Amplio panorama de arte contemporáneo cubano en La Cabaña

Unos 70 creadores muestran el diverso espectro de inquietudes y exploraciones de las artes visuales en Cuba.

Jorge Luis Baños - IPS

El mayor evento de las artes visuales que se celebra en Cuba ha convocado a artistas de 43 países.

La Habana, 27 may.- Uno de los referentes más amplios de las tendencias que marcan el panorama actual de las artes visuales en Cuba puede encontrarse en la exposición colateral de la 11na Bienal de La Habana que ocupa por estos días los pabellones y áreas exteriores de la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña.

El antiguo complejo militar colonial que ha funcionado otras veces como sede central de las bienales en esta ciudad, acoge esta vez casi 70 proyectos en los que participan desde premios nacionales de artes plásticas hasta representantes de las más jóvenes generaciones, recientemente graduadas de la enseñanza superior.

La exhibición, organizada por pabellones pero con curaduría específica para cada uno de los proyectos, atraviesa una gran diversidad temática y de estilos. En ocasiones confluyen bajo un mismo techo los trabajos de varios artistas, pero sus propuestas no dialogan necesariamente entre sí.

En este caso aparecen “Pormenores” y “Capital humano”, muestras personales de José Manuel Fors y Jorge López Pardo, respectivamente. Aunque ambas ubican en su centro al hombre, la primera indaga en la relación más íntima del sujeto con su entorno, mientras que la segunda se acerca al concepto de hombre como mercancía.

William Hernández sitúa también al ser humano en el centro de su búsqueda. Tanto los coloridos lienzos como los grabados en vidrio y las esculturas, se refieren a las posibilidades del individuo para incorporar aspectos del imaginario colectivo a sus preocupaciones y emociones fundamentales.

En “Identidades aparentes, subjetividades ocultas”, se han reunido diez fotógrafos jóvenes para abordar desde puntos de vista diferentes la relación ser-contexto social y su influencia en la formación de la identidad. La lectura de la muestra debe hacerse atendiendo a la disposición de las piezas a modo de espiral cambiante, una elección de los curadores para poner énfasis en la necesidad de respeto a la diversidad de criterios.

Valiéndose de la pintura, Rubén Rodríguez expone tres piezas en las que continúa la línea neoexpresionista que caracteriza su figuración. En “Arenas del deseo”, su visión del ser humano se concentra en el erotismo hasta rebasar los límites de lo individual para introducirse en un universo complejo de significantes.

Por otro lado, un grupo de artistas utilizan elementos costumbristas para acercarse a temas más relacionados con el contexto nacional, entre los que destaca el pintor Reynerio Tamayo, quien recrea un ambiente tropical imaginario donde aparecen famosos gánsters que visitaron La Habana.

“Islamendrón”, de Guillermo Rodríguez Malberti, convierte el espacio expositivo en un taller de mecánica donde aparece un automóvil americano de los años 50 sin carrocería ni asientos. Al utilizar como motivo uno de los elementos singulares del paisaje urbano de Cuba, llamado popularmente “almendrón”, el artista rinde homenaje a la resistencia e inventiva criollas.

Desde la ironía y la sátira articula también su discurso Julio César Peña, quien retoma las calaveras que hicieron célebre al pintor mexicano Posada, pero desde modos compositivos diversos, haciendo gala de la picardía, la gracia y el desenfado del cubano.

También en diálogo con la realidad de la isla, pero más inclinados hacia el análisis del contexto político, se muestran las obras de Glenda León y Luidmila & Nelson. “Sueño de verano (el horizonte de una ilusión)”, la intervención de Glenda, alude a las distancias entre La Habana y Miami, la ciudad que acoge a la comunidad cubana más numerosa en el exterior.

Luidmila & Nelson, por su parte, explotan el monumento de la Plaza de la Revolución como punto de partida para comprender algunas claves que caracterizan al proceso político cubano desde hace más de 50 años.

Mabel Poblet se une a esta cuerda de análisis con “Reunificación familiar”, donde pone en hogares ideales a familias cubanas que han tenido que separarse por distintos motivos. A la vez, se refiere al fenómeno de convivencia generacional en un mismo espacio que caracteriza la cotidianidad de la población del país.

Estímulos sensoriales, juegos ilusorios e interactividad, son rasgos que caracterizan a otro conjunto de obras donde aparecen los trabajos de Lorena Gutiérrez y Aluán Arguelles.

Las muestras personales, además, revelan las inquietudes artísticas de algunos creadores en los últimos años, como es el caso de Cirenaica Moreira, quien ha explorado nuevos soportes y materiales (madera, fibra de vidrio y textiles) para aportar otras aristas a su trabajo sobre la mujer.

Una compilación de las obras del dibujante Zardoyas en el lustro más reciente; “Quejas y Sugerencias”, de Michel Mirabal; “Reparto Flores”, de Carlos Quintana; “Vacío”, de Luis Enrique Camejo y “Noche insular: jardines invisibles”, de Vicente Rodríguez Bonachea, se cuentan entre las muestras personales que recorren etapas específicas de la labor artística de sus autores, línea donde se inserta también Joel Jover, pero con una recopilación más amplia por períodos.

Las exhibiciones colectivas se articulan desde diferentes ópticas o soportes: la abstracción (Rigoberto Mena, Carlos Trillo, Pedro de Oraá, etc.), el grabado (Julio César Peña, Liudmila López, Norberto Marrer, etc.) o la escultura (José Villa, Eliseo Valdés, Juan Quintanilla, etc.).

Entre las muestras que agrupan a varios artistas se pueden encontrar también las que abordan una temática en específico, como ocurre con “En mala forma”, donde se interpreta el concepto del kitsch desde el llamado “arte culto”.

Los exteriores de La Cabaña exhiben instalaciones y esculturas de gran formato, entre las que resalta por su magnitud “Resistencia del origen”, de Teresa Almeida, quien se propuso llamar la atención sobre la contaminación ambiental.

Los pabellones de La Cabaña quedaron abiertos este 11 de mayo y se mantendrán recibiendo al público hasta que concluya la bienal a principios de junio. El mayor evento de las artes visuales que se celebra en Cuba ha convocado a artistas de 43 países. (2012)

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