Notas sobre la realidad de la economía cubana

El déficit fiscal, que se había mantenido en márgenes controlables, se deterioró entre 2008 y 2009 en Cuba.

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El aumento de los precios de los productos importados, junto al impacto de los huracanes en 2008, afectaron notablemente la economía cubana.

Al realizarse un diagnóstico de la economía cubana a comienzos de 2010,  la primera conclusión a la que se arriba es que esta transita por una desaceleración de sus indicadores principales,  ya que tras las altas tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto alcanzadas hasta 2006, en 2009 el crecimiento fue apenas de 1,4 por ciento, e incluso en el actual año 2010 los indicadores no son muy optimistas.

Los factores externos, como la crisis económica mundial, los efectos de los huracanes que afectaron en 2008, el aumento de los precios de productos importados necesarios para la economía, la baja de los ingresos turísticos y la persistencia del bloqueo de Estados Unidos se mantienen con una elevada presión sobre el desempeño actual.

Persisten internamente factores que agravan esa situación, pese a que las autoridades han expresado la necesidad de erradicar estos males, como los altos coeficientes de importaciones, por las mismas dificultades estructurales que siempre Cuba ha tenido, sobresaliendo la elevada dependencia en la importación de alimentos y de materias primas. Se mantiene una alta intensidad energética por la tecnología y la descapitalización de la industria cubana.

La necesidad de importaciones de grandes volúmenes de bienes intermedios para el proceso productivo, aunque recortados por decisiones gubernamentales, presionan fuertemente las finanzas externas del país, ya de por sí muy menguadas.

Es decir, dos de los problemas más graves a los que se enfrenta la economía cubana actual es la desaceleración de sus principales indicadores macroeconómicos, como el Producto Interno Bruto, y un agudo déficit de capitales externos que tensiona aún más la relación de acreedores y deudores de la economía cubana, con congelamientos de pagos a empresarios extranjeros y sus implicaciones para su capital de trabajo, lo que, por ende, se observa en desabastecimientos significativos tanto en la red minorista como mayorista.

Las dos décadas ya transcurridas de Período Especial (nombre con el cual se identifica a la crisis económica iniciada en la década del noventa) llevan, necesariamente, a prestar  la máxima prioridad a las desigualdades sociales generadas en este tiempo, ya que es  evidente que el país ha tratado de implementar cambios económicos necesarios y profundos con el menor costo social posible, pero existe la contradicción entre el tiempo de los procesos y el tiempo humano.

En los últimos cinco años, la economía cubana mantuvo ritmos de marcado crecimiento económico en 2005 y 2006, pero en 2008 y 2009 experimentó una marcada desaceleración.

Sin embargo, la tasa promedio para el período 2005-2009  resulta significativa, ya que alcanza seis por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) a precios constantes de 1997.

En la estructura del PIB en el 2009 se manifiesta una tendencia acelerada a la reducción del peso relativo en la composición del PIB de los sectores de la agricultura, industria, y construcción y se destaca un incremento importante de los servicios que ya aportan al PIB el 75 por ciento. Hay varios factores  que han contribuido a este desbalance.

Por una parte el sector de exportación de servicios profesionales ha generado cierta dependencia de Programas tales como las misiones en Venezuela, dado que estos programas están atados a contingencias impredecibles, sin que el gobierno cubano tenga mecanismos capaces de contrarrestar esta tendencia.

El sector de la producción, por otro lado no ha logrado crecer como porcentaje del PIB con la excepción de la construcción en algunos años. Industrias como el azúcar y el níquel en la que Cuba tiene altas potencialidades, no han podido aprovechar los altos precios del mercado por su restringida capacidad de producción.

Súmase a esto que una parte de las empresas productivas, mantienen un alto contenido de ineficiencia, y unos de los factores que gravita sobre el mismo, son el exceso de plantillas que presentan, entonces un dilema difícil para el gobierno es como reducir los gastos en las empresas sin que esto afecte negativamente sobre el empleo.

En otras palabras no es posible un desarrollo de las fuerzas productivas en ausencia de medidas institucionales para el empleo, salarios, estimulación, entre otros.

El crecimiento del PIB se había logrado manteniendo los equilibrios macroeconómicos alcanzados desde mediados de los noventa. Es decir, se había conseguido mantener el déficit fiscal en márgenes controlables (alrededor de 3,2 por ciento como peso en el PIB); sin embargo, este indicador se deterioró en 2008 y 2009.

El estado cubano persiste, como su mayor prioridad, en la reducción de los gastos presupuestados, cuando debería estimular más el incremento de los ingresos al presupuesto, vía impuestos por utilidades a través de la  potenciación de las fuerzas productivas existentes, no solo estatales.

Hay que reconocer que la política monetaria ha posibilitado alcanzar uno de sus objetivos principales: la estabilidad de la tasa de cambio de CADECA. Sin embargo, la liquidez monetaria de la población continúa en niveles extraordinarios, por encima de 25.000 millones de pesos en 2008, y aunque tuvo una pequeña disminución el pasado año, sigue siendo alta por el desequilibrio entre sus distintos tenedores; es decir, la concentración de sus distintos ahorristas.

La producción de manufacturas en general ha mantenido una disminución sistemática, con una participación relativa en el PIB, en 2009, de 13,4 por ciento, pero los desempeños son muy diferenciados por divisiones industriales.

La agricultura, en tanto,  logró frenar su declive ese mismo año, con una correspondencia en el PIB de alrededor del cuatro por ciento, influido tanto por los magros resultados de la agricultura cañera, el decrecimiento de la rama pecuaria y estancamiento de algunas producciones de la  agricultura no cañera, no obstante los obstáculos materiales, como los recursos financieros y materiales.

Hay que reconocer que los problemas organizativos e institucionales han mellado mucho en la evolución de estas áreas, aunque la entrega de tierras ociosas a productores privados o cooperativas, junto al incremento del pago del estado a determinadas producciones, el desarrollo a nivel local, entre otras variantes, pudiera influir en dar el salto productivo que el sector y la población necesita.

Es decir: se repensó  claramente en 2008 y 2009 el tema de la tenencia de tierras en Cuba, ya que históricamente el sector privado produce 57 por ciento de los alimentos que se consumen en el país.

Sin embargo, tenía solamente 27 por ciento de las tierras. Aún la entrega de tierras ociosas debe continuar, pero no solo basta esta acción. Debe engranarse mejor el sistema de apoyo a la producción agrícola y su comercialización, e incluso pensarse en la creación de cooperativas comercializadoras.

En el bienestar de la población cubana ha influido la situación negativa del transporte público de pasajeros, ya que se produjo un elevado deterioro por la insuficiente formación de capital en ese sector automotor.

A partir de 2007 se trazó un programa inversionista muy amplio que ha permitido la importación de ómnibus y otros equipos de transporte desde la República Popular China, lo que ha permitido que en  2008  y 2009 se observaran resultados muy favorables, especialmente en la capital y los viajes de esta urbe hacia el resto del país, aunque sigue siendo un grave problema en lo relativo al transporte intramunicipal e intraprovincial.

La característica histórica del déficit de la cuenta corriente de la Balanza de Pagos de Cuba se mantiene, pese a que en  2009 fue superavitaria, debido al recorte drástico de las importaciones en más del 40 por ciento; es decir, en 2009 hubo “superávit” de la Balanza Comercial de Bienes y Servicios, impulsado por ese recorte y por el mantenimiento de las exportaciones de servicios profesionales, específicamente de personal de la salud, sin despreciar las remesas que, según estimados, oscilan entre 900 y 1000 millones anuales, más los ingresos por turismo y telecomunicaciones.

La estructura de las  importaciones aún no favorece los bienes de capital (con la excepción de los grupos electrógenos y otras importaciones de esa naturaleza, equipos de transporte, entre otros, ya que se mantiene concentrada en la importación de bienes intermedios y alimentos (muchos de los cuales pueden producirse en el país).

En estos últimos tres años se han incrementado fuertemente las exportaciones de productos no tradicionales con alto valor agregado, como bienes biotecnológicos y farmacéuticos, equipos médicos y medios avanzados de diagnóstico.

En 2008 la mayor parte del intercambio comercial de bienes se realizó con Venezuela, China, Canadá, España  y Estados Unidos (por las compras de alimentos de Cuba), y algunos países de Europa. En el caso específico de Venezuela, el comercio de bienes casi se duplicó en 2008 con respecto a 2007.

La inversión extranjera se mantiene en sectores clave, como el petróleo, el níquel, las telecomunicaciones y el turismo, y ha aparecido de forma incipiente la inversión cubana en el extranjero, en mercados asiáticos (China, India, Malasia), en el sector biotecnológico y, a la vez, se ha incrementado la inversión de Venezuela en la economía cubana.

En las necesarias transformaciones que deben instrumentarse a mediano plazo en Cuba, el componente de capitales extranjeros directos debe ser una variable muy necesaria, no solo por lo que trae consigo (capitales y tecnología), sino como vía de lograr la recuperación de producciones necesarias para el consumo interno de los cubanos.

El salario medio nominal, que es la parte más importante de los ingresos de la población, ha mantenido un  crecimiento en el tiempo,  llegando a alcanzar en  2009 unos 427 pesos que, comparados con 1989, significa un elevado aumento.

Pero este comportamiento no logra superar el deterioro ocasionado por los incrementos significativos en algunos años del índice de precios del consumidor (IPC),  lo cual pone en dificultad a la mayoría de las personas que cuentan con el salario  como la más importante fuente de ingresos; por lo tanto, hay que prestarle atención al salario real, que está muy distante de lo alcanzado en 1989.

Para incrementar los salarios reales se necesita una mayor oferta de productos en la moneda en la cual se reciben las remuneraciones o una revalorización de esa moneda. Distintas políticas se van implementando en ese sentido, en estos años, sobre todo a nivel local, como en las provincias orientales, que al parecer van  con la fuerza necesaria en la dirección de potenciar el desarrollo de las fuerzas productivas, llámese productividad del trabajo.

Debido a la dualidad monetaria aún existente, el consumo pagado en una moneda diferente al peso cubano –es decir, la proporción del consumo total de bienes y servicios que se paga en divisas– resulta excesiva por lo elevado del tipo de cambio vigente, lo que incide en aumentar la desigualdad social.

La tasa de desempleo se ha mantenido muy baja desde 2006, pero hay que destacar que el incremento del número de empleos en estos últimos años estuvo relacionado con la estrategia de desarrollo que lleva Cuba, concentrada en el sector terciario de la economía.

La existencia de un elevado subempleo y la forma de cálculo de este indicador impiden analizar cuantitativamente la situación real del empleo, donde los cálculos más conservadores llevan a una necesidad de creación de puestos de trabajo para más de un millón y medio de personas, o a la movilidad de personas a puestos de trabajos existentes, pero no acordes con su calificación o preparación.

Si se analiza el empleo por actividad se percibe que ha habido una reducción del número de ocupados en la industria cubana, lo que demuestra aún la  paralización de muchas actividades, la disminución de las inversiones industriales y la carencia de recursos en divisas necesarios para la compra de insumos industriales y, por ende, la mejoría de la capacidad instalada.

La población del país ha continuado con un ritmo muy bajo de crecimiento o decrecimiento constante a partir de 2005, con la excepción de 2009, cuando  la tasa fue de 0,3 por ciento.

La estructura de edades de la población cubana muestra el crecimiento del  porcentaje en el grupo de edades entre  15 y 59 años, en los últimos tres lustros, constituido por  más de 7,7 millones de personas en 2008. Como resultado esencial de la baja fecundidad, se reduce el porcentaje de la población de 0 a 14 años, y se incrementa el de 60 y más años.

Así, unos  2,1 millones de personas en Cuba tenían entre 0 y 14 años en 2008 y,  aproximadamente, 1 millón 800.000 tenía 60 y mas años.

El envejecimiento de la población se coloca como el efecto más neurálgico  de la transición demográfica en el país, en especial por la preparación que exige de todas las instituciones y miembros de la sociedad poder enfrentarlo. En 2008, el envejecimiento de la población se situaba en 17 por ciento.

También es menester señalar la fuerte emigración que se ha producido en los últimos 10 años. Las cifras superan las 332.700 personas, en su mayoría jóvenes y con una elevada calificación.

Un indicador relevante y sensible para evaluar el sector salud y los programas de atención primaria y materno-infantil es la mortalidad infantil que, desde 1960, ha mantenido un descenso marcado. En estos momentos se inmuniza a los menores con vacunas contra 13 enfermedades.

En 2009 se alcanzó la baja tasa de mortalidad infantil de 4,8 por cada mil nacidos vivos, que sigue revalidando a Cuba como el país líder en América Latina en ese tema y lo coloca dentro de las primeras 30 naciones del mundo con menos probabilidad de muerte desde el momento de nacer.

Son múltiples y complejos los retos a los que se tiene que enfrentar la economía cubana, en la  actualidad, para mantener su  proyecto social y económico, y seguir incrementando el bienestar de la población, dado que existen distorsiones y desequilibrios económico–sociales que deben ajustarse, frente al escaso factor tiempo.

Si se toman algunos elementos teóricos de lo que es desarrollo –crecimiento autosostenido del Producto Interno Bruto, incremento constante del mercado interno, fuerte base tecnológica industrial o de servicios, incremento sostenido del nivel de vida de la población, distribución equitativa de la riqueza, entre otros–, hay que convenir, entonces, en que Cuba, si no se propone una nueva estrategia económica, está aún distante de llegar a esa meta.

Hay conciencia de que no resulta fácil distinguir las fronteras hasta dónde el socialismo admite el mercado y su lógica, sin dejar de ser socialismo, pero en las experiencias exitosas de países con condiciones de partida similares a Cuba –como es el caso de China y Viet Nam–, al parecer esta definición no le ha afectado su estrategia de crecimiento y demuestran lo necesario de hacer teoría desde la práctica, ya que han logrado un aumento exponencial del nivel de vida de su población, a pesar de las dificultades que aún atraviesan desde el punto de vista social y de las desigualdades entre sus distintos territorios.

Es decir, es necesaria la presencia de relaciones mercantiles en cualquier proyecto socialista diseñado con un mínimo de realismo, ya que plantearse una sociedad sin mercado sería una utopía sin principio.

Existe claridad acerca de que no se puede crear un espejismo, ni de las bondades ni de la descalificación del mercado, pero rechazarlo no es algo para pensar en estos difíciles momentos por los que atraviesa la economía cubana.

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