascender. El nivel máximo se reflejó en 1978. Durante 1982-1983, el NMM bajó y, a partir de este evento, el NMM no se había  recuperado, pese a que en 1990 tuvo un ligero ascenso.

En la investigación se comprobó que  los huracanes disminuyen su frecuencia en la región occidental de Cuba bajo la influencia del ENOS; mientras que, un año antes y un año después del evento, aumenta la aparición de meteoros en la cuenca del Caribe.

Estas tormentas generan, al igual que los frentes fríos intensos, un mecanismo de mar de leva que, al topar con la costa norte de la región habanera, ocasiona intensas penetraciones marinas, como las registradas en marzo de 1983, febrero de 1992 y marzo de 1993, subrayaron los investigadores.

En el caso de la langosta,  se observó que durante los años que anteceden y preceden a estos eventos las pesquerías de la langosta disminuyen. Algunos desembarques de temporadas post-ENOS son más elevados que los logrados durante años de ocurrencia del evento, como sucedió durante la temporada de pesca de 1966-1967 y 1988-1989.

Los menores desembarques registrados en temporadas pre-ENOS  pudieran estar influidos, entre otros, por el elevado régimen de precipitaciones y la influencia susceptible de sistemas de ondas tropicales, bajas y huracanes que se incrementan en el Atlántico, los cuales pueden afectar el área e impedir la pesca en el golfo.

Muchas son las interrogantes que aún quedan por resolver acerca de la influencia de los eventos perturbadores fuertes sobre las pesquerías de especies marinas de interés comercial en las aguas cubanas. No cabe duda de las desventajas que, para cualquier economía, acompañan estas poderosas máquinas termodinámicas.

Sequía agudizada

En las presas del país se almacena un volumen de agua de 4.385 millones 800.000 metros cúbicos de agua, lo que equivale casi a  47 por ciento de la capacidad utilizable, según el boletín emitido por el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos de Cuba (INRH), con la información recopilada al cerrar el pasado febrero.

El segundo mes del año constituye, en Cuba, el cuarto mes del período seco, que se inicia en noviembre y termina el 30 de abril.

La cantidad de agua embalsada hasta el 28 de febrero era inferior en más de 2.000 millones de metros cúbicos a lo reportado en igual fecha del pasado 2009. El líquido represado también está por  debajo en 315.000.000 de metros cúbicos respecto al volumen registrado en similar etapa de 2004, el peor año de llenado en la serie desde 1993.

De 76 embalses que sirven de abasto a la población, 14 se encuentran con un llenado inferior o igual al 25 por ciento de su capacidad útil.

Aun con las precipitaciones de febrero, que acompañaron la entrada de los frentes fríos de la presente temporada invernal, sólo se observan ligeros incrementos en el agua embalsada en las provincias de Cienfuegos  y  Sancti Spíritus, “por lo que nos mantenemos en medio de una situación crítica que trae por consecuencia la no recuperación de los embalses del país”, alertó el boletín del INRH.

Huracanes en lista de espera

Una temporada de ciclones más activa en el océano Atlántico para este año 2010  pronosticaron meteorólogos de AccuWeather, un centro con sede en el State College, en Pennsylvania, que reúne el mayor número de meteorólogos en un solo lugar en el mundo, según datos de esa propia institución.

Los expertos de AccuWeather basaron sus predicciones en el rápido debilitamiento del fenómeno climático “El Niño”, una elevada temperatura de las aguas del océano Atlántico en comparación con el año pasado, y mayores niveles de humedad.

Con la posible formación de 15 tormentas y cinco ciclones, según el pronóstico, se prevé que entre dos y tres huracanes podrían alcanzar categoría mayor en la escala de intensidad Saffir-Simpson, que transita del uno al cinco.

La costa este de Estados Unidos y del Golfo de México es una de las áreas más expuestas a la amenaza de las tormentas y huracanes en la temporada que comienza el próximo primero de junio y se prolongará hasta el 30 de noviembre.

Según datos del Centro Nacional de Huracanes de Miami, en la temporada del 2009 se formaron sólo seis tormentas y tres huracanes, debido a la fuerte presencia del fenómeno climático “El Niño” en el océano Pacífico, que inhibe la formación de estos fenómenos en el Atlántico. Hasta principios de marzo actual, los pronósticos oficiales de la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera de Estados Unidos aun no se habían divulgado.

Predicciones desde Cuba

“Los expertos del Centro del Clima, del Instituto de Meteorología de Cuba, afirman que el evento el Niño permanece en la categoría de moderado, por lo que prevén que, en lo que resta de marzo y en abril, habrá valores de precipitaciones por encima o cercano a lo normal”, según reporte de la emisora Radio Rebelde, del pasado 18 de marzo.

“Aunque en el presente año el Niño ha tenido una connotación en América del Norte y Pacífico Norte, en la isla su presencia se hizo más notable durante la última semana de febrero, con dos eventos de precipitaciones por encima de lo estándares”, añadió la misma fuente.

“Al comienzo de marzo también llovió, aunque no en igual magnitud. En cierta medida fue una lluvia beneficiosa, pues había déficit de precipitaciones que se arrastra desde el pasado año”, apuntó Ramón Pérez, especialista del Centro del Clima del Instituto de Meteorología.

Pérez dijo que esperan un mes de mayo normal, pero están atentos porque en otras ocasiones el quinto mes del año se ha comportado seco a la salida del Niño “y el actual está languideciendo gradualmente”.

Sobre el mayor impacto de “El Niño” en la zona occidental del archipiélago, Pérez indicó que esa situación responde a las diferencias de la circulación atmosférica en el clima de Cuba, pues las provincias orientales reciben mayor influencia del anticiclón subtropical del atlántico, mientras que el resto del país –durante el período poco lluvioso, de  noviembre a abril– recibe una mayor influencia de los sistemas de circulación atmosférica que se desarrollan en el continente y el golfo de México.

Señaló que la mayor cantidad de frentes fríos llega más a Pinar del Río que a las provincias orientales y las bajas extratropicales alcanzan de forma más directa a la mitad occidental de Cuba.

El Centro del Clima de Cuba alertó además sobre la importancia de manejar adecuadamente las reservas de agua, porque al actual período seco se suma el déficit de lluvias de 2009.

Apuntes

Según un estudio de la NOAA, titulado “Compendio de variabilidad climática”, el  fenómeno ocurrido entre 1997 y 1998 fue el más devastador, pues provocó, en todo el mundo, pérdidas  valoradas en 24.000 millones de euros, la muerte de 24.120 personas y desplazó a 6.250.000 habitantes.

Durante “El Niño” de 1997-1998, la temperatura del agua del mar frente a Perú se elevó hasta ocho grados Celsius por encima de lo normal. Este episodio provocó 24.120 muertos y 24.000 millones en pérdidas en todo el mundo.

Una nueva forma de “El Niño” sería la causa no solo del aumento de la intensidad y el número de huracanes, sino también en las posibilidades de que alcancen tierra firme, reveló un estudio publicado en la revista Science, de la primera semana de julio de 2009. La nueva versión ha sido llamada “El Niño Modoki” y se forma en el Pacífico central y no en el Pacífico oriental. (En japonés la palabra “Modoki” significa “similar”, pero “diferente”).

2 comentarios

  1. Sergio

    Me hubiese gustado que la info ofrecida (muy buena) estuviese acompañada de algunos mapas

  2. juan

    la niña esssssssssssssssssssssssssssssssssssss una niña

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