Un nuevo escenario en la tenencia de la tierra y el modelo agrícola cubano

Existe un predominio de la pequeña y mediana empresa, tanto en la tenencia como en la propiedad de la tierra.

Baldrich - IPS Cuba

La actual entrega de tierras ociosas[3] conduce, a la vez, a un nuevo modelo agrícola que consolida el predominio de los productores no estatales

Para cualquier economía, y en particular la cubana, el sector agropecuario se identifica como decisivo. Clasifica como un sector económicamente complejo, que encierra un amplio conocimiento técnico y científico acumulado, traspasado y enriquecido de generación en generación.

 

Un análisis y la valoración de su evolución histórica, así como de las formas de propiedad por las cuales transitado, sin duda ayudarán a encontrar las posibles soluciones a sus problemas actuales.

Antecedentes

El surgimiento de la agricultura en Cuba se remonta a la repartición de tierras, realizada por Diego Velásquez desde 1510, durante la conquista y  colonización española, que a lo largo de casi cuatro siglos  (de 1510 a 1898) se caracterizó por el aumento constante de la pequeña y mediana propiedad, lo que permitió forjar una gran masa de propietarios agrícolas instruidos en la teoría y la práctica de la agricultura.

La importancia del desarrollo agrícola cubano, durante los primeros cuatro siglos, quedó ampliamente expuesta en la obra de Ramiro Guerra, Azúcar y población en las Antillas: “El agro cubano queda fuertemente constituido y Cuba contaba con miles de familias sólidamente organizadas, arraigadas en tierras propias, el cultivo y explotación de la cual dirigían personalmente gente bien acomodada al medio, anhelosa de progreso, de autonomía política y de desempeñar en su país el papel preponderante a que le daba su ilustración, su arraigo y valor individual y colectivo”.

Al finalizar la guerra de independencia y con la intervención estadounidense, se crearon condiciones propicias para la entrada del capital extranjero, principalmente de Estados Unidos. La situación agraria cubana, en 1899, registraba el predominio de la pequeña y mediana propiedad en relación con las haciendas de mayor tamaño. Pese a la destrucción que dejó por la guerra, aún se mantenían las posibilidades de un desarrollo equilibrado de la economía nacional.

El enorme arribo de los inversionistas anunciaba lo difícil de mantener y desarrollar los elementos positivos procedentes de la etapa colonial (en cuanto al predominio de la pequeña y mediana propiedad), ya que los inversionistas extranjeros forzaban al país hacia una expansión azucarera que necesitaba, como requisito previo, la eliminación – en el mayor grado posible- del pequeño y mediano propietario.

De  inmediato se abrieron  amplias posibilidades de ocupar grandes extensiones de tierra en la zona central y oriental, para dedicarlas al cultivo de la caña. En las zonas devastadas o menos desarrolladas, el precio de la tierra  era extraordinariamente bajo y otros factores, como desórdenes sobre las tierras públicas, favorecieron a los inversionistas, quienes adquirieron enormes extensiones de tierra a precios irrisorios. Con estos pasos se iniciaba el proceso de formación del latifundio cañero azucarero y la incentivación al monocultivo.

Ello rompió el equilibrio entre la agricultura y la industria, lo que impidió al colono vender libremente su cosecha, para pasar de una clase de cultivador libre a una condición de feudatario del central; o la destrucción de la pequeña y mediana propiedad, para convertirlo en trabajador agrícola desposeído de la tierra. En tan corto tiempo el latifundio destruyó lo que tardó cuatro siglos en forjarse. Antes de 1959, la agricultura cubana se caracterizó por un alto grado de concentración de la propiedad, mediante el latifundio cañero y ganadero, fundamentalmente.

Tenencia de la tierra en 1959

U.M.

Total

Hasta 5 caballería

Hasta 5 caballería

Más de 30 caballería

Superficie

8.522,276

628,673

1.641,440

6.252,163

en

%

100

7,4

19,3

73,3

Fincas

Uno

42.089

28.375

9.752

3.602

en

%

100.0

68.3

23.2

8.5

Propietarios

Uno

30.587

20.229

7.485

2.873

en

%

100

66,1

24,5

9,4

Fuente: Acosta J. “Las leyes de Reforma Agraria de Cuba y el sector privado campesino”, en Revista Economía y Desarrollo, No. 12, 1972.

El tema agrario se identificaba como crucial, para el buen desempeño de la economía y la sociedad cubanas. El entonces abogado Fidel Castro, durante el juicio por el asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, apuntaba en su alegato de defensa manifestaba: “cinco leyes revolucionarias que serían proclamadas inmediatamente después de tomar el cuartel Moncada y divulgadas por radio a la nación”. Una de ellas se refería al tema agrario y expresaba: “La segunda ley revolucionaria concedía la propiedad inembargable e intransferible de la tierra a todos los colonos, subcolonos, arrendatarios, aparceros y precaristas que ocupasen parcelas de cinco o menos caballerías de tierra, indemnizando el Estado a sus anteriores propietarios a base de la renta que devengarían por dichas parcelas en un promedio de diez años”.

Con la promulgación de la Ley de Reforma Agraria, en mayo de 1959, se hizo entrega de la tierra al que la trabaja (100.000 campesinos fueron beneficiados) y se eliminó el latifundio, foráneo y criollo, pasando a manos del Estado 70 por ciento de las tierras del país. El fondo de distribución de tierra, constituido por el área nacionalizada, ascendió a 5,5 millones de hectáreas, de las cuales un millón 100.000 hectáreas  fueron  entregadas  al que la trabajaba quedando finalmente en manos del Estado siete millones 800.000 hectáreas (71 % de la superficie total). Ello dio lugar al surgimiento del sector estatal en la agricultura cubana y a su predominio en ese sector.

La conservación de una estructura productiva que encerraba una potencialidad no explotada, heredada de los grandes latifundios,  constituyó el punto de partida de la creación de las grandes entidades empresariales agropecuarias sobredimensionadas (esta decisión dio lugar a una nueva forma o modalidad de latifundio), que se mantuvo hasta 1993. Estas decisiones contribuyeron, en la práctica, a la disminución del campesinado, que en 1990 ocupaba 18 por ciento de la tierra agrícola. La población cubana rural pasó de 56 por ciento en 1958 a menos de 25 por ciento en 1990.

El modelo agrícola predomínate, sustentado fundamentalmente en la sobredimensionada empresa estatal (identificada por algunos como la etapa del gigantismo),  altamente  insumidora, con elevados gastos de inversión por área y resultados productivos no acordes con los gastos incurridos, mostraba resultados económicos desfavorables; es decir, cada vez registraba una menor proporción de empresas rentables.

Sin embargo, las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) y el sector privado obtenían resultados productivos favorables,  sobre la base de una escala productiva menor y del ejercicio del derecho de propiedad respecto a sus decisiones y resultados. Así como el uso eficiente de los limitados recursos materiales, mejor aprovechamiento y conservación de los recursos naturales, utilización eficiente de la fuerza laboral, su experiencia y la aplicación de estímulos que el productor agrícola requiere.

El análisis de la evolución histórica de las formas organizativas y de los resultados, por las que transitó el sector agrícola cubano  desde 1959 hasta 1990, conduce a considerar que la forma de propiedad predominante en la agricultura fue la sobredimensionada empresa agrícola estatal; es decir, las formas de propiedad estatal y, en menor medida, las formas cooperativas, en este las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) y Cooperativas de Créditos y Servicios (CSS).

Durante la década de los ochenta y principios de los noventa, la producción agropecuaria en Cuba alcanzó significativos volúmenes de producción total y por habitante, sobre la base de una agricultura industrial, altamente insumidora, con una importante dotación de inversión, insumos y equipamiento por hectárea, baja eficiencia y una alta dependencia externa.[1]

El modelo agrícola, en la década de los ochenta, sobre las bases de una agricultura estatalizada, comenzó a mostrar síntomas de agotamiento, en especial durante la segunda mitad de esos años. Esto se puso de manifiesto mediante el deterioro de un grupo de indicadores económicos de eficiencia: los incrementos en la producción se lograban sobre la base del bajo rendimiento de los fondos, del incremento de los gastos de inversión por hectárea, del aumento de los insumos por cada unidad de producción, entre otros índices.

La desaparición del campo socialista, y con ello del nivel de aseguramiento logrado, de condiciones de mercado seguro, de precios preferenciales y de relaciones de intercambio justas —que entre otras cuestiones significaron un punto de apoyo decisivo para la economía y el sector agropecuario— constituyeron el detonante que, unido al deterioro de los indicadores de eficiencia que ya se venía manifestando, dieron lugar a la crisis económica de la década de los noventa, particularmente en el sector agropecuario cubano.

En respuesta a esta situación se inició un proceso de transformaciones  de las relaciones de producción, que posibilitara el desarrollo de las fuerzas productivas. Entre las medidas adoptadas estuvo la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), según los acuerdos adoptados por el Buró Político del Partido Comunista de Cuba, el 10 de septiembre de 1993.

El momento en que se inicia el proceso de constitución de las UBPC resultó uno de los instantes más difíciles de la economía cubana en sus 50 años, y en particular para la agricultura, en medio del período de crisis económica (popularmente conocido como período especial).

La trayectoria, experiencia y resultados positivos de las CPA constituidas hasta ese momento sirvió de modelo,  por más de 20 años, para la proyección y constitución de las UBPC. Mientras, la empresa estatal mostraba una tendencia inversa, en cuanto a sus resultados económicos,  que se vieron acentuados a partir de la crisis económica de los noventa, la cual mostró que las formas cooperativas existentes hasta entonces,  como las CPA y CCS, se encontraban mejor preparadas que la empresa estatal para trabajar y funcionar bajo condiciones tensas de limitación de recursos.

La creación de la UBPC, unidas a las CPA y CCS,  ha devenido una expresión de que el modelo agrícola predominante entre 1993 y 2008 definió el cooperativismo (formas de propiedad colectiva) como la base fundamental sobre la cual se erige el sistema económico empresarial agrícola cubano. Sin embargo, las UBPC (que poseen el mayor peso dentro de las formas cooperativas existentes) han trabajado desde su creación (1993) hasta el presente bajo determinadas restricciones que han limitado su desempeño y potencialidades. Ello ha contribuido a identificarlas como una forma transfigurada de la empresa estatal. Por otro lado, hasta el presente las UBPC no han sido reconocidas como entidades empresariales.

Pese a la compleja situación económica interna y ante el escenario de crisis económica mundial, y en particular la cada vez más insuficiente producción nacional de alimentos por parte del sector agropecuario, la agricultura encierra una valiosa potencialidad productiva, que debe ser utilizada, al disponer de un número considerable de áreas agrícolas cultivables no utilizadas (ociosas), de resultados científicos obtenidos por diversas instituciones científico-técnicas, de una base material –aunque descapitalizada, en gran medida, por los años de crisis económica, pero que existe y puede ser mejorada y utilizada–, así como contar con un valioso capital humano.

En síntesis, el sector agropecuario está integrado por cinco tipos de entidades productivas: las UBPC, CPA, CCS, productores privados y sector estatal. Estas formas, a la vez, se corresponden con las diferentes formas de propiedad. Las que registran una mayor eficiencia son las CCS y el sector privado, que actualmente producen 57 por ciento de la producción total de alimentos del país, con tan sólo 24,4 por ciento de la tierra cultivable; a la par, registran tan sólo 3,7 y 1,7 por cientos, respectivamente, de la tierra reportada como ociosa.

Producen 56 por ciento de leche (el Estado produce el 15 %), disponen de más de 55 por ciento de la vacas en ordeño y más de 50 por ciento del ganado vacuno existente, así como 59 por ciento del porcino. No se dispone de estadísticas oficiales publicadas sobre los resultados económicos de las CCS y el sector privado, pero es de suponer que son los más eficientes. Todo ello conduce a un profundo análisis y valoración de las formas de propiedad.

Organopónico en el Escambray, Sancti Spíritus (Foto: Baldrich - IPS Cuba)

No obstante las potencialidades señaladas, los reiterados análisis sobre la tendencia de la disminución[2] de la producción nacional agrícola y ganadera (2001-2009), así como los resultados decrecientes durante el primer semestre de 2010 respecto a igual período del año precedente, han derivado en una mayor dependencia alimentaria y vulnerabilidad económica. Ante esta reiterada situación resulta evidente que las fuerzas productivas del sector agropecuario se encuentran detenidas y es necesario eliminar los obstáculos que frenan su desarrollo; es decir, transformar las relaciones de producción.

El proceso de modificación de la relaciones de producción, con vistas a eliminar las trabas que detienen el desarrollo de las fuerzas productivas, requiere necesariamente del análisis de las formas de propiedad y de cómo se problema se resuelve a lo largo del ciclo producción-distribución-cambio-consumo, para que el productor se sienta realmente dueño, logre alcanzar el sentido de pertenencia y, finalmente, la realización de la propiedad.

Este último concepto en ocasiones se atribuye o identifica, exclusivamente, al hecho de poseer o no el título de propiedad. Esa tendencia sería demasiado simplista,  por cuanto el concepto es mucho más abarcador y se extiende al hecho de que el individuo o el colectivo pueda tomar sus propias decisiones,  a lo largo de la cadena productiva (producción-distribución-cambio-consumo), conciliando el interés social con el de los productores y teniendo presente la existencia real y objetiva del mercado, así como que al productor le corresponde tomar las decisiones acerca de cómo combinar eficientemente los factores productivos, qué estructura de producción debe lograr, a quién destinar o vender la producción y los precios que debe obtener a cambio.

También, dónde comprar los insumos productivos y el equipamiento, a partir de sus resultados y con cierta correspondencia entre los precios de los artículos y los ingresos obtenidos por la venta de su producción, para finalmente, una vez deducidos sus compromisos financieros, disponer de sus resultados económicos.

Resulta significativo introducir en todas estas consideraciones el reconocimiento del papel, importancia  y desempeño del mercado, en toda su extensión, a lo largo del ciclo: producción-distribución-cambio-consumo, como herramienta que contribuye a una mejor distribución, eficiencia y equilibrio a lo largo de la cadena. Por supuesto el desempeño del mercado requiere del monitoreo que permita realizar las correcciones necesarias,  para evitar desequilibrios y manifestaciones no deseadas.

Hacia un nuevo escenario

Desde de 2007 y en el transcurso de 2010 se ha implementado una serie de medidas encaminadas a lograr la reactivación del sector  agropecuario. Entre estas se pueden enumerar: incremento del precio de la leche, la carne bovina y productos agrícolas; proceso descentralizador de funciones, identificando el municipio como el espacio clave para el desempeño y toma de decisiones, dentro de la actividad agrícola territorial y la simplificación de estructuras y funciones ministeriales, de aquellas actividades generadoras de la producción primaria y procesamiento de alimentos.

Sin embargo, la medida más importante ha sido la entrega de tierras agrícolas ociosas (sin cultivar), bajo condiciones de usufructo, a personas naturales, lo cual conduce a un nuevo escenario productivo sobre la tenencia de la tierra. Estas entregas se realizan bajo las condiciones de contrato de arrendamiento, por un período de 10 años renovables.

La actual entrega de tierras ociosas[3] conduce, a la vez, a un nuevo modelo agrícola que consolida el predominio de los productores no estatales, particularmente las CCS y el productor privado, pasando de 18,5 por ciento a 35,8 por ciento de tenencia de la tierra (ver cuadro 2).  Si estos suelen ser los mejores productores (de acuerdo con los resultados) y de hacerse realidad las medidas señaladas más adelante, a lo largo del ciclo producción-distribución-cambio-consumo, es de esperar incrementos considerables en la producción de alimentos.

Formas de tenencia de la tierra (%)

Superficie

Agrícola

Total

Estatal

No estatal

UBPC

CPA

CCS y Privado

2007

100

35,8

64,2

36,9

8,8

18,5

2010*

100

26,0

74,0

29,9

8,8

35,3

*Estimado

Fuente: Elaborado por el autor a partir del Anuario Estadístico de Cuba, ONE, 2009.

La entrega de la tierra ha iniciado cambios en las relaciones de producción, siendo una condición necesaria,  pero no suficiente. Se requiere  de una serie de medidas de carácter sistémico a lo largo del ciclo producción-distribución-cambio y consumo, que logren la realización de la propiedad, tales como:

– consolidación de un mercado de insumos, servicios y bienes de producción, al cual pueda acudir el productor (de acuerdo a la capacidad de compra generada por sus resultados productivos) a comprar lo que requiera, en el momento oportuno y a precios que se correspondan con los precios recibidos por la producción terminada.

– que el productor pueda decidir, de acuerdo con el comportamiento del mercado y los requerimientos sociales, lo que va producir, a quién y dónde vender.

– que pueda contratar libremente a la fuerza laboral que necesite

– que aquellos productores que se inician en este proceso cuenten con el financiamiento necesario y la asistencia técnica periódica.

En realidad se manifiesta un movimiento hacia el predominio de la pequeña y mediana empresa,  tanto en la tenencia como en la propiedad de la tierra; pero se trata de un movimiento en forma de espiral, que encierra cambios cualitativos. Ello no significa retornar, exactamente, a la situación registrada a finales del siglo XIX, sino a una modalidad que tiene sus raíces, precisamente, en las formas predominantes en ese momento, pero fortalecida por las formas colectivas de producción, el conocimiento de los productores y enriquecida por el desarrollo científico-técnico.

Mientras más distribuida se encuentre la riqueza, menores serán las desigualdades y se encauzaría hacia un modelo agrícola y económico-social más justo.

Bibliografía

1. Acosta J.: “Las Leyes de Reforma Agraria de Cuba y el Sector Privado  Campesino”, en Revista Economía y Desarrollo, No. 12, 1972.

2. Anuario Estadístico de Cuba. ONE.  2009.

3. Castro F.: La historia me absolverá, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1961.

4. Decreto Ley no. 259 Sobre entrega de tierras ociosas en usufructo, Gaceta Oficial de Cuba, julio 2008.

5. Informe Junta Nacional de Economía, La Habana, Cuba, 1953.

6. Nova A.: La agricultura en Cuba: evolución y trayectoria (1959-2005), Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2006.

7. —–“La agricultura cubana, medidas implementadas para lograr incrementos en la producción de alimentos. Análisis y valoración”, Seminario Científico del Centro de Estudio de la Economía Cubana (CEEC), Universidad de La Habana, CD, junio 2010.

8. Guerra Ramiro: Azúcar y población en las Antillas, La Habana, 1927.

9. —Historia de la Nación Cubana, La Habana, 1938.

10. Uso y tenencia de la tierra, ONE, diciembre 2007.

Notas:

[1] Armando Nova: La agricultura en Cuba: evolución y trayectoria (1959-2005). Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2006.

[2] Armando Nova: “La agricultura cubana medidas implementadas: para lograr incrementos en la producción de alimentos. Análisis y valoración”, Seminario Científico del Centro de Estudio de la Economía Cubana (CEEC) Universidad de La Habana, en CD, junio 2010.

[3] En un inicio, 1.758,900 hectáreas

Un comentario

  1. curioso

    por que nadie habla de una nueva reforma agraria en cuba , es que el decreto ley 259 , no lo es ?
    por favor si pudieran aclararme esta duda se los agradeceria ….

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