Ganadería, tema de seguridad alimentaria

Productores cubanos señalaron la necesidad de implementar alternativas para garantizar la alimentación del ganado en 2010.

Jorge Luis Baños - IPS

La medida más reciente para incrementar la masa ganadera fue el aumento del precio que paga la empresa estatal a los productores por la carne vacuna.

Como sucede con muchos otros alimentos, la baja producción ha llevado a reducir al mínimo el consumo de la carne de res y a depender de importaciones de ese rubro. Por ejemplo, para abastecer de picadillo a la población infantil  menor de 13 años, en la capital cubana, mediante la cartilla de racionamiento que se aproxima a su medio siglo, se importa carne desde Brasil.

Desde hace años, el precio de la carne de res en el mercado informal, en la capital cubana, no baja de los dos pesos convertibles o 50 pesos. En las provincias orientales se puede adquirir ilícitamente este alimento por una cifra más reducida: 25 pesos, un monto que no deja de ser alto en un país donde el salario promedio cerró, en 2009, con 417 pesos. Pero la venta legal de ese tipo de carne, en la red que comercializa en pesos convertibles, puede sobrepasar los nueve pesos convertibles el kilogramo de carne de primera.

El país gasta anualmente más de 1.400 millones de dólares en la compra de alimentos, algunos de los cuales es posible obtener en el campo cubano. De ahí que entre las medidas incluidas en la llamada actualización del modelo económico socialista se recalque que la agricultura cubana está urgida de incrementar sus niveles productivos como un requisito indispensable para salir de la actual situación económica de la isla.

Se han aplicado varios programas dirigidos a incrementar la masa ganadera en los últimos años. La más reciente medida, que data de casi tres años, fue el aumento del precio que paga la empresa estatal a los productores por la carne vacuna. Los planes de engorde de reses, que incluyen la producción local de alimento animal –siembra de pastos, caña y otras plantas–, han alentado a no pocos productores a especializarse en esta rama ganadera, sin que hasta el momento se sienta en el consumo.

Para empezar, es preciso incrementar la cantidad de animales existentes, sobre todo las hembras reproductoras que garantizarían los nacimientos que persigue el país. En la pasada campaña reproductiva de la ganadería vacuna, que comprende la etapa de marzo de 2009 a marzo de 2010, la natalidad a nivel nacional fue de 58 por ciento. Sin embargo, los resultados pueden ser superiores de seguirse al pie de la letra las pautas dirigidas a la recuperación de la ganadería cubana, consideran funcionarios del sector.

Datos del Ministerio de la Agricultura indican que si todas las provincias lograran reducir a unos 540 días el período interpartal se obtendrían 55 millones de litros de leche y ocho mil toneladas de carne en pie más, con las mismas vacas lecheras con que cuenta en la actualidad el país. La campaña reproductiva 2009 concluyó con 704.700 nacimientos, una cifra que no se lograba desde 2000 y que, indican fuentes oficiales,  muestra que es posible seguir incrementando la masa vacuna con el objetivo de crecer en la producción de leche y carne, como una forma de reducir las importaciones de alimentos.

La misma fuente señala que el sector se propone en 2012 llegar al millón de nacimientos. Para la etapa actual es posible lograr en todo el país 900.000 nacimientos, lo que representa 73 por ciento de natalidad.  Ello exige de las granjas estatales, las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) y las Cooperativas de Producción Agropecuarias (CPA) y las empresas genéticas sembrar comida, tener agua para los animales, disponer de buenas hembras en desarrollo, garantizar la salud animal, incrementar la inseminación artificial, tener los sementales idóneos por hembra y el personal técnico que atienda directamente la reproducción, destacó en abril pasado Mario Pérez Álvarez, director de ganadería del Ministerio de la Agricultura.

Productores de varios puntos de la geografía cubana señalan que la ganadería en Cuba puede mejorar si los ganaderos asumen que esta etapa se diferencia de aquella cuando las producciones se basaban en los piensos de importación y que de sus manos depende la obtención de alimentos para alimentar la masa ganadera, una condición para el rápido aumento de peso, el incremento de la natalidad y muchos litros de leche, una vez nacidos los terneros. A su vez, reconocen que esto implica mucho trabajo, tanto en los cuartones como en el cuidado de las reses, expuestas al hurto y sacrificio de ganado.

Otra parte del asunto es la vinculación de los resultados de  la ciencia a la base y al proceso productivo. Con ese fin, se desarrolló en La Habana el III Congreso Internacional de Producción Animal Tropical, auspiciado por la Asociación Cubana de Producción Animal (Acpa) y el Instituto de Ciencia Animal (Ica). El foro trató temas relacionados con la producción pecuaria tropical, su sostenibilidad técnica, económica, ecológica y social, así como tópicos referidos a los subproductos de la caña de azúcar en la alimentación animal, la extensión y transferencia de tecnología, medio ambiente y tecnologías limpias, desertificación y sequía.

Omelio Borroto, director del Instituto de Ciencia Animal, destacó la pertinencia de que en los debates coincidan científicos y productores pecuarios, “para que los adelantos de la ciencia y la técnica no queden en los centros de investigación, sino que se extiendan a todo el país”.

María Teresa Planas, presidenta de la Asociación Cubana de Producción Animal, defiende la importancia de debatir sobre los sistemas de producción animal tropical, así como también valorar las estrategias para el mejoramiento, conservación, utilización y caracterización de los recursos naturales.

Lo que le toca a la genética

La genética, explicó en conferencia de  prensa el ingeniero Juan G. García Hernández, director de esta especialidad en el Ministerio de la Agricultura, es  el estudio científico de cómo se trasmiten los caracteres de padres a hijos, por qué los hijos no son exactamente iguales a sus padres y cuáles son las diferencias y similitudes entre padres e hijos.

La utilización de esta práctica permite mejorar las distintas especies domésticas, mediante la formación de nuevas razas y una mejor adaptación de las existentes a los objetivos productivos que se esperan de ella. El fin es generar animales adaptados al medio, con niveles de producción sostenibles desde el punto de vista económico y ecológico, así como preservar el genofondo que resulte de  interés estratégico.

La misión de esta rama es garantizar la mejora genética de la población de ganado vacuno, de todos los sectores, en sistemas de inseminación artificial o monta, obteniendo una composición racial en correspondencia con los objetivos productivos y sistemas tecnológicos de producción. En la actualidad, el rebaño genético está constituido  por 100.000 hembras que representan 3,8 por ciento de la cifra nacional.

Del total, 69 por ciento son de razas lecheras y 31 por ciento de razas de carne.  La magnitud del rebaño genético, sostiene el experto, no es suficiente para generar hembras de reemplazo para otros sectores.

Para el desarrollo de la genética, que permitiría mejorar las especies existentes en el país con vistas a incrementar los volúmenes de producción de leche y carne, existen dos métodos: la inseminación artificial y “a la antigua”, la monta directa de los animales. Entre las ventajas de la primera de estas vías se encuentra la calidad de los sementales, la alta intensidad de selección de los toros con destino a la inseminación artificial, menor riesgo de transmisión de enfermedades que en monta libre, la posibilidad de usar varios sementales simultáneamente en un  mismo rebaño y que no se incurre en gastos por el mantenimiento de un semental, opinan expertos. Sin embargo, en la actualidad sólo  20 por ciento del rebaño en edad  reproductiva está sometido a este sistema, básicamente por limitaciones de carácter material (termos, medios de transporte, comunicación y dispersión de los productores, entre otras causas) o  de carácter subjetivo (falta de confianza en estabilidad de los insumos o de capacitación).

La monta libre abarca 80 por ciento de las hembras en edad reproductiva, aunque se considera que en el país la inseminación artificial constituye la vía más apropiada para la mejora genética y se precisa incrementar el número de hembras en este sistema.

Especialistas en ganadería consideran que es necesario desarrollar la cría de ganado ovino caprino y la cunicultura para lograr la seguridad alimentaria (Jorge Luis Baños - IPS).Según explicó García, varios obstáculos han impedido el acceso de la mejora genética mediante la monta para todos los productores que no tienen acceso a la inseminación artificial. En muchas cooperativas existe la tendencia a vender animales jóvenes, que pudieran sustituir las vacas que causan baja, y después solicitar ayuda con animales mejorados genéticamente para el reemplazo de los propios. Esta práctica, considerada negativa e irrealizable, se justifica en cierta medida con el incremento de los precios por los que la empresa estatal compra la carne a los productores.

La alternativa para poder reemplazar las vacas que causan baja, sostiene García, es que cada entidad produzca su propio reemplazo y dé prioridad a las hijas de los mejores ejemplares. Las empresas y granjas genéticas son entidades estatales cuya misión principal es la producción de sementales para la inseminación artificial o la monta, con independencia de la  leche o la carne que producen. Por esa razón,  deben preservar los rebaños de interés productivo o estratégico que se decida. De una forma u otra, indican los lineamientos del país, la mejora genética debe alcanzar a la totalidad del rebaño, en correspondencia con los objetivos productivos y características tecnológicas.

Especialistas en ganadería señalan que, en el caso cubano y de otras naciones con dificultades para satisfacer la demanda de carne, se precisa desarrollar no solo la cría de ganado mayor sino también del ovino caprino y la cunicultura, como vías para avanzar hacia la necesaria seguridad alimentaria de los pueblos.

El pollo del arroz con pollo

Hay situaciones que no perdonan. Al cierre de 2010, la capital cubana no alcanzará las cifras previstas en la producción de leche. No se trata de falta de voluntad ni de trabajo, sino de lo sensible que resulta la producción agropecuaria en condiciones de un país tropical, pobre, dependiente en no pocas ocasiones del clima.

De acuerdo con fuentes de la ciudad, alcanzar niveles productivos superiores exige de los productores pensar en la comida de los animales; de lo contrario, cuando ocurren períodos de frío intensos, como ocurrió en febrero de 2010, esto tiene una incidencia negativa en los rebaños y ocasiona muertes y descensos en la producción de leche y carne.

Tal vez para el año próximo la situación mejore y ello sería consecuencia de una mejor preparación de los ganaderos. Durante la primavera, en las áreas disponibles  se quintuplicó la siembra de caña, lo que pone a la ciudad en condiciones de suplementar una mayor cantidad de animales en la temporada seca del próximo año que lo logrado en 2010, cuando se obtuvieron 20.000 toneladas de alimentos más que en 2009.  En la ganadería de la capital sigue siendo una cuestión de primer orden crear las bases alimentarias que permitan dar los saltos productivos, tanto en la leche como en la carne que necesita el país.

Aunque 2011 debe ser un año de un salto significativo  en todas las ramas de la producción pecuaria, las cifras de producción de leche de vaca y de entrega a la industria para su procesamiento son sumamente bajas. Tampoco la ciudad puede aspirar a  mucho más, pero es preciso recordar que en esa pequeña geografía llegaron a obtenerse 30 millones de litros.  Según las proyecciones, se obtendrían del ordeño más de nueve millones de litros y, de esos, se entregarían  7,7 millones a la industria y 1,5 millones de forma directa a las bodegas.

En el caso de las búfalas, se prevé  alcanzar los 200.000 litros y una producción de carne vacuna superior a las mil toneladas, para 10 por ciento de crecimiento respecto al año actual. En este último renglón, la capital aspira incrementar el peso promedio de los animales que van al sacrificio, a partir del aumento en la siembra de alimentos para el ganado.

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