Informe pericial acerca del sobredimensionamiento del sistema defensivo de la República de Cuba

Informe leído por el General de Brigada Leonardo R. Andollo Valdés.

Jorge Luis Baños - IPS

El diferendo entre Estados Unidos y Cuba tiene raíces históricas

En cumplimiento de lo indicado por este Tribunal y en representación del MINFAR me corresponde exponer ante ustedes los fundamentos de lo que se plantea en la Demanda del Pueblo de Cuba al gobierno de los EE.UU. por daños humanos, cuando expresa “La realidad irrefutable, demostrada con hechos y documentos que nadie se atrevería a rebatir, explicar los inmensos gastos en recursos económicos y humanos y los sacrificios impuestos a nuestro pueblo para defenderse durante 40 años del peligro de una agresión armada directa por parte de los Estados Unidos”.

“Las necesidades de la defensa cubana no tienen comparación con las de cualquier otro país del mundo. Ello impuso el inevitable sobredimensionamiento de las acciones de preparación del pueblo para garantizar su propia supervivencia”.

El tema que vamos a tratar está estrechamente vinculado con todo lo que se ha venido exponiendo como práctica de pruebas desde que comenzó a sesionar el Tribunal Provincial Popular de Ciudad de la Habana en su Sala de lo Civil y Administrativo. En las convincentes, objetivas, detalladas y minuciosas declaraciones de los compañeros que, como dignos representantes de nuestro pueblo han testimoniado con anterioridad, están en gran medida las causas y fundamentos que han generado el tema objeto de nuestra atención.

Partiendo de ello y con un abordamiento más general y global del fenómeno, expondremos los argumentos relacionados con esta manifestación importante del problema que está siendo juzgado por este tribunal.

Para poder comprender lo que ha sucedido en el período transcurrido desde el triunfo de la Revolución Cubana y que se mantiene vigente hasta el presente que hoy vivimos, es necesario incursionar brevemente en lo que ha caracterizado las relaciones entre los EE.UU. y Cuba.

El diferendo entre Estados Unidos y Cuba tiene raíces históricas. Su causa esencial radica en las pretensiones de aquel, que durante más de dos siglos ha querido imponer sus concepciones hegemónicas y geopolíticas, desconociendo el derecho de ésta a su independencia y soberanía, así como a decidir el régimen económico, político y social que considere más conveniente.

Siempre ha estimado que Cuba debe estar bajo su férula, concepción manifestada prácticamente por todos sus gobiernos a lo largo de la historia. En el plano político militar Estados Unidos siempre ha esgrimido el argumento de que, por su posición geográfica, la isla desempeña un papel estratégico para la seguridad y defensa de su territorio y de las vías de comunicación marítimas; y en el económico la ha codiciado por su clima, fertilidad del suelo y la existencia de importantes recursos naturales, puertos y vías de comunicación por mar.

Desde siempre, los gobernantes estadounidenses han subestimado al pueblo cubano, su inteligencia y capacidad para administrar y regir su propio destino. Lo han calificado, inicialmente de inepto e incapaz de gobernarse, esos eran los términos; bajo esos argumentos intervinieron el país en varias ocasiones, así calificaban a un pueblo pequeño que había sido capaz durante 30 años de luchar en condiciones de una correlación desfavorable aplastante contra el colonialismo español, prácticamente derrotarlo y alcanzar la independencia que fue frustrada por la intervención oportunista de quienes así lo tildaban. Posteriormente de satélite soviético y en los últimos tiempos, cuando ya no era posible calificarlo de esa manera porque el campo socialista de Europa se había derrumbado y la Unión Soviética había desaparecido y la Revolución Cubana se mantenía ratificando una vez más que nunca había sido satélite de nadie, entonces era de propugnador de acciones terroristas, narcotraficante, así como violador de los derechos humanos.

En particular, el gobierno de los Estados Unidos ha manipulado de forma grosera y burda la información sobre la soberana determinación del pueblo cubano de escoger el socialismo como régimen social; de su gobierno a trazar la política interior y exterior más conveniente a los intereses nacionales; de rechazar cualquier injerencismo, como país libre y de llevar a la práctica el derecho a defender su identidad y obra.

El discurso del gobierno de los EE.UU. a lo largo de estos años es bien claro; si la Cuba revolucionaria es la responsable del actual estado de cosas, nada más justo que borrarla o hacerla desaparecer del hemisferio, para la consecución de la paz en él.

Cuando en 1783 John Adams se refería a la necesidad de apoderarse de la isla y formulaba la esencia del pensamiento geopolítico estadounidense hacia ella, éste no podía justificar su pretensión con argumentos similares a los expresados por los gobernantes de su nación a partir de 1959, o sea el manido argumento de que “en Cuba se instauró un régimen comunista que representa un peligro para los Estados Unidos y el Continente”.

En aquel entonces, cuando Adams expresaba en carta enviada a Robert R. Livingston, el 23 de junio de 1783, donde se refería a las islas del Caribe como: “… apéndices naturales del Continente Americano … y además agregaba …”Es casi imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable para la continuación de la Unión”, aún faltaban 34 años para el nacimiento de Carlos Marx y 64 para que, junto a Engels, escribiera el Manifiesto Comunista; 85 para la llegada al mundo de Lenin y 133 para el estallido de la Gran Revolución Socialista de Octubre en Rusia; 142 para que naciera Fidel Castro; 175 para el triunfo de la última etapa de la Revolución en Cuba y 177 para la proclamación de su carácter socialista.

Desde fechas muy tempranas nuestros próceres con su enorme visión política ya nos alertaban sobre las intensiones expansionistas de los gobiernos de Estados Unidos.

Así Bolívar en 1826 durante el Congreso de Panamá expresaba: “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad”, fin de la cita.

Nuestro héroe nacional el 18 de mayo de 1895, pocas horas antes de su muerte nos decía:

“Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber – puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo – de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caiga con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América.

Viví en el monstruo y le conozco las extrañas: – y mi honda es la de David”, fin de la cita.

Astutamente, el gobierno de los Estados Unidos siempre ha tratado de ocultar o tergiversar la verdad acerca del inicio y causa del diferendo e imponer su mentira, cuyas primeras manifestaciones se remontan dos siglos atrás, seguidas de una ininterrumpida política de declaraciones hostiles y actuaciones injerencistas y rapaces, edulcoradas unas y abiertas otras, según las condiciones del momento.

Con el triunfo de la Revolución Cubana el 1ro. de enero de 1959, los planes para destruirla han estado presentes en todas las administraciones que han pasado a lo largo de estos 40 años, en los mismos se ha acudido a todo lo posible y previsible, incluyendo las diferentes formas de agresión, desde la político-ideológica, diplomática, pasando por lo socioeconómico y subversivo-terrorista hasta la militar. Esta última se ha expresado en acciones reales como se ha demostrado fehacientemente, una vez más, durante estos días que ha sesionado el tribunal, hasta las de presión o demostración de fuerzas a partir de su enorme poderío militar.

Son innumerables los hechos que demuestran esta agresividad, permítanme en aras de ser lo más concreto posible, exponer a continuación sólo algunos de los más significativos.

* Al alcanzarse la victoria de la revolución, el 1ro. de enero de 1959, encontraron refugio en los Estados Unidos miles de criminales de guerra y personeros del antiguo régimen. El gobierno de los Estados Unidos organizó, financió y apoyó, o al menos permitió cientos de actos de sabotaje y terrorismo llevados a cabo por estos elementos contra Cuba, tomando como base el territorio de esa nación.

* En fecha tan temprana como marzo de 1960, el presidente Eisenhower aprobó el “Programa de Acción Encubierta contra el Régimen de Castro”, el cual incluía la creación dentro de la isla de una organización secreta de inteligencia y acción, y el desarrollo de una fuerza paramilitar fuera de Cuba para una futura acción guerrillera.

Partiendo de ello la CIA organizó la subversión interna que llegó a extenderse a todo el país, a la vez que preparaba una fuerza integrada por exiliados y algunos pilotos norteamericanos, que finalmente se convirtió en una fuerza expedicionaria, la cual tenía como objetivo realizar la invasión al país y derrotar el poder revolucionario.

El argumento esgrimido en aquel momento y expuesto en la Séptima Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de las repúblicas americanas realizada en Costa Rica, fue la existencia de una hipotética amenaza a la paz del hemisferio por una potencia extracontinental.

El 4 de abril de 1961 el presidente Kennedy autorizó la realización de la invasión, sobre el desarrollo y desenlace de la misma no es necesario que me detenga, pues este hecho histórico ha sido analizado con lujo de detalles en anteriores sesiones del tribunal.

* La comisión designada por el presidente Kennedy para analizar las causas del fracaso de Playa Girón, luego de 4 meses de trabajo, recomendó “emprender nuevas medidas político-militares, económicas y propagandísticas contra Castro”. Dicho informe sirvió de base para la creación de un nuevo plan secreto; la llamada “Operación Mangosta” que incluía actos subversivos, sabotajes, asesinatos de dirigentes y acciones militares directas. Para justificar la escalada de agresividad se enarboló nuevamente la “Doctrina Monroe y la Defensa Hemisférica contra el Comunismo Internacional”.

El 7 de marzo de 1962, la Junta de Jefes de Estados Mayores afirmó en un documento secreto que: “La determinación de que una sublevación interna, con posibilidades de éxito es imposible dentro de los próximos 9 a 10 meses, exige una decisión por parte de los Estados Unidos en el sentido de fabricar una “provocación” que justifique una acción militar norteamericana”. Fin de la cita

Ya para el 9 de marzo de 1962, la oficina del secretario de Defensa sometió a la consideración de la Junta de Jefes de Estados Mayores un paquete de medidas que tenían por objetivo crear las condiciones para justificar la intervención militar en Cuba. Este documento que posteriormente fue desclasificado tomó el título de “Pretextos para justificar la intervención militar de Estados Unidos en Cuba”.

Sólo cinco meses más tarde, en agosto de 1962, el General Maxwell D. Taylor, presidente de la Junta de Jefes de Estados Mayores en aquel momento, confirmaba al presidente Kennedy, que no se veía posibilidad de que el gobierno cubano pudiera ser derrocado sin la intervención militar directa de Estados Unidos, por lo cual el grupo especial ampliado recomendaba un curso aún más agresivo de la Operación Mangosta. Kennedy autorizó su puesta en marcha, definiendo “Es un asunto de urgencia”.

* Como respuesta a las medidas defensivas tomadas en su pleno derecho por el Gobierno Revolucionario Cubano con el apoyo de la Unión Soviética, ante la escalada político-militar que venía produciéndose, el Congreso de los Estados Unidos reaccionó aprobando la Ley Pública 87-33, la cual constituía una verdadera declaración de guerra contra Cuba. Diecinueve días más tarde estalla la “Crisis de los Cohetes o Crisis de Octubre” que puso al mundo al borde del holocausto nuclear.

Hoy, ante los hechos demostrados y confesos, nadie tendría derecho a dudar de quiénes fueron los responsables, en su obsesión contra la Revolución Cubana, de que el mundo estuviera tan próximo al estallido de la guerra termonuclear.

* En los años posteriores a esta crisis, las posibilidades de una acción militar directa se vieron limitadas por la escalada de EE.UU. en Vietnam, pero por ello no renunció a la llamada “Guerra Secreta contra Cuba”. Baste mencionar los secuestros de tripulaciones de buques pesqueros, el asesinato de soldados cubanos y otros incidentes provocadores desde la Base Naval de Guantánamo. A todo lo anterior se agrega las infiltraciones, ataques piratas, sabotajes y otras formas de subversión que han continuado desarrollándose hasta nuestros días.

* El inicio de la década de los años 80s trajo aún mayores peligros y amenazas con la llegada al poder de la administración de Reagan. En la proposición No. 4 del llamado “Documento de Santa Fé”, cuyo título original era “Una nueva política interamericana para los años 80”, y que constituía una de sus principales plataformas político-ideológicas, con relación a Cuba se expresa lo siguiente: “Estados Unidos no puede aceptar el status de Cuba como un estado vasallo de la Unión Soviética. La subversión cubana debe ser calificada como tal y rechazada. El precio que La Habana debe pagar por tales actividades no puede ser pequeño. Estados Unidos sólo puede restaurar su credibilidad tomando acciones inmediatas. Los primeros pasos deben ser francamente punitivos. Los diplomáticos cubanos deben abandonar Washington. El reconocimiento aéreo debe ser reiniciado. Los dólares del turismo deben ser cortados. El Acuerdo Pesquero de 1977, altamente ventajoso para la flota pesquera cubana, debe ser revisado”.

“Estados Unidos debe ofrecer a Cuba una clara alternativa. Primero debe ser absolutamente claro para Cuba que si continúa en su curso, otros pasos pueden ser emprendidos”. Fin de la cita.

Es obvio en primer lugar el lenguaje prepotente empleado y en segundo lugar cuáles eran los próximos pasos, estaban creando las condiciones para una agresión militar, los planes estaban elaborados y se actualizaban.

La década de los años 80s que coincide con las administraciones de Reagan y Bush se caracterizó también por la realización de agresiones militares reiteradas en el área. Veamos brevemente la cronología de algunas de ellas:

* 1980-1989 – Guerra encubierta y sucia contra Nicaragua.

* 1983 – Invasión a Granada.

* 1989 – Invasión a Panamá.

Pasaron de las declaraciones a los hechos.

* En el año 1991 el general Collin Powell, en aquel entonces presidente de la Junta de Jefes de Estados Mayores de las FA de los Estados Unidos, estando todavía bajo la euforia de la victoria de la Guerra del Golfo, declaró públicamente:

“Estoy saliendo de los villanos, sólo me quedan Fidel Castro y Kim Il Sung”. Fin de la cita.

Casi un año después, durante una visita a la Base Naval de Guantánamo en enero de 1992, expresó a los militares destacados en esa instalación: “Todavía existe peligro en el mundo, por eso tenemos 1.700 hombres y mujeres en lugares como Guantánamo y todavía hay una misión que necesita cumplirse”. Fin de la cita.

* En 1996, luego del derribo de 2 aviones piratas que violaban provocadoramente el territorio nacional, el gobierno de los Estados Unidos analizó las posibles medidas de represalias, analizándose con mucha fuerza la posibilidad de asestar un golpe limitado con cohetes cruceros contra un grupo de objetivos existentes en el territorio nacional.

* El Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra de los Estados Unidos, en el trabajo denominado “Panorama Mundial: Evaluación Estratégica en 1998” al referirse al área del Caribe expresaba la siguiente afirmación: “La posibilidad de una o más intervenciones militares en la próxima década es sustancial, con Haití y Cuba como primeros candidatos”. Fin de la cita.

* En el informe presentado al Congreso de los Estados Unidos en marzo de 1998, cumpliendo el mandato de la Enmienda Graham, elaborado por la Secretaría de Defensa, el gobierno incluyó: “Que Cuba puede resultar una amenaza a la seguridad nacional de ese país por varios factores: por constituir un peligro en la producción de armas químicas y biológicas; por representar una amenaza a la navegación aérea y marítima en la región y sobre todo por la posibilidad de que el gobierno cubano desate un nuevo éxodo masivo hacia Estados Unidos”. Fin de la cita. Estas apreciaciones del gobierno de los Estados Unidos pueden ser utilizadas y manipuladas en cualquier momento para crear artificialmente un conflicto con Cuba y como se trata de afectaciones a la seguridad nacional, pueden derivar hacia el empleo de la fuerza militar.

* Más recientemente, en fecha tan cercana como el 24 de abril de 1999, durante la Cumbre realizada en Washington con motivo del 50 aniversario de la creación de la OTAN, teniendo como fondo la guerra que se llevaba a cabo contra Yugoslavia, se aprobaron las nuevas proyecciones estratégicas de esta organización, que como es conocido por todos es liderada por Estados Unidos, que juega el papel protagónico principal.

En las mismas sobresalen algunos puntos sobre los cuales vale la pena detenerse:

* La OTAN amplía su “carácter defensivo” para incluir el derecho de injerencia humanitaria.

* El “propósito esencial y duradero” de la OTAN sigue siendo la defensa colectiva de los aliados “para salvaguardar la libertad y la seguridad de todos sus miembros por medios políticos y militares”.

* La OTAN debe mejorar la capacidad para emprender nuevas misiones y para responder a posibles amenazas a los intereses comunes de la Alianza, incluidos conflictos regionales como los de Kosovo y Bosnia, la proliferación de las armas de destrucción masiva y el terrorismo.

Cualquiera de estos propósitos y proyecciones pueden usarse como argumentos para una agresión militar contra Cuba, ellos constituyen una amenaza latente. Es conocido internacionalmente las preguntas realizadas por nuestro Comandante en Jefe a los gobernantes europeos sobre estos temas, en la Cumbre de la Unión Europea y América Latina y el Caribe, llevada a cabo en Brasil las cuales quedaron sin respuesta pública o privada.

Hasta aquí hemos expuesto algunos hechos históricos que demuestran las agresiones militares realizadas contra Cuba y la beligerancia mantenida por el gobierno de los Estados Unidos, así como otros pronunciamientos ya sean programáticos o ejecutivos de carácter político-militar que fundamentan la existencia de una amenaza permanente.

Pero esta amenaza no sólo se sustenta en pronunciamientos o en la elaboración de planes sino que la misma posee una sólida base técnico-militar, ésta ha estado presente a lo largo de estos años y se mantiene con mayores posibilidades en estos momentos. Les daremos a continuación sólo algunos indicadores principales que la caracterizan.

* Realización de una exploración sistemática de todo tipo sobre el territorio nacional. Sólo los vuelos espías sobre el espacio aéreo cubano suman más de 8.626. En 1971, el año de mayor actividad enemiga en este sentido, se produjeron 400 vuelos, para un promedio de más de uno diario. La disminución del empleo de aviones espías en los últimos años no significa una reducción del espionaje; su único motivo es el notable crecimiento de las posibilidades técnicas de los satélites espías, así como del incremento de la densidad de éstos en la red mundial que tienen creada con esos fines.

* Desde 1980 hasta febrero de 1999, las F.F.A.A. de los Estados Unidos han realizado más de 80 maniobras y ejercicios militares con peligro para Cuba (1 cada tres meses como promedio), incluyendo varios ensayos de agresión preparados en absoluto secreto. Las grandes maniobras Ocean Venture y Global Shield y los ejercicios Defex son ejemplos de ellos.

Además mantiene permanentemente, en el área del Caribe y cercanas a Cuba buques y aviones de combate, con el pretexto de la lucha contra el tráfico de drogas en la región. A su vez, de manera sistemática varias decenas de aviones de combate cumplen misiones de entrenamiento en el Estrecho de la Florida, muy cerca de Cuba, y periódicamente realiza en esta área y el mar Caribe el lanzamiento real de cohetes Crucero, cuyas zonas de impacto y trayectoria son muy cercanas a Cuba. Toda esta presencia militar constituye una amenaza potencial contra nuestro país.

* En 1997 se trasladó hacia el Condado de Dade, en Miami Florida, la sede del Comando Meridional de las FA de los Estados Unidos y se amplió su zona de responsabilidad que desde ese momento incluyó a Cuba, con ello comenzaron a incrementarse los ejercicios y maniobras militares en la región.

* Con el derrumbe del campo socialista, las FA de los Estados Unidos se han visto sometidas a diferentes procesos de perfeccionamiento, con el objetivo de adecuarlas a las nuevas exigencias del mundo unipolar y el hegemonismo de su gobierno, así como asegurar su ulterior desarrollo de cara al nuevo milenio.

Los programas Revisión Completa y Cuadrienal trajeron consigo reducciones cuantitativas de su envergadura para alcanzar sustanciales cambios cualitativos en su capacidad de exploración, movilidad, navegación, destrucción, efectividad y otros indicadores combativos.

Sin embargo, la reducción cuantitativa mencionada trajo consigo un incremento de la agrupación de fuerzas basificadas en su territorio continental, lo que le permite disponer de mayor cantidad de unidades y medios así como de menos plazos para una agresión militar contra Cuba.

Baste señalar que estos últimos años han mantenido en su territorio más de 16 divisiones, de ellas 7 en activo, 21 Brigadas Independientes, de ellas 3 en activo, más de 140 bombarderos estratégicos y de 2.100 aviones de combate, 1.500 en activo, más de 700 aviones de transporte, 300 buques de combate y submarinos y 140 buques de transporte.

* No bastándole el poderío militar que disponen en su territorio, mantienen contra la voluntad del gobierno y pueblo cubano una cabeza de playa en nuestro territorio, mediante la Base Naval de Guantánamo, que a su vez ha sido empleada como centro de subversión, hostigamiento y provocación.

Hemos expuesto sucintamente sólo un grupo de elementos y hechos que demuestran cuáles son las causas que han obligado a nuestro pueblo y la dirección de la Revolución, a realizar un gigantesco esfuerzo para mantener una capacidad defensiva que neutralizara las innumerables agresiones que se han llevado a cabo contra el país así como las amenazas que han pendido sobre nosotros.

La especificidad de la defensa nacional cubana hace difícil establecer comparaciones con otros países. Pocas naciones en el mundo y a lo largo de la historia de la humanidad han tenido un enemigo declarado tan poderoso y cercano y que haya generado tan alto cúmulo de acciones agresivas de todo tipo.

A su vez son limitados los ejemplos de similar resistencia victoriosa ante una correlación de fuerzas tan abrumadoramente adversa. Todos ellos son factores que no se pueden dejar de tener en cuenta al valorar el poderío defensivo del país durante estos años.

También debemos tomar en cuenta que contamos durante un período prolongado con la ayuda recibida por la antigua Unión Soviética, en particular la entrega de importantes cantidades de armamento y medios de combate de todo tipo y la preparación de cuadros, bajo condiciones de reciprocidad mutuamente ventajosa, lo cual significó un aporte decisivo al propósito de edificar un fuerte y moderno sistema defensivo.

Este factor unido al apoyo decidido de nuestro pueblo a las actividades de preparación del país para la defensa, poniendo en interés de ella su inteligencia y dedicación abnegada son, entre otras, algunas de las causas que permitieron que los gastos de la defensa no hayan impedido determinado desarrollo económico del país y alcanzar importantes conquistas sociales, especialmente en los campos de la salud, la educación y el deporte.

Cuba ha repetido muchas veces que jamás agredirá a ningún país y cualquier análisis imparcial demuestra que ello carecería de sentido. Además de tratarse de una profunda convicción moral sostenida públicamente ante toda la nación, en el plano práctico y dada su condición insular, el país no tiene ni ha tenido conflictos territoriales con ningún estado, sin contar que resultaría absurdo pensar en emprender acciones ofensivas en el escenario geopolítico en que está enclavada la isla, a escasas 90 millas del territorio continental norteamericano.

Además que requerirá disponer de capacidades anfibias, transporte aéreo, apoyo de fuego y otros elementos combativos que nunca han formado parte de la envergadura de las FAR.

Para el pueblo de Cuba, evitar la guerra equivale a ganarla. Es decir, su principal tarea consiste en mantener y desarrollar un potencial de respuesta armada ante cualquier tipo de agresión que signifique un costo impagable para el único declarado agresor potencial. Ante esta situación resulta totalmente comprensible la prioridad dada por el país a la defensa.

Nuestra concepción de lucha siempre se ha sustentado en principios claramente definidos por el Comandante en Jefe cuando expresaba:

“Las guerras nunca se pueden provocar, es decir, las guerras no deben provocarse, eso en primer lugar; en segundo lugar, las guerras, después que se desatan, hay que hacerlas bien hechas; y en tercer lugar, las guerras no pueden terminar sino con la victoria o la muerte.

De esto se deduce perfectamente nuestra realidad: en primer lugar, nosotros no provocamos guerras, no lo hemos hecho en más de 30 años de Revolución, es decir si hay una guerra, no será provocada por nosotros, si hay una guerra aquí es por que nos la impongan, eso está claro.

En tercer lugar, si nos imponen una guerra, esa guerra no terminará sino con la victoria o la muerte. He dicho principios generales, ahora viene nuestro particular ¡Terminará con la Victoria cueste lo que cueste!. Fin de la cita.

Permítanme ahora dar a conocer cuáles son las magnitudes principales que caracterizan el enorme esfuerzo que se ha tenido que desarrollar en la esfera de la defensa.

Al triunfar la Revolución el primero de enero de 1959, el viejo ejército que había reprimido cruelmente al pueblo fue totalmente disuelto, asumiendo las funciones correspondientes a las fuerzas armadas, el glorioso Ejército Rebelde que fue el alma de la Revolución; factor de unidad y cohesión de todo el pueblo y garantía del poder de los trabajadores y de la existencia de la Revolución, manteniéndose unido y leal junto a ésta a lo largo de estos 40 años.

Los combatientes revolucionarios armados en la fase final de la lucha insurreccional apenas rebasaban los 3 mil hombres; suficientes, para junto al pueblo, derrocar aquella oprobiosa dictadura que por más de seis años sojuzgó a nuestra nación. Estos mismos hombres emprendieron la ardua tarea de la formación y organización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, a partir del criterio de mantener la menor cantidad de efectivos permanentes en las mismas.

Las condiciones de nuestro país; pequeño en extensión y población, poco desarrollado económicamente, sin fronteras comunes con otros estados y con una tradición de buena vecindad con los pueblos caribeños más cercanos, no necesitaba mucho más.

Las estadísticas publicadas y mundialmente reconocidas, en materia de envergadura y efectivos en activo, en las fuerzas armadas de diferentes países demuestran que en naciones con características parecidas a la nuestra, dentro de la misma área geográfica y en condiciones de paz, mantienen un total de efectivos permanentes en sus fuerzas armadas de alrededor del 0,4% de su población (Ver anexo No. 1), lo que sin duda hubiera sido también, lo más apropiado en nuestro caso.

Esa fue la situación de Cuba en el año 1959, cuando todo nuestro pueblo junto a la dirección de la Revolución tenía ante sí alcanzar los objetivos del programa del Moncada y en consecuencia con ello trabajar en el desarrollo económico y social del país.

La dirección revolucionaria puso manos a este empeño y desde los primeros momentos planteó su vocación pacifista, encauzada a resolver los grandes males que agobiaban a nuestro pueblo. Prueba evidente de ésto lo fue la conversión de los cuarteles en escuelas, por lo que en el propio año 1959 un total de 69 de estas instalaciones, antes centros de represión y tortura, se transformaban en escuelas con capacidad para que más de 40 mil niños pudieran acceder al derecho a la educación.

La historia nos demostró que estábamos equivocados; el imperialismo no estaba dispuesto a tolerar siquiera una revolución nacional liberadora en Cuba, pero ante ello se reaccionó con celeridad.

Con el incremento del bandidismo y las actividades contrarrevolucionarias el Gobierno Revolucionario se vio obligado a crear el 26 de octubre de 1959, las Milicias Nacionales Revolucionarias a las que progresivamente se irían incorporando voluntariamente cientos de miles de ciudadanos en todo el país dispuestos a defender la Revolución, organizándose desde el punto de vista social en milicias obreras, campesinas, estudiantiles y populares; creándose a su vez por centros de trabajo, de estudio y otros.

Las nuevas formaciones de defensa se organizaron en batallones de infantería y baterías de artillería y morteros. Cada Batallón contaba con entre 400 y 500 milicianos.

Para la defensa de la Ciudad de La Habana fue preciso organizar cinco sectores que contaban con 10, 12 y más batallones cada uno, para un total aproximado entre 50 y 60 batallones en la capital.

Como una consecuencia directa de la formación de estas unidades fueron creados los centros de preparación de las milicias en todo el país, donde se preparaban los milicianos en cursos intensivos de 15 días. Sólo en la Ciudad de La Habana fue necesario crear los centros de El Caribe, La Chorrera, Kukine, El Esperón y otros más.

Las dotaciones de la artillería y la artillería antiaérea formadas por jóvenes milicianos se prepararon en los centros de La Cabaña, (artillería de campaña); la Base Granma (Artillería Antiaérea); Ciudad Libertad (Artillería Antitanques), Gelpi en Matanzas, La Habana y Baracoa (Mortero 82 mm) y otros centros en las demás provincias del país.

A esto se sumó la campaña lanzada por la dirección de la Revolución y hecha realidad por nuestro pueblo, de participar una noche a la semana y un domingo cada mes en actividades de instrucción militar para incrementar la preparación de los milicianos, lo que también provocó el consiguiente consumo de recursos.

Debido al incremento del bandidismo en la zona del Escambray fue necesario llevar a cabo la movilización de más de 70 mil hombres. Se estima que entre diciembre de 1960 a abril de 1961 se enviaron a este territorio más de 80 batallones de milicias, de ellos: 10 de Pinar de Río, 20 de La Habana, 5 de Matanzas, 25 de Las Villas, 10 de Camagüey y 10 de Oriente.

Es necesario destacar el gigantesco esfuerzo para preparar y equipar tamaño ejército en tan corto período de tiempo, con las implicaciones políticas, económicas y sociales que esto representa, así como la necesidad de adquirir armamento, realizar movilizaciones masivas de trabajadores y estudiantes con la consecuente afectación de la producción, y destinar recursos para la preparación, incluida la base material de estudio de todo tipo.

Hombres de estos mismos batallones fueron los que en abril de 1961 derrotaron en menos de 72 horas la invasión mercenaria por Playa Girón dirigida y financiada por el gobierno de los Estados Unidos, lo que demostró que el esfuerzo no fue en vano y que fue estrictamente necesario.

Como resultado de la posible agresión directa por parte del gobierno de los Estados Unidos a nuestro país en octubre de 1962, durante la llamada “Crisis de los misiles” fue necesario poner al país en pie de guerra, llevándose a cabo la movilización general de todas las fuerzas y los medios, donde fueron puestos sobre las armas más de 269 mil hombres, de ellos casi 170 mil milicianos y 100 mil miembros permanentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. La salida de este personal de la vida civil a ocupar su puesto de combate trajo como consecuencias que el cumplimiento de los planes de producción en general se vieran afectados. Su repercusión en la economía nacional fue grave, debido a la obligada y patriótica decisión de nuestro pueblo de rechazar, en la medida de sus posibilidades, la agresión del imperialismo.

Esta situación se produjo entre el 22 de octubre y el 22 de noviembre, participando prácticamente todo el país, incluso se presentaron voluntariamente a ocupar los puestos de los compañeros movilizados; sus familiares, mujeres, jubilados, etc.

Conjuntamente con el personal, fueron movilizados de la economía alrededor de 10 mil vehículos de todo tipo, con el consiguiente gasto en recursos para su explotación y mantenimiento y además el gasto que representó dejar de cumplir sus funciones en la economía del país.

Las experiencias de estos primeros años en la lucha contra bandidos, la invasión mercenaria de Girón y el enfrentamiento a la Crisis de Octubre, demostraron claramente las verdaderas intenciones de las diferentes administraciones del gobierno de los Estados Unidos de América y la dimensión y proyección de sus agresiones, por lo que nuestro gobierno se vio obligado a comenzar a tomar medidas de mayor alcance para mejorar la organización, preparación y equipamiento de las fuerzas armadas y consolidar un sistema defensivo estable y eficaz que con la participación del pueblo pudiera enfrentar esta guerra no declarada públicamente, pero que ya se avizoraba que estaría presente por muchos años.

De esta forma, a medida que fueron organizándose y preparándose estos batallones y baterías se llevó a cabo su control, incluso mediante tarjetas de identidad y para el 5 de marzo de 1963, estaban debidamente controlados una parte de los mismos que para aquel momento ascendían a más de 186 mil milicianos, en las seis provincias que según la división política administrativa tenía el país en aquel entonces.

La necesidad de tener preparado un gran contingente militar a todo lo largo y ancho del país, hacía evidente la conveniencia de llevar a cabo una política encaminada a que todos nuestros jóvenes pudieran participar en la defensa de la Patria, como una importante vía de influir en la formación integral de las nuevas generaciones y una forma más completa de preparar militarmente a la población. Es así que mediante la promulgación el 26 de noviembre de 1963, de la Ley del Servicio Militar, se encauzó la vocación popular por la defensa del país y se organizaron las acciones de todos los organismos y organizaciones en torno a la dirección de la Revolución para el cumplimiento de esta tarea.

En el mes de abril de 1964, se realiza el primer llamado al servicio militar obligatorio, donde fueron reclutados más de 48 mil jóvenes y a partir de esa fecha ha sido necesario llamar año tras año a decenas de miles de jóvenes que han debido ceder una parte de los años que pudieron dedicar al estudio o el trabajo, a la importante e irrenunciable tarea de prepararse para defender, y defender de hecho, su Patria de las constantes agresiones imperialistas.

En este aspecto no es posible obviar el significado desde el punto de vista económico y el gran esfuerzo realizado por nuestro pueblo y gobierno para equipar, preparar, alimentar, alojar y satisfacer las necesidades principales de esta masa de hombres.

La compleja situación político militar y la firme decisión de defendernos, elevaron el volumen de los efectivos permanentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias muy por encima de las posibilidades económicas y demográficas del país, representando para finales de la década del 60 más del 2,3 por ciento, llegando incluso al 3 por ciento de la población existente en aquellos momentos, en lugar del 0,4 por ciento planteado anteriormente. En los veinticinco años siguientes esa magnitud se movió en un entorno de 1,2 – 1,9 por ciento.

El sostenimiento de unas fuerzas armadas con estas características nos ha obligado a destinar enormes recursos para ello, entre los que sobresalen los que se refieren a garantizar una adecuada alimentación a las tropas y a mantener reservas materiales que aseguren el desarrollo de las acciones combativas por un período de tiempo prolongado.

De igual forma fue necesario garantizar las condiciones mínimas de vida del personal y el mantenimiento, producción, reparación y modernización de la técnica, para lo que nos hemos visto obligados a llevar a cabo la creación de campamentos, instalaciones hospitalarias, bases y talleres de reparación de todo tipo de técnica y otros, los cuales han tenido que equiparse con los medios y recursos que permitan el desarrollo y actualización constante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Para satisfacer estos y otros objetivos fue necesario destinar de forma directa en estas funciones, más de 60.000 efectivos, durante largos años, que finalmente conformaron un sistema empresarial de magnitud significativa.

Unido a ésto resultó imprescindible hacer un enorme y sostenido esfuerzo en la preparación del personal, para garantizar los jefes, oficiales, ingenieros, pilotos y especialistas de todo tipo que las fuerzas armadas demandaban.

Con este fin, se crearon academias y escuelas de oficiales, escuelas provinciales de preparación para la defensa, unidades de estudio y polígonos de instrucción, entre otros.

De igual forma las FAR tuvieron que organizar sistemáticamente complejas y costosas maniobras, ejercicios y entrenamientos, para elevar constantemente su capacidad defensiva frente a la potencia más poderosa del mundo.

Junto con todo ello han tenido que ser destinados considerables recursos al acondicionamiento operativo del Teatro de Operaciones Militares, especialmente en lo referente a la construcción de obras defensivas que garanticen las acciones combativas y la vitalidad de nuestras tropas así como de la población civil.

La puesta en práctica de estas medidas de un alto costo pero al mismo tiempo de una gran importancia estratégica, están determinadas por las significativas posibilidades de destrucción que posee el agresor. No se descubre ningún secreto al expresar que el enemigo siempre ha tenido capacidades para alcanzar la superioridad y el dominio del aire y del mar, lo que ha incrementado sustancialmente en los últimos veinte años con la introducción de novísimas tecnologías en la esfera de los medios de exploración y navegación, así como en la precisión y alcance de sus cohetes, bombas y otras municiones de diverso tipo.

Siempre han tenido la posibilidad económica y científico-técnica para desarrollar estos medios y sus portadores así como producirlos en gran escala para satisfacer sus necesidades técnico-militares. Pero, sobre todo, esto está motivado por la necesidad insoslayable que tienen de alcanzar los objetivos político-militares que se planteen ante cualquier confrontación armada donde se decidan participar, con el mínimo de bajas humanas, ya que éste es su Talón de Aquiles. Vietnam, el Líbano y Somalia, son ejemplos claros de su principal debilidad.

Sería un error estratégico subestimar las posibilidades de estos medios de destrucción y de su empleo masivo pero también constituye un error sobrevalorarlos y no tomar en cuenta sus puntos débiles que permiten llevar a cabo la lucha contra los mismos o bajo la acción de éstos.

Debido a ello la construcción de obras defensivas, ya sea para proteger las fuerzas y los medios o asegurar la realización de las acciones combativas ha sido siempre una de las actividades a las cuales se le ha prestado mucha atención, por constituir una vía fundamental para equilibrar las correlaciones desfavorables y poder provocar las bajas al enemigo en el momento preciso, el lugar adecuado y empleando las formas de las acciones combativas más eficientes.

Particularmente en los últimos veinte años fue necesario realizar ingentes esfuerzos y emplear significativos volúmenes de recursos para construir miles de kilómetros de túneles y otras obras defensivas que permitieran alcanzar los propósitos anteriormente enunciados. En ese contexto se le dio y se le continuará dando, mientras la situación político-militar así lo exija, una máxima prioridad a la construcción de los túneles populares destinados para la protección de la población, porque nuestro pueblo es el elemento más preciado de todos los componentes de la defensa y como lo definiera con meridiana claridad nuestro Comandante en Jefe “Es nuestra principal arma estratégica”.

La justeza de esta política se ha reafirmado claramente durante la reciente agresión a la Yugoslavia, poco o nada aún se ha dicho de la efectividad real que tuvo la sofisticada tecnología empleada contra las agrupaciones combativas.

Al mismo tiempo, se organizaron las reservas de personal que completan las unidades militares sobre la base de emplear el personal más joven y preparado militarmente, las que en los primeros momentos, llegaron a estar conformadas por más de 400 mil reservistas y que a pesar de los esfuerzos realizados durante estos años por reducir esta cifra, todavía hoy nos hemos visto obligados a mantener unos 300 mil de estos efectivos encuadrados en nuestras unidades, los que aunque sin estar de forma permanente en las mismas, sí tienen en ellas todo su equipamiento para el combate (vestuario, aseo personal, alimentos y otros medios) que permanecen inmovilizados y pudieran haberse empleado en otros destinos.

Ello exigió además de una preparación sistemática de este personal, siendo necesario destinar recursos para asegurar alimentos, alojamiento, vestuario y base material de estudio para más de 100 mil reservistas como promedio anual.

En el año 1966, se requirió promulgar la Ley de la Reserva Militar del Transporte lo que permitió mantener controlados y asignados a las unidades militares más de 40 mil vehículos de todo tipo, manteniéndose los medios para su mantenimiento y explotación en las reservas de éstas, con el consiguiente gasto de recursos.

En la década de los años 70s, cuando se disfrutaba en el país de cierto clima de paz y la eficiencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias se había elevado considerablemente, se tomó la decisión de reducir progresivamente los efectivos regulares, por lo que en 1975 se habían liberado alrededor de 150 mil hombres y 5 mil vehículos que fueron entregados a la economía, retomando de nuevo nuestras aspiraciones de destinar los mayores esfuerzos al desarrollo económico de nuestro país.

Pero el inicio de la década de los años 80s, con el advenimiento de la administración de Reagan, se presentaron mayores retos a la defensa. Precisamente en ese peligroso momento, el gobierno de la URSS hizo saber que la isla no recibiría su ayuda directa en caso de ser agredida militarmente. Es por ello que fue necesario replantearse la concepción defensiva en su conjunto.

Aunque se produjo un nuevo incremento en los efectivos regulares, se llegó a la conclusión de que no resultaba posible alcanzar correlaciones de fuerzas favorables. Se retomó entonces el pensamiento militar desarrollado durante la lucha revolucionaria y en los primeros años posteriores al triunfo de enero de 1959 por nuestro Comandante en Jefe, se crearon todas las condiciones para aplicar cabalmente los conceptos de la defensa popular con la concepción de la Guerra de todo el Pueblo.

El análisis realizado trajo como consecuencia la necesidad de tomar la decisión de crear las MTT y BPD, alcanzándose en un inicio cifras de alrededor de un millón de milicianos y 2 y medio millones de combatientes en las BPD. Ya para el año 1985, estas cifras se elevaron a un millón y medio de milicianos y tres millones de combatientes de las BPD.

Paralelamente se organizaron los consejos de defensa a todos los niveles de dirección en el país donde se agrupan alrededor de 40 mil efectivos y que tan importante papel juegan en todo nuestro sistema de dirección de la defensa y mando de las tropas.

Durante estas cuatro décadas de amenazas y peligro de agresión hemos tenido que asimilar gradualmente, en algunos momentos con mayor celeridad que en otros, grandes volúmenes de técnica y armamento para preparar nuestra defensa; sólo a manera de ejemplo podemos enumerar los más de 5 mil medios blindados, 13 mil piezas de artillería de diferente designación, sistemas y calibres, 800 aviones y helicópteros de todo tipo, 150 buques de diversos empleos y 3 millones de armas de infantería. Todos estos medios respaldados por significativos volúmenes de municiones de todo tipo, incluyendo las minas de todo tipo que tan importante papel juegan en nuestra concepción de conducción y realización de la guerra.

Esto permitió alcanzar el objetivo planificado por nuestro Comandante en Jefe de que cada hombre y mujer patriota de nuestro pueblo tuviera un lugar, un medio y una forma para llevar la lucha contra el agresor.

Una forma clara de apreciar el evidente y necesario sobredimensionamiento de las fuerzas armadas en nuestro país, se observa al comparar, según datos de las publicaciones: Almanaque Mundial y Balance Militar correspondientes al trienio 95-97; el personal y los medios destinados a las Fuerzas Armadas en Cuba con el promedio de algunos países de América, muy parecidos al nuestro ya sea por su población, territorio o desarrollo, pero que no se han visto sometidos al constante acecho y ataques de la mayor potencia imperialista del mundo.

Así tenemos que los efectivos permanentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en relación con nuestra población, son hoy casi el doble del promedio de estos países, respecto a sus propios habitantes y considerando los efectivos que nos vemos obligados a mantener en la reserva, incluidos reservistas, milicianos y combatientes de las brigadas de producción y defensa, serían significativamente mayores.

Tomando como base los datos de las publicaciones anteriormente señaladas, aun cuando en todos los casos las cantidades reflejadas en ellas, son inferiores a la real existencia de técnica y armamento militar en Cuba, se demuestra que nos hemos visto en la necesidad de contar con 20 veces más tanques de guerra, 11 veces más carros blindados, 9 veces las piezas de artillería y el doble de los aviones y buques de combate (Ver anexo No. 3).

Otros datos que reflejan el esfuerzo que ha tenido que realizar nuestro país y la dimensión que nos han obligado alcanzar por las fuerzas armadas en la defensa de la Patria en estos años son los siguientes:

* Desde su implantación en el año 1963, más de un millón 700 mil jóvenes han debido ser incorporados al cumplimiento del servicio militar activo por términos entre 1 y 3 años.

* Casi 5 millones entre reservistas y milicianos han tenido que ser movilizados para recibir preparación militar.

* Prácticamente 100 mil fueron los compatriotas movilizados que participaron en la lucha contra bandidos y más de 16 mil los que combatieron en las arenas de Playa Girón.

* A un millón y medio de jóvenes ascienden los estudiantes de la enseñanza media superior que han recibido la preparación militar inicial que se imparte en sus centros de estudios, como una forma más de garantizar su preparación ante una agresión imperialista.

* Más de 86 mil jóvenes se han preparado en cursos de formación de oficiales, y

* Cientos de miles de hombres junto a otras tropas se preparan sistemáticamente durante la realización de los Días de la Defensa, destinando para ello decenas de millones de horas hombre de su tiempo libre.

En general el exceso de personal que las agresiones y amenazas nos han obligado a incorporar a las tareas de la defensa se estima en 4.362.645 efectivos movilizados en el período mencionado, por encima de los parámetros aceptados internacionalmente como normales.

Como es conocido, en diferentes períodos durante todos estos años, las FAR han prestado ayuda internacionalista a otros pueblos del mundo, lo cual contribuyó de forma significativa a la eliminación del Apartheid en Sudáfrica, al fin del régimen colonial en otros países y a la derrota de la agresión extranjera contra países independientes.

Esta participación implicó el empleo de decenas de miles de efectivos y cuantiosos gastos, los cuales a pesar de la justeza de la causa en la cual fueron empleados, no están considerados en ninguno de los cálculos y cifras del presente informe.

La prestación del servicio militar tanto activo como en la reserva por prácticamente todo un pueblo, que a lo largo de estos 40 años ha debido prepararse y enfrentar resueltamente las agresiones de todo tipo perpetradas por el imperialismo, han originado también la pérdida de valiosas vidas humanas y la invalidez parcial o total de cientos de compatriotas. Más de 2.300 han fallecido y 1.833 resultaron incapacitados como resultado de su participación en las actividades de preparación para la defensa. Estos hombres y estos hechos también son testigos de la agresión imperialista contra nuestro pueblo y por eso están inscriptos en la demanda del pueblo cubano, ya que sin el sobredimensionamiento de nuestras fuerzas armadas, al que nos han obligado, estos hechos nunca hubieran alcanzado tal dimensión.

Después de la desaparición de la URSS resultó necesario perfeccionar aún más la concepción de la Guerra de todo el Pueblo. Las FAR se han esforzado por adecuar su estructura y niveles de actividad a las posibilidades económicas del país, en lo que han obtenido notables resultados. Ha sido un reto difícil de vencer ya que la reducción de los gastos de todo tipo no podía implicar una disminución sustancial de la capacidad defensiva cuando han continuado produciéndose agresiones, violaciones del espacio aéreo y marítimo y actos terroristas.

A pesar del notable incremento de la agresividad contra Cuba, gracias a la concepción popular de la defensa, fue posible reducir en los años transcurridos desde entonces, cerca de 100 mil efectivos regulares y miles de medios, equipos e instalaciones que fueron entregados a la economía, con ello también lográbamos hacerle el juego a la estrategia de provocar la asfixia económica del país.

No obstante la importante reducción de gastos de todo tipo que ello significó, el esfuerzo en la preparación de nuestros efectivos permanentes y de la reserva y de más de un millón de milicianos y otras estructuras defensivas, la continuación de la construcción de túneles y otras obras fortificadas, el mantenimiento y conservación de nuestra técnica de combate, y otras muchas medidas imprescindibles han requerido invertir y aún requieren de considerables recursos humanos, materiales y financieros que de haberse podido utilizar con fines socio-económicos hubiesen podido beneficiar a cientos de miles de ciudadanos de nuestro país.(Ver en el anexo No. 4 el comportamiento de los gastos en el período analizado).

En la gráfica que se anexa (anexo No. 4) se recogen los volúmenes de gastos de la defensa durante este período, pueden apreciarse las grandes magnitudes de éstos que se mueven en cantidades que van desde 60-80 millones de pesos en los dos primeros años, hasta más de mil millones en otros años. Si observamos la tendencia que han tenido esos gastos podremos apreciar con claridad su estrecha correspondencia con la situación político-militar. Así vemos que gran parte de los años 70s cuando existió un clima relativamente menos tenso, éstos se reducen significativamente, lo que demuestra una vez más dónde están las causas del sobredimensionamiento del sistema defensivo del país.

Es por eso que cualquier persona imparcial al escuchar y analizar estas cifras que hemos expuesto, que demuestran hasta donde nos vimos obligados a prepararnos, cuantos hombres y mujeres del pueblo tuvieron que alistarse, aprender a manejar las armas, participar en entrenamientos militares para defender su país de las constantes agresiones y amenazas imperialistas; cualquier análisis deberá llegar a la conclusión de cuánta riqueza hubiéramos podido alcanzar si esos hombres, capaces y patriotas y todos los recursos que nos obligaron a tener de más sobre las armas se hubieran podido dedicar al desarrollo económico, cultural y social del país, cuanto nos han obligado a gastar en exceso en la defensa para poder garantizar lo que tenemos hoy.

Ese enorme esfuerzo, esas vidas que perdimos o quedaron incapacitadas en maniobras y entrenamientos, esos recursos que tuvimos que desviar para la defensa forman parte irrenunciable de la demanda del pueblo de Cuba al gobierno de Estados Unidos.

Compañero Presidente del Tribunal, el informe que debía presentar ante este tribunal ha concluido.

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