Cartel cubano refleja el fenómeno de las tribus urbanas

La exposición HereG llama la atención sobre grupos juveniles que se reúnen los fines de semana en el centro de la capital de Cuba.

Jorge Luis Baños - IPS

La muestra presenta a las tribus urbanas sin paternalismos ni prejuicios, con sus repercusiones positivas y negativas.

La Habana, 30 may.- Al convocar a los artistas a representar los imaginarios sociales, la 11na Bienal de La Habana intenta reunir la mayor cantidad de miradas posibles. Es por ello que aparece entre sus acciones la exposición HereG, consagrada al fenómeno de las tribus urbanas.

Los creadores responsables del proyecto han dejado plasmadas sus valoraciones acerca del tema a través de una serie de carteles que se exhibe desde este 25 de mayo en el Taller de Serigrafía René Portocarrero de la Habana Vieja.

En la colección, creada exclusivamente para ser mostrada durante la bienal, los artistas abordan las manifestaciones y particularidades de las tribus urbanas en el contexto cubano, específicamente en la capital de la isla.

Aunque en ciudades como Santa Clara y Santiago de Cuba se hace visible también la proliferación de estos grupos, en La Habana el número de jóvenes que los componen y la diversidad con que se manifiestan resultan mucho más significativos.

En la capital, además, se encuentra uno de los sitios más concurridos por las tribus, la calle G o Avenida de los Presidentes (una de las arterias principales de la ciudad), sitio de donde provienen la mayoría de los motivos que dan cuerpo a la exposición del Taller Portocarrero.

HereG alude directamente a la situación de marginalización e irreverencia de sujetos que se agrupan y se definen de acuerdo con el tipo de consumo cultural que realizan, y que a su vez, constituyen minorías dentro del entramado social de las grandes ciudades.

Los diseñadores Darwin Fornes, Edel Rodríguez (Mola), Eric Silva, Fabián Muñoz, Giselle Monzón, Idania del Río, Laura Llópiz, Michele Miyares, Nelson Ponce, Pepe Menéndez y Raúl Valdés (Raupa), retratan a los “herejes” cubanos como individuos en busca de una identidad que rechaza los patrones estéticos y conductuales establecidos por la cultura dominante.

Este grupo de artistas deja ver en los trabajos su denuncia a la exclusión y la censura que en ocasiones sufren los sujetos que manifiestan comportamientos “extravagantes” al optar por un  tipo de asociación o estilo de vida según los gustos musicales, el empleo del tiempo de ocio, la moda o las formas de relacionarse con la tecnología.

Un acercamiento desde el diseño permite adentrarse “en la complejidad de este proceso cultural con el objetivo de propiciar un espacio de legitimación a estas tribus y mostrarlas al espectador sin paternalismos ni prejuicios, con sus repercusiones positivas y negativas”, explican los creadores en la fundamentación del proyecto.

Los carteles, coherentes con los rasgos que distinguen el pulso de cada uno de los artistas, son tan diferentes entre sí como los propios frikis, emos, graffiteros, repas y rastas que deambulan por la Calle G los fines de semana.

El énfasis en la diversidad de representación que se propone la muestra apela al hecho de que los múltiples caracteres y tendencias con que se manifiestan los jóvenes a diario en las calles de la ciudad, tienen como trasfondo, entre otras, las necesidades de reconocimiento social y de aceptación por cuestiones raciales o de género.

Sobresale en las piezas el respeto al fenómeno de las tribus urbanas en contraposición con el abordaje caricaturesco con que han sido tratadas en diferentes espacios, fundamentalmente en los medios masivos de comunicación.

Asimismo, los artistas se trazaron el objetivo de confrontar los criterios que etiquetan de antisociales, desarraigados, fanáticos y violentos a estos grupos, generando acciones en las zonas frecuentadas por las tribus.

Una de ellas, la venta de carteles, proyección de videos y pasarela con diseños del vestuarista Roberto Ramos Mori, fue presenciada el sábado 26 de mayo por decenas de jóvenes de diferentes tendencias en la propia calle G entre 21 y 19.

Los diseñadores declaran que consideran el derecho de participación en la vida pública de estos individuos como sujetos actuantes dentro de una sociedad heterogénea. “Por todo esto -agregan-, la muestra pretende implicar, comprometer y sensibilizar al espectador -no al receptor tradicional del recinto artístico, sino al ciudadano común, al transeúnte habitual”. (2012)

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