Irma – un llamado de atención

Propuesta de tomar medidas en función de adaptarse al cambio climático.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Irma, uno de los más potentes huracanes de la historia, acaba de azotar grandes partes del mayor archipiélago de las Antillas, para no hablar de las pequeñas Islas, que en su camino destruyó completamente. Dejó destrucción y desesperación por donde pasó. Después del huracán Matthew, con su impronta destructora en el oriente de Cuba, este es el segundo meteoro de categoría 5, que visita el país en el lapso de menos de un año. Y en la región fue acompañado por otros huracanes fuertes, como Harvey y José. Con esto, nadie puede negar, que el cambio climático es realidad: cada vez tenemos eventos climáticos extremos más frecuentes y más intensos. Hace muy poco tiempo Cuba entera estaba preocupada por la sequía que había mantenido el país en suspenso por los últimos años; ahora las mismas zonas están luchando con inundaciones y deslaves de tierras.

Por lo tanto, es tiempo de actuar para lo que se llama la “adaptación al cambio climático”. Tenemos que aceptar que estos eventos nos amenazan, y tenemos que preparar nuestras vidas a estas realidades nuevas. Que nuestras casas e infraestructuras sean construidas a prueba de huracanes e inundaciones, por ejemplo.

¿Pero cómo podemos proteger nuestros cultivos, la base de nuestra alimentación y sobrevivencia en esta tierra? Es cierto que será difícil garantizar que los cultivos resistan a las fuerzas del viento de un huracán categoría 5, pero los daños a la vegetación se pueden recuperar –en muy poco tiempo en caso de cultivos de ciclo corto y en un tiempo un poco más largo en cultivos permanentes, como café, cacao y coco–. Lo que resulta más difícil y costoso, para no decir imposible de reponer, son los daños a nuestro capital fundamental de la agricultura: el suelo.

¿Entonces, cuáles serán las opciones, que tenemos, para hacer nuestra agricultura a “prueba del clima”? En los tiempos de la sequía todo mundo estaba enfocando en variedades adaptadas a sequía, pero, ¿cómo responderán estas variedades a las inundaciones por un huracán? Allí viene lo que llamamos la “Agricultura Climáticamente Inteligente”, una agricultura, que funciona igual en cualquier evento climático extremo, ya ea sequía o lluvia en exceso,  frío o calor extremo, garantizando una verdadera adaptación al cambio climático.

Tal agricultura no es un sueño inalcanzable, constituye ya realidad en muchas partes del mundo y resultaría perfectamente factible para Cuba. El secreto es la “Agricultura de Conservación”, una práctica que al no alterar el suelo de forma mecánica – ni con arados, ni tampoco con gradas, cultivadores o guatacas –, garantiza que a este regrese la riqueza natural de una variedad de formas de vida, como las que caracterizan a los suelos naturales vírgenes.

Esas tierras “viven”, se estructuran con la labor de lombrices y otros animalitos. Son ricas en materia orgánica y nutrientes. De estos suelos no salen nutrientes con el agua, las plantas pueden sobrevivir situaciones de sequía por las raíces profundas que pueden echar y por la materia orgánica. Al mismo tiempo, las lombrices garantizan con sus canales verticales profundos un drenaje natural, para que el suelo pueda infiltrar toda el agua que cae con lluvias extremas, hasta en casos de huracanes. Esta agua, en vez de escurrir en la superficie, llevándose el suelo y todo lo que encuentre en su camino, rellena los acuíferos y permanece en estos “embalses subterráneos” como reserva de agua dulce para tiempos secos.

Volviendo al caso de Irma – si bien no hubiéramos podido evitar los perjuicios hechos por el viento, sí hubiera sido posible sortear muchos de los daños por inundaciones causadas por lluvias; y en las zonas donde las inundaciones por la intrusión marina no se podía evitar, se hubieran podido salvar cultivos porque el agua no hubiera permanecido por tanto tiempo y los suelos se hubieran recuperado más rápidamente.

Pero una “Agricultura Climáticamente Inteligente” es todavía más; también reduce las emisiones de gases con efecto invernadero, los causantes del cambio climático. La agricultura como la conocemos con arados y laboreo de suelos contribuye a casi el 30 % de las emisiones totales de estos gases causantes del cambio climático. Igual con la Agricultura de Conservación podemos reducir estas emisiones, podemos “secuestrar” el carbono de forma permanente en los suelos y la biomasa, contribuyendo a que el cambio climático no sea peor en el futuro y que sus efectos se reduzcan en un futuro no tan lejano.

Esta agricultura no sería “inteligente”, no obstante, si no lograra producir. Igual, en ese sentido la Agricultura de Conservación ha demostrado que no tiene que envidiar nada a la del arado que conocemos. Al contrario, en muchos casos la producción total es muy superior con tendencia creciente en la medida en que los suelos se recuperan.

En el caso de Irma no hemos llegado a tiempo; pero con la hoja de ruta de Agricultura de Conservación, que el Ministerio de Agricultura de Cuba junto con la FAO está implementando en el país, se espera que estas experiencias en el futuro sean evitables. ¡Aprovechemos este llamado de atención para aumentar los esfuerzos y acelerar la implementación de la Agricultura de Conservación en Cuba!

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