Ausencia de novedades literarias extranjeras

A pesar de la magnitud de las ferias de promoción literaria, los títulos publicados por editoriales foráneas llegan con retraso al país.

Jorge Luis Baños - IPS

Lectores acuden a la circulación de mano en mano de los títulos recientes de la literatura extranjera contemporánea a los que tienen acceso.

La Habana, 16 ago.- Pasan meses y años entre la publicación de novedades editoriales extranjeras y su llegada a Cuba, afirmó el joven escritor Jorge Enrique Lage,  conocido por mantener una postura crítica hacia la actual producción literaria en el país.

En un post publicado en el sitio digital Vercuba, espacio alternativo para la promoción de la literatura nacional, el autor advierte que esta realidad determina que por lo general, las personas aficionadas a la lectura consumen lo que pueden y no lo que desearían.

“Sucede que la singularidad cubana, periferia de la periferia, eleva al cuadrado ese retraso (y puede dar como resultado el leer nunca)”, dice Lage, refiriéndose al hecho de que la estrategia de “leer tarde” no es una opción, sino una condición que se asume de modo casi natural.

El autor de novelas como Yo fui un adolescente ladrón de tumbas (Extramuros, 2004) y El color de la sangre diluida (Letras Cubanas, 2007) dice que es “azarosa, tal vez improbable” la posibilidad de que a Cuba lleguen los últimos títulos de casas editoras como Alfaguara o Anagrama, un hecho que si bien afecta a la literatura, no se comporta de manera similar en otros predios artísticos como el de la plástica.

Sucesos internacionales como las Bienales de La Habana ponen al público en contacto con una parte importante del arte contemporáneo, pero no existen mecanismos que aseguren una interacción similar del público en el caso de la producción literaria.

A la Feria Internacional del Libro que se celebra anualmente en todo el país, asisten personalidades extranjeras del gremio, quienes participan en presentaciones de textos y debates con el público, al tiempo que las editoriales nacionales asumen muchas veces la publicación de alguno de sus textos.

Este 2012, según afirmaron fuentes oficiales, estuvieron representadas en la Feria 65 casas editoriales foráneas, pero después de concluido el suceso literario, los textos exhibidos y puestos a la venta no se encuentran a disposición del público.

El su texto titulado “Leer en el desierto”,  Lage sugiere que no son suficientes en Cuba fenómenos culturales como las ferias del libro (la pasada logró vender más de un millón 465 mil ejemplares) para garantizar que los lectores se mantengan al día.

Los interesados en las novedades extranjeras, afirma, buscan estrategias como la de recurrir a los vendedores de libros usados. No obstante, esta práctica, frecuente entre los jóvenes, tiende a agotarse cuando se aspira a encontrar otros “horizontes de lectura”.

“De pronto todos los libros usados de La Habana te transmiten la misma sensación de los almendrones frente al Capitolio: aquí no pasa el tiempo. De pronto todas las librerías, la red de librerías del Estado llenas de ediciones cubanas, te parecen una sola, una misma librería de uso”, comenta.

Lage menciona además la opción de encargar libros a amigos o familiares que viajan o residen en el extranjero, pero concluye que ninguna de estas vías alternativas puede cambiar el panorama desértico de las bibliotecas cubanas, sino que debe recurrirse a otro “modelo de resistencia factible”.

El escritor ha obtenido premios de gran importancia para los autores jóvenes como el Calendario (2003 y 2004) que otorga la Asociación Hermanos Saíz. Actualmente circula su novela Vultrefect, publicada en 2011 por Ediciones Unión. (2012)

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