El trabajo por cuenta propia y sus limitaciones para la producción

Desde octubre de 2010 hasta julio de 2011 han sido otorgadas 294.000 nuevas licencias.

Jorge Luis Baños - IPS

La Habana es la provincia con más personas implicadas en esa modalidad empleo.

Pudiera decirse que los “Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución”, aprobados el 18 de abril, contienen un paquete de medidas que el presidente cubano Raúl Castro había planteado con anterioridad como la necesidad de un  ajuste estructural.

Por lo tanto, el objetivo de este trabajo es el análisis de una de sus prioridades: la  extensión  del  trabajo por  cuenta propia como una alternativa a la racionalización del empleo en el sector estatal y una contribución a los ingresos del presupuesto.

Desde que en octubre de 2010 entró en vigencia una nueva apertura al trabajo por cuenta propia, que incluía la posibilidad de la creación de las microempresas, el número de licencias concedidas para esta actividad al cierre de julio de 2011 era de 328.000, cifra que  incluye las que se habían otorgado anteriormente; es decir, las nuevas están en el entorno de las 294.000 licencias.

La  actividad  por  cuenta  propia  se  amplió significativamente  en 1993, mediante  el Decreto-Ley  141. Los registros de la Oficina Nacional  de Estadísticas  (ONE)  dan cuenta  de que, en los años ochenta, el trabajo  por cuenta propia no superaba los 50.000 trabajadores.

Tras la apertura en los noventa, la cifra aumentó a 121.000 en 1994 y tuvo un máximo de 165.000 en 2005. Después de esa fecha se produjo una disminución significativa.

Sus ventajas fueron conocidas, dado que se produjo un impacto positivo en la oferta de bienes y servicios de consumo, especialmente alimentos, y de taxis particulares. Para algunas  familias  constituía  una  fuente  de  ingreso  alternativa  a  los  salarios  y pensiones   estatales   y,  para  el  fisco, representaba   un  ingreso  impositivo   por intermedio  de la Oficina  Nacional  de Administración  Tributaria  (ONAT).

Pese a estos beneficios, la política hacia el trabajo por cuenta propia no fue estable; pasando por distintos momentos de más o menos suspensión de licencias otorgadas y descongelamientos/aperturas  de nuevas emisiones.

El débil marco legal para la actuación efectiva de los cuentapropistas  los llevó a subsistir  en medio de la ilegalidad.  Su crecimiento  estuvo acotado  por excesivas prohibiciones, algunas de las cuales se corrigen a partir de octubre 2010.

Esta  actividad,  al  igual  que  otras  transformaciones  de  la  década  del noventa, estuvo signada por un declarado carácter temporal y la no aceptación  ideológica dentro del modelo económico cubano.

A propósito, el periódico Granma del 24 de septiembre de 2010 indicó que “…debemos  alejarnos de aquellas concepciones  que condenaron  el trabajo  por cuenta  propia  casi a la extinción  y a estigmatizar  a quienes  decidieron sumarse a él…”

Así, a partir de noviembre de 2010 se produjo un relanzamiento del sector, que ha consistido en el descongelamiento de un grupo de categorías para las cuales no se efectuaban autorizaciones hacía algunos años. Se reorganiza la lista de licencias autorizadas, subiendo a 178 tipos,  mayor que las 157 autorizadas en la lista de 1990; posteriormente se alcanza 181 oficios.

Se estableció un marco regulatorio más flexible, dado que se pueden comercializar sus bienes y servicios a entidades estatales; se les  permite   contratar   fuerza   de   trabajo,   lo   que   los   convierte   en microempresas; pueden alquilar locales y activos del Estado o de otros ciudadanos; una persona tiene la facilidad de disponer de varias licencias para ejercer más de una actividad por cuenta propia, tanto en su municipio de procedencia como en cualquier lugar del país; se prescinde  del  requisito  de  ser  jubilado  o tener  algún  vínculo  laboral  para acceder a esta forma de empleo; se  elimina  la  restricción  para  alquilar  el  total  de  una  casa  o  departamento; se permitió  el  arrendamiento   de  viviendas  y  vehículos  a  las  personas  que disponen  de un permiso  de residencia  en el exterior  (PRE)  o aquellos  que, viviendo  en Cuba, salgan del país por más de tres meses, para lo cual pueden nombrar un representante.

El tamaño  autorizado  para  los  paladares  aumentó  de  12  a 20  plazas, y después a 50 plazas.

La respuesta a la apertura ha sido muy satisfactoria, también en dependencia de la provincia. De las  294.000 personas con nuevas licencias autorizadas, 68 por ciento no tenía vínculo laboral, mientras 16 por ciento corresponde a jubiladas y provenientes del sector estatal[i].

En la actualidad, el total de trabajadoras y trabajadores por cuenta propia sindicalizados, de esas cifras totales, es de 190.000.

El gráfico siguiente muestra esta evolución en los distintos municipios de la capital, donde se destaca que muy pocas licencias son de trabajadores o de disponibles. Esto lleva a la necesidad de realizar un análisis más profundo de las causas que han llevado a estas distorsiones del objetivo inicial de la decisión, que fue la generación de empleo no estatal, para permitir un trasvase desde el subempleo existente en el sector estatal.

Trabajo por cuenta propia en los municipios de La Habana:

Las licencias más demandadas hasta julio de 2011 son las de elaboración y venta de alimentos, así como transportistas, trabajadores contratados y en el arrendamiento de viviendas.

Las cifras de julio de más de  294.000 licencias nuevas, otorgadas desde el relanzamiento en octubre de 2010, significan que el número de cuentapropistas estaría duplicando su mayor valor histórico, y muy por encima de los pronósticos realizados. La cantidad de licencias devueltas en el período están en el entorno del 25 por ciento.

La  Habana es  la provincia con mayor número de nuevas autorizaciones  otorgadas, con 66.905 licencias, Matanzas con 17.943, Villa Clara con 15.313, Camagüey con 15.926 y Santiago de Cuba con 14.354 licencias.[ii]

En un análisis particular de la provincia La Habana -la capital, cuya evolución es generalizable a otras grandes ciudades-, se puede apreciar que, hasta abril de 2011, se habían otorgado unas 66.905 licencias, de ellas unas 3.200 para el arrendamiento y 54.000 para otras actividades por cuenta propia, amparados en la resolución 32 de 2010. Las licencias más otorgadas fueron las de trabajador contratado y la de alimentos, en sus variantes de punto fijo y ambulante.

Esto resulta coherente con lo planteado acerca de lo reducido del listado para actividades de mayor profesionalidad: el nivel de escolaridad de las personas a las cuales se les otorgaron esos permisos oscila entre 9no y 12 grados, y solo siete por ciento es universitario, según se puede observar en el gráfico siguiente.

Licencias otorgadas por nivel de escolaridad hasta mayo de 2011 en La Habana:

 

Fuente: Estadísticas de la Dirección de Trabajo y Seguridad Social. La Habana, mayo del 2011.

El apoyo oficial al sector no estatal se ha constatado en el propio periódico Granma, el órgano de prensa del Partido Comunista Cubano, que se ha convertido en el divulgador de las instrucciones para acceder a una licencia como trabajador por cuenta propia y ha exigido que las licencias se otorguen de forma expedita, atacando insistentemente a los “burócratas” que traban el proceso.

El presidente Raúl Castro ha hecho varias defensas públicas del sector. En su discurso de clausura de la sesión del Parlamento, en diciembre de 2010, planteó que al Partido le corresponde, respecto a estos trabajadores por cuenta propia, “facilitar su gestión y no generar estigmas ni prejuicios hacia ellos y menos aún demonizarlos”, para más adelante afirmar que “esta vez no habrá retroceso”.

Unos meses más tarde, en abril de 2011, en el Informe Central del VI Congreso del PCC expresaba: “El incremento del sector no estatal de la economía, lejos de significar una supuesta privatización de la propiedad social, como afirman algunos teóricos, está llamado a convertirse en un factor facilitador para la construcción del socialismo en Cuba, ya que permitirá al Estado concentrarse en la elevación de la eficiencia de los medios fundamentales de producción, propiedad de todo el pueblo y desprenderse de la administración de actividades no estratégicas para el país.”

Evidentemente, la reforma cubana requiere de un cambio de mentalidad en diversos sectores de la sociedad. Se necesita llevar adelante, junto a la reforma económica, una reforma institucional de gran calado, considerando en un sentido amplio el concepto institución, que incluye organizaciones, valores, reglas y creencias.[iii]

Sin embargo, pese al esfuerzo gubernamental, el sector tiene limitaciones a las cuales es imprescindible darles una atención pormenorizada, rápidamente, en los próximos años, para que sea una fuente importante de generación de empleos y de ingresos al Presupuesto nacional, además de una fuente importante para el incremento o generación de bienes y servicios.

Estas limitaciones serían las siguientes:

-La lista de  181  actividades es  aún demasiado  precaria  y  reducida; sería más oportuno listar solo las no permitidas, ya que las categorías son demasiado específicas y ello frena la iniciativa individual. Sería preferible   una   lista   de   categorías   generales   que   le   dieran   espacio   a   los cuentapropistas y microempresarios  para proponer y perfilar una oferta de bienes y servicios  diversa.  Esta tiene que ser lo suficientemente  flexible como para poder adecuarse a una demanda cambiante en el tiempo, heterogénea en lo local, y que es indescifrable para cualquiera que se lo proponga centralmente.

-Las  actividades  permitidas hasta hoy son  poco  intensivas  en  conocimiento  y  no  permiten aprovechar la inversión en educación que ha hecho el país por décadas. Muchos de los disponibles estatales  serán  graduados  universitarios  que  necesitarán  una opción acorde con su calificación.

-Todavía no se permite la creación de Pymes (pequeña y mediana empresa), con posibilidades de integrarse al sector productivo nacional de mayor escala, ni con posibilidades de generar fondos exportables.

-Se  permite  el  crédito  bancario, pero aún no ha funcionado o se ha generalizado, excepto para la agricultura. Además, el  sistema  financiero  tiene  problemas  de liquidez y las dos monedas nacionales tienen limitaciones de convertibilidad en divisas. Como  alternativa,   se  requiere   agilizar   y  promover   la colaboración internacional en el tema del microcrédito. Aunque no hay datos disponibles o veraces, todo parece indicar que las remesas están constituyendo una de las fuentes de capital para los nuevos negocios que se abren, ante la ausencia del crédito nacional.

-No existe un mercado  mayorista  de insumos suficiente.  Hoy  los mercados  de insumos  para las empresas  estatales  sufren  de desabastecimiento, como consecuencia de los problemas económicos y financieros del país. Por tanto, es muy difícil pensar por ahora en un apoyo estatal suficiente en este aspecto. Pero, si se promueve   el  microcrédito   con  colaboración   internacional,   ello  significaría   una entrada   de   divisas   al   país   que   posibilitaría   abrir   la   importación   para  cuentapropistas y microempresarios.  En Cuba operan  suficientes proveedores  extranjeros  que podrían abastecer  un mercado  de insumos.

-Hay pocos recursos públicos para apoyar con asesoría, capacitación e información a los nuevos microempresarios. Es una limitante en general de la actualización del modelo, que se realiza sin recursos, en medio de una crisis financiera y poco crecimiento económico.

-Las tasas impositivas establecidas pueden resultar, en algunos casos, demasiado altas para negocios que recién comienzan. También son demasiado bajos los porcentajes de costos reconocidos por la ONAT (descontados) para el cálculo del impuesto sobre ingresos personales. La definición de un período inicial de exención de impuestos sería saludable para la promoción de nuevos negocios. El actual sistema tributario para las y los cuentapropistas establece el impuesto sobre las ventas o los servicios, el impuesto por la utilización de la fuerza de trabajo, la contribución a la seguridad social, una tasa por la radicación de anuncios y propaganda comercial, y el impuesto sobre ingresos personales que oscila entre 25 por ciento y 50 ciento, según el tipo de actividad.

-El poco crecimiento económico que vive el país es otro de los obstáculos a la creación de nuevas  microempresas. La  oferta  de bienes  y servicios  de  los  cuentapropistas  necesita de una demanda. Con estancamiento económico  y  aumento  de las personas disponibles es  muy  difícil  pensar  en  una  demanda suficiente desde las familias o desde las empresas estatales.

Este último es el mayor obstáculo que vemos para el crecimiento a corto plazo del sector. Se necesita de un shock positivo de demanda, que la economía y la política fiscal  y  monetaria  no  están  en  condiciones  de  propiciar  en  estos  momentos.

La ampliación del trabajo por cuenta propia en la pasada década del noventa estuvo impulsada por el shock de demanda  que significó  la apertura  simultánea  a las remesas  y al turismo. Hoy no existe un impulso similar, por tanto, se debería avanzar lo más rápido posible en  superar   los  restantes  obstáculos   mencionados   y  otros  que  se  vayan identificando.

Los ingresos de las familias que se incorporen al sector no estatal generarán ellos mismos una demanda.  En la medida que se pongan en marcha los proyectos  inversionistas que tiene planificado el país para el quinquenio 2011-2015, se apliquen nuevos cambios estructurales y se retome el crecimiento  económico, la demanda aumentará. Pero ello será gradual.

También debe seguirse con atención la evolución del arribo de turistas cubanoamericanos, que ha mostrado cierta recuperación en los últimos meses, y que pudiera ampliarse con las nuevas flexibilizaciones de la administración de Obama en relación con los viajes desde Estados Unidos por motivos académicos, culturales y religiosos.

De ser este el caso, el turismo podría ir contribuyendo a expandir la demanda en las nuevas microempresas cubanas. Finalizado el primer semestre de 2011, el arribo total de turistas a la isla había crecido 10,6 por ciento.

Los cambios actuales reconocen  que el Estado está cediendo actividades  que  no  le  son  estratégicas  y  que intenta fomentar  la  empresa no estatal, aunque esto quede, por ahora, reducido a una lista muy insuficiente de actividades y a muchas limitaciones para su funcionamiento.

Y este reconocimiento es uno de los cambios  estructurales  más  importantes  de  los  efectuados  hasta  el  momento  por el actual gobierno cubano.



Notas:

[i]Periódico Granma, sábado 21 de mayo de 2011.

[ii]Cierre de junio de 2011

[iii] Para un análisis detallado y abarcador del concepto de reforma institucional, ver Alonso, J. A. y C. Garcimartin: Acción Colectiva y Desarrollo. El Papel de las Instituciones, Editorial Complutense, Madrid, 2008.

 

Una versión más amplia de este  artículo puede verse en “Relanzamiento del cuentapropismo en medio del ajuste estructural”, de Pavel Vidal Alejandro y Omar Everleny Pérez Villanueva, en Seminario Anual sobre Economía Cubana y Gerencia Empresarial, La Habana, ISBN 978-959-282-095-1

*El contenido de este trabajo es responsabilidad de su autor y no refleja, necesariamente, la opinión de IPS.

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