Tras la recuperación de los frutales

La producción de frutas en Cuba desde 2009 se apoya en el estímulo a la biodiversidad y la conservación del medio ambiente.

Archivos IPS Cuba

Se aspira a que cada habitante pueda adquirir 55 kilogramos de frutas al año.

Pese a dificultades económicas, envejecimiento de las plantaciones, reducción de variedades autóctonas —hoy consideradas exóticas— y una plaga en los cítricos contra la que hasta ahora nada ha podido hacer el mundo, Cuba persiste en fomentar la producción de frutales, como parte de su estrategia a favor de la seguridad alimentaria.

La proyección estratégica para la producción de frutas en Cuba, hasta 2015, fue presentada en diciembre de 2009 y se implementa en todos  los municipio del país, con el fin de satisfacer las demandas de la población, el  turismo, la industria e incrementar las exportaciones.

De acuerdo con Raixa Llauger, directora del Instituto de Investigaciones en Fruticultura Tropical, uno de los principios de este programa de desarrollo de fruticultura es el incremento de la  biodiversidad y conservación del medio ambiente mediante la reforestación, así como también con el  uso y desarrollo de tecnologías menos agresivas, de prácticas protectoras de las cuencas hidrográficas y de la fertilidad de suelos. Según la especialista, para ello es necesario aprovechar al máximo el movimiento de la agricultura urbana y suburbana.

En 2009, por recomendación del Ministerio de la Agricultura, se creó el grupo técnico asesor de frutales, cuya misión es rectorar la actividad técnica de estos cultivos, fomentar los llamados exóticos o de poca presencia –con la creación de fincas de frutales, introducción de especies olvidadas– y sembrar linderos, caminos, arboledas y patios de las casas, como era tradicional en los campos y ciudades.

Camino largo

La decadencia de la fruticultura empezó hace años. Pedro Placeres, subdirector técnico del instituto, indica que durante la crisis económica iniciada en la década de los noventa del pasado siglo decayó la producción frutícola y solo a partir de 1997 se creó un movimiento popular, cuyo objetivo fundamental era recuperarla, no solo desarrollando aquellos frutos más conocidos como la guayaba, fruta bomba, mango, aguacate y piña, sino los de menor presencia: las anonáceas, las sapotáceas y los cocoteros, entre otras.

En toda la isla hay en explotación unas 108.000 hectáreas dedicadas a la producción de frutas, incluidas unas 40.000 de cítricos. Se aspira a que cada habitante pueda adquirir anualmente 55 kilogramos de esos productos agrícolas, lo cual se podrá alcanzar si el país consigue cumplir con la estrategia trazada.

Para trabajar en este programa, que persigue poner a disposición de cada cubano 150 gramos de frutas per cápita por día, cifra sugerida por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el país impulsa las llamadas fincas de frutales, considerada la variante organizativa más factible. Esta idea fue retomada a finales de los noventa, a partir de las plantaciones existentes y del fomento de las diversas especies.

La idea nació en 1999, en la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Antonio Maceo, en la provincia de La Habana, la primera en aplicar esa nueva concepción para multiplicar la capacidad productiva. Allí se invirtieron unos 120.000 dólares, cuya recuperación demandaba intensificar la producción y exigió salir del monocultivo e incrementar el rendimiento por hectáreas hasta 40 toneladas, de las 10 iniciales.

Entre los principios que rigen esta forma de organización se encuentran la vinculación de quien produce al área, el pago por resultados finales, el cultivo de al menos cinco especies diferentes, así como el aprovechamiento eficiente del suelo, el agua y otros recursos disponibles. El manejo incluye  la combinación e integración de frutales de períodos reproductivos largos, medianos y cortos, con otros cultivos intercalados de leguminosas, tubérculos y hortalizas, todo lo cual cuadruplica  la producción.

Entre los aspectos que deben tenerse en cuenta a la hora de fomentar las fincas de frutales están las condiciones edafoclimáticas de la zona, vinculadas a los requerimientos de los cultivos y las posibilidades de manejo  de las plantaciones; el espacio vital necesario para cada planta, de acuerdo a su edad, con la finalidad de incrementar la población por hectárea, evitando la competencia entre ellas por la luminosidad, el agua y los nutrientes; los destinos de la producción, mercado local de las frutas frescas, industria y turismo, existentes en el territorio; y la disponibilidad de fuerza de trabajo.

También intervienen otros elementos esenciales, como las podas periódicas para evitar el hacinamiento temprano de plantas, y el incremento de los rendimientos. Asimismo, hay que tener en cuenta las condiciones de riego y secano y el control de plagas y malezas. Sobre este último tema, indican productores, es importante tener en cuenta las características del herbicida, sus dosis  y la selectividad o toxicidad de los cultivos existentes. Por lo general, advierten expertos, se recomienda el uso de herbicidas solo en la época lluviosa.

Tabla 1: Principales frutales cultivables en Cuba y aportes nutricionales

Frutales

Principales vitaminas y minerales

Mamey colorado

A, B3, C, calcio, fósforo y potasio

Chirimoya

A, C, calcio y fósforo

Papaya

A, C, calcio y fósforo

Mango

A, C, calcio y fósforo

Guayaba

A, C,   calcio, fósforo y potasio

Coco

A, sodio, fósforo y potasio

Piña

A, C, calcio y potasio

Aguacate

A, calcio

Naranja

A, C, calcio y potasio

Limón

A, C, calcio y potasio

Toronja

A, C, fósforo y potasio

Plátano

A y potasio

Tamarindo

A y potasio

Sandía

A y potasio

Acerola

A, C, calcio y potasio

Fuente: Instituto de Investigaciones en Fruticultura Tropical.

En la actualidad, mediante un convenio con la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (Anap), que agrupa a los campesinos cubanos, hay 28 cooperativas con varias fincas de frutales y el propósito es llegar a 100 cooperativas especializadas en estos cultivos.

En la capital cubana, la finca 18 de la Unidad Silvícola Cacahual, en Boyeros, fomenta un campo de 800 árboles de aguacate.  Mientras crecen las plantas de injerto, capaces de producir frutos a los tres años, crecen la yuca, el maíz y otros cultivos. En tanto crecen, el finquero obtiene ingresos y alimentos de las cosechas temporales. Carlos Aguilar explica que, en dependencia de la época, siembran yuca, boniato, calabaza y tomate, con destino al mercado agropecuario estatal de Santiago de las Vegas. “Lo más significativo resulta que, hace solo tres años, el lugar era un monte de manigua, con tanto marabú que no se podía entrar”, recuerda.

La estrategia, explicó Placeres, es crecer anualmente en 18.000 hectáreas de frutales, además de un proyecto de otras 12.000, que se desarrollan con apoyo de la Alianza Bolivariana para nuestros de Pueblos de América (Alba).

Respaldo técnico

La actividad científica se expande a otros cultivos como cocoteros, piña, mango y guayaba, así como las enfermedades que los atacan (Baldrich - IPS).“A partir de que el país ha considerado la alimentación como un tema de seguridad nacional y soberanía, cobra mucha importancia el movimiento que existe hacia la siembra y producción de frutales porque tenemos que saber porqué los ingerimos, qué aportan al organismo y porqué debe incrementarse”, indica Raixa Llauger, la directora del Instituto de Investigaciones en Fruticultura Tropical, radicado en La Habana y que cuenta con una unidad científica productiva y un banco de germoplasma de frutales.

La política de desarrollo frutícola comprende el fomento de viveros, tanto  tecnificados como  rústicos. En la actualidad, a lo largo del archipiélago  existen 322, de ellos 153 tecnificados, que permiten incrementar la producción local de semillas de calidad, sin lo cual es impensable la recuperación de las frutas.

En el programa de frutales del país hasta 2015, abundó Llauger, el instituto juega un papel fundamental en toda la actividad técnica y de capacitación.  Si antes la actividad científica se concentraba en los cítricos, en la actualidad se han diversificado los temas de investigación y se abordan cultivos como cocoteros, fruta bomba, piña, mango y guayaba, así como las plagas y enfermedades que los atacan.

Al respecto, explica Llauger, el país lleva adelante un programa para el manejo de enfermedades cuarentenadas, fundamentalmente el Huanlongbing, que ataca todas las plantaciones citrícolas del país desde 2007 y que ha ocasionado un daño considerable en el cultivo. Expertos indican que una vez infectada la planta no es posible curarla, pues no existe ninguna variedad ni patrón resistente. El control es exclusivamente preventivo, a través del manejo integrado, la eliminación inmediata de las plantas enfermas y la siembra de otras obtenidas mediante un plan de producción de material de propagación certificado.

“El país aspira a la cifra sugerida por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación de 150 gramos per cápita diarios y, aunque sabemos que la producción de frutales y los viveros son insuficientes, están marcadas las pautas para incrementarlos”, señala Llauger.

Fomentar las tradiciones

En los campos cubanos y en las barriadas donde las casas tienen patio, ha sido siempre una tradición la siembra de plantas como aguacate, mango, naranja agria, limón, guayaba y guanábana. Otras como mamoncillo, anón, chirimoya, ciruela y mamey se limitaban fundamentalmente a las zonas rurales. En todos los casos, el consumo fundamental era el doméstico, lo que liberaba a las familias de adquirirlas en los mercados.

Especies como níspero, caimito, mamoncillo chino y marañón, por poner algunos ejemplos,  son prácticamente desconocidas en la isla por varias generaciones porque su producción se limita a espacios muy reducidos. Aun en los mercados agropecuarios de libre oferta y demanda, únicos donde suelen aparecer, su presencia es bastante escasa. Los diferentes llamados a incrementar su producción no han podido acabar con la escasez de estas frutas.

Una reciente experiencia de Santiago de Cuba, que se ha extendido muy discretamente a otros sitios del país, la autorización de las ventas en pequeños puntos de ese territorio, podría impulsar finalmente el incremento en las siembras y cosechas de estos alimentos casi exóticos. A raíz de la apertura de esta posibilidad, en esa oriental provincia comenzaron a aparecer variedades de frutas hasta ese momento prácticamente ausentes.  

“En Santiago de Cuba se perdía el 50 por ciento de las frutas y nosotros teníamos que venderlas escondidas, a orillas de la carretera”,  declararon a la prensa integrantes de una Cooperativa de Producción Agropecuaria. Hoy, en el punto de venta tienen entre 18 y 30 surtidos de productos, muchos de ellos frutas que se producen en parcelas y patios familiares, mientras otros, excedentes de los planes, nunca se cosechaban. No obstante, participantes en la iniciativa recalcan que, aunque se paguen impuestos, estos deben ser estándar, resultar estimulantes y no un freno para la actividad.

Tal vez esta posibilidad y los ingresos adicionales que les reportan a las familias podrían estimular la siembra de esos frutales, para los que no existen grandes planes de desarrollo y que aportarían a la diversidad, tanto alimenticia como biológica. Como los árboles demoran en crecer, la solución no estaría mañana a la vista, pero sí vendría en camino.

De la mano de la ciencia

Haciéndose eco de ese desafío e inmersa en trabajar por la seguridad alimentaria de sus 11,2 millones de habitantes, Cuba organiza el III Simposio Internacional de Fruticultura Tropical y Subtropical, previsto del 26 al 30 de octubre en el Hotel Nacional, en La Habana.

Según la directora general del Instituto de Investigaciones en Fruticultura Tropical, esta edición tiene como novedad la inserción de productores junto a científicos y especialistas, lo que permitirá enriquecer el intercambio durante encuentro.

A la cita asistirán reconocidas personalidades con vasta experiencia en la fruticultura mundial, quienes analizarán con profundidad la situación actual y las vías para incrementar la producción, conservación, industrialización y comercio de las frutas, tanto en Cuba como en el mundo.

El tercer simposio contará con diferentes sesiones científicas, entre ellas agroecología (agricultura orgánica y bioproductos); mejoramiento y recursos fitogenéticos (biotecnología vegetal y biodiversidad); plagas que afectan los frutales y manejo integrado; y fisiología, calidad y poscosecha, que tratará la tecnología de la industria frutícola y su impacto en el medio ambiente.

Se prevén varias conferencias magistrales, entre ellas “Producción, comercialización y conservación de las frutas”, a cargo de Marcio Porto, representante en Cuba de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, así como “El desarrollo de la fruticultura en Cuba”, que será dictada por Juan Pérez Lama, viceministro cubano de la agricultura, encargado de los frutales.

Durante el encuentro se desarrollarán talleres sobre enfermedades cuarentenadas de alto impacto en los cítricos, producciones más limpias, viveros y el cultivo del cocotero, todas con gran importancia dentro del programa de desarrollo de frutales de la isla.

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