El sector energético cubano entre logros y desafíos

La producción energética de Cuba en 2009 fue inferior en un 15 por ciento respecto al nivel registrado en 2004.

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La presencia de los grupos electrógenos en la generación eléctrica se ha multiplicado varias veces.

En el último quinquenio se han sucedido transformaciones importantes en el sector energético cubano. Se inició y continúa adelante el programa conocido como “Revolución Energética”, que ha tenido un impacto considerable en la recuperación del sistema eléctrico y en el ahorro de energía.

Luego de más de un decenio de inactividad, se puso en marcha la refinería de Cienfuegos a fines de 2007, transformada en una empresa mixta que es resultado directo de los acuerdos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba).

Allí se adelantan planes e inversiones para el desarrollo de un polo petroquímico, que representaría un hito en el desarrollo de esa industria en Cuba. En este período se hacen nuevas inversiones para la generación de energía eólica, instalándose parques en Holguín y la Isla de la Juventud.

Producción de energía

La producción de energía primaria exhibe oscilaciones en estos años, pero su nivel en 2009 (5.103,500 toneladas de petróleo equivalente/MTPE) es inferior 15 por ciento respecto a 2004.

En este resultado influye la producción de petróleo nacional, que fue 16 por ciento menor al volumen de ese año. También se reducen en proporciones significativas la utilización de los productos de la caña, debido principalmente a la contracción de la producción, y la leña. Como contrapartida, se elevan el aprovechamiento del gas natural y la producción de hidroenergía.

Por su importancia, la producción de petróleo y gas merece un análisis más detallado. En el cuatrienio, la de petróleo se ha estancado y experimenta una reducción con respecto al pico obtenido en 2003. Ello ha sido compensado, en parte, por el incremento de la producción de gas natural, que en 2009 fue 64 por ciento mayor que hace cinco años[i].

Este incremento ha permitido ampliar su uso en la fabricación de gas manufacturado y como combustible alternativo en algunas termoeléctricas y en la empresa mixta Energas S.A.

La tendencia al estancamiento es atribuida al declive productivo de los pozos más maduros, por lo que la exploración de nuevos yacimientos constituye el eje central de los esfuerzos para incrementar la producción, tanto con recursos propios como externos.

Una parte considerable de estos esfuerzos se centra en la Zona Económica Exclusiva del Golfo de México (ZEE), que ocupa una extensión de 112.000 Km2 y los últimos cálculos le atribuyen unas reservas probables situadas en alrededor de 20.000 millones de barriles de crudo.

Datos seleccionados de energía, Cuba

Categoría

U/M

2004

2009

Crecimiento (%)

Petróleo

MTm

3,253

2,732

-16

Gas Natural

TPE

622

1.025

64,8

Energía Eléctrica

GWh

15.633,7

17.709,1

13,3

Capacidad instalada

MV

3.763,5

5.522,6

47

Fuente: Elaboración propia a partir de Anuario Estadístico de Cuba, 2009.

Por su parte, la producción de energía eléctrica ha mantenido un crecimiento continuo desde 2005. Ello se corresponde con el incremento de la capacidad instalada y la actividad económica del país.

El principal logro en este ámbito radica en haber logrado reducir al mínimo la energía dejada de servir por déficit de generación. Al propio tiempo, la introducción de la generación distribuida ha permitido reducir la vulnerabilidad frente a los eventos meteorológicos que afectan continuamente a Cuba.

Al cierre de 2009, la capacidad instalada superaba los 5.000 megavatios[i], lo que supone un incremento sustancial respecto a 2004. La mayor parte de este incremento se debe a la instalación de grupos electrógenos, como parte de la Revolución Energética. Las mayores transformaciones se han producido en la estructura de la producción de energía eléctrica.

En este sentido, el peso de los grupos electrógenos en la generación eléctrica se ha multiplicado varias veces. En 2009, esta fuente representó una cuarta parte del total producido. Esto ha ido acompañado de una reducción proporcional del aporte de las termoeléctricas, mientras que la parte correspondiente a las turbinas de gas y las fuentes renovables no sufre cambios notables. Al cierre de 2009, los grupos electrógenos concentraban poco más de la tercera parte (2.124 MV) de la capacidad instalada total.

Más allá de que, en su momento, fueron la única alternativa para recobrar en corto plazo la vitalidad del sistema eléctrico, se plantean otras ventajas adicionales. Se aduce que el consumo específico de combustible por kilovatios producido es menor. Aunque, como contrapartida, en el caso de las plantas diesel el costo del combustible utilizado es superior.

A esto debe adicionarse que el consumo por concepto de servicios de mantenimiento y transporte del combustible debe ser más elevado, debido a la dispersión geográfica de estos emplazamientos y el tipo de transporte utilizado, mayoritariamente automotor, frente a los menores costos relativos del cabotaje, que es el medio predominante en el caso de las termoeléctricas.

Hasta ahora, no hay cálculos que permitan hacer un balance de los costos y beneficios de esta opción en lo que se refiere a costos del combustible total utilizado en el proceso. Pero no debería darse por descontado que el balance fuese positivo.

El consumo eléctrico en el sector residencial se ha incrementado más de 28 por ciento respecto a 2004, debido a que se convirtió en el combustible de uso predominante en el hogar. El resto de las fuentes para el hogar experimentan decrecimientos, excepto el gas manufacturado.

A lo anterior se debe haber sumado el aumento del nivel de electrificación y una mayor posesión de equipos electrodomésticos. Al cierre de 2008, la electricidad representaba 66 por ciento del consumo energético de los hogares, frente a 45 por ciento en 2004[ii], lo que pone de manifiesto una transformación sustancial en la importancia relativa de los portadores de energía disponibles para la familia cubana.

La producción de derivados del petróleo se mantuvo estable en todo el período hasta 2007, mientras que evidenció un salto significativo en 2008, asociado al funcionamiento de la refinería de Cienfuegos, propiedad de la empresa mixta CUPET-PDV S.A., uno de los empeños más importantes del Alna en el campo económico. En concreto, la entrega se elevó más de 2,3 veces con respecto a 2007[iii].

Hay que destacar que una parte importante de estas producciones tienen como destino a otros países del área integrantes de Petrocaribe, con los cual se convierten en un valioso renglón de exportación, que en 2008 ocupó el segundo lugar (22 % del total) en los ingresos externos, por concepto de venta de bienes.

No obstante, aunque su impacto es todavía insignificante, se ha duplicado el aporte de las fuentes renovables, básicamente a partir de la energía eólica y fotovoltaica, mientras se mantiene el decrecimiento de la biomasa asociado a los tropiezos en la producción de caña.

En 2009 apenas 3,8 por ciento del total fue cubierto mediante estas fuentes, sin incluir la generación en los centrales azucareros. Según algunas fuentes, el potencial eólico del país se estima, conservadoramente, en unos 2.000 megavatios, distribuidos en 32 zonas del país, de acuerdo con los estudios realizados[iv].

Ya se trabaja en un plan para instalar los primeros 500 megavatios hasta 2020[v]. Sin embargo, otras fuentes pudieran realizar contribuciones superiores, como la energía solar, la biomasa (cañera y forestal), el biogás y la hidroenergía, cuyas potencialidades combinadas se ubican en otros 2.200 megavatios[vi].

Para entender lo que esto significa, la capacidad combinada de estas fuentes representa un valor muy cercano a la potencia actual, con la diferencia de que el combustible utilizado es inagotable y doméstico. A esto se le puede adicionar otras variantes con menos desarrollo técnico hasta el momento, como la termoceánica, cuyas perspectivas son alentadoras.

Consideraciones finales

En el plano del sector energético en sí, la generación eléctrica cuenta ahora con una planta menos envejecida, más eficiente en la producción de energía y mejor distribuida en el territorio nacional. A esto se suma que las capacidades instaladas exceden la demanda esperada actual, incluso en los horarios de pico eléctrico.

Otras mejorías incluyen la posibilidad, demostrada en los más recientes huracanes, de recuperar la vitalidad mínima en los hogares y en la producción en un período de tiempo más corto que en épocas anteriores, lo que evita molestias y pérdidas económicas.

No obstante, varios aspectos demandan un seguimiento cuidadoso; entre ellos que el tipo de generación introducida tiene una vida útil más corta[vii], sus costos de abastecimiento son mayores, el costo del combustible utilizado es superior (fuel oil y diesel) y su operatividad depende del cumplimiento estricto de los ciclos de mantenimiento.

En cuanto a las perspectivas inmediatas, conviene continuar prestando la mayor atención al desarrollo de las fuentes nacionales de energía. Entre ellas tenemos el desarrollo de nuevos campos petrogasíferos, la energía eólica, solar y la biomasa, fundamentalmente la cañera.

En este último caso, las decisiones trascienden las fronteras de la política energética, por cuanto este sector contribuye a la economía nacional en muchos otros campos. Uno de los obstáculos para un mayor despliegue de estas fuentes parece provenir de su costo, que continúa siendo superior al de las fuentes tradicionales.

El desarrollo de una primera etapa representaría una inversión de entre 7.000 y 10.000 millones de dólares[viii] estimados conservadoramente, un monto que se ubica fuera de las posibilidades del país en las condiciones actuales. Este déficit puede ser aliviado, parcialmente, mediante la inversión extranjera, aunque deberá escogerse cuidadosamente la modalidad más provechosa para el país, en cada caso.

El desarrollo acelerado de fuentes renovables en otros países combina distintas alternativas de financiamiento (subsidios del Estado, inversión privada y extranjera, Mecanismo de Desarrollo Limpio, ONGs, etc.), lo que exige una alta flexibilidad y adaptabilidad del ente regulador.

Un aspecto a tener en cuenta es que el desarrollo tecnológico ha hecho posible la competitividad de tecnologías de pequeña escala, que favorecen las inversiones a nivel local e, incluso, individual, y que deberían ser estimuladas en una estrategia nacional.

Por otra parte, el alto costo de estas alternativas puede ser reducido a partir de fabricar una parte de los suministros en la industria nacional, propiciando además el desarrollo de tecnologías propias. Este emprendimiento es estratégico, por cuanto decide la independencia energética sustentable, por lo que debe evitarse el cortoplacismo en la toma de decisiones al respecto.

Por otra parte, si bien la capacidad actual satisface la demanda, cualquier desplazamiento hacia actividades industriales incrementa automáticamente el insumo de energía. En esta línea se encuentran algunos proyectos de gran envergadura, en estudio o en fase de ejecución, como la ampliación de las facilidades asociadas a la Refinería de Cienfuegos, la construcción de una nueva planta o la ampliación de las capacidades de producción de níquel.

A esto se suman la recuperación de los niveles de transportación o el incremento del consumo, a partir de la mejoría de los ingresos. Estas tendencias, en su conjunto, implican que se debe continuar prestando la mayor atención a la proyección futura de la demanda y las fuentes disponibles para hacerles frente, teniendo en cuenta una adecuada relación entre costo y vulnerabilidad externa.

En ese sentido, reducciones sucesivas de la intensidad energética serán más dependientes de la incorporación de tecnologías más modernas en los procesos productivos.

 


Notas:

[i] Anuario Estadístico de Cuba, 2009.

[ii] Indicadores seleccionados de energía, 2009.

[iii] Anuario Estadístico de Cuba, 2009.

[iv] Cubaenergía: “Estudio preliminar del potencial de uso de las fuentes renovables de energía en Cuba”, ponencia presentada en el VII Seminario Nacional de Energía, julio de 2009.

[v] Katia Monteagudo: “Energía eólica: tras los dones de Aumantex”, revista Bohemia, año 101, No. 34, 2009.

[vi] Cubaenergía, ob. cit.

[vii] Expertos consultados la ubican en 20 años, suponiendo que se cumplen disciplinadamente los ciclos de mantenimiento.

[viii] Cálculos propios a partir de Cubaenergía: ob. cit.

 

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