Vale la pena, un programa que provoca y pone a pensar

Entrevista a Manuel Calviño, conductor de un programa televisivo que, al cabo de 20 años, mantiene su popularidad.

Patricia Grogg - IPS

Manuel Calviño, psicólogo y profesor universitario.

Psicólogo, profesor universitario, conductor y escritor del programa televisivo “Vale la pena”, Manuel Calviño es, ante todo,  el excelente comunicador que cada semana provoca y pone a pensar a la teleaudiencia con temas que impactan al ser humano en su individualidad, la familia  o el entorno social.

Cualquier posible duda sobre su popularidad y poder de convocatoria se desvaneció cuando, en abril de este año, unas 3.000 personas de todas las edades acudieron a la presentación de un libro que recoge varias decenas de sus guiones convertidos en crónicas, compiladas por la  editorial Caminos del No Gubernamental Centro Memorial Martin Luther King, Jr.

“Creo que ese interés responde a esa necesidad histórica y cultural del cubano, que le gusta filosofar sobre la vida, sobre los valores de la gente, sobre la amistad, sobre el comportamiento humano. El programa ha sido un cómplice de esa cualidad y un intento de ofrecer ese discurso sobre la vida que la gente pide”, conjetura.

IPS:  Mantener durante 20 años en la TV un programa en que a menudo trata temas que cruzan la barrera de lo “conflictivo” es mucho tiempo.  ¿Dónde está el secreto? , ¿Cuáles han sido sus propios límites y los impuestos por la política oficial para los medios de comunicación?

Manuel Calviño: El primer secreto es partir de la autenticidad, la transparencia, la honestidad profesional y personal.  Desde los primeros programas aposté, y sigo apostando,  que habrá personas que digan que no están de acuerdo o piensen que estoy hablando cosas que no son, pero nunca habrá alguien que diga que estoy mintiendo o diciendo algo que no siento o que desconozco.

El segundo, se lo debo al reverendo Raúl Suárez (*), a quien en la presentación del libro  escuché decir: “lo que pasa es que le habla a la gente (… ) sobre la vida de la gente”.  Yo creo que sí, que ha sido una intención. Nunca pensé que fuera un instrumento  favorecedor,  pero desde el principio supe que no era un programa de la psicología, sino de la vida cotidiana de las personas, vistas desde la óptica de un psicólogo convencido de que ciertos conocimientos de la psicología y de las ciencias sociales pueden darles a las personas una opción alternativa de la dimensión de su bienestar y felicidad.

Estoy convencido de que las personas están hechas para construir bienestar y felicidad; el sacrificio (en su dimensión religiosa) puede ser un medio para llegar hasta ahí, pero con salud y ganas de vivir. De oficio, los psicólogos somos luchadores del bienestar y  la felicidad de las personas, siento que es el sentido de mi trabajo, trato de que el programa no tenga contenidos que lo envejezcan, siempre estamos actualizándonos.

Queremos que la gente se sienta  dialogando con esta persona que aparece en la pantalla, que circunstancialmente soy yo. En otras palabras, Vale la pena es, sobre todo, lo que sucede después del programa de la televisión, cuando las personas se quedan pensando, dialogando con otro.

IPS: ¿Pero ha tenido que vencer resistencias por la política informativa de la televisión?

MC: Toda práctica profesional, por lo menos desde el ámbito de las ciencias sociales, lucha contra las resistencias; es inevitable, es una necesidad inherente al cambio. La resistencia te obliga a madurar ideas, a buscar mejores vías; es el origen de la política, de la autoafirmación.  Pero soy enemigo de la resistencia  inflexible, absolutizada, normativizada y, sobre todo, dogmática.

He tenido resistencias personales, sobre todo hace 20 años, de personas que decían ¿será que esto no pasa de una cierta popularización baladí?  Algunos colegas del gremio se preguntaron si era bueno hacer ese tipo de cosas, sobre todo pensando que, desde el primer día, me presento como profesor universitario y como psicólogo. Y no por distanciamiento, sino como ubicación. Uno  tiene que saber con quién está hablando: yo soy esta persona, ustedes descubrirán que tipo de profesor soy, pero son mis roles y los cumplo, y los ejercito con mi profesión, una que estudié y la otra que he ido machacando día a día en el aula.

A veces confundimos y creemos que las personas que dirigen una institución, todo lo que hacen, piensan, deciden y dicen, tiene una razón “institucional”.  Pero no es así. Muchas de las razones son resistencias  personales,  obviamente, de esas personas que ocupan cargos.

Yo siempre digo que, cuando uno va en busca del origen de ciertos obstáculos,  encuentra decisiones personales que es posible echar a un lado.  Recuerdo que, cuando hicimos el primer programa, pensamos que duraría no más de dos meses,  porque la persona que dirigía ese departamento me dijo que, si no lograba una audiencia de,  creo que 50.000 personas,  me sacaban del aire. Honestamente pensé: me voy de aquí, eso es imposible para este tipo de programa.

IPS: Sin embargo, según algunos artículos de la prensa cubana, “Vale la pena” figura entre los programas de mayor audiencia.

MC: No es de los programas de mayor audiencia, pero en su tipo, tiene una teleaudiencia muy respetable En aquellos momentos iniciales, en mi segunda aparición televisiva, traté el tema de la tolerancia. Siempre he sido una persona cuestionadora. Me gustan los temas conflictivos, cuestionadores,  porque creo que contribuyen al desarrollo y es necesario poner un pensamiento alternativo.

En este programa al que hago alusión, yo incluí tres imágenes. La primera, de una pareja en la cual el hombre era muy alto y ella muy bajita. Iban caminando por una calle habanera,  agarrados de la mano y, por dondequiera que pasaban, los miraban. La segunda imagen era de un muchacho de pelo largo en el Patio de María (**) y, la tercera,  un hombre negro acompañado de una mujer  blanca,  como decimos en Cuba: de color yogur.

Me llamó una persona y me dijo que ese programa no tenía ningún sentido, que no había en Cuba intolerancia a ninguna de esas cosas, y le dije: pongamos las cosas en su lugar y no lo crea petulancia.

Yo llego al estudio  con un guión y muchas horas de preparación previa. Cuando estoy haciendo un programa sobre  la tolerancia y hablo de una pareja interracial, hablo de cosas  que están testimoniadas en centros de investigación, en trabajos de muchos especialistas de las ciencias sociales, y es mi investigación con muchas fuentes sobre el tema.

Una cosa es su opinión personal y otra es la de la ciencia; yo manejo la de la ciencia que se fundamenta en hechos investigados. Su opinión está muy influida por sus prejuicios. La mía está planteada desde la indagación de  muchos especialistas, y la mía propia. Entonces, ¡cuidado!, desde el punto de vista de contenido, si quiere discutir conmigo, tiene que traerme a un doctor en ciencias. El contenido del programa es mío y la decisión de ponerlo es suya, yo asumo mis responsabilidades, agregué.

Yo creo que fue un punto, no de discusión, sino de establecer un contrato que no solo es cuánto te voy a pagar, sino hasta dónde son sus límites y cuáles son los míos. El programa salió con todas las imágenes y no pasó nada. Evidentemente eran asuntos personales, resistencias de aquella persona, que se desarticularon.

Hasta el día de hoy no he sentido nunca directamente, sobre mi trabajo, ninguna presión normativa. Hay cosas en las que digo esto sí, esto no, no es un buen momento, esto en doce minutos va a quedar descolgado; pero desde el punto de vista normativo, las presiones que he tenido han sido más circunstanciales que otra cosa.

No soy para nada el indicado para decir que he tenido limitación. Siempre digo que puedo hacerme cargo de lo que digo,  pero no de lo que tú entiendes; la sociedad no es la suma de los individuos, sino todos los individuos. Cuando tú hablas de un padre autoritario que no consensúa sus decisiones, hay gente que dice: está hablando de los jefes. Pero si en un centro de trabajo tú actúas como si fuera tu familia, si hay una persona autoritaria en la casa, lo es también en el trabajo.

IPS: La presentación de su libro mostró dos vertientes: primero, la capacidad de convocatoria de su programa y el interés de la gente en ver sus problemas de la vida diaria, pensados y analizados.  ¿A  qué  cree usted que se deba esto, cuál es su análisis del fenómeno y qué se siente con esa carga de responsabilidad?

Unas 3.000 personas asistieron a la presentación del libro de Calviño, que incluye crónicas a partir de los guiones de sus programas (Foto: Patricia Grogg - IPS).MC: De alguna manera, en el prólogo digo que este es un libro que yo nunca quise escribir, porque de alguna manera sentía que era imposible cumplir la expectativa de los televidentes.  Mucha gente me pedía que escribiera. Ya tenemos más de 970 programas y no se puede guardar todo en los archivos del ICRT. Quería dejar una constancia,  pero nunca me imaginé el poder de convocatoria que tuvo. Más de tres mil personas se levantaron un sábado y, antes de hacer miles de cosas, fueron a comprar un libro.

La gente tiene una gran necesidad de aprender, de leer, saber, entender y tener una suerte de espejo donde pueda verse a sí misma. La gran capacidad de convocatoria puede ser eso; es una necesidad histórica y cultural del cubano, que le gusta filosofar sobre la vida, sobre los valores de la gente, sobre la amistad.

El programa ha sido un cómplice de esa cualidad del cubano; creo que existe demasiado discurso formal, reiterativo, acerca de lo que debería ser, de lo que se quiere en el futuro, de los asuntos macrosociales, internacionales. Pero hay una ausencia notoria del microdiscurso, el de la persona individual, con sus angustias, sus alegrías, su día a día.

El programa nuestro es un  intento de ofrecer ese discurso sobre la vida, en la televisión. Hay que decir también que, si existe y ya cumple 20 años, es porque hay una voluntad política, cultural y social de las instituciones que lo mantienen, lo promueven, lo apoyan. Sobre todo de la televisión cubana.

IPS: ¿Hubiera subsistido tantos años un programa como “Vale la pena” en la televisión latinoamericana?

MC: Estoy convencido de que no, y te voy a decir por qué. No hubiera resistido porque las televisoras  funcionan con criterio de rating y el día que la televisión cubana quiera, por ejemplo, que el rating del programa sea igual que el de la telenovela brasileña, estoy perdido.

En segundo lugar, no subsistiría porque la visualidad que hoy demanda un público con un universo audiovisual recargado, redundante, exorbitante,  no resistiría a una persona hablando sobre un fondo negro unos 15 minutos.

En tercer lugar,  porque el cubano conserva más tiempo personal, lo disfruta, y piensa que hay cosas más importantes que tener dinero y otras condiciones de vida, aunque por momentos estas parezcan ser su cabecera de noche.  El cubano es  feliz con poco. Tiene un pan, una cerveza y un ventilador, y disfruta sin grandes tensiones y presiones. El disfrute del cubano está en su esencia, en su mismo modo de ser, forma parte de nuestra idiosincrasia. Somos felices por definición, y construimos felicidad en cualquier circunstancia.

Los latinoamericanos están sometidos a muchas presiones y nosotros tenemos una distensionalidad inigualable con respecto a la media de nuestro continente; no es que no tengamos problemas, pero conceptuamos, y vivimos, eso de decir estoy suave, fresco y bajito de sal. Y uno se pregunta cómo puede ser eso: se va la luz, el agua y gritamos,  pero diez minutos después estamos jugando dominó.  Esa enorme capacidad de adaptación es buena, pero tiene sus riesgos, nos puede hacer un poco resignables.  De hecho, en el libro yo hablo de vencer la familiaridad acrítica, la acriticidad, con nosotros mismos.

IPS: El  país está viviendo una etapa de nuevas dificultades.  ¿Cómo piensa  enfrentar esos temas en sus programas?

MC: Salgo todos los días con el convencimiento de que “Vale la pena” existe  porque todas las personas que conozco hacen algo que es significativo para mí y me dan la posibilidad de hacer lo que yo hago para ellos. No soy el centro de Cuba, pero vivo en este país y lo que pasa conmigo no es distinto de lo que pasa con mucha gente, de modo que me pongo en el lugar de esas personas, en el lugar de una persona que ha trabajado 40 años en la Universidad y le dicen: “Mire compañero, las plantillas están infladas y se tiene que ir para su casa”.  Es posible que esa persona diga: “mire, yo vengo sin que me paguen porque esta es mi vida”.

No es un problema de tener trabajo y sustento económico,  sino tener un sentido de la vida, y ya estoy haciendo programas sobre este asunto. También sobre el cambio de mentalidad que significa ser trabajador por cuenta propia.  Yo oigo que dicen: están duros los impuestos y mi esperanza es de que los teóricos de los impuestos se den cuenta y los ajusten a la realidad.  Pero también está el que hace pizzas y solo quiere trabajar cuatro horas diarias y descansar el fin de semana, y así no logrará mucho; debe mirar su realidad laboral de otra manera.

Los tiempos que vienen son difíciles, también hay gente que quiere abrir un negocio hoy, y ya mañana mismo vivir cómodo, y eso no es así. Tú no puedes trabajar poco y ganar mucho. En la presentación del libro hubo malestar porque no alcanzaron los libros. Allí expliqué:  yo no les puedo conseguir más ejemplares,  pero sí les puedo decir que tengo “Vale la pena” para 20 años más, porque día tras día se renueva la realidad que vivimos y somos personas en transición.

Quizás hay temor a  dejar lo conocido, aun sabiendo que hay que cambiar. Tenemos la dificultad psicológica de la transición, de temor a lo desconocido. Ahí es donde entra la realidad profesional: yo sé que se sufre y digo: mira hacia adelante, que ese futuro que viene ahí es lo que seamos capaces de hacer.

IPS: Hoy se habla mucho de que es necesario un cambio de mentalidad en la gente. ¿Lo cree posible?

MC: En primer lugar, soy un pensador de base dialéctica. En este sentido, estoy obligado a decir que no cambian las mentalidades si las condiciones no cambian primero. Luego, creo que cualquier cambio de mentalidad necesita pasar por una etapa de desintegración y  cuestionamiento, aunque no estoy seguro si las estructuras institucionales tienen  eso claro.

Un cambio de mentalidades no es un suceso individual,  sino político, y tenemos que favorecer el reencuentro con la colectividad, con el valor del consenso,   para que esa nueva mentalidad tenga una condición de experiencia colectiva.

Pero, al mismo tiempo, no descarto el factor personal. Lamentablemente hablamos del cambio de mentalidad en mentalidades con protagonismos similares. Lo primero es dar a las nuevas mentalidades posibles más protagonismo, bajo cuya influencia unos y otros encuentren  la luz de cómo y hacia dónde cambiar.

Ese cambio de protagonismo es más posible en las personas más jóvenes que en las mayores. Creo en la flexibilidad natural de las personas más jóvenes. Lo hago con mis compañeros más jóvenes de la Universidad, a quienes les digo: aprovéchense de mí, que no me duele que se empinen por encima de mí, yo soy tu escalón abierto y consciente.

IPS: ¿Qué mecanismos funcionan para lograr la cohesión que ha mostrado la Revolución en este medio siglo?

MC: La cohesión histórica y básica del cubano es su condición de ser cubano; lo primero que nos une es la cubanía. Por eso respeto,  saludo e intento participar en toda gestión de desarrollo de la identidad. En este sentido, el cubano dentro de Cuba puede parecer en ocasiones diferenciador, incluso excluyente,  pero fuera de Cuba construye una masa compacta para alimentar su cubanía.

En Miami, por ejemplo, han construido una pequeña Cuba,  han luchado por mantener la cubanidad  de la isla. Claro, hablo sobre todo de los que han entendido el carácter y su condición de emigrantes, los que son, por encima de todo, cubanos.  Probablemente también por eso es que la emigración más voluminosa va a parar a Miami. Aquí se buscan los programas de allá, pero más aún se buscan allá los programas de aquí.

De otra parte, todo factor de cohesión tiene un vínculo con la noción de beneficio personal, social, la necesidad de autonomía, independencia.  En estar juntos hay un beneficio fundamental, que es un factor de identidad. El pueblo cubano asumió la  Revolución de 1959 y lo hizo porque le traía una serie de beneficios tangibles e intangibles, y esa sensación favorecedora en su calidad de vida, en su autoestima, es un factor de unión.

Compartir un proyecto, compartir un modo de vivir, sentirse orgulloso de ser cubano, ser respetado y reconocido como tal. Eso es el orgullo nacional, y es el factor aglutinador que rescata la Revolución y lo potencia desde su arraigo popular.

El reto próximo es que probablemente se produzca en la sociedad una suerte de desestructuración. Aunque,  para algunos, esa desestructuración no será un beneficio personal. Y esto es un riesgo reconocible. Se conoce, por ejemplo, que con la propiedad privada, el individualismo se  multiplica, se  pierde  la percepción del beneficio social compartido,  y en lo social el individuo tiende a actuar como sujeto independiente. Pero igual creo que, si logramos mantener el factor de unidad, podremos construir autonomía personal interdependiente. Cada uno para todos. Todos para cada uno.

IPS: ¿En ese contexto, cómo impacta la emigración en la sociedad cubana?

MC: Para mí, el temor más grande es que los procesos migratorios impactan muy negativamente en el arraigo de la gente. Vivimos hoy un imaginario migratorio que, en mi opinión personal, es muy peligroso, porque cala sobre el concepto y noción de arraigo, porque es de perfil joven, porque es una ilusión alucinatoria.  Pero creo que la solución no es la preponderancia del discurso político.

La  homogeneidad interdependiente y el arraigo generables por la dignificación nacional, por el mejoramiento de la calidad de vida, por la apertura de posibilidades de crecimiento,  como un proceso conjuntivo, social, de todos, es más efectivo cuando parte de la consideración real de lo que está impactando sobre la vida de las personas.

No tengo la menor duda de que el discurso  político debe ser rejuvenecido, no solo en su contenido sino en su ubicación etaria. Para mí, el futuro no es lo que yo sea capaz de hacer, sino  lo que los muchachos jóvenes están haciendo hoy.

Casi siempre el futuro surge de una continuación y disensión del presente. Para mí es clave el análisis generacional y los protagonismos de los más jóvenes, y clave el análisis de los procesos migratorios que se producen en el país. El futuro lo hacen los jóvenes, a ellos les pertenece, y lo harán mirándonos, pero sobre todo mirándose.

IPS: Desde su experiencia como profesor universitario, ¿confía en los jóvenes?

MC: La historia no me deja desconfiar.  Fidel (Castro)  era muy joven cuando triunfó la Revolución y asumió  la dirección de este país, y como él mismo ha dicho, debe haber cometido muchos errores. Fuimos jóvenes los que hicimos la Universidad.

La capacidad de la juventud es incuestionable. Pero,  a la vez, la confianza es una trampa, si no se le entiende bien, porque para muchos presupone que los jóvenes van a hacer lo que creemos nosotros, los mayores,  que deben hacer. Y creo definitivamente que no es así. Ellos harán lo que entiendan, necesiten y demanden  hacer de su vida y su país.

Si me preguntaran, ¿van a mantener lo que tenemos?,  yo respondería: ojalá que no, porque si las personas que hoy tienen 18 años van a vivir como los que tienen, tenemos, hoy 60 años, estamos paralizando el país. Van a mantener cosas esenciales,  pero van a cambiar muchísimas. Para mí el problema no es solo de continuidad,  sino también de una ruptura, de lo que ellos quieren y de lo que le podamos dar nosotros.

IPS: “Vale la pena” fue uno de los primeros programas que abordó el tema  de la homosexualidad y desde una posición reivindicativa. Sería interesante saber cómo llegó a este tema, si hubo resistencia oficial y cuál fue la  reacción de la teleaudiencia.

MC: Uno de mis primeros pacientes, siendo aún estudiante, fue un   homosexual. Era la década de los setenta del pasado siglo y yo me decía: tengo que ayudar a este muchacho a ser hombre, porque consideraba la homosexualidad como un factor de riesgo de la felicidad, debido a que la negación, la violencia, el rechazo de la sociedad crean infelicidad.

Yo veía esa condición de vida muy difícil, nunca tuve rechazo a la homosexualidad porque en mi vida tuve muchos amigos homosexuales de mucha calidad humana. Ese muchacho me dijo un día: doctor, usted no me ha entendido del todo,  yo lo que quiero es ser feliz siendo homosexual en este país. Eso fue un golpe epistemológico, de aprendizaje,  en mi vida. El quería luchar por su felicidad siendo quien era, como era, con sus preferencias.

A veces pienso que se extralimita el ejercicio de la comunidad, de la cercanía,  por igualdad en la orientación sexual,  y las personas empiezan a hacer  guetos. Ese no es, no ha de ser, como yo me lo represento,  el futuro de un país. Yo veo la integración, la desaparición de la diferenciación.

Creo en el respeto a todo el mundo, en el respeto sobre todo sustentado en el desarrollo de las cualidades humanas. No es sencillamente del respeto a la orientación sexual, no porque sean homosexuales, bisexuales o heterosexuales. Es el respeto a la persona. El enfoque actual tiene un entronque con la realidad que vivimos, por el rechazo que hubo. Pero si una persona es honesta, es buena, trabajadora ¿por qué tengo que hablar de su sexualidad?

El respeto humano está por encima de cualquier dimensión emocional; yo estoy a favor, tácticamente, de la comprensión respetuosa, el respeto a la disensión respetuosa de mis decisiones políticas, culturales, religiosas, sexuales. Aunque la estrategia es la abolición de la diferenciación. Diversidad no es diferenciación. La diferenciación fractura, la diversidad aúna. Nosotros, por la situación que ha vivido el país, y la suerte de paranoia que lógicamente se ha vivido, debemos tener más respeto, ser más cuidadosos, más considerados con  la disensión sexual, religiosa y política; en esto tenemos que mejorar los cubanos.

Cuando hice el primer programa sobre la homosexualidad, escogí una situación conflictiva: el problema pasaba no por el homosexual, sino por el padre del homosexual, por el tener un hijo homosexual. Tenía una carta de un padre que decía que, después de saber que su hijo era homosexual, no sabía cómo tratarlo, y yo le comentaba: ¿qué cambió en su hijo?, nada; si usted lo excluye, sigue sin su hijo y él sigue siendo homosexual. Él es la persona que usted amaba, sin saber cuál era su orientación sexual. Ahora lo seguirá amando, con conocimiento de algo más de su hijo, que antes desconocía.

El paso estratégico sería la indiferenciación, no hay  ni que llamar la atención sobre el asunto. Hoy, cuando buscas un trabajo, te preguntan si eres casado y tienes hijos y, por ese camino, capaz que llegue un momento en que te pregunten sobre tu orientación sexual. ¿Tiene algo que ver ser casado o tener hijos con ser un buen ingeniero? No. Pues tampoco tiene nada que ver la orientación sexual. No quiero para la homosexualidad un programa, un espacio; la orientación sexual no hace la diferencia, sino que se integra naturalmente en la diversidad humana.

La política del Cenesex (Centro Nacional de Educación Sexual), como toda  política, es conceptual, y los profesionales y los científicos trabajan para el futuro con vistas a introducir un cambio cualitativo en las condiciones objetivas legales y otras que favorezcan la inclusión del homosexual, y en lo referente a una campaña ciudadana que te sensibilice en parámetros de valor, derechos. Pero, al mismo tiempo, alerta para que eso no se convierta en solo discursos y “zonas de tolerancia”. La tolerancia en todo caso es un paso, pero no es la meta.

IPS: Llama la atención que en el libro no está incluido este tema…

MC: No me pareció necesario porque se está publicando mucho sobre eso. Además, cuando una persona esté leyendo mi libro, no me interesa su orientación sexual, ni su raza, ni su edad. Se van a ver reflejados como personas. Los problemas humanos, los problemas de la cotidianeidad, de las relaciones de pareja, de la familia, tienen una centro común, lo que somos todos: seres humanos.

IPS: ¿Usted diría que la homofobia es solo un problema cultural o ha sido también parte de la política oficial?

MC: Nosotros tenemos una escuela todavía muy autoritaria y verticalista.  Somos portadores de prejuicios, de épocas. La política marcada  en determinado momento por las instituciones del gobierno, con respecto a la homosexualidad, respondía  a no saber diferenciar entre un pensamiento social, cultural, más avanzado y los prejuicios de época.  En los documentos oficiales del Congreso de Educación y Cultura se dice que la homosexualidad es una enfermedad que hay que combatir. Eso está publicado en la revista Casa de las Américas. A veces nos engañamos y no contamos la historia como fue.

En determinados momentos de mi juventud, yo fui instigado a perseguir homosexuales como militante de la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas). Se hacía desde el equivocado convencimiento de que se estaba haciendo lo correcto. Debe  haber sufrido más de una persona por esa causa. Esa carga se lleva y debemos legitimar, junto al reconocimiento del error del pasado, la  necesidad de decir que eso nunca puede volver a pasar. Lo hacía la UJC, el gobierno y reconozcamos que fue un error imperdonable. A veces siento que solo hay espacios limitados de reconocimiento a esta realidad y, si no reconocemos nuestros errores,  no podemos superarlos y la posibilidad de crecer hoy en nuestro país es reconocer nuestros errores.

Aquello fue un proceso vergonzoso, molesto y de mucho dolor.  Por eso no se va repetir más, no porque haya una normativa, sino por reconocer nuestros errores.

Ha habido políticas de Estado y políticas ancestrales y prejuiciosas del cubano en ese sentido, desde las líneas de combate de las huestes mambisas en adelante.  Cambiar eso  corresponde a las nuevas generaciones Veo que las personas más jóvenes,  como en la Universidad,  debaten este tema con absoluta naturalidad y eso para mí es un orgullo enorme.  Nosotros tenemos que darle herramientas educacionales para que pueda haber cambios. Justamente los que hemos cambiado nuestra mentalidad podemos ayudar al resto a cambiarla.

A veces yo siento que el derecho que más defendemos de los homosexuales es el de tener  sexo, pero no hablamos del derecho a amar a personas del mismo sexo, el derecho al amor de los homosexuales, el derecho a amar a quien tú quieras amar.

Muchas veces  hablamos solo de sexo, de condón.   Eso pasa porque se habla de la liberación sexual,  pero no sentimental. Para mí el tema no es que cada cual haga con su cuerpo físico lo que quiera. Lo que tenemos que defender es el derecho de una persona a amar a otra, por encima de lo que sea.  Ese amor no es solo respetable, sino envidiable.

IPS: ¿Ya tiene pensado los temas de los próximos programas?

El programa “Vale la pena” se ha mantenido durante 20 años en la televisión cubana (Foto: Patrica Grogg - IPS).MC: Mis temas cada vez más se funden en las aspiraciones sociales de las personas, expresadas en la vida cotidiana de la gente y las actitudes que se pueden construir desde esa realidad. Vienen tiempos muy difíciles y, como profesional, tengo el deber de tener una mirada adaptativa crítica, que quiere decir asumir para cambiar, vivir cambiando, estar en situación, pero proyectándose al mañana.

La gente tiene que vivir, y la adaptación tiene que ser para el cambio,  no para la resignación y el sufrimiento. Sigo teniendo temas polémicos,  el lanzamiento del libro demuestra que la gente necesita más, y el mejor camino es responder esas expectativas.

Hablo para que afrontemos los problemas, no para  que se esté de acuerdo con lo que digo. Hablo para que la gente construya de manera más sustentada su opinión, su punto de vista y su decisión de vida, y para eso cuento con la psicología y con las personas.

La televisión es una fábrica,  no un teatro, y día a día tiene que producir espacios y programas. Si yo tuviera que dar 970 clases diferentes, como he hecho 970 programas de televisión diferentes, no podría. Y ningún programa se ha repetido; es mucho trabajo, pero lo hago con mucho placer, con mucho gusto, y con mucha responsabilidad.

“Vale la pena” me ha hecho una mejor persona, sin duda alguna, y mejor profesional. Brecht decía que la misión del profesional es disminuir las miserias humanas. Como toda obra humana, la haces y ella te hace. Nunca hago un programa sin estudiarlo, sin prepararlo, pero sería falso si no aceptara que también al programa lo hace la posibilidad de que la gente te reconozca y te diga que lo que usted hace es importante.

A veces salgo del estudio de televisión con ganas de dejar de hacer el programa, las dificultades no son pocas, los obstáculos tampoco. Pero de pronto salgo a la calle y alguien me dice: ¡Ay, profe, su programa me ayudó tanto! Y entonces me lleno de energía nuevamente, y me digo a mí mismo: Hacer “Vale la pena”, vale pena. (2011).

(*) Pastor Bautista. Miembro de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

(**) Espacio que durante 17 años mantuvo la promotora cultural María Gattorno en una casa de cultura comunitaria, cerrado en 2003 con la justificación pública de una “reconstrucción”.

6 comentarios

  1. Mariela

    Querido Doctor., me encantó su programa sobre “El Resentimiento”, le felicito hay algo que me gustaría preguntarle, ¿el lograr hablar con tanta claridad, transmitir cada tema con palabras sencillas y entendibles?,? que importante sería nos transmita sus enseñanzas.

    Soy de Ecuador vivo en Latacunga Provincia de Cotopaxi., donde nuestra Universidad Técnica de Cotopaxi llegan grandes Profesionales de su País como también Oftalmologos existe un Hospital por lo tanto ustedes son parte de nosotros.

    Este intercambio cultural nos ha servido para conocer mejor de ustedes.

    Le comento, personalmente tengo un concepto muy positivo de ustedes Cubanos valientes, felices, cultos, estudiosos, científicos., además pude rentar un apartamento a una bellísima Cubana, simepre puntual en sus pagos, trabjadora, luchadora.

    Quiero decirle que tengo un programa en radio para La Familia, me encantaría recibir sus conferencias, saber cuando dicta cursos, seminarios, talleres.

    Mi interés es seguir transmitiendo a la comunidad temas de preparación permanente.

    Atentamente,

    Mariela Moscoso

  2. MERCEDES DIAZ

    felicitaciones -realmente vale la pena cada persona mas alla de su condicion fisica puede y debe hacer algo en bien de otros, desde AREA DE DISCAPACIDAD -MUNICIPALIDAD DPTO ARAUCO como responsable y tener una discapacidad estoy convencida quela sensibilizacion , las campañas en favordel respeto de la humanidad y la dignidad nos daran el futuro que esperamos con oportunidades para todos y todas saludosy MMUCHOS DESEOS QUE LES VALLA MUY BIEN SON UN EJEMPLO MERCEDES-AIMOGASTA – LA RIOJA – ARGENTINA

  3. Omar

    Dr. Me agrado mucho el programa visto por la televisión titulado la INCERTIDUMBRE, pienso que con sus excepciones así vivimos muchos, y más aun en Cuba.
    Un ejemplo de incertidumbre, y no se sabe hasta cuándo-que no es mi caso- Miles de cubanos que no son enemigos de la revolución, ni han atentado contra ella, no se les permite visitar Cuba y viven en esa incertidumbre hace años, y aunque se ha anunciado, no se sabe hasta cuándo se vivirá la espera de la llamada “ley migratoria de la Republica de Cuba”.
    Yo sé que es muy difícil abordar un problema social, de sentimientos y tan recurrente como este, que no salga alguien aludido en política, sobre todo, para un sistema, donde la diversidad es tabú, no obstante los argumentos explicaciones y criterios de una parte, que sobre todo es la más concluyente, es la que está, o la más cerca de las fuentes del poder.
    Me he leído su entrevista editada en Internet por los 20 años de “Vale la Pena”…. Si quiere que le confiese que su programa, no ha sido sacado por el techo, en buen cubano, porque Uds. no ha tomado partido, siempre ha bordeado la política y no la ha tocado, y se va por la vía de las sensaciones, percepciones y todas las categorías de la Psicología. Si Ud. quiere verse llamado a contar de forma “rauda y veloz”, haga una prueba con el tema Migratorio y ya verá.
    Expresarle, no sé , si Ud. lo conoce, hablando de temas migratorios y aviones…e incertidumbre…no se hasta cuándo: voy a pagar 120 cuc cada vez que viajo, 25 por el aeropuerto, 55 por un pasaporte, que es el más caro del mundo y se actualiza cada 2 años y llega su costo total a 105 cuc, y para si fuera poco, el país que visites, al cabo del mes de estancia , que es, lo que te respalda la llamada carta blanca, debes pagar 40 euro en España, 60 en Canadá y 160 en EEUU, en cada país las cajas de los Consulados cubanos en el Exterior tienen una cuota.( todos estos pagos son en la moneda que no te pagan los salarios ni la jubilaciones en Cuba)
    ¿Cómo buscar un tema que aborde estos asuntos? ¿Cómo una decisión, te hace perder tu derecho como ciudadano de un país? EL primer derecho de un ciudadano, de cualquier lugar, es el derecho a entrar y salir de tu país, al no ser por causas de fuerza mayor, y por un acuerdo del Consejo de Estado te la veten, porque el CE. Las concede por excepción.
    Porqué si yo quiero invitar a mi nieta a vacacionar a Cancún el Estado no me lo permite, y le preguntas a la cra de Inmigración, déjame ver la ley y te dice, no son orientaciones del organismo superior.
    ¿CUANDO, HABRA DIVERSIDAD?

    Saludos Omar López

  4. Ulises Darío

    Quisiera comentar que en el caso de la discriminación y la violencia de genero, al igual que otros temas que se han abordado ya en los medios, me llama la atención de que no se tocan aristas de los mismos o en algunos casos los análisis que se hacen son superficiales basados en viejos patrones impuestos a través de los años y ya establecidos en nuestra sociedad o estudios estadísticos y encuentas que si bien a veces no abarcan la totalidad de la población, son repetitivos y no se actualizan, además estos valores cambian de percepción con el paso de los años y surgen otros nuevos valores. Es por ello que les voy a tratar de ejemplicar lo más claramente posible estos dos casos.

    En el caso de la discriminación y me refiero a todo tipo de discriminación, no solo a la racial y de género que es la más comunmente abordada últimamente, me parece que en la sociedad cubana muchas veces asociamos este término para justificar y enmascarar ciertas actitudes y comportamientos que si constituyen motivo de rechazo social y a manera de justificación decimos comunmente que una persona o un determinado grupo social no es aceptado basándonos solamente en sus caracteristicas físicas o lo que observamos a simple vista como son: el color, orientación, sexo, forma de hablar y vestir etc… y no nos percatamos de lo que realmente se discrimina en estos casos, además de que la igualdad no se traduce en imponer gustos, formas de pensar, religiones etc….. lo que si debe existir por encima de todas estas cosas es la tolerancia y el respeto, no tratar de imponerse ante los demás. Además lo más irónico de todo esto por tan solo por poner un ejemplo y es que a veces las personas que alegan que son discriminadas son las que más discriminan y les voy a poner un ejemplo concreto:

    Hace unos días en la cafeteria ubicada en las afueras del circulo social “Armando Mestre” comunmente conocido como Ferretero ubicado en Miramar, Playa en medio de las personas que alli se encontraban esperando un servicio, salio de un carro con el logotipo de Cubanacan un “Señor” con pullover rojo y en medio de todas esas personas dirigiendose al dependiente que estaba alli y al parecer conocia, exclamo en voz alta para que todos lo oyeran y en tono despectivo: ¡Ahora los homosexuales trabajan aqui! a lo cual el dependiente respondio: ¡Si, ahora hay que darles trabajo también! como si de la orientación sexual de alguién dependiera la honestidad el trabajar bien y los buenos valores y para colmo los 2 tanto el dependiente como el “Señor” eran negros, y yo me pregunto y haciendo un poco de historia ¿Es que acaso esas personas no saben que antes (sabemos de que epoca hablamos) las personas negras ¡NO PODIAN O TENIAN QUE PEDIR PERMISO PARA ENTRAR A REPARTOS COMO ESTE!, ¿será que acaso el otorgarle derechos y libertades a unos se convertira en violaciones de derechos y libertades para otros?.

    También este tipo de personas provocadoras y que se sienten dueños del mundo y las personas les gusta humillar públicamente a los demás y actuan asi cuando estan molestas con algo o con alguién y actitudes como esta de irrespeto, cobardia, bajeza y vulgaridad chavacana no deben formar parte de nuestra identidad ya que como mismo existen los negros,
    los blancos, los hombres y las mujeres existen con ellos variedad de gustos, preferencias, idiomas etc.. que todos debemos respetar, además de constituir una falta de respeto hacia algún trabajador de aquel lugar al cual estubiese dirigida la expresión.

    Otro concepto que a mi entender manejamos erradamente es el de la cubania, el ser cubano no significa ser chabacan, actuar con descaro e irrespeto, ser vulgar, soberbio, tener exceso de confianza y hacer comentarios bajos acerca de los demás cuandos estos no se encuentran o están presentes con argumentos que para nada tienen que ver con determinada problemática surgida, pero si afectan la moral de las personas, ser burlon, hacer alarde de la guaperia y de los bienes que tengo aplastando a los demás para demostrar superioridad, arrogancia y cobardia al ocultar lo que realmente se piensa, ya que existen personas a mi entender escasos de mente que cuando saben que no tienen la razón o han actuado injustamente acuden a mecanismos de defensa algo infantiles para su edad, lo cual denota su falta de madurez y respeto por si mismo, también al maltrato físico y a divulgar detalles de la vida privada de alguién con el fin de desprestigiar y humillar públicamente.

    En cuanto a la violencia de genero que aunque pienso que por ningún motivo se debe llegar a ella, se deben evitar situaciones “muy sútiles” que la provocan que en términos simples son el irrespeto, la burla, la impocisión de criterios y patrones muchas veces para ridiculizar, humillar y restarle valor a las personas, tambien la actitud y el comportamiento que tengas para con los demás hara que te respeten en mayor o menor grado, ya que si respondes con igual violencia por haber sido previamente victima de ella te convertirias en la figura del “agresor primario” cayendo asi en un circulo vicioso del cuál te seria muy doloroso salir y esto sirve tanto para las mujeres como para los hombres, ya que siempre enfocamos estos temas como en el caso de la discriminación, la del blanco hacia el negro y en la violencia se enfoca del hombre hacia la mujer pero hoy en día las dicriminaciones y tipos de violencia son bidireccionales.

    Es que acaso la transculturación, los patrones y manifestaciones de personas de diferentes lugares y regiones del país con sus hábitos, costumbres y estilos de vida en la capital nos esta haciendo involucionar y retroceder en el tiempo.

  5. Ulises Darío

    Me llama la atención con respecto a temáticas abordadas en programas pasados que a las
    personas que mas les molesta la queja y la critica, son las que más actuan
    con descaro para no decir la palabra que lleva, indolentes, soberbias e hipócritas,
    ya que es como un mecanismo de defensa que adoptan inmaduro y hasta a veces bajo y vulgar
    porque no tienen argumentos o la humildad e inteligencia necesaria para darse cuenta de
    sus “errores” y los pongo entre comillas porque a veces no son tan errores y estan conscientes de ello y lo hacen por mezquindad.

    Gracias

  6. Ulises Darío

    Me maravilla como en pleno siglo 21 y con el consiguiente desarrollo en todos los sentidos que tenemos todavia haya personas e instituciones que no se fijem en la capacidad de inteligencia, laboriosidad, valores, en fin todas esas cualidades que distinguen a los seres humanos y que hacen que una sociedad se desarrolle para bien y solamente se fijen y juzguen a las personas por su apariencia fisica, color, orientación y gustos personales que solo forman parte de su vida personal y privada y que para nada tienen que ver con aspirar a un empleo, sin embargo hay otros que reunen esos patrones impuestos por la sociedad y al final son malas personas.

    Graciaas

    Gracias

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