Empleo: cambios radicales y métodos flexibles

La productividad del trabajo cayó 1,1 por ciento en 2009 respecto al año anterior, según se informó en el Parlamento cubano.

Archivos IPS Cuba

Algunos sectores como la agricultura y la construcción no enfrentarán procesos de desempleo debido a su importancia en la economía cubana.

“Me quedo o no me quedo”, esta es la nueva variante de la famosa pregunta del drama de Hamlet, de William Shakespeare, cuando uno conversa con trabajadores de organismos de la administración central del Estado cubano u otros que desempeñan labores administrativas y de servicios en diversas empresas.

En muchos hogares cubanos, a las familias les preocupa el futuro laboral no solo de ellos, sino de sus hijos.

Al parecer los únicos que no dudan de su futuro son los que, con una azada preparan tierra, limpian malas hierbas en canteros o se dedican a la crianza de animales, sabedores de que en el país escasean los brazos para extraerles frutos a la tierra y son elevadas las importaciones de alimentos.

Otros que tampoco se sienten amenazados por el desempleo son aquellos que enfrentan duros oficios, como obreros en la construcción.

La inquietud sobre el tema de los empleos se disparó en la calle cuando se conocieron las declaraciones del Secretario General de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), Salvador Valdés, quien anunció que “el Estado no puede continuar subsidiando a los trabajadores que queden disponibles”, en una intervención durante una asamblea sindical en la central provincia de Sancti Spíritus, publicada el pasado 28 de enero en la prensa nacional y difundidas por la prensa extranjera.

El gobierno cubano eliminará los subsidios de desempleo y a cambio ofrecerá a las personas un “trabajo productivo”, añadió el dirigente sindical. A partir de ahora, los desocupados y los excedentes de plantilla deberán aceptar puestos en áreas productivas del país.

Marino Murillo Jorge, ministro de Economía y Planificación, había informado que la productividad del trabajo cayó 1,1 por ciento en 2009 con respecto al año anterior, según los resultados económicos dados a conocer en la sesión del Parlamento cubano del pasado mes de diciembre. Esa baja en el rendimiento laboral se asoció  al “subempleo y exceso de las plantillas en la mayoría de las  actividades del país.”

En febrero de 2008, el presidente Raúl Castro advirtió  ante el Parlamento cubano la necesidad de “avanzar de manera coherente, sólida y bien pensada, hasta lograr que el salario recupere su papel y que el nivel de vida de cada cual esté en relación directa con los ingresos que recibe legalmente, es decir, con la importancia y cantidad del trabajo que aporte a la sociedad”.

Casi dos años después, en diciembre último, y ante el mismo escenario, el mandatario cubano  anunció que “el tema del empleo constituirá una de las prioridades el próximo año, considerando el bajo nivel de productividad existente”.

El gobierno de la isla  intenta con urgencia hacer rentable la economía cubana como forma de salir de una difícil coyuntura, condicionada por los devastadores ciclones de 2008 y la crisis mundial.

El número de desempleados en el mundo se acercó a  212.000.000 en 2009, tras experimentar un incremento de 34.000.000 comparado con 2007, informó la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su informe anual “Tendencias Mundiales del Empleo”.

Tomando como base las predicciones económicas del Fondo Monetario Internacional,  la OIT estimó que el desempleo se mantendrá en un nivel alto a lo largo de este año. El informe también señala que el número de jóvenes desempleados en el mundo aumentó en 10.200.000 en 2009, el mayor aumento registrado desde 1991.

No habrá despidos masivos

La actual situación de la economía, bajo la cual subyacen la baja productividad, el subempleo y otros males,  está enlazada al modelo socialista cubano que prevaleció durante casi medio siglo y dio prioridad plena a la ocupación laboral por encima de otros indicadores de eficiencia.

Con esta política, el país  mantuvo la tasa de desocupación más baja de América Latina, pero eso implicó una contratación excesiva de personas. Ahora, cuando la economía está con la soga al cuello por los problemas de insolvencia económica, hay que enmendar esos errores.

Margarita González, ministra de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), aportó datos ilustrativos al semanario Trabajadores el pasado 25 de enero: “Si en el 2005 el 48 por ciento de la fuerza laboral estaba empleada en el sector presupuestado y el 52 por ciento en el sistema empresarial, el año pasado esa proporción ya estaba invertida: el 52 por ciento de los trabajadores en actividades no productivas y el 48 por ciento restante en las empresas”. González añadió que, si a ello se suma que más de 20 por ciento de los empleados de este último sector son administrativos o de apoyo, “todos tendremos más clara la magnitud y complejidad de la corrección a realizar”.

La titular del MTSS dio por sentado que “Cuba no aplicará despidos masivos al estilo de los ajustes neoliberales”.

No obstante, agregó que “habrá que trabajar entre todos para hacer propuestas, de acuerdo con las condiciones específicas de cada lugar, y según las realidades económicas de los diferentes territorios y colectivos, con estrategias que tiendan a preservar en lo posible la fuerza de trabajo más especializada. No habrá desamparo, pero tampoco podrá existir el paternalismo de otros momentos, porque la economía no lo resistiría”.

La ministra adelantó que “hay que convencer y demostrarle al trabajador a reubicar que debe y puede ser más productivo y satisfacer mejor sus necesidades materiales y las del país, desde su nueva posición. Ello implica la necesidad de que sigamos avanzando a un mayor ritmo en la revitalización del principio socialista de distribución”, señaló.

Esos razonamientos de la titular del MTSS no convencieron a Regina Olivares, trabajadora de la fábrica de confituras de chocolate Estela (antigua La Estrella), quien ha quedado sin empleo por carencia de cacao para elaborar esos dulces. Ella, una mujer de 40 años, quien lleva 20 en esa industria, alega que “si la mandan a la agricultura o a la construcción, no podrá aceptarlo,  porque no tiene salud para realizar esos duros oficios”.

Rediseño de sistemas de  pago

El Ministerio del Trabajo aprobó en febrero de 2008 un nuevo Reglamento General sobre las Formas y Sistemas de Pago –resolución 9/2008–, que establece la extensión del pago por resultados a todo el sistema empresarial cubano. De este modo, cada persona  podría ganar tanto dinero como fructífero sea su desempeño laboral.

La nueva normativa está dirigida, según medios de prensa nacionales, a incrementar la productividad, reducir los gastos y costos, disminuir los índices de consumo energético, además de elevar la calidad de mercancías y servicios, aumentar el aprovechamiento de la jornada laboral, sustituir importaciones e incrementar las exportaciones y los aportes al presupuesto estatal.

Asimismo, el Consejo de Estado y Ministros, encabezado por el presidente Raúl Castro, firmó el 26 de junio de 2009 el decreto que establece medidas para la legalización del pluriempleo y  fija el derecho de los trabajadores a recibir indemnizaciones cuando son sancionados injustamente.

La “disposición está vinculada al empleo racional de los recursos humanos y la contratación laboral, para atenuar los efectos del envejecimiento poblacional, estimular el trabajo en la sociedad, así como la posibilidad de que los trabajadores incrementen sus ingresos”, explicó la nota publicada en medios de prensa cubanos.

El nuevo decreto “destaca particularmente la regulación integral del pluriempleo, mediante el cual se posibilita que los trabajadores, después de cumplir los deberes del cargo que desempeñan, puedan concertar más de un contrato de trabajo y percibir el salario correspondiente”, indicó la nota.

El documento ofrece la posibilidad a los estudiantes de nivel medio-superior y superior en edad laboral de obtener un contrato por tiempo parcial.

“En todos esos casos, el Decreto Ley define que los trabajadores con pluriempleo tienen los derechos laborales y de seguridad social legalmente establecidos”, aclaró el comunicado.

Según la nota oficial, esta normativa “ratifica la voluntad estatal, junto a otras medidas, de estimular las fuerzas productivas, posibilitar la elevación de ingresos, así como contribuir a que el trabajo constituya la fuente principal de satisfacción de las necesidades materiales y espirituales”.

Sin embargo, el pasado 15 de diciembre la prensa cubana publicó “que poco más de 50. 000 cubanos, una cifra discreta, estaban ejerciendo el pluriempleo en los meses de octubre y noviembre pasados”.

José Barreiro, viceministro de Trabajo y Seguridad Social, informó en conferencia de prensa “que el 97 por ciento de los enrolados en más de un contrato laboral, lo hacen en actividades de servicios, fundamentalmente en Educación”.

Sin embargo, “aún en Cuba hay no pocas plantillas abultadas, por lo cual la flexibilización que supone el pluriempleo estará condicionada por este panorama, y es solo una opción suplementaria. Tampoco será una varita mágica, si no va acompañada de un rediseño de los sistemas de pago que fomenten la productividad, la calidad y la eficiencia”, expresó el comentario del diario Juventud Rebelde el pasado 15 de diciembre.

La baja intensidad de las propuestas de transformación de las relaciones dentro de las “sucesivas agendas de reforma que nuestra sociedad ha discutido”, constituyen para Boris Nerey, experto del Instituto de Estudios e Investigaciones del Trabajo (IEIT), un freno a las soluciones en el tema del empleo.

En el artículo “Problemáticas actuales acerca de la calidad del empleo en Cuba”, publicado en la revista electrónica Novedades en Población (número 9 del año 2009), Nerey señala que “la preocupación por realizar cambios que puedan ser reversibles a corto o mediano plazo” ha primado en las propuestas reformadoras.

Si analizamos la situación actual de nuestro país, según este experto, encontramos “una inadecuada comprensión de la significación del empleo en tanto relación social”, lo cual conduce “a juicios triunfalistas que esconden las problemáticas reales que el país enfrenta en esta materia”.

El investigador identifica un grupo de restricciones a dicho salto cualitativo:

1- Paradigma productivo restrictivo, que no permite la superación paulatina de la División Social del Trabajo.

2- Arquitectura institucional rígida, que no permite una relación orgánica entre los diferentes espacios productivos.

3- Organización disfuncional de las relaciones de remuneración.

4- Bajas tasas de productividad.

5- Agotamiento de las posibilidades de actuación de la actual política de empleo. Relación desempleo – subempleo

6- Desbalances sectoriales producidos por una inversión desigual entre la esfera productiva y las instituciones del bienestar.

7- Inadecuado enfrentamiento a la restricción demográfica.

8- Deterioro relativo de las condiciones de trabajo.

9- Reducida capacidad de transformación del actual patrón de sociabilidad.

“Mientras que el conocimiento se socializa en gran escala, producto de los evidentes éxitos de la política social adoptada, sobre todo la referida a la creación y ampliación de sistemas educativos universalistas, el aumento del potencial humano de alta calificación resultante no se inserta de forma efectiva en los procesos de trabajo”, debido a que  “la capacidad decisional sigue estando concentrada mayoritariamente en los grupos sociales asociados a la autoridad central y a los que penetran desde la lógica mercantil los espacios productivos”, razonó Nerey.

Evolución de los conceptos

Ahora que la economía cubana recaba de una mayor productividad del trabajo,  la especialista Yailenis Mulet Concepción, del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, sostiene que “en muchas empresas no se ha interpretado de la mejor forma la teoría de Marx sobre la productividad del trabajo y se cree que es más fructífero quien mayor volumen de producción obtenga, sin tener en cuenta los factores que sobre el rendimiento actúan, ni la labor de cada obrero en particular”.

En su artículo “La inteligencia empresarial y la productividad del trabajo”, publicado en el boletín cuatrimestral de esa institución en abril de 2009, la economista aboga porque se tenga en cuenta que ese  concepto ha evolucionado y que en la actualidad se relaciona con el de calidad. Es decir, que la producción se debe adecuar al uso y cumplir con las expectativas de los clientes y no solo producir por cumplir con los planes.

En cada empresa se debe hacer énfasis en el correcto cálculo de la productividad del trabajo de cada obrero, para de ahí poder hacer una certera evaluación, argumentó Mulet Concepción.

“Cada persona tiene características diferentes y, por tanto, se debe hacer un análisis individual de las capacidades productivas de cada obrero para, de esta forma, conocer los factores que las afectan y trabajar sobre la base de su incremento”, indicó.

En consonancia con lo planteado por la experta de la Universidad de La Habana, Fidel Fernández, maquinista del tren Santa Clara- Habana, dijo en la asamblea de balance de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) en Villa Clara, que “cuando los sistemas de pago están mal aplicados, se deterioran la disciplina y la productividad, se propician las ilegalidades, porque el hombre no valora bien su labor”.

Según la versión del semanario Trabajadores, el  pasado primero de febrero, Fernández dijo que quien “chapea el lindero de la línea férrea no puede ganar más que el que evita que el tren tenga accidentes o hace eficiente el viaje. No puede recibir igual una tripulación que ahorra 50 litros de combustible que otra que los despilfarra. Un sistema de pago puede ser por los resultados finales y también por el ahorro, este indicador actualmente es decisivo”, agregó el maquinista Fernández.

En la misma reunión sindical, Lázaro Miguel Prado, del sector agropecuario, explicó que durante el pasado año los sistemas de pago tuvieron un impacto favorable en la producción alimentaria, pero aún existe morosidad administrativa para extenderlos, “no se aplican en todos los cultivos, se hacen por indicadores generales”.

Al intervenir en la asamblea de balance anual del comité provincial de la CTC en Sancti Spíritus, Salvador Valdés Mesa, máximo dirigente sindical cubano, dijo “que es necesario aplicar los sistemas de pago por los resultados del trabajo, y hacerlo mediante la forma a destajo en las actividades donde sea posible”.

Agregó que en los casos en que no pueda realizarse así, hay que pagar teniendo en cuenta indicadores específicos, pero nunca sobre la base de indicadores generales, porque eso distorsiona los verdaderos resultados de la producción. A partir de afirmar “que el trabajo es un deber y un derecho”, recomendó que “los propios obreros defiendan el pago por los resultados, lo que redundará en que el salario tenga mayor valor”.

La especialista Yailenis Mulet Concepción, del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, examina  las definiciones más reconocidas sobre productividad, las cuales plantean:

– El grado de efectividad de los gastos laborales del hombre en la producción de bienes materiales.

– La eficacia del trabajo humano, su rendimiento.

– La relación volumétrica entre los resultados alcanzados en un periodo de tiempo determinado y los insumos utilizados.

– Relación existente entre la cantidad de bienes producidos o servicios prestados y la cantidad de trabajo invertido en su producción.

De acuerdo con estos conceptos, la medición del rendimiento laboral  se asocia más a la actividad productiva de la empresa que a otras áreas que no clasifican como tal. Cuando se trasladan estas definiciones a la esfera de los servicios se traducen en la relación que se establece entre los productos prestados u ofrecidos y el gasto materializado para lograrlo.

Recientemente, se ha incorporado al análisis de la productividad el concepto de calidad, sobre el cual se viene desarrollando una amplia teoría, desde hace varios años. Esta conexión no ha alcanzado todavía gran relevancia; sin embargo, el pensamiento y la teoría la reconocen a través de una nueva terminología: “calidividad”, lo que representa productividad más calidad, asevera la experta.

La medición del rendimiento laboral, tanto en la empresa estatal socialista como en las teorías que proponen evaluar su incremento o desarrollo, no ofrece una indicación precisa que permita evaluar el comportamiento de este indicador,  sobre la base de los factores que influyen en su incremento de forma integral o con un mejor “acercamiento a la medición de las capacidades productivas que ofrece el factor humano al servicio de las metas y objetivos de cualquier empresa”, señaló la especialista.

Por otra parte, recalca que la medición de ese indicador es esencial para que la empresa esté en condiciones de evaluar la eficiencia mediante sus resultados. Se requiere saber si existe mejoramiento, mediante un sistema de medición que sea apropiado y confiable.

“Continuamente se promueve, propone y especifica la importancia y necesidad de elevar la productividad del trabajo”, pero no se especifica “de quién es la responsabilidad de hacerlo o más bien de quién es la máxima responsabilidad”, afirmó. Es preciso que alguien este dirigiendo directamente la proyección hacia el incremento de ese indicador, precisó.

Sistemas sin impacto óptimo

En una publicación del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM) de la Universidad de la Habana, el especialista del Centro de Investigaciones y Estudios del Trabajo (IEIT) Boris Nerey analizó los actuales problemas del empleo desde otra óptica. EN su opinión, esta tiene que comenzar, inevitablemente, por el análisis de la forma en que los sujetos sociales participan en los procesos productivos.

En la actualidad, el diseño vigente de los sistemas de remuneraciones se aleja del impacto óptimo. Las retribuciones móviles, asociadas a los métodos de estimulación por los resultados finales, compulsarían a que el aumento de la calificación se traduzca en una elevación sostenida de la productividad del trabajo.

Sin embargo, las investigaciones muestran que la actual política de remuneraciones no contribuye, decisivamente, al aumento esperado de los niveles de ese indicador. Tampoco reducen  la brecha entre los salarios reales y nominales, pues a pesar de haber experimentado una leve mejoría, todavía los trabajadores, a partir de sus sueldos, no puedan sufragar el costo de la vida para sus familias.

Modesto aumento del salario medio

Al comparar el salario medio de 2008 con 2009, el incremento es muy modesto y las mujeres tienen una  tasa de desocupación  ligeramente superior a la de los hombres en ambos años, de acuerdo los siguientes datos.

Conceptos

2008

2009

09/08(%)

Población económicamente activa

5.027,9

5.158,5

102,6

Mujeres

1.912,8

1.973,4

103,2

Hombres

3.115,1

3.185,1

102,2

Ocupados en la economía

4.948,2

5.072,4

102,5

Mujeres

1.875,2

1.934,1

103,1

Hombres

3.073,0

3.138,3

102,1

Tasa de desocupación

1,6%

1,7%

 

Mujeres

2,0%

2,0%

 

Hombres

1,3%

1,5%

 

Salario medio (pesos cubanos)

415

427

102,9

Fuente: Oficina Nacional de Estadísticas.

Para los especialistas en estos temas, esta realidad evidencia el uso inefectivo del potencial humano del país y muestra un agotamiento de las posibilidades de actuación de la actual política de empleo.

La cantidad de ocupados en los procesos productivos mantiene también un comportamiento inconexo con las cuantías de riqueza social producida, lo cual implica la existencia de altos niveles de subempleo, en los dos tipos que la literatura internacional reconoce: el subempleo visible (cuando el empleado ocupa un puesto de trabajo con un nivel de calificación por debajo del que posee o labora un menor número de horas semanales que las establecidas en la legislación, o inferiores a la media ramal para un puesto de igual categoría); o el subempleo invisible (asociado a un tipo de participación en los procesos de trabajo cuyo rendimiento está por debajo de la media, aun cuando se labora la norma de tiempo exigida y en condiciones tecnológicas similares).

De acuerdo con estudios  de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), publicados en el libro La economía cubana, reformas estructurales y desempeños en los noventa”, escrito con “la participación de funcionarios cubanos y tomando como base la  productividad existente en 1989, las tasas de desempleo entre 1994-1996  estuvieron en un rango del 30 por ciento”, escribió el economista opositor Oscar Espinosa Chepe en el artículo “¿Comienza la racionalización laboral en Cuba?”.

Este porcentaje, según Espinosa Chepe, proviene de la combinación de los niveles de desempleo visible,  más  la subutilización del trabajo con referencia a 1989, un año base no relevante en comparación con los estándares internacionales de aquel momento.  Eso significa que, en los años noventa, la tercera parte de la fuerza laboral  disponible no se utilizaba o era empleada innecesariamente.

Estudios preliminares de la Cepal sobre la incidencia del subempleo invisible refieren que más de un tercio de la población ocupada puede estar laborando en estas condiciones, e incluso algunos autores señalan que la cifra puede alcanzar casi 50 por ciento.

Para analistas del Cedem y del Instituto de Estudios e Investigaciones del Trabajo de Cuba (IEIT), el agotamiento de la política actual  se expresa en el descenso de la productividad del trabajo. Otra manifestación de lo anterior proviene del desbalance en la ocupación entre actividades productivas y servicios sociales: aunque la esfera material sigue predominando, las tasas de crecimiento del área no material son más del doble.

Como una herramienta poderosa dentro del desempeño económico se propone el desarrollo de la  inteligencia empresarial, un método  que se desarrolla desde hace algunos años en Cuba.

Es un sistema que promueve su aplicación sobre la base de viabilizar la gestión del talento en las empresas, ubicar el factor humano donde más posibilidades tiene de desplegar sus capacidades, fortalecer el conocimiento organizacional, generar una mayor correspondencia entre la formación de capacidades y las exigencias de las actividades fundamentales y garantizar una mayor eficacia en la toma de decisiones, mediante una eficiente utilización de la información y la orientación estratégica.

La inteligencia empresarial también debe definir de forma acertada los objetivos y metas de la organización y facilitar su cumplimiento, todo lo cual es inherente al incremento de la productividad del trabajo. De ahí el énfasis en retomar el proceso de evaluación de este parámetro y buscar alternativas para una medición más precisa y tangible.

Según diversos autores, la aplicación de la inteligencia empresarial busca mejorar la organización y funcionamiento de la empresa, su vigilancia y comunicación con el entorno y la coordinación eficaz entre el trabajo operativo y estratégico, lo que requiere una participación directa de la administración en los procesos de producción o servicio, aseveran expertos del  Instituto de Información Científica y Tecnológica del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba.

La especialista Mulet Concepción y otros investigadores plantean que las condiciones para la implementación de esta herramienta en Cuba están creadas, sobre la base de la esencia del régimen social establecido, que  fomenta valores de solidaridad, humanismo y voluntad de hacer, así como la necesidad de competir en el mercado internacional para sobrevivir y desarrollarse, aun bajo las condiciones del embargo impuesto por Estados Unidos.

La aplicación de la inteligencia empresarial se establece actualmente en las nuevas bases del perfeccionamiento empresarial, como parte de la toma de conciencia sobre la necesidad de cambiar la cultura de trabajo.

Problemáticas reales

Reynaldo Fernández, de 24 años y graduado de técnico en nivel medio en Gastronomía, residente de la capital,  lleva esperando varias semanas para que lo reubiquen, después de que la empresa  en que trabajaba cerró, aun cuando se desempeñaba como estibador de alimentos. Ya había estado anteriormente en otra entidad, en la cual también quedó disponible, por la racionalización de personal.

“Las condiciones para el empleo en los jóvenes no son buenas, en estos momentos. Estoy esperando una reubicación hace tiempo. El jefe de sector me pregunta por qué no trabajo y, aunque ya le he explicado mi situación, me advierte que puedo ir preso por la ley de peligrosidad, que se aplica a los elementos que no hacen nada y están en bisnes (negocios ilegales)”, dijo el joven Fernández a IPS.

Mientras estas son problemáticas reales, expertos en temas laborales como Boris Nerey analizan el empleo no sólo del desde punto de vista económico, sino humanista, al considerarlo como la  “inserción en los procesos de producción, reproducción, distribución y redistribución de la riqueza social”, la cual también produce “la condición humana, la condición de ser social”.

El académico del IEIT valoró, además, que “el empleo es una relación social que cumple el complejo rol de enlazar ámbitos muy diversos de la actividad humana, creadora y criatura de procesos que cruzan y conforman la estructura social en las sociedades contemporáneas. Por esta razón no debe ser vista como una situación estática, sino como una compleja red de prácticas y significados que funda tanto la cultura material de nuestras sociedades como los parámetros cognitivos y éticos que empleamos para comprenderlas”.

En una sociedad que propone el socialismo como fin explícito, la relación de empleo debe ser un modelo que propicie  un equilibrio entre todos los actores que participan en los procesos de trabajo, “a partir del aumento de la capacidad de empoderamiento”[i] basado en  un entramado institucional que permita su capacidad de autotransformación. Solo con “un salto cualitativo del empleo, en tanto relación social, pueden lograrse los niveles de productividad requeridos en la construcción del socialismo”, manifestó Nerey.

El investigador apuntó que hay que crear actividades productivas en las cuales puedan insertarse los jubilados y que, por otra parte, los trabajadores que se acercan a la edad de retiro tengan a su disposición opciones laborales atractivas. En las sociedades con un patrón demográfico parecido al de Cuba se están produciendo importantes cambios en el ciclo profesional de vida activa, que implican una estabilización de los planes de carrera a edades cada vez más avanzadas, agregó.

El grueso de los estudios sobre el tema, en el caso cubano, indican un avance insuficiente en la implementación de modelos de envejecimiento productivo, y que no se fortalece, en toda su magnitud, el desarrollo de los medios necesarios para que este grupo poblacional pueda utilizar las oportunidades de reinserción laboral o permanencia en el empleo, con el aprovechamiento de las cuantiosas inversiones que el país realiza en el campo de la informática y las telecomunicaciones.

Recomiendan, además, la implementación de sistemas para que el envejecimiento poblacional no influya negativamente en un inevitable desplazamiento de recursos que podrían emplearse en la inversión y la infraestructura, y que engendraría  efectos nefastos en la formación de capital, limitaciones en la creación de nuevos puestos y en el incremento de los salarios y las pensiones.

Calidad del empleo

A juicio de expertos, si se examinan las dinámicas actuales de creación de nuevos puestos de trabajo en las ramas demandantes, se advierte que la agro industria cañera, a pesar de su redimensionamiento, continuará siendo una fuente de ocupación no despreciable, sobre todo los empleos vinculados a la parte agraria de este proceso. Ello implica que su demanda futura, si se mantiene el paradigma productivo imperante, estará concentrada fundamentalmente en fuerza de trabajo de baja calificación, analizó Nerey.

Lo mismo ocurrirá en el resto del sector agrario, pues el aumento del aprovechamiento de la superficie cultivable –mediante la entrega de tierras ociosas, el traspaso de tierras antes eminentemente cañeras a la producción de cultivos varios y el desarrollo de la llamada agricultura urbana y suburbana–, proporcionará un número considerable de nuevos empleos con bajas exigencias en la calificación.

Si se extendiera este análisis a otro de los sectores que debe tener un mayor desarrollo perspectivo, el llamado terciario o de los servicios tradicionales, también la demanda exigiría una fuerza de trabajo de calificaciones medias y bajas para el estándar cubano.

Por su parte, la expansión de la llamada “industria sin chimeneas”, que dadas las características de Cuba como destino está llamada a ser una de las mayores demandantes de trabajadores en los próximos años, utilizará empleos de bajos requerimientos en cuanto a calificaciones especializadas.

Otra de las restricciones en la calidad del empleo es la relacionada con las desiguales condiciones de trabajo de nuestros procesos productivos, asociadas a la calidad del ambiente laboral, que abarca la salud ocupacional y el clima organizacional.

Los estudios sociales del trabajo apuntan también a la insuficiencia para garantizar la calidad del empleo en la actual arquitectura institucional de las relaciones de trabajo.

Es la empresa estatal socialista la forma de organización social hegemónica dentro de los procesos y sus condiciones de existencia están asociadas a una lógica de funcionamiento desde lo mercantil y lo estatal; o sea, orientadas directamente a la producción de utilidades o a garantizar funciones centralmente asignadas de producción o de servicios.

El 70 por ciento de nuestras empresas de mayor envergadura se concentran en cadenas productivas de subordinación nacional, relativamente desconectadas de encadenamientos territoriales, con un alto índice de fusiones y desagregaciones, las cuales no siempre responden a necesidades productivas reales y, a la larga, inciden en la desmotivación y la pérdida de identidad de sus trabajadores.

Desde esta perspectiva, entonces, las inversiones productivas se mantienen centralizadas, sin funcionar como una agenda que comprenda a entidades (colectivos de trabajadores) y territorios más allá de sujetos de necesidad, con pleno derecho a influir en la toma de decisiones sobre sus resultados productivos, indicó Nerey.

El especialista del IEIT consideró, asimismo, la necesidad de organizar  un debate público acerca de cuál debe ser el paradigma productivo a adoptar en la construcción del socialismo, para que sus bases sean procesos de socialización real desde el elemento primario: comunidad, fábrica, colectivo laboral, territorio, entre otros.

Otra de sus propuestas es una revisión profunda  de la actual arquitectura institucional de los procesos de trabajo, con vistas a  propiciar  las condiciones que permitan una nueva visión de lo colectivo.

Pidió examinar la actual política de empleo, basada actualmente  en un estado contratante universal, lo cual  puede volverse contra sí, generando altos niveles de subempleo y bajas dinámicas de productividad del trabajo.

Los temas del empleo, la productividad y la eficiencia ocupan a varios sectores de la sociedad cubana, preocupados por las salidas a problemas de inminente resolución.

El artículo “¿Hacia dónde va la barca cubana? Una mirada al entorno económico”, aparecido en la nueva edición de la revista Palabra Nueva de la Arquidiócesis de La Habana,  distribuida a fines de enero, cuestiona que  “el elemento que como ‘lámpara de Aladino’ ubicaba el gobierno para darle un vuelco a la situación de la producción y la eficiencia, a saber, el pago por resultados, no se ha extendido en el país y sus vaivenes parecen más el de un naufragio que el de una aplicación práctica. Sólo se favorece de este tipo de pago el 18 por ciento de la fuerza laboral”.

El análisis del sacerdote y master en Ciencias Económicas Boris Moreno, recordó que “no se puede olvidar que un elemento no hace una política económica; es imprescindible la concatenación de diversos elementos, coherentes entre sí y con los objetivos de política, para configurar el diseño económico. Diseño que debe estar orientado por una perspectiva, una dinámica y un tempo que le permitan a los agentes económicos ubicarse adecuadamente y extraer así los frutos esperados, sabiendo adaptar el mismo a las condiciones cambiantes del ambiente, mucho más en estos tiempos de globalización, donde la senda de cambio es muy rápida e incierta”.

La publicación del presbítero de la Iglesia Católica de Cuba alertó acerca de que “la liquidez en manos de la población ha crecido considerablemente, marcando los números en rojo, y el crecimiento del déficit presupuestario ha rebasado la barrera del 3 por ciento. Estos puntos preocupan porque pueden destapar una situación inflacionaria grave”, similar a la del año 1993, cuando un dólar estadounidense se cotizó en el mercado negro entre 130 y 150 pesos.

“Recortes vía gastos pueden llevar a fuertes conmociones sociales”, pues a pesar de que el salario nominal ha crecido en los últimos años, “el crecimiento del real, que es el que importa, es decir, la capacidad de consumir bienes y servicios con el salario que se devenga, no llega a cubrir la brecha de necesidades básicas”, indicó el texto.

“Con el cambio en el liderazgo del país y según los pronunciamientos del nuevo presidente, algunos auguraron la rápida implementación de ciertas políticas que, sin desmontar el andamiaje institucional existente, daría un respiro y quizá un viraje en el entorno económico de la nación”, expresó la misma fuente.

“Pasados casi tres años de esos acontecimientos no se vislumbra ninguna señal de los prometidos cambios, la desesperanza se ha expandido y el horizonte de un agravamiento de la crisis, atenazada por el entorno internacional, pudiera romper la frágil cohesión social.

“Los llamados a trabajar duro y con eficiencia no lograrán cambiar la situación. Las condiciones socioeconómicas de un país no cambian por los discursos o por decretos. Son imprescindibles decisiones que, por un lado, administren la crisis que se nos encima y, por otro, preparen las condiciones para un cambio de entorno que permita la emergencia de fuerzas empresariales que le den un tono dinámico a la economía cubana”, subrayó el catedrático en Economía.

Un análisis de la situación actual del trabajo, la productividad y las dificultades para aplicar nuevos sistemas de pago, el pluriempleo y otras variantes conduce directamente a la necesidad de un profundo proceso de reflexión colectiva, a todos los niveles de la sociedad, incluida la magnitud y celeridad de las transformaciones que deben producirse en este ámbito.

Se impone  la necesidad de incluirlo en las agendas de discusión y encontrar cuáles serían las líneas de acción fundamentales, teniendo en cuenta los criterios de los creadores de la riqueza económica y social del país.

La remodelación de los sistemas de pago presupone la necesidad de cambiar el actual modelo productivo por otro más flexible, que permita aplicar, como parte de la  organización laboral, la introducción de horarios diversos, trabajo a tiempo parcial, reducciones en la duración de la jornada, labores  a domicilio, el teletrabajo, la posibilidad de cambiar de  actividad o acceder a puestos de menor complejidad, entre otras muchas variantes que deben ser  estudiadas, a juicio de expertos y especialistas.



Notas:

[i] Una definición de empoderamiento  concibe este término como el poder de hacer, de ser capaz, así como de sentirse con mayor control de las situaciones. Según este enfoque, el individuo tiene un papel activo y puede actuar en cualquier programa de cooperación, gracias a la actitud crítica que ha desarrollado. Esta noción rompe con la idea de que el individuo es un ser pasivo de la cooperación y pasa a convertirse en un actor legítimo.

 

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.