Sexo en nuevo carné de identidad: ¿soy quien digo ser?

Análisis de la inclusión de la categoría sexo en el nuevo documento de identidad en Cuba.

«Soy yo quien digo ser» es la consigna de la campaña publicitaria sobre el nuevo diseño del carné de identidad en Cuba. De pronto parece que el tema de la identidad depende de la voluntad de los sujetos, pero sabemos que no es así. Según el Centro de Personalización de la Dirección de Identificación, Inmigración y Extranjería del Ministerio del Interior, el anverso del documento contiene el nombre y apellidos de la persona, el número de identidad, la fecha de nacimiento, el registro civil, el folio, el tomo y año de asentamiento, la foto, la firma del titular y el sexo.

La inclusión de la categoría sexo es una novedad respecto al modelo anterior y será problemática para numerosas personas que dicen y sienten ser alguien que no se corresponde en lo absoluto con el sexo asignado al nacer.

Me refiero a las personas transexuales, travestis y transgéneros , quienes gracias al Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), han podido cambiar su nombre en sus documentos de identidad y eligen a voluntad la manera en que aparecen fotografiadas en el mencionado carné.

Aunque siempre he sido crítico con esta medida, reconozco que ha facilitado la vida de estas personas, al permitirles estudiar, trabajar, emigrar y evitar las frecuentes molestias de los agentes de la Policía Nacional Revolucionaria.

La crítica se origina por la persistente ausencia de mecanismos jurídicos expeditos para el reconocimiento de la identidad de género de las personas. En ese contexto, la reciente Ley Código de Trabajo no incluyó a la identidad de género como causa de discriminación, pero sustituyó la categoría sexo por género (solamente masculino y femenino).

Incluir el sexo en el carné de identidad implica una contradicción en la política del Estado, que través de sus discursos públicos dice reiteradamente tener voluntad política en la eliminación de todas las discriminaciones.

Como he escrito en otras ocasiones en mi bitácora, el sexo es una categoría inestable por su alta diversidad, que depende al menos de seis factores no relacionados linealmente: ADN en los cromosomas, hormonas sexuales, receptores hormonales, el cerebro, los genitales internos y los genitales externos. Estos últimos son la guía para asignar el sexo al nacer. Desde esta perspectiva algunas expertas en el tema dicen que existen al menos cinco sexos (1).

La criminología, la antropología y las ciencias biomédicas y forenses continúan utilizando los caracteres biológicos como definitorios de la identidad personal. No niego que sean útiles en determinados contextos, pero no son categorías infalibles y debe recordarse que la identidad personal es sobre todo una construcción cultural, y por lo tanto, una categoría política. De hecho, la manera en que nombramos, clasificamos y ponemos etiquetas a las personas de acuerdo a sus características antromórficas tiene un profundo sustrato ideológico que se transmite y perpetúa a través del lenguaje.

No tengo la menor idea de cuál será la nueva estrategia que el CENESEX tendrá que implementar para proteger a las personas trans, una población vulnerable a las discriminaciones y que no cuentan en las estadísticas con la identidad y roles de géneros que se identifican. Así se lo hice saber al MsC. Manuel Vázquez Seijido, asesor jurídico del CENESEX, después de su presentación en la Conferencia Mundial de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA, por sus siglas en inglés). El jurista destacó allí «los avances» que la institución estatal ha logrado referente a los datos en el documento de identidad de las personas trans.

Hace bastante tiempo contamos con evidencias científicas que han desarticulado muchos prejuicios raciales, étnicos y de género pero nuestras políticas siguen siendo fieles a la tradición cultural y a una ortodoxia anticuada que genera discriminaciones.

Adicionalmente, seguimos sin el necesario debate e intercambio de ideas en la toma de decisiones que atañen a la ciudadanía. Lamentablemente no se toma en cuenta lo que piensa la gente sobre la manera en que queremos —o no— ser nombrados.

El nuevo documento de identidad es «más moderno, confiable y resistente» y «con muchas más utilidades que simplemente para la investigación policial» ha declarado al sitio Cubadebate el Mayor Alejandro Diéguez Montesino, jefe del Centro de Personalización de la Dirección de Identificación, Inmigración y Extranjería del Ministerio del Interior.

El nuevo carné será resistente por sus características físicas, pero no es ni moderno ni confiable mientras una parte de la ciudadanía siga siendo ininteligible por el Estado cubano.

Si en el futuro se le incorporarán nuevos patrones biométricos al documento de identidad, no veo razón alguna en dar un paso atrás mediante la incorporación de la categoría sexo. Las políticas antidiscriminatorias deben comprender a la mayor cantidad y diversidad de sujetos posibles y deben ser ante todo congruentes entre sí y científicamente contextualizadas. [Centro Habana, 23 de noviembre de 2014]

1. Hace veintiún años Ann Fausto-Sterling publicó un brillante ensayo sobre la diversidad de la categoría sexo y los desafíos para la biomedicina y las normas sociales. En el año 2000 lo amplió y actualizó con abundantes evidencias científicas. Nótese que han pasado catorce años desde entonces. Ver: Fausto-Sterling A. The five sexes: why male and female are not enough. The Sciences. 1993 March-April:20-4 y Fausto-Sterling A. The five sexes, revisited: The varieties of sex will test medical values and social norms The Sciencies. 2000 July-August: 19-23.

Publicado en  HomoSapiens@Cuba

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