Sequía: No es la peor, pero se acerca

Se teme que los huracanes sean los únicos mitigadores para la escasez de lluvias.

IPS Cuba

Ojalá no haya que esperar que los meteoros vengan a ser los mitigadores de la escasez de lluvias en Cuba, como ha sucedido en otras ocasiones

No tuvo que leer los diarios ni oír las noticias de la televisión para percatarse de que la sequía estaba arreciando. Ni en 2005, que fue gravísima, había faltado el agua en el domicilio de Bárbara Álvarez, en el céntrico municipio Plaza de la Revolución, en la capital cubana, “al menos por unas horas diarias”.

Ahora esta señora, jubilada de 60 años de edad, tiene que encender todos los días el motor que le sube el líquido desde la cisterna, además de bajar una escalera peligrosa para abrir y cerrar  la llave de paso que llena el enorme tanque soterrado. La cuenta de la electricidad se le ha disparado en los últimos meses y a Bárbara no le alcanza la pensión para tales gastos. “Y no estoy tan mal, conozco amigas de otras zonas que tienen que cargarla cubo a cubo, diariamente”, agregó.

Mientras en la capital muchas zonas están sin líquido, en el sur oriental de la isla están desnudas ahora varias de las reglas pluviométricas indicadoras de nivel de agua acopiada, colocadas en el costado izquierdo del sistema de compuertas de la represa Cauto del Paso, la de mayor capacidad en la provincia de Granma. En el lado derecho de ese  hidromecanismo el agua está a medio kilómetro de la base de la cortina del embalse. Más allá se observan reverdecidos islotes que, en otras circunstancias, se encontraban sumergidos.

Con tintes similares describe el periódico provincial La Demajagua el estado actual de los embalses de esa provincia del sur oriental cubano, de los cuales depende la irrigación del cultivo del arroz. José Antonio Leyva García, delegado territorial del Instituto de Recursos Hidráulicos (INRH) en el territorio de Granma, declaró que la situación no es favorable en cuanto al agua almacenada: sólo tienen 337.000.000 de metros cúbicos, que representan 35 por ciento de la capacidad total de la provincia.

Desde inicios de 2009

El primer boletín de enero de 2009 consignó que, en el último semestre de 2008 (julio-diciembre) se apreció un balance positivo de las precipitaciones, debido al impacto de la temporada ciclónica. En el memorable 2008, Cuba fue azotada por cuatro ciclones tropicales: una tormenta tropical (Fay) y tres huracanes (Gustav, Ike y Paloma). Si bien estos organismos solo causaron la pérdida de siete vidas humanas, los daños materiales fueron cuantiosos y superaron los 10.000 millones de dólares.

En 2008 el país fue azotado, por primera vez, por dos huracanes intensos, con muy pocos días de diferencia. Cuba solo ha sufrido los efectos de tres o más huracanes en un mismo año en solo seis ocasiones, desde 1791. Ike fue el último de los seis intensos que pasaron por la isla desde 2001.
Otro rasgo significativo del clima en 2008 fue el déficit de precipitación en gran parte del territorio nacional, en meses del período estacional poco lluvioso e, incluso, en meses del lluvioso, como lo fueron mayo, junio y octubre.

La escasez de lluvia más relevante en estos meses se localizó en provincias de las regiones central y oriental, y en amplias áreas de Pinar del Río. Este comportamiento dio lugar a que comenzara a sentirse un nuevo evento de sequía en gran parte del país, especialmente en la zona más oriental, por lo que en los primeros días de julio fue necesario emitir el Aviso Climático Especial 1/2008, en el cual se recomendaba prestar la mayor atención a dicho proceso. Las lluvias posteriores asociadas a los huracanes interrumpieron esa alerta.

Pero en febrero de 2009 ya se tocaba alarma de nuevo, pues se apreciaban zonas con déficit en los acumulados de lluvia. En enero del pasado año las precipitaciones estuvieron por debajo de la norma en la mayor parte del territorio nacional. Las provincias de Villa Clara y Cienfuegos, al centro del país, y Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo al oriente, mostraron amplias zonas con acumulados bastante por debajo de lo habitual para esta etapa.

Campesinos entrevistados ahora por IPS en las provincias habaneras manifestaron que, si bien los huracanes son temibles por su poder de destrucción en corto tiempo, la sequía es un enemigo solapado, pues daña lentamente los cultivos y seca las fuentes subterráneas y los embalses de donde se extrae el agua para irrigar los sembrados.

Sequía meteorológica desde inicios de 2009

La peor sequía que ha sufrido Cuba desde 1901 transcurrió entre los años 2004-2005 y, aunque la actual no ha alcanzado la magnitud de aquel episodio climatológico, que perjudicó directamente a unos 2.000.000 de habitantes de la isla y a más de 900 asentamientos poblacionales, el actual evento “compite” con aquellos tensos momentos, al afectar ya de manera notable a medio millón de personas.

El pasado año fue el cuarto año menos lluvioso en los últimos 109 años, según publicó el diario Granma el pasado 16 de abril. El acumulado promedio de 2009 fue de solo 1.069 milímetros, inferior a la media histórica de 1.135 mm. Pero ese año tiene otro record más notable: ha sido hasta ahora el único en que el periodo húmedo (mayo-octubre) termina con menor volumen de agua embalsada que la reportada al inicio de la estación lluviosa.

Esa tendencia se ha mantenido. Las lluvias caídas a finales del pasado mes de febrero solo mitigaron parte de la sequedad de los suelos, pero no posibilitaron la recuperación circunstancial de  fuentes subterráneas ubicadas y  apenas repercutieron en los volúmenes de agua embalsada en las presas.

Estas cifras confirman la vigencia del evento de sequía meteorológica iniciado desde principios de 2009. El balance del acumulado de las precipitaciones en los 12 meses comprendidos entre abril de 2009 y marzo de 2010 indica, claramente, la magnitud del evento de sequía señalado, el cual afecta al 68 por ciento del territorio nacional, con déficit de lluvia considerados de débiles a extremos, alertó el parte emitido el pasado 7 de abril por el Instituto de Meteorología.

Según esa fuente, las provincias más afectadas por déficit extremo son Las Tunas, Holguín, Granma y Santiago de Cuba. Y advirtió que “dado que los acumulados de las lluvias en los meses más recientes no fueron suficientes para dar fin a este nocivo proceso de sequía, se recomienda mantener la mayor atención sobre el comportamiento de las lluvias en lo que resta del período estacional poco lluvioso y el inicio de la primera fase del período estacional lluvioso del 2010”.

Comportamiento de los embalses

Al cierre del mes de marzo, en las 239 presas del país se almacena un volumen de agua de 4.000 millones 42.800 metros cúbicos, que equivale a 41,6 por ciento de la capacidad total utilizable, según el boletín hidrológico del INRH.

Ese informe aseguró que en el total de embalses del país hay un déficit de 1.000 millones 964.800 metros cúbicos en relación con lo reportado en igual fecha del año pasado. Y lo que es peor: se cuenta con 171.600.000 metros cúbicos  menos que en igual etapa de 2004, segundo peor año de llenado para el tercer mes del año en la serie, desde 1993. Sin embargo, el dato no es tan caótico como el registrado en marzo de 2005, el más crítico en cuanto a carencia de agua en la serie desde 1993.

De los 239 embalses totales de Cuba, 130 tienen  menos del 50 por ciento de llenado útil; de estos, 76 están por debajo del 25 por ciento, mientras 14 se encuentran secos.

En cuanto al estado del agua represada en las provincias, el parte del INRH informó que, hasta el cierre de marzo último, los territorios que se encuentran por debajo del 50 por ciento de su llenado útil en las presas son:

Tabla 1. Territorios que se encuentran por debajo del 50 por ciento de su llenado útil de las presas

Provincia

Llenado útil (por ciento)

Sancti Spíritus

16,4

Ciudad de La Habana

20,8

Ciego de Ávila

30,9

Granma

35,3

La Habana

37,1

Matanzas

42,4

Villa Clara

42,6

Camagüey

43,8

Isla de la Juventud

44,3

Pinar del Río

44,9

Las Tunas

49,2

Las precipitaciones de marzo de 2010 sólo ascendieron, como promedio nacional, a 25,4 mm (42 % del valor histórico). Por regiones, las precipitaciones se distribuyeron como sigue:

Occidente, 55,8 mm (43 %);

Centro, 55,0 mm (49 %) y;

Oriente, 67,2 mm (36 %).

Ninguna provincia sobrepasó su media histórica provincial. El máximo pluvial provincial absoluto ocurrió en Villa Clara con 52,8 mm (92 %), mientras que el mínimo se observó en Ciego de Ávila con 4,2 mm (8 %).

No obstante este adverso panorama, la situación de los acuíferos subterráneos es menos alarmante hasta el momento: al cierre de marzo, de las 100 cuencas y subtramos controlados, 67 aparecen en estado normal y 33 como desfavorable.

Episodios más seguidos

Braulio Lapinel, todo un avezado investigador del Centro del Clima –al que acuden siempre los representantes de la prensa nacional y extranjera acreditada en Cuba cuando quieren conocer de primera mano el por qué de una  marcada ausencia de lluvias–, dijo que, si bien la sequía es un evento meteorológico que forma parte de la variabilidad natural del clima en Cuba, en todas las épocas, las investigaciones desarrolladas demuestran que en los últimos 40 años ha aumentado la frecuencia e intensidad de este fenómeno, además de abarcar extensiones territoriales más amplias.

El actual episodio se corresponde con la tendencia sostenida al incremento de la influencia anticiclónica observada en toda el área del Caribe y Centroamérica, lo que provoca un acentuado descenso del aire desde los niveles superiores de la atmósfera y no propicia un escenario favorable para los procesos de lluvia, pues esas condiciones impiden el desarrollo de grandes agrupaciones de nubes.

Según los estudios efectuados por Braulio Lapinel, entre  1961 y 2000 precipitaron, como promedio, 133 milímetros menos a los reportados entre 1931 y 1961. Ello determinó que el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) modificara en 2006 las medias históricas de lluvia a nivel nacional y provincial.

En la segunda mitad del siglo XX, el clima de la isla transitó hacia condiciones caracterizadas por el incremento de la temperatura superficial del aire y una mayor influencia del evento El Niño/Oscilación del Sur (Enos)[1] lo que se pudo advertir en el aumento de la frecuencia e intensidad de eventos de sequías moderadas y severas; el incremento de la proporción de totales de lluvia en invierno, asociada a grandes precipitaciones; y mayor capacidad destructiva de las líneas de las tormentas prefrontales y las locales severas. Estas condiciones se han intensificado en el decenio en curso.

En la isla caribeña la evaporación es elevada, con valores de hasta 2.300 milímetros en el valle del río Cauto y en la costa sur de Guantánamo. Las magnitudes más bajas de este importante componente del balance hídrico corresponden a las regiones montañosas, donde se alcanza aproximadamente 1.100 milímetros anuales.

El análisis de los déficit anuales acumulados de las lluvias entre 1971 y 1990 reflejó significativos efectos al sur de las provincias de Pinar del Río, La Habana, Sancti Spíritus y Guantánamo, así como en otras regiones específicas, en las cuales el período de retorno es de dos veces cada cinco años, e, incluso, una vez cada dos años, como en el caso de la parte más suroriental de Guantánamo.

El experto Ramón Pérez, director del Centro del Clima de Cuba, ha declarado en varias ocasiones que, a partir de la década de los setenta del pasado siglo, se observaron transformaciones notables en el clima de Cuba, consistentes en un incremento en la frecuencia e intensidad del fenómeno de la sequía, así como de su extensión superficial; el cambio en las condiciones de la circulación atmosférica sobre nuestro archipiélago y regiones adyacentes hacia patrones menos favorables para los procesos de lluvia; y el aumento de la temperatura media del aire en casi 0,5 grados Celsius, acompañadas de una elevación de los valores de temperatura mínima cercana a 1,4 grados.

Algo preocupante para la economía cubana es no sólo el daño que provoca la sequía a la agricultura y al bienestar de la población, sino que origina un aumento del gasto de combustible, al tener que trasladar agua a zonas lejanas en carros cisternas e incrementar el bombeo del líquido, que lamentablemente se pierde en casi 50 por ciento por el mal estado de las tuberías, cuya reposición se efectúa mediante un costoso programa a largo plazo.

¿Tenderemos que esperar por los ciclones?

Ojalá no haya que esperar que los meteoros vengan a ser los mitigadores de la escasez de lluvias en Cuba, como ha sucedido en otras ocasiones. Se ha vaticinado que la temporada ciclónica de 2010 pudiera ser una de las más activas de los últimos años.

Dos informes preliminares  expuestos por  la Universidad de Colorado (State University) y el instituto Tropical Storm Risk de Estados Unidos pronosticaron que, en 2010, la temporada de huracanes en el océano Atlántico estará por encima del promedio de los últimos años, según reporte de la cadena TeleSur fechado el 9 de abril de este año.

William Gray y el meteorólogo Philip Klotzbach, de la Universidad de Colorado, aclararon que la factibilidad de las previsiones a largo plazo  es baja, pero que siempre sirven como buenos indicadores de lo que ocurrirá.

Durante el  pasado año se formaron nueve tormentas tropicales y tres huracanes, de los cuales dos se transformaron en fenómenos de categoría tres  y cuatro, en la escala de intensidad Saffir-Simpson, que da un máximo de cinco. En una temporada promedio se forman 11 tormentas, seis huracanes y, de estos, dos de categoría mayor.

Para 2010 pronostican de 11 a 16 tormentas, de las cuales seis u ocho serán huracanes y, de estos, de tres a cinco presentarán una magnitud mayor a  tres  en la escala Saffir-Simpson.

El pronóstico también habla sobre una posibilidad de 45 por ciento de que un ciclón de gran intensidad toque tierra a lo largo de la costa este de Estados Unidos, incluyendo la península del estado de Florida.

Notas:

[1] Un debilitamiento del anticiclón del Pacífico es el que causa el fenómeno de El Niño, al reducir la fuerza de los vientos alisios del Sur y cambiarles su dirección en el área del Pacífico ecuatorial, donde comienzan a soplar hacia el oeste. El fenómeno El Niño es una variación climática a gran escala, porque cubre grandes extensiones del planeta, afecta tres océanos –el Pacífico, el Atlántico y el Índico– y cuatro continentes: las Américas, Asia, Oceanía y Europa.

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