¿Una Etapa Nueva de la Crítica? Eso esperamos

Valoración del reciente discurso del presidente cubano Raúl Castro Ruz en sesión del Parlamento.

Sin dudas, el discurso de nuestro Presidente Raúl Castro Ruz, en la clausura de la reciente sesión de la Asamblea Nacional  del Poder Popular,  marca un momento cualitativamente nuevo en el proceso de la crítica  que él  ha decidido impulsar.

Pero, al mismo tiempo que  nos sentimos  complacidos por  sus palabras, también nos preocupa que haya tenido que ser nuestro Presidente el que arremeta contra los problemas de comportamiento social que hoy acumulamos, lo que evidencia la debilidad de   nuestras instituciones para detectar y enfrentar esos problemas. No han cumplido su papel  la prensa, las organizaciones políticas y de masas, la intelectualidad, la academia, las instituciones gubernamentales, sociales y culturales, si es el máximo dirigente del gobierno el que se ve obligado a exponer esos problemas.

Debemos proponernos  que todo ese potencial,  sea capaz de actuar para evitarnos momentos tan dramáticos, como el que ha expresado  nuestro Presidente, cuando dijo: “…hemos retrocedido en cultura y civismo ciudadanos. Tengo la amarga  impresión de que somos una sociedad cada vez más instruida, pero no necesariamente más culta”.

Este asunto no es nuevo, algunas personas vienen alertando con fuerza sobre el  deterioro ético-moral que se está  produciendo dentro de la sociedad cubana. Recordemos especialmente, las palabras del Compañero Fidel en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, en noviembre del  2005.

En los últimos años, no hemos conocido a través de la prensa, que las asambleas y reuniones de las organizaciones políticas y de masas, hayan incluido en sus discusiones el análisis de las manifestaciones negativas que han ido tomando fuerza en nuestra sociedad. Cuando algo se crítica y analiza públicamente, se crea inmediatamente un factor de contención de esas manifestaciones,  se da un primer paso para el surgimiento de la necesaria conciencia social al respecto y se crean las bases para trazar planes de acción para combatirla.

Tampoco es menos cierto, que no pocas veces cuando se ha alertado sobre  alguna de esas manifestaciones, el denunciante ha sido reprendido y castigado por quienes, lejos de analizar y discutir el contenido de lo expuesto, se han centrado en la supuesta inoportunidad de su exposición pública. De ello, como saben muchos, tengo una experiencia personal.

Es cierto que no hay que temer buscarse problemas, pero se debe tener en cuenta además,   que  esa actitud temerosa,  proviene también de la falta de democracia que aún subsiste  para debatir,  discutir y denunciar abiertamente  las ilegalidades;  de  la intolerancia con que no pocas veces  han sido castigadas las actitudes diferentes y de la impunidad con que todavía actúan muchos de  los que debieran ser los primeros en buscarse los problemas y apoyar a los que deciden buscárselos.

El Cro. Raúl Castro ha expresado  en varias ocasiones la necesidad de la crítica abierta, oportuna y sobre todo anticipatoria, algo que evidentemente no todos  los cuadros, han comprendido cabalmente y es por eso, que llama la atención respecto a la necesidad de superar las concepciones que impiden criticar cruda y abiertamente nuestras debilidades.

Debemos anticiparnos a criticar nuestras deficiencias  sin temor al uso que le den nuestros enemigos a esas críticas. El silencio por el contrario, las convierte  en instrumentos de una diplomacia subversiva. Es que nuestro problemas internos ni se regalan  ni se prestan; podemos incluso hasta compartirlos, pero jamás  soslayar la necesidad de abordarlos por  nosotros mismos.

La reacción ante el discurso por parte de nuestros medios, ha asumido de nuevo la forma ya clásica  e incluso  aburrida, de entrevistar al pueblo en la calle,  buscando sus  opiniones, las que sin dudas son favorables al discurso del presidente. Pero  lo que  no he visto aun es ninguna entrevista en la que se ponga de manifiesto lo que debe ser el  real espíritu crítico con que debiéramos abordar ese discurso. Tanto por parte de los dirigentes a todas las instancias, como por  los que siempre prefieren callar, para no buscarse problemas.

Existe la paradoja de que  mientras  el Cro. Raúl  promueve la crítica, algunos burócratas a los que  no les  conviene ese enfoque  “meten miedo” para frenarla. Lo que no es  más que otra sutil y a veces inconsciente forma de  contrarrevolución.

No son muchos a los que se puede recurrir para denunciar una actitud antisocial, corrupta o de impunidad ante lo mal hecho, porque el deterioro no solo es del comportamiento individual, sino también de algunas  instituciones, organismos y cuadros  que tienen la máxima responsabilidad de atacar los problemas y las indisciplinas sociales.

Sabemos que la prostitución ha crecido, pero también en ocasiones, es el propio policía el que acepta  sobornos por no molestar a las prostitutas. O el funcionario que adelanta un trámite burocrático a cuenta de recibir dinero; o el maestro que hace fraude con los exámenes; o el jefe de un establecimiento comercial que hace caso omiso  de que se estén vendiendo en sus alrededores, los artículos que su establecimiento oferta. O el carnicero que vende a mayor precio, al que esté dispuesto a  comprarle la carne destinada a clientes específicos. Son muchos los involucrados, pero los primeros que deben dar el ejemplo son los  dirigentes.

Si bien la situación económica por la que atravesó el país en los años noventa ha tenido un papel protagónico en el surgimiento de esas manifestaciones, la solución de los problemas económicos –no lograda aún – no las hará desparecer automáticamente, ya que una vez instauradas, son difíciles de erradicar.  Se ha generado  un marco de justificación moral   en el que robar ya no lo es; sobornar es salir de un aprieto y obtener algo indebido, es luchar por la sobrevivencia. Por lo que subsistir, luchar y resolver,  han pasado  a tener otra etimología dentro de nuestra sociedad.

Luego entonces, la orden está dada. el Presidente nos  ha llamado a  buscarnos problemas,  que es la única forma en que podemos defender lo que pertenece al pueblo y no a un grupo de corruptos que se está  enriqueciendo a costa del trabajo de los demás y que al mismo tiempo, contaminan al resto de la sociedad.

Esa actitud que reclamamos, requiere del máximo  apoyo. Ese apoyo  se llama  más democracia para denunciar, una efectiva protección a los que con razón denuncian ilegalidades, así como respuestas sin dilación; más disciplina y control estatal, gubernamental  y político, más honradez y transparencia de los que dirigen, incluyendo la rendición de cuentas de la utilización de los recursos que administran  y más represión contra aquellos que impunemente manejan los bienes estatales como si fueran propios. Requiere además, mayor atención y exigencia  para que todos los niveles de dirección respondan a una sola política, no a la política que interpretan o  la que   les parece. Y  peor  aún, a la que les conviene.

La gente tiene que  sentir que la crítica oportuna, la intolerancia con lo mal hecho, la denuncia  del soborno y  la corrupción, no van  a ser castigadas y que  siempre  encontraran   alguien,  que desde su posición, política, estatal o gubernamental, será  también capaz de buscarse problemas, para  no permitir  que se le falte el respeto al gobierno, al estado,  ni  al  pueblo. Porque es este último, en definitiva,  no es el victimario,  sino la verdadera  víctima de los  problemas.

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