El tortuoso camino a la seguridad alimentaria

A pesar de la entrega de tierras en usufructo y los cambios en el sistema empresarial de la agricultura se mantiene el déficit de alimentos en Cuba.

Jorge Luis Baños - IPS

A pesar de la entrega de tierras en usufructo, la creación de las delegaciones municipales de la agricultura y los cambios en el sistema empresarial de la agricultura, se mantiene el déficit de alimentos en Cuba.

La aspiración cubana de reducir la dependencia externa de los alimentos pasa por producir en el país, eficientemente, todos aquellos renglones que la agricultura y la industria nacionales están en capacidad de asumir. Sin embargo, pese al discurso oficial, son muchos los obstáculos en el camino, tanto de carácter financiero como productivo y organizativo.

El reciente X Congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (Anap), que agrupa a campesinos y cooperativistas, después de 10 años sin realizarse y celebrado en la capital cubana el 17 de mayo, puso sobre el tapete los múltiples tropiezos que, durante el proceso producción-acopio-comercialización, sufren estos productores que, con 41 por ciento de la tierra cultivable del país, garantizan 70 por ciento del valor de todas las producciones agropecuarias.

El abril pasado, el presidente Raúl Castro señalaba que “sin una agricultura fuerte y eficiente que podemos desarrollar con los recursos de que disponemos, sin soñar con las grandes asignaciones de otros tiempos, no podemos aspirar a sostener y elevar la alimentación de la población, que tanto depende todavía de importar productos que pueden cultivarse en Cuba”. Con ese planteamiento, el mandatario reiteró ideas que ha expresado sobre este tema desde antes de asumir oficialmente la presidencia de la nación y cual considera un asunto de seguridad nacional.

Sucede que, pasados unos tres años, las medidas adoptadas en el sector, entre ellas la elevación del precio de compra del Estado de algunos productos (carne, leche y café), la entrega de tierras en usufructo según el Decreto ley 259, la creación de las delegaciones municipales de la agricultura y los cambios en el sistema empresarial del sector, la mesa sigue estando sin servir, Incluso, desde inicios de este año, el déficit de alimentos ha sido muy agudo, fundamentalmente en la capital cubana y en otras muchas ciudades.

El papel del campesinado cubano en la producción de alimentos—estimado en 70 por ciento del total–, es vital. Según el informe presentado por Orlando Lugo, presidente reelecto de la organización campesina, al cierre de 2009 entregaron al Estado 1.801.386 toneladas de alimentos, 62 por ciento del total de las viandas y 63 por ciento de las hortalizas. Campesinos y cooperativistas aportaron 74 por ciento del total de las frutas, con 253.487 toneladas; 31.870 de frijoles, para 69 por ciento; 263.741 toneladas de arroz (73 %); y 290 millones de litros de leche (64 %), entre otros.

No obstante, la dirección de la organización campesina reconoce múltiples insatisfacciones, como no haber alcanzado altos niveles de utilización de la tracción animal; insuficiente producción de abonos orgánicos; baja disponibilidad de riego; crítica situación en el estado técnico de la maquinaria agrícola e insuficientes neumáticos. Tampoco se han desarrollado las herrerías para disponer de mayor cantidad de implementos y otros renglones decisivos; y ha habido poca generalización del intercalamiento de cultivos y la aplicación de técnicas agroecológicas.

Durante todo el proceso previo al congreso, y en las sesiones de trabajo, se abordaron aquellos problemas que más frecuentemente afectan a la gente del campo: la cantidad de documentos que deben presentar semanal, quincenal, mensual y trimestralmente a diferentes instancias superiores, lo que resta tiempo para el trabajo y la atención al campesinado; la demora en el acopio, causante del deterioro de los alimentos y pérdidas de cosechas; la falta de envases; la poca oferta de insumos y la escasa calidad en las tiendas del agricultor; y la imposibilidad de pagar con los cheques de las cooperativas varios servicios, como la contratación de un buldózer, entre otros.

A la par, se expusieron experiencias exitosas. Su eventual generalización en medio de la situación actual el país, unida a la eliminación de los múltiples problemas, pudiera conducir a mayores niveles productivos en el país, “sin soñar en asignaciones de otros tiempos”, señalaron. Entre ellas se encuentra la de alimentar al ganado vacuno con king grass, caña, soya o cualquier otro alimento cultivado aquí, por ejemplo. Ello es una garantía de tener más animales o, lo que es igual, más carne y leche, y, al decir de un delegado tunero, significaría dejar de vivir mirando al mar, esperando por el barco de pienso.

Otras prácticas denotan que cada quien puede ser innovador en su espacio. Desde hace cerca de una década, en el oriente del país, una unidad productora siembra frijoles intercalados en la caña. Para el productor, esto tiene múltiples ventajas: se aprovechan los nutrientes que recibe la gramínea, se aprovecha mejor la tierra, y el laboreo de los granos beneficia las plantaciones cañeras. “Dejarían así de emplearse en la compra de frijoles millones de dólares, necesarios para muchas otras necesidades”, reflexionaba.

La erradicación de los entuertos y la aplicación de las buenas prácticas, en dependencia de las condiciones de cada lugar, de la calidad de la tierra, la disponibilidad de agua, junto al incremento de la producción de abonos orgánicos y productos biológicos para el control de plagas y enfermedades, posibilitarán que los productores tengan mejores resultados, lo que espera la población.

Lanzar la pelota

La comisión productiva del congreso sugirió crear nuevos programas en cultivos, como el café y el cacao, los frijoles, las plantas ornamentales y medicinales, además del desarrollo del movimiento agroecológico, entre otras medidas.Las propuestas hechas por la comisión productiva del congreso tienen una peculiaridad: se basan en la experiencia colectiva, la sabiduría del lo que se hace para incrementar la entrega de viandas, en dependencia de la demanda; aumentar la venta de leche a la industria y a los puntos de comercio; utilizar la cardona en lugar del alambre en las cercas. También las referidas a la solución de las pérdidas en las cooperativas, el estudio de un programa de construcción de viviendas mediante la venta de materiales a precios no subsidiados y la comercialización de flores y plantas ornamentales y sus precios.

Otras sugerencias tienen que ver con la creación de nuevos programas en cultivos, como el café y el cacao –incluido el procesamiento, previendo crecimientos futuros–, los frijoles, las plantas ornamentales y medicinales, el desarrollo del movimiento agroecológico, el incremento de la ceba de vacunos, cerdos y ganado menor; el aumento de la obtención de frutales y la necesidad estratégica de un cultivo como el maíz. Según trascendió, existe un plazo de seis meses para que se encuentren las posibles soluciones a los 37 puntos recogidos en el dictamen de la comisión productiva.

A diferencia de otras ocasiones, en que todo se quedaba en el planteamiento de los campesinos, esta vez hubo una respuesta desde el gobierno a las sugerencias y recomendaciones hechas por los productores, refirieron asistentes al congreso. “Desde que comenzó el proceso, en las cooperativas, se fueron planteando problemas que sabemos afectan el trabajo de los campesinos para lograr mayor producción, como nos pide el país. Pensaba que se iba a quedar en los planteamientos de los campesinos, pero en la conferencia del ministro de Economía y Planificación, Marino Murillo, vimos que en ella estaban recogidos los problemas con sus posibles soluciones, con un estudio de cada tema. Ahora, con las palabras de Raúl sobre la confianza en el campesinado, estamos convencidos de que se va a lograr y el pueblo de Cuba puede contar con que va a haber más comida”, declaró a un medio local en Internet Teresa Mores, presidenta de la Anap en el capitalino municipio de Guanabacoa.

El pollo del arroz con pollo

Uno de los temas más debatidos en el congreso fue el de la comercialización de las producciones agropecuarias, relacionado con el de las contrataciones. Una atención particular lo tiene el caso de las dos provincias habaneras, donde hace algo más de un año se aplica un experimento que no ha podido evitar conflictos, demoras en el acopio y hasta pérdida de productos del agro. El dictamen aprobado por el congreso, tomando en cuenta las numerosas preocupaciones expresadas por los delgados, recomendó a los organismos competentes revisar los mecanismos que se aplican en las dos provincias habaneras, donde existe duplicidad de funciones en dos sistemas empresariales, demoras en el retorno de los envases, pérdidas de cosechas y no participación las cooperativas en la venta a los mercados, entre otros aspectos que es preciso despejar.

Al respecto, señaló el titular de Economía y Planificación, Marino Murillo, que “hubo consenso en que es necesario elevar la calidad y la exigencia en los contratos, de manera que las partes cumplan con las obligaciones y se exija que se siembre, se coseche y se comercialice lo que se pacta, evitando que se venda en los mercados de oferta y demanda sin la certificación de que constituyen excedente por el sobrecumplimiento de contrato o son producciones no contratadas”, dijo.

Por otra parte, señaló que los ministerios de la Agricultura, Azúcar, Comercio Interior, Salud Pública, Finanzas y Precios, y otros organismos competentes, así como la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños y los consejos de administración, deben trabajar para que se cumpla con lo legalmente establecido en esos mercados. Además, de ser necesario, deben introducirse las modificaciones que se requieran. Esto indica que, al menos por ahora, no habrá una flexibilización en el tema de la concurrencia al mercado libre y se mantendrá la disposición de que se acuda solo después de cumplir los compromisos con el Estado.

Hasta ahora, los mercados de libre concurrencia se han caracterizado por disponer de mayor variedad de productos y superior calidad respecto a los mercados estatales. Mientras la empresa estatal no sea capaz de garantizar eficientemente el acopio y pago de los productos, los productores podrían inclinarse por venderle al mejor postor, como sucede actualmente. Por otra parte, el titular destacó la necesidad de trabajar juntos por resolver lo antes posible el problema de los intermediarios que “lucran con el comercio ilegal de las producciones agropecuarias y abusan de nuestro pueblo”.

Lo que vendrá

Las proyecciones para el desarrollo del sector agropecuario en Cuba persiguen el incremento de  los ingresos por exportaciones y las ventas en el mercado interno en divisas, como fuente financiera de inestimable valor.Durante el congreso campesino, el ministro de Economía y Planificación explicó que el Consejo de Ministros aprobó recientemente una proyección de la economía hasta 2010. Para el sector agropecuario, esta prevé reducir las importaciones de alimentos y materias primas para la alimentación animal. Al respecto, indicó que “se deberá trabajar en incrementar la producción en renglones alimenticios que sustituyen efectivamente importaciones (arroz, frijoles, maíz, leche, carne, café y otros), así como desarrollar la base nacional de alimentación animal, acercándose a los 800 millones de dólares de importación que pueden ser sustituidos, tomando como referencia los gastos previstos en el plan.”

Las proyecciones que definen los principales objetivos productivos y de desarrollo en el sector incluyen también potenciar los ingresos por exportaciones y las ventas en el mercado interno en divisas, como fuente financiera para respaldar una parte de la producción agroalimentaria; propiciar la descentralización de la producción de los territorios, delegando una mayor participación en la gestión a los gobiernos locales, para alcanzar el autoabastecimiento municipal. También, organizar la creación, en la mayoría de los municipios del país, de un mercado de insumos, donde los productores puedan adquirir, de manera directa, los recursos necesarios para la producción agropecuaria, sustituyendo el actual mecanismo de asignación centralizada.

Asimismo, los lineamientos indican que el Ministerio de la Industria Azucarera “dará cumplimiento al proceso de reordenamiento y racionalización del sector, que asegure, como primera prioridad, el incremento de la producción de caña, sobre la base de un mayor rendimiento y un mejor uso de la tierra asignada”. Asimismo, orientan darles prioridad al desarrollo de los fertilizantes naturales (biofertilizantes), al trabajo con el Ministerio de la Industria Básica en una proyección integrada para incrementar la producción y al uso de fertilizantes elaborados en el país.

En el mundo agrícola cubano queda mucha tela por donde cortar. Por ejemplo, por el Decreto ley 259 fueron entregadas 920.000 hectáreas de tierras, de las cuales cerca de la mitad está aún sin explotar o insuficientemente explotada, dijo Murillo, quien alertó que “en los casos que los productores no sean capaces de hacerlo, habrá que transferir las tierras a otras (personas) que sí logren hacerlo”.

El titular se refirió, a la par, la necesidad de lograr una mayor integración entre las actividades del sector agropecuario, con las industrias alimentaria, la ligera y la sideromecánica, con vistas a obtener un mayor aprovechamiento de los productos agropecuarios, reducir pérdidas y elevar la eficiencia. El enfoque integrador tiene que ver también, se señaló en el congreso, con la producción de arados y otros aperos que contribuyan a mejorar el laboreo de la tierra. Un ejemplo dejó clara esa necesidad: una cooperativa del oriente de la isla, con muy buenos resultados, tiene más yuntas de bueyes que arados para preparar la tierra.

En las palabras de clausura del décimo congreso campesino, el titular de Economía señaló que los retos del país “son grandes, en medio de circunstancias internacionales muy complejas, y para poder avanzar en el desarrollo económico y social será necesario tensar todas nuestras fuerzas e inteligencia, en lo cual el sector agropecuario es determinante y, dentro de ello, los campesinos desempeñan un papel esencial. Estas circunstancias demandan una actualización de nuestro modelo económico, que preserve los principios de justicia del socialismo”.

Para que ese modelo sea viable, tiene que finalmente destrabar todo aquello que frena las fuerzas productivas, en el campo y fuera de él. El tiempo apremia.

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