Los encadenamientos productivos: un análisis para Cuba (II)

En la estructura productiva de la economía cubana priman bajos niveles de especialización y eficiencia.

Jorge Luis Baños - IPS

La desarticulación interna de la economía se relaciona con la escasa autonomía para la toma de decisiones en las empresas y la débil integración de las formas de propiedad.

El desempeño de la economía cubana ha sido variable en estos años, con una tasa de crecimiento promedio insuficiente para dar respuesta a los problemas estructurales acumulados ni rescatar los niveles de bienestar humano que alcanzó el país a finales de los ochenta.

Al mismo tiempo, la recuperación ha tenido lugar en un contexto de mayor desigualdad social, territorial y sectorial. Con la crisis económica, el reacomodo de las posibilidades de desarrollo y la política económica llevada adelante para garantizar la vitalidad del país, el centro de gravedad de la economía se ha desplazado continuamente hacia los servicios (Figura 6).

En general, salvo en contadas excepciones, la dinámica de crecimiento fundamental se ha concentrado en este sector, mientras que el comportamiento del sector productor de bienes ha sido muy heterogéneo, con un balance global desfavorable.

Figura 6 Peso relativo de los servicios en categorías seleccionadas

Fuente: Anuario estadístico de Cuba (varios años).

Sin embargo, la estructura del sector terciario refleja carencias y debilidades esenciales que limitan enormemente el crecimiento perspectivo del país. En particular resalta el constante incremento de la fuerza de trabajo empleada en servicios sociales y personales, generalmente con pocas conexiones con el tejido productivo interno.

A su vez, el bajo perfil de los servicios productivos da cuenta de una estructura productiva donde prima la baja especialización y eficiencia.

Algunos trabajos anteriores (Torres, 2009), hacen referencia al efecto negativo que han tenido en el crecimiento los cambios en la estructura del empleo. El escaso poder de arrastre de los sectores dinámicos, especialmente la imposibilidad de generar suficientes empleos productivos para sostener el ritmo de incremento del número de ocupados, ha contribuido a una alta concentración de fuerza de trabajo en sectores desconectados de las cadenas productivas de la economía.

Las estimaciones del trabajo citado muestran que el efecto negativo en la productividad global está alrededor de un 20% de la variación total.

Estas ramas ofrecen pocas oportunidades para un incremento sostenido de la productividad debido a las escasas posibilidades de capitalización y la débil influencia de los avances científico-técnicos.

No obstante, es especialmente significativo el papel que desempeñan las ventas externas de servicios, las cuales han experimentado un incremento sostenido en el período impulsadas primeramente por el turismo internacional y luego por los servicios profesionales, fundamentalmente los servicios médicos.

En la actualidad, el delicado equilibrio externo del país depende en grado sumo del comportamiento de este último segmento, cuyos ingresos mantienen una alta concentración en el mercado venezolano. Sin embargo, son aún escasas las conexiones de estos servicios con el sistema productivo, excepción hecha del turismo.

Esto conspira contra la sostenibilidad de este patrón de crecimiento y profundiza la heterogeneidad estructural al interior de la economía. De hecho, el impacto de este intercambio se refleja fundamentalmente como un cambio en el nivel de la serie de las exportaciones y el PIB, mientras que la dinámica se mantiene prácticamente inalterada, lo que obedece a los factores antes mencionados y la evolución más probable del mercado de destino[i].

Contrario a las tendencias mundiales, los servicios productivos tienen un perfil muy bajo en la economía cubana (Figura 7). Esto muestra el bajo nivel de especialización en que opera la mayoría de las empresas del país, lo que frena sustancialmente sus resultados productivos, especialmente frente al mercado exterior.

Esta situación responde en parte a la propia concepción del mecanismo económico, caracterizado por una alta verticalidad y rigidez en la estructuración de las cadenas de valor en la economía.

La presencia de múltiples factores que imponen segmentaciones en el mercado interno, reduce artificialmente su capacidad de arrastre y debilita notablemente los derrames que se derivan de una actividad económica determinada.

Figura 7 Comparación de la estructura del sector terciario (años seleccionados)

Transporte, almacenamiento y comunicaciones

Fuente: Elaboración propia a partir del Anuario Estadístico de Cuba (2009), OECDStand database (2009) y GGDC10 database, junio 2007.

En la práctica, las relaciones horizontales entre las entidades responden en gran medida a la estructura institucional, determinada por un número de ministerios productivos y sus respectivas representaciones territoriales.

Todo ello se acompaña de la escasa autonomía en que se desenvuelve la toma de decisiones en las empresas y la débil integración de las diferentes formas de propiedad, lo que explica una parte de la desarticulación interna de la economía.

Esto tiene repercusiones negativas en la difusión del conocimiento, la acción de economías dinámicas de escala y en la propensión marginal a importar.

Dentro de la producción de bienes, la agricultura ha tenido un comportamiento que no beneficia ni las necesidades internas ni la generación de excedentes para financiar el desarrollo de otros factores.

La dependencia de alimentos importados es alta, aproximándose al 80% medido en calorías. Contradictoriamente, el desaprovechamiento de recursos existentes en el sector es elevada, como lo demuestran el porcentaje de tierras ociosas, los bajos rendimientos en la casi totalidad de los cultivos y la baja productividad[ii].

El papel de la industria en estos años ha sido discreto, con una gran heterogeneidad en el comportamiento de sus diferentes ramas (Figura 8). De manera global, entre 1994 y el 2001, la recuperación fue más fuerte en el sector que en el resto de la economía, contribuyendo positivamente al dinamismo general.

Un mayor acceso al mercado en frontera generado por el desarrollo del turismo, las cadenas de tiendas que comercializan en divisas y el buen comportamiento de la producción de níquel fueron suficientes para sostener un buen desempeño a mediano plazo, aunque sin nuevos impulsos esta dinámica comenzó a desvanecerse a finales de la década.

A partir de 2002 se invierte la tendencia pues se observa un preocupante desacoplamiento entre sus dinámicas respectivas y esta diferencia tiende a ampliarse[iii]. Esto es consecuencia de varios factores negativos que se han combinado en el período.

Primeramente, la reconversión de la industria azucarera se tradujo en una disminución del aporte económico de esta rama, que representaba una parte importante del valor de la producción manufacturera. Además, la propia medida tuvo un efecto negativo sobre las ramas vinculadas directamente al azúcar, como la producción mecánica y segmentos de los sectores textil y químico. Finalmente, las industrias procesadoras dependientes de materia primas y derivados azucareros también vieron afectada su producción, como la alimentaria.

Figura 8 Evolución de la industria y el PIB

(1990 – 2010, 1989 = 1)

Fuente: Anuario Estadítico de Cuba (varios años).

El segundo elemento tiene que ver con el estancamiento del turismo en la década actual. Los acontecimientos de las Torres Gemelas en Estados Unidos y las limitaciones al sistema empresarial provenientes de la centralización del país a partir de 2003 jugaron en contra de los resultados del sector, que exhibió tasas de crecimiento de dos dígitos en los arribos hasta principios de la década.

Un menor crecimiento del turismo debilita el efecto multiplicador hacia el resto de la economía, particularmente hacia la producción industrial. Este proceso ha traído como consecuencia el debilitamiento progresivo de las bases materiales de la acumulación, pues tanto la producción de bienes de equipo como los materiales de construcción exhiben un pobre desempeño, lo cual deberá atenderse en el futuro.

En términos de empleo, la situación es similar (Figura 9). La mayor parte de los empleos destruidos en la etapa provienen del sector industrial y su participación en la estructura de la ocupación tiende a reducirse continuamente.

El empleo creciente de una parte de la fuerza de trabajo en estas ramas tiene un efecto positivo de carácter cualitativo muy importante. Las habilidades y competencia técnica requeridas para el diseño, fabricación y mantenimiento de una maquinaria y equipo constituyen la mejor escuela para la calificación de la mano de obra requerida por el conjunto de la economía.

Esto se debe a la diversidad y complejidad intrínsecas a la mayoría de las actividades manufactureras, lo que constituye una importante fuente de aprendizaje no solo en capacidades técnicas o ingenieriles sino también gerenciales.

Figura 9 Comportamiento del empleo industrial

(1991 – 2009)

Fuente: Elaboración propia a partir del Anuario Estadístico de Cuba (varios años).

Esto explica el hecho de que se considere a este sector como un mecanismo privilegiado de capacitación para el resto de los sectores de la sociedad (Cepal, 2006). En el caso de Cuba y a diferencia de otros países más avanzados, el declive en términos relativos viene acompañado de un retroceso en valores absolutos de la mayoría de los indicadores de actividad industrial, incluido el empleo.

Esto tiene implicaciones a largo plazo para la trayectoria de desarrollo del país por cuanto este déficit en la formación de competencias claves puede incidir negativamente en la acumulación de conocimientos imprescindibles para impulsar la innovación a nivel de toda la economía[iv].

Esto es particularmente preocupante cuando no se observan otros sectores con la capacidad de generar empleos de una calidad similar.

La industria no solo ha perdido peso en la economía, sino que su estructura interna refleja un nuevo balance a favor de ramas que reflejan nítidamente las ventajas comparativas estáticas tradicionales del país. Atendiendo al comportamiento de las distintas ramas respecto a la media del sector y los factores claves que determinan su dinámica se puede establecer una clasificación en cinco grandes grupos.

En un primer grupo estarían las actividades de mejor desempeño y cuya fuente de ventaja competitiva fundamental es la explotación de un recurso natural abundante y que operan con tecnologías relativamente maduras. Entre ellas, la producción de níquel, la mayor parte de la industria alimentaria, bebidas y tabaco y la refinación de petróleo que ha recibido un gran impulso a partir de la puesta en explotación de la refinería de Cienfuegos. Excepto este último caso, estos sectores constituyen ramas tradicionales del país y tienen una presencia importante en los mercados internacionales.

En el segundo segmento se incluyen aquellas ramas con buen desempeño pero cuyo crecimiento depende en gran medida del aprovechamiento de ventajas adquiridas sobre la base del uso intensivo de recursos laborales muy calificados, capital físico muy moderno y otros factores intangibles muy sofisticados.

En este caso solo se encuentra la industria médico-farmacéutica y biotecnológica que ha funcionado sobre la base de un esquema de gestión especial a ciclo cerrado, dirigido y controlado directamente por el gobierno central, lo que le ha posibilitado escapar de los excesivos controles burocráticos, disfrutando de una cierta autonomía en la toma de decisiones.

Este sector tiene una creciente presencia comercial en los mercados internacionales y ejecuta varias asociaciones económicas internacionales fuera del país como en China, Malasia y la India, lo que indica que marcha muy cerca de la frontera tecnológica.

En el tercer apartado se encuentran un grupo de actividades en declive, cuya característica común fundamental es que se distinguen por su alto consumo energético y la elevada obsolescencia tecnológica de sus plantas. Aquí se ubica la industria de la madera, materiales de construcción, caucho y plásticos, papel y otros minerales no metálicos.

En general, el coeficiente exportador es bajo y la inversión externa ha sido muy reducida con un impacto menor en la modificación de las condiciones básicas de operación.

Un cuarto grupo contiene algunas actividades con escasa dinámica y relativamente intensivas en fuerza de trabajo con niveles de calificación medios como los textiles, confecciones, calzado y cueros. La actividad comercial internacional es muy reducida y las inversiones extranjeras también son escasas.

Finalmente, en el quinto tramo tenemos un grupo de ramas con pobre desempeño y que incluye la mayor parte de las actividades de alta y media-alta tecnología. Esta evolución ha determinado una reducción del peso relativo de estos sectores complejos como la construcción de maquinaria, equipos de transporte, las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) y otros. A esto se suma que en la mayoría de estos casos, se trata de procesos que en la escala de complejidad de la actividad manufacturera clasifican como básicos como el ensamblaje[v].

La Tabla 1 confirma que los peores desempeños se corresponden con aquellas ramas clasificadas como de alta y media alta tecnología, donde en estos últimos veinte años se ha concentrado el progreso técnico en el mundo. Como consecuencia de lo anterior, en la actualidad, más del 60% de la producción industrial se concentra en actividades de bajo y medio-bajo nivel tecnológico[vi].

El comportamiento de las exportaciones después de 1990 revela en gran medida las verdaderas ventajas comparativas del país, una vez que se eliminó el efecto distorsionador del comercio con los países del extinto campo socialista. La estructura de las ventas muestra un predominio de sectores tradicionales. Globalmente, su crecimiento promedio ha sido muy bajo, lo que también explica la mayor dependencia de los servicios.

Tabla 1 Volumen físico de producciones industriales seleccionadas

Fuente: Anuario Estadístico de Cuba (varios años).

A = alta tecnología; MA = media alta; MB = media baja; B = baja.

*Corresponde a 2002.

La Figura 10 muestra que solo dos secciones realizan una contribución positiva al balance externo de bienes. Los resultados en ambos casos están muy influidos por un número reducido de productos, como es el caso del níquel o el tabaco.

También se aprecia como el declive de la producción de azúcar ha transformado un balance superavitario en el comercio de alimentos al inicio del período en un déficit importante en los años finales. La evolución del resto de los sectores transita hacia déficits cada vez mayores, mientras que los peores resultados se obtienen en las ramas de mayor contenido tecnológico, reflejando la evolución de las ramas industriales y las ventajas competitivas del país.

Figura 10 Evolución de la especialización relativa de ramas seleccionadas de la economía

(1985 – 2009)

Fuente: Elaboración propia a partir del Anuario Estadístico de Cuba (varios años).

*Se mide como porcentaje del saldo en el comercio de bienes.

Estos datos también muestran que la especialización del país está confinada a sectores primarios, lo que pone de manifiesto las debilidades del aparato productivo para aprovechar adecuadamente las nuevas ventajas competitivas, particularmente las que se asientan en una mayor calificación de su fuerza de trabajo.

Es de esperar que una mejor formación de los recursos humanos de un país redunde en mejores condiciones para introducir los adelantos de la ciencia y la técnica y ponerlos en función de dar respuesta a los desafíos de la producción.

En la práctica, el único sector portador de nuevas ventajas competitivas que ha mostrado buenos resultados fue la industria biotecnológica y farmacéutica.

El análisis de algunos datos revela que existen notables reservas por aprovechar en este campo. En primer lugar, la competitividad del país se ha deteriorado en este período dado que su cuota de mercado se ha reducido casi a la mitad (Tabla 2).

Tabla 2 Análisis de competitividad de la exportación de bienes en Cuba (1995-2009)

Fuente: Elaboración propia a partir del Anuario Estadístico de Cuba (varios años).

Asimismo, se verifica una progresión muy lenta en cuanto al número de productos exportados, lo que denota una escasa diversificación y elevada concentración de riesgo de afectación por shocks externos negativos.

Tampoco el número de productos en los que el país exhibe ventajas competitivas probadas se incrementa sustancialmente y su parte dentro del total exportado se reduce. Se destaca además que la cuota de mercado se reduce con mayor rapidez después de 2004, lo que coincide con el boom de las exportaciones de servicios a los países del ALBA.

Esto podría indicar una variante del “síndrome holandés” en tanto una mayor afluencia de ingresos en un sector implica un deterioro de las condiciones en que compiten las ramas transables.

En este período hubo una apreciación del tipo de cambio nominal junto a un endurecimiento de las condiciones de operación de las empresas cubanas a partir del funcionamiento de un mecanismo extremo de asignación central de divisas lo que afectaría la competitividad de las ventas externas sujetas a este mecanismo.

También se puede aducir que la relajación aparente de la restricción externa puede haber provocado una falsa concepción en los planificadores de que habría que realizar un menor esfuerzo exportador en otros sectores dado que los servicios son una fuente más segura y rentable de ingresos.

Finalmente, esto es una confirmación de que en el caso cubano, lo que ha primado es la sustitución por sobre la complementariedad cuando se analiza la relación dinámica entre exportaciones de bienes y servicios, quizá con la excepción del turismo.

Si se tienen en cuenta los factores que han provocado el desenvolvimiento sectorial de la economía, antes descrito, ello permite mostrar algunas regularidades en las condiciones nacionales para cada uno de sus determinantes.

Condiciones de los factores:

Baja calidad de la enseñanza media, deterioro de la infraestructura física, obsolescencia tecnológica, existencia de más de 200 centros de investigación y 5000 investigadores, 8000 doctores en ciencias específicas, 68 centros de educación superior, con 62 000 profesores universitarios de ellos 3000 doctores, de hecho existen 1,9 científicos e ingenieros por cada 1000 habitantes, 8,1% de la población es universitarias y el 15% de los trabajadores son universitarios, se mantiene e incrementa el déficit presupuestario, es de señalar que la productividad total de los factores no ha tenido un comportamiento significativo salvo en los primeros años de la revolución, desde 1990 ha sido muy reducida la participación del capital al crecimiento del PIB 1990-2000: -1,77; 2001-2006: -0,51 (Galtés2009:90), al mismo tiempo pareciera que la fuerza de trabajo, que aporta al crecimiento del PIB, no lo hace en la proporción de su calificación.

Condiciones de la demanda:

Clientes no educados para recibir calidad, demanda poco exigente, demanda afectada por la dualidad monetaria e insatisfacción de la demanda, tanto industrial como de consumo. El decreto 281 en sus artículos 649, 650 y 654 enfatizan en la necesidad de que las organizaciones tengan en cuenta las necesidades del cliente y la sociedad, sin embargo ni el sistema de planificación, ni el de producción y organización de bienes y servicios, ni el de gestión de la innovación lo toman en consideración.

En estudios realizados sobre los derechos de los consumidores, se evidencia que los cubanos no ejercen sus derechos, por desconocimiento o exceso de burocracia en el proceso que genera desconfianza en el mismo.

Estrategia, estructura y rivalidad:

La empresa no ha estado en el centro de la estrategia, pobre conocimiento del mercado y competidores, enfoque centrado en el producto o las ventas, concepción de monopolio y estrategias empresariales bastante rudimentarias, se ha incrementado en los últimos años el subsidio por pérdidas del sector empresarial. El estudio de 60 misiones de empresas cubanas arroja que solo un 4% de las mismas posee la formulación del negocio desde el punto de vista del cliente.

Sectores conexos y de apoyo:

Existe una pobre red de apoyo y desconfianza en la misma, separación entre productores y clientes, pobre cooperación entre productores, la empresa ha necesitado muy poco de la ciencia.

La mayoría de los proveedores de bienes de capital e intermedios no operan en el país, esto se muestra en la proporción de bienes intermedios y de capital importados, cuya proporción en el total asciende al 80% en los últimos cinco años.

Al propio tiempo en la Tabla 1 se puede apreciar cómo se han deprimido estas ramas dentro del sector industrial. También como se observa en la figura 7 los servicios productivos en el país no han tenido el desarrollo necesario para lograr una alta densidad en el tejido productivo.

Los niveles de acumulación actuales (10-15% del PIB) se encuentran cerca del límite inferior para la reposición y distan de las necesidades de una economía que aspira a crecer a tasas más elevadas (para lo que se requiere 25% o más del PIB). Asimismo su estructura refleja una gran concentración en pocas actividades (turismo, minería) y predominio de los gastos en construcción y montaje por sobre la instalación de bienes de equipo.



Notas:

[i] Es conocido que Cuba contribuye también a la formación de médicos en Venezuela, mientras que la cobertura sanitaria en ese país se ha aproximado a niveles casi universales. Todo ello conduce a pronosticar, bajo criterios estrictamente comerciales, que la demanda de servicios médicos en ese país se halla a niveles máximos, y su tendencia es a disminuir y no a crecer en el futuro.

[ii] Dado que existe una notoria desproporción entre la cantidad de tierras que emplean las formas no estatales y su aporte al balance alimentario, es muy probable que estos problemas sean muy agudos en el sector estatal. Otro problema que afecta la estimación de los valores de productividad es el sistema de precios, extremadamente rígido y arcaico, el cual refleja en última instancia un viejo patrón de reproducción que establece un sistema de relaciones intersectoriales que favorece la extracción de recursos desde este sector hacia el resto de la economía en la forma de alimentos e insumos baratos.

[iii] Es preciso recordar que el tipo de trayectoria es importante para entender los efectos de este desempeño. La participación decreciente de la industria en el PIB es una tendencia bien descrita para las economías desarrolladas. Hasta se ha acuñado el término “desindustrialización” para referirse a este proceso. Sin embargo, la comparación con lo que está ocurriendo en algunos países en desarrollo puede traer ciertas confusiones. El decreciente papel de la industria en varios de estos últimos refleja en primer lugar un estancamiento de la productividad e incluso un decrecimiento de la producción absoluta, mientras que este no es el caso de los países ricos.

[iv] Aunque hay experiencias internacionales de crecimiento sostenido basado en servicios, estos han tenido un sostén fundamental en la industria. En el caso de la India se habla de “industrialización liderada por los servicios” para referirse a la peculiar evolución de aquel país (Singh, 2007).

[v] Por ejemplo, el ensamblaje de ómnibus con carrocerías y chasis importados, la remotorización de vehículos, la fabricación de bicicletas o el montaje de televisores y otros electrodomésticos. En todos ellos la fabricación de partes nacionales es baja y se concentra en los segmentos más simples.

[vi] Aunque estas son taxonomías estáticas y originadas en contextos diferentes, son útiles en tanto nos permiten evaluar las trayectorias de un sector en términos de la distancia a la frontera tecnológica.

*El contenido de este trabajo es responsabilidad de su autor y no refleja, necesariamente, la opinión de IPS.

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