Mientras no lleguen los ciclones, la sequía amenaza

Mientras se espera por las necesarias lluvias, se debe optimizar el uso del agua.

IPS Cuba

Las presas de la isla, con una capacidad de alrededor de 9.000 millones de metros cúbicos, almacenaban apenas 3.000 millones 647.000 metros cúbicos del líquido

El calor agobia a la población en Cuba. En estos tiempos, nada mejor que refrescarse con una buena ducha, más de una vez al día. Sin embargo, mucha gente no puede ni soñarlo. La situación se hace crítica en aquellas zonas donde la sequía tiene un impacto negativo en el abastecimiento de agua al sector residencial. Las personas deben estar pendientes de la entrada del líquido o, de lo contrario, salir a buscarlo donde haya.

La intensa sequía que sufren amplias regiones del país está impactando negativamente a medio millón de personas que padecen escasez de agua potable. Según reportes del Sistema Nacional de la Defensa Civil, la situación causa daños severos también en la agricultura. Aunque expertos consideran que el panorama podría mejorar con el desarrollo de la actual temporada de huracanes en el Caribe, pronosticada como muy activa, la prolongada falta de lluvias se hace sentir en los embalses del archipiélago.

De acuerdo con la doctora Cecilia Fonseca Rivera, investigadora del Ministerio de  Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), la sequía  se evalúa por sus condicionantes climáticas y sus consecuencias diversas. “El evento actual afecta áreas centrales y orientales de Cuba, y se intensificó desde mayo a octubre de 2009”, declaró Fonseca a la prensa.

Al término de 2009, cerca de 61 por ciento de las áreas nacionales estaban afectadas por insuficientes lluvias y, al concluir marzo de este año, el déficit de lluvias abarcaba 50 por ciento de las  áreas, especialmente en La Habana, Ciego de Ávila, Holguín, Santiago de Cuba y Guantánamo.

A inicios de junio, las autoridades alertaron que la aguda sequía presente desde hace más de un año “se ha hecho más crítica” y “exige” que se refuercen las medidas de ahorro de agua por parte de la población y del sector económico. El periódico oficial Granma, órgano del gobernante Partido Comunista de Cuba, informó que en mayo el agua acumulada por precipitaciones solo alcanzó 47 por ciento de la media histórica para ese mes, considerado tradicionalmente uno de los más lluviosos en la isla.

La publicación indicó que ese indicador “confirma la continuidad del proceso de sequía iniciado en noviembre de 2008, el cual se intensificó de manera notable en el transcurso del pasado 2009, clasificado como el cuarto de menos lluvia en los últimos 109 años”.

Las provincias con mayores problemas por las escasas precipitaciones al cierre de mayo fueron Villa Clara, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Camagüey, Las Tunas, mientras que en la categoría de moderadas están Pinar del Río, Ciudad de La Habana, Matanzas, Ciego de Ávila, Granma y Santiago de Cuba.

“La baja disponibilidad de agua exige que la población y las entidades económicas refuercen el control sobre el gasto de tan preciado recurso, velando por su uso racional y óptimo”, insistió el diario, que recabó  de “soluciones locales” ante la “anormal situación que puede provocar escasez en el consumo”.

Datos del Instituto de Recursos Hidráulicos indican que, hasta el pasado 31 de mayo, los embalses cubanos  solo acumulaban 41 por ciento de su capacidad total, y en 11 de las 14 provincias del país el llenado era inferior a  50 por ciento. Además, se reportó el decrecimiento en el volumen acumulado en los embalses de las provincias de Camagüey, Villa Clara y Pinar del Río.

Al cierre de ese mes, las presas de la isla, con una capacidad de alrededor de 9.000 millones de metros cúbicos, almacenaban apenas 3.000 millones 647.000 metros cúbicos del líquido. Algunos ejemplos despiertan alarma; tal es el caso de la presa Zaza, en la central provincia de Sancti Spíritus, con capacidad para más de 1.000 millones de metros cúbicos, que ahora almacena solo 14 por ciento.

En tanto, el semanario Trabajadores, de la Central de Trabajadores de Cuba, alertaba que las lluvias de los últimos días (en la primera decena del actual mes) “no pueden llevar a engaños, la sequía se mantiene con situaciones tensas en algunas provincias”.

La región con menos agua acumulada es Ciudad de La Habana, donde viven más de dos millones de habitantes, de los 11,2 millones que tiene la isla. En  la capital cubana, los niveles de abasto de agua siguen disminuyendo y la principal cuenca abastecedora, Almendares-Vento, está deprimida. Por esa razón, se están dejando de entregar diariamente a la red unos 75.000 metros cúbicos del líquido.  Por su parte, otra de las fuentes, Aguada del Cura, no puede garantizar el abastecimiento a algunos de los territorios a los que sirve habitualmente, que deben ser compensados mediante el sistema de la llamada Cuenca Sur, en detrimento de los municipios del centro de la ciudad.

Cambios en los horarios y disminución de frecuencia de suministro, regulaciones en los caudales con el consiguiente impacto en el servicio a las zonas altas y abastecimiento mediante carros cisternas son algunas de las consecuencias del déficit de agua, que se agudiza debido a las roturas en redes y domiciliarias que provocan una pérdida considerable del agua bombeada, calculada en más de 60 por ciento, pese a acciones de reparación en el sistema de acueducto.

Otros territorios tienen situaciones parecidas. En la oriental provincia de Granma, declaró recientemente José Antonio Leyva García, delegado territorial del Instituto de Recursos Hidráulicos,  la situación no es favorable en cuanto al agua almacenada: 337 millones de metros cúbicos, que representan 35 por ciento de la capacidad total de la provincia. De las 11 presas grandes existentes en ese territorio, tres se encuentran en estado crítico: Bueycito, Corojo, y Paso Malo, con menos de 20 por ciento de llenado. La primera, perteneciente al municipio de Buey Arriba, colapsó y solo entrega la cantidad mínima necesaria para el denominado gasto sanitario del río aguas abajo.

No obstante, indica Leyva García, este año se ha satisfecho el programa de entrega de agua para la población, la industria y la agricultura, en particular la producción de arroz, y se aplican medidas en la agricultura, entre ellas reubicar siembras del mencionado cereal que se hacían en áreas en las cuales no existe posibilidad de suministrar agua, en otras en las que sí es posible.

La sequía impacta también a la población. En la provincia de Granma hay ahora 101 comunidades con cerca de 50.000 personas que reciben el líquido de pipas. De esas comunidades, 61 no tienen sistema de abasto, la sequía afecta porque los puntos para los vehículos-cisternas se hallan más lejos; las 40 restantes sí los poseen, pero sus fuentes de abasto, como arroyos y pozos, se secaron.

Para el directivo de Recursos Hidráulicos, en estos momentos  se aboga “con mayor fuerza para que se establezcan controles sobre el uso del agua y el rendimiento que esta debe tener; en el caso de la agricultura, no permitir que sobrepasen la norma de consumo por caballería. La población también tiene que apoyar, erradicar salideros, no malgastarla”.

Agua y agricultura

En algunos organopónicos del país faltan accesorios que impiden el buen funcionamiento de los sistemas de riego (Foto: Ángel Baldrich - IPS Cuba)La escasez de agua constituye uno de los cuatro principales medioambientales de Cuba. Como la agricultura consume el mayor volumen del líquido, está llamada a ser eficiente; es decir, lograr más alimentos por unidad de agua aplicada. En estos momentos, cultivos como arroz y otros no disponen de suficiente líquido, pues  ha mermado sensiblemente el nivel de suministro en presas y micropresas.

Para el sector agrícola, esta realidad cobra mayor fuerza, toda vez que el consumo humano es la primera prioridad y, en no pocas ocasiones, se pierde.  Toda vez que el riego puede aumentar hasta 80 por ciento los rendimientos de los cultivos es un elemento a tener en consideración, para regar lo que requiere la planta y en el momento adecuado. Esto evita la pérdida de semilla, combustible y fuerza de trabajo, explica la especialista.

El uso eficiente del agua es una necesidad siempre, y más ahora que arrecia la sequía y los expertos confirman la tendencia a la disminución global de este recurso. Especialistas del Instituto de Investigaciones de Riego y Drenaje consideran imprescindible estudiar el terreno, sus características y necesidades de riego, así como evitar el escurrimiento del suelo ante las lluvias y usar mejor el sistema de riego.

De acuerdo con Elisa Zamora, investigadora de la institución, la labor de riego requiere personal bien preparado, con conocimientos actuales, de manera que pueda tomar las mejores decisiones.  De ahí que el Instituto de Investigaciones de Riego y Drenaje dirija sus acciones hacia la capacitación, tanto de productores y técnicos como de quienes toman decisiones, de manera que el saber contribuya a crear conciencia de ahorro y empleo óptimo. Uno de los obstáculos para el desarrollo de esta actividad es que no existe esa especialidad en la educación superior, lo que limita la formación de especialistas para el momento actual y el futuro.

Para Zamora, es preciso determinar cuánta agua se tiene y en qué utilizarla mejor, sobre todo cuando se cuenta con una herramienta desarrollada por el instituto: el estudio de las necesidades hídricas de cultivos como tomate, pimiento, ajo, cebolla, lechuga, col y calabaza, entre otros. Pero, aclara, los resultados de la ciencia dan frutos cuando se adecuan a las condiciones del terreno, las temperaturas, los problemas de cada productor y la disponibilidad del líquido.

Hay otras variantes, muy sencillas, para mantener la humedad del suelo: laboreo mínimo; los residuos de cosecha que reducen la evaporación; la siembra inmediata después de recolectar. Todos ellos contribuyen a usar inteligentemente ese recurso, cada vez más escaso. El momento es de producir, y de hacerlo eficientemente también en el tema del agua, indica la estudiosa.

El asunto del riego va más allá de los estudios. Teresa López, directora científica de la institución, asegura que en las maestrías en las que participan personas vinculadas a la producción, se abordan los problemas prácticos de las unidades productivas con un nivel científico, que incluye también el aspecto del impacto ambiental. Otra de las vías de generalizar los conocimientos son los talleres con productores y los círculos de interés, añade.

Para seguir incursionado en temas de ahorro en la actividad económica que más agua requiere, se acometen otras acciones prácticas. Una de las facetas del instituto, que sustituye importaciones por unos 30 millones de dólares anuales, es la producción en el país de aditamentos para los sistemas de riego. “Se hicieron innovaciones criollas teniendo el cuenta el tamaño de la gota y la necesidad de bajantes que reducen las pérdidas provocadas por el viento, entre otras”, dice Zamora.

Sin embargo, sucede que en algunos organopónicos del país, donde existen estas tecnologías ahorradoras, faltan accesorios que impiden el buen funcionamiento de los sistemas de riego. Según Raúl Acosta, el frente de una de estas unidades productivas en la provincia de Camagüey, al centro del país, darle solución a este tipo de problema resulta difícil si no encuentras cómo contactar con el personal del Instituto de Investigaciones de Riego y Drenaje, cuya planta elabora este tipo de aditamento.

Mientras llega la lluvia

Si gastamos 10 metros cúbicos o más de agua, incluso por derroche o despilfarro, no pasa nada. (Foto: IPS Cuba)El Centro Nacional del Clima del Instituto de Meteorología pronostica que, para junio, se esperan precipitaciones cercanas a lo normal en todo el territorio nacional y hasta por encima de esa cota en la porción más oriental del país. Pero, mientras se espera por las necesarias lluvias, no queda más remedio que optimizar el uso del escaso líquido.

Al respecto, el diario Granma publicó una carta de un lector bajo el título de ¿Dónde está el doliente del gasto de agua?, en la que el autor —trabajador de un organismo gran consumidor de este elemento– consideraba que, si bien en el país existe un control riguroso para el consumo de combustible (gasolina), no sucede así con el líquido vital. Al respecto, indicaba: “no existe un control por las instancias superiores de este gasto. Debemos fijar, al igual que para la gasolina, un plan y que se vele por su cumplimiento de modo que se obligue a ahorrar” este preciado recurso.

A su juicio, “si gastamos un litro más de gasolina por encima del plan, nos piden informe sobre las causas de este incumplimiento; pero si gastamos 10 metros cúbicos o más de agua, incluso por derroche o despilfarro, no pasa nada, nadie pide nada. El problema está dado porque mi auto se mueve con gasolina, no con agua; pero si falta agua y no tenemos para beber, es peor, porque perdemos la vida, entonces ¿cuál es más importante, la gasolina o el agua?”.

Algunas personas consideran se debería empezar por la supresión total de los escapes que se producen por los salideros en las redes, que es la mayor pérdida de agua que sufre la nación.

Resulta impostergable ponerle el cascabel al despilfarro de agua, porque aunque junio clasifica como el mes de mayores precipitaciones promedio y los acumulados están generalmente asociados a eventos lluviosos de varios días, en años recientes (1998, 2000, 2001 y 2004)  se registraron grandes déficit, atribuidos a una inusual influencia anticiclónica, destacó el semanario Trabajadores.

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