La mesa vacía

Los niveles de entrada de alimentos a la Ciudad de La Habana estuvieron por debajo de lo pronosticado en 2010.

Baldrich - IPS

Se incumplió con el abastecimiento de yuca y la entrega de plátano fue intermitente.

“Todo está pela´o (vacío)” es una frase que se repite mucho por estos días. Es una manera de describir la situación de los mercados agropecuarios de la capital cubana, que desde inicios de año han vivido una permanente situación de desabastecimiento. Es desolador el panorama reinante de mostradores con escasos productos, de una dudosa calidad.

Incluso, de los renglones propios de la temporada de frío -tomates, pimientos y lechugas-, muy demandados en la isla, la oferta es bien escasa. La mayoría de las veces, los vendedores levantan los hombros a modo de respuesta sobre la causa del escaso surtido.

Otros culpan a las medidas de no dejar entrar camiones con productos agrícolas de forma espontánea a la ciudad, sino a través del sistema de la empresa estatal de acopio y al cierre de la mayoría de los más de 1.300 puntos de venta de productos agrícolas, efectuado el pasado año.

La realidad es una mezcla de causas. Por un lado, cierto disgusto entre los productores de la provincia de La Habana, debido a las pérdidas que tuvieron en 2009 por las demoras en la recogida de los productos, a cargo de la empresa estatal destinada para la compra a los campesinos.

Según cultivadores de ese territorio, un alimento de alta demanda, como el boniato, al perder la calidad óptima, se les pagó 80 centavos por cada libra –con destino a la alimentación animal–, cuando cosecharlo les había costado cinco pesos.

“Eso es un gran desestímulo al incremento de la producción, sobre todo cuando se trabajó para responder al llamado del país de aumentar la cantidad de comida, tras los huracanes que arrasaron cosechas al cierre de 2008”, refirió un experimentado cultivador de tubérculos.

Por otra parte, el país no ha contado con los recursos financieros que permitan garantizar los insumos productivos. “No todo lo que sembramos tiene fertilizantes, no todo lo que se siembra tiene protección de productos químicos, no hay combustible para todo, por lo que la agricultura suburbana que se está fomentando se sustenta en medios biológicos, tracción animal y en abono orgánico, no con fertilizantes”, explicó un directivo del sector.

Una tonelada de fertilizante costaba 200 dólares, hoy cuesta entre 550 y 600 dólares y llegó a estar en 750. La urea, que antes costaba 80, aumentó hasta 150 y en la actualidad se cotiza a 350, pero llegó a 500 dólares y, según directivos, “el país no tiene dinero para eso”.

Ante esa situación, Cuba desarrolla una industria petroquímica en la centro sureña provincia de Cienfuegos, con la colaboración de Venezuela, para la producción de fertilizantes nitrogenados.

Como estrategia, después de la papa, los campesinos siembran boniato, sin aplicar fertilizante; luego usan ese mismo espacio para el maíz y solo agregan materia orgánica; más tarde, toca el turno a la calabaza.

Expertos en la materia indican que, debido a la falta de fertilizantes, disminuyeron los rendimientos en surtidos como la malanga, muy demandada para dietas y la alimentación de los bebés.

Para incrementar la disponibilidad de boniato se decidió incrementar los precios que el Estado paga a los campesinos, debido a lo trabajoso de su siembra, pues de lo contrario la baja habría sido pronunciada y esa es la única vianda que se cosecha a solo tres meses de sembrada, a diferencia de otras como yuca, malanga y plátano, que requieren más de nueve meses para obtener resultados.

Fuentes de la agricultura señalan que es incierto que los campesinos hayan sembrado menos tomate, por ejemplo, por temor a que se pierda la cosecha por falta de envases, como sucedió el pasado año. Según funcionarios del sector, si el campesino ve que no tiene muchos recursos, no se arriesga igual que cuando todo lo tiene garantizado.

Pero, abunda Osmar Méndez, jefe de hortalizas del Ministerio de la Agricultura, el déficit actual no tiene que ver con eso, sino con los problemas climatológios, en un cultivo cuyo ciclo vegetativo de acorta y se expone a enfermedades, si le falta nitrógeno y abunda el calor.

Debe dar cinco o seis cosechas, con una o dos recogidas se acababan y esa es la causa verdadera del déficit”. No obstante, se reconoce que, en algunos territorios, hay resistencia de los campesinos a entregar sus producciones a la empresa de acopio.

Datos del gobierno de la capital cubana indican que, en enero pasado, los niveles de entrada de alimentos a la ciudad estuvieron por debajo de lo pronosticado, inferior a lo proyectado para similar etapa en años anteriores.

Producción agrícola (2009). Miles de toneladas:

Concepto

2008

2009

09/08 (%)

Viandas total. De ello:

2.150,7

 

2.473,6

115,0

Papa

196,1

278,8

142,2

Boniato

375,0

536,0

142,9

Plátano fruta

280,8

241,5

86,0

Plátano vianda

477,4

410,7

86,0

Hortalizas total. De ello :

2.439,3

2.570,6

105,4

Tomate

575,9

743,0

129,0

Cebolla

128,1

135,0

105,4

Cereales total

533,2

624,9

117,2

Arroz consumo

207,5

300,0

144,6

Maíz

325,7

324,9

99,8

Leguminosas total

97,2

114,6

117,9

Frijoles

97,2

106,5

109,6

Nota: La información incluye la producción de patios y parcelas en ambos años.

Fuente: Elaborado a partir de Panorama económico y social, Cuba 2009; Oficina Nacional de Estadísticas (One).

La situación fue crítica durante la primera quincena y no resultó peor porque se decidió enviar emisarios a otras provincias para impulsar el envío de, al menos, una parte de lo pactado para el mes. Para febrero, las cifras programadas estuvieron por debajo de las del primer mes del año.

Incluso, se esperaba la entrada de papa fresca desde varios territorios de la provincia de La Habana, pero hasta mediados de febrero el suministro fue muy insuficiente, con lo que no se sintió la presencia del tubérculo en el mercado.

“Como es tan poco lo que está entrando, se acaba enseguida y hay mucha ansiedad en la población, sobre todo porque se anunció en la prensa que, a diferencia de otros años, se vendería primero y se almacenaría en los frigoríficos después, algo que no sucedió porque se dio prioridad a la que hay que guardar para semilla”, comentó un asesor en temas alimentarios.

Hasta el momento, se desconoce a ciencia cierta cuál será el comportamiento del tubérculo, debido al desenvolvimiento del clima. Según autoridades del sector, la papa sembrada a finales de octubre y principios de noviembre transitó por sesenta días de mucho calor, lo que es desfavorable para su desarrollo.

Los primeros 15 días de enero, con temperaturas frías continuas, fueron muy buenos para este cultivo, pero estuvieron seguidos por semanas desfavorables, con vientos del sur y altas temperaturas. Los días muy fríos—según expertos—“duermen” la papa y no le permiten crecer.

Dice un refrán popular que “todo lo que sucede conviene”. En esta ocasión podría salir ganando la cosecha del tubérculo. Debido a demoras con las semillas y fertilizantes, mucha papa se sembró a destiempo, lo que permitió que estas áreas se beneficiaran con temperaturas nocturnas entre 16 y 17 grados, muy favorables para el cultivo.

De acuerdo con Félix Manso Acosta, subdirector de Cultivos Varios del Ministerio de la Agricultura, están planificados rendimientos de 22,2 toneladas por hectárea en las 10.065 plantadas en Ciego de Ávila, Cienfuegos, Villa Clara, Matanzas y La Habana, la mayor productora, que debe de aportar alrededor de 102.000 toneladas.

Fuentes del grupo de alimentos de la ciudad de La Habana indican que se incumplió el envío de yuca y el abastecimiento de plátano fue intermitente. El mejor comportamiento lo tuvieron el ajo y la cebolla, con cifras superiores a las previstas, así como algunas hortalizas.

Vale destacar que las entregas de tomate, un producto de época, quedaron a 29 por ciento de lo proyectado para la etapa. En el mes fue muy insuficiente el arribo de frijoles de otros territorios, lo que fue compensado, en cierta medida, por las ventas de chícharo.

Una situación muy parecida se registró en febrero, con suministros inferiores a los del mes precedente, lo que obligó a adoptar medidas como incrementar la producción de otros alimentos de la industria panificadora y cárnica, revelaron fuentes cercanas al gobierno.

Además, se recabó de los productores de la capital, que solo dispone de 0,4 por ciento de tierras agrícolas del país, incrementar el acopio de alimentos del agro para suplir con hortalizas y algunas cifras muy reducidas de viandas el déficit de productos desde otros territorios. La baja productiva ha tenido su impacto también en los mercados de libre oferta y demanda, donde han mermado los surtidos, pero cuya permanencia y calidad se mantuvieron por encima de los estatales.

La Cooperativa de Producción Agropecuaria Amistad Cuba-México, del municipio habanero de Alquízar, tributa sus producciones a los 10 mercados del Ejército Juvenil del Trabajo de la capital cubana. Este año debe producir más de 4.000 toneladas de cultivos varios y huevos para ese destino.

Algunos precios de compra a los productores (Pesos):

Producto

Precio en pesos por quintal (equivale a 45 kilogramos)

Papa

30

Boniato

61

Plátano burro

75

Zanahoria

76

Plátano fruta

76

Tomate

130

Plátano vianda

170

Malanga

190

Fuente: Productores agropecuarios del municipio de Alquízar, La Habana. Enero de 2010.

Pero es bueno aclarar que, en la ciudad, residen más de 2,2 millones de personas y la demanda de malanga, boniato, plátano y hortalizas, entre otros renglones, es muy elevada y puede aseverarse que nunca ha estado totalmente cubierta, debido a la insuficiente producción agrícola.

De ahí que, para acercarse a la demanda de la ciudad, calculada en más de 23.000 toneladas mensuales, es preciso transportar a la capital, también, productos de Matanzas, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila, entre otros territorios.

Las personas necesitan más que viandas y hortalizas. Con ese fin se desarrolla un programa de ceba de toros. En la cooperativa Héroes de Yaguajay comenzaron la experiencia hace apenas un año, con unos 50 animales.

En la actualidad, han multiplicado el rebaño a partir de la alimentación con forraje cosechado por los propios trabajadores. Los resultados productivos obtenidos hasta el momento propician salarios mensuales superiores a los 2.000 pesos, casi cinco veces lo que devenga la mayoría de los profesionales del país. “Pero andan llenos de tierra roja desde que amanece hasta que cae el sol, los 365 días del año”, refieren directivos del sector.

Aunque se desarrollan diversos programas para tratar de incrementar la producción, analistas advierten que los meses venideros podrían tener situación similar.

De las más de 300.000 hectáreas previstas para sembrar en la etapa de frío, solo hay fertilizante para la décima parte, aseguran fuentes del sector.

La actual crisis financiera internacional disparó los precios de los fertilizantes de 200 dólares la tonelada a 600, por lo cual el Estado cubano debe erogar 19,6 millones de dólares en su compra.

Semillas y sustitución de importaciones

Uno de los problemas de la agricultura cubana es la disponibilidad de simientes. Algunas especies se producen en el país, mientras que otras, en parte, se adquieren en el exterior, para lo cual se desembolsan cifras millonarias.

Para el veterano productor Miguel García, con buenos resultados en cultivos como malanga, boniato, plátano macho, ajo, papa y frutas, lo más importante es la selección de la semilla. “Aquí se coge lo mejor para simiente. Deshijamos los plátanos para garantizar que la producción sea de calidad, con buen tamaño. Incluso, revisamos la semilla de papa de importación y hemos detectado que, entre ellas, vienen sacos de tubérculo para consumo humano”, señala este campesino, quien integra un colectivo de asesores del Consejo de Estado para temas agrícolas.

El tema de la alimentación es considerado por el gobierno del presidente Raúl Castro un asunto de seguridad nacional. El país gasta anualmente más de 1.000 millones de dólares en la compra de alimentos, algunos de los cuales es posible cultivar en la deteriorada tierra del archipiélago.

Según el subdirector de Cultivos Varios del Ministerio de la Agricultura, el pasado año las producciones de tomate, ajo y cebolla, por encima de lo esperado, permitieron incrementar el procesamiento industrial para la elaboración de conservas, lo que evitó importaciones destinadas al turismo, la red de venta en divisas y, en el caso del ajo, en la industria cárnica nacional.

Nuevas tierras al ruedo

Entre octubre de 2008 y enero de 2010, el gobierno cubano entregó 933.000 hectáreas a lo largo de todo el país por el Decreto 259 y para la actividad de cultivos varios 226.000, 26 por ciento del total dado en usufructo; el resto se distribuye entre ganadería, frutales y forestales. Según directivos del Ministerio de la Agricultura, en la campaña de frío, de septiembre a febrero, en el archipiélago se cultivan unas 340.000 hectáreas, lo que significa que las nuevas tierras destinadas a la cosecha de viandas y hortalizas representan más de la mitad de esa cifra.

“Hay que tener en cuenta que una tierra que se entrega hoy, mañana no va a estar produciendo, lleva un proceso”, explica el subdirector de cultivos varios.

El promedio de las tierras otorgadas es de 13,4 hectáreas (una caballería) por usufructuario. En el caso de campesinos que ya explotaban terrenos, se les han autorizado hasta tres caballerías.

“Hemos entregado muchas tierras, pero se necesitan muchos recursos para ponerlas a producir y no se van a poder entregar. Con un machete, un pico, una pala y una butaca solamente no se cultiva una caballería, pero los recursos son escasos”, reconoce Manso.

La realidad es que la intención de incrementar la producción agrícola, de manera que se reduzca la vulnerabilidad alimentaria y la dependencia del exterior, puede quedar este año, nuevamente, en la intención.

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