DJs cubanos necesitan nuevos marcos legales

Según Darsi Fernández, los músicos electrónicos del país requieren proteger sus obras en el registro de derechos de autor.

Jorge Luis Baños - IPS

La mayoría de los DJs cubanos aspira a que la piratería de sus obras cesará cuando graben fonogramas en disqueras nacionales.

La Habana, 16 jul.- “Hacer lobby” para cambiar la Ley de Derecho de Autor vigente en el país es un paso que deben dar los disk jockeys (DJs) cubanos para proteger sus creaciones y seguir legitimando este tipo de música, recomiendan especialistas.

El derecho de autor vive una “crisis de fe” cuyos “protagonistas fundamentales” son los DJs, sostiene Darsi Fernández, abogada de la oficina en Cuba de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), de España.

“El trabajo del DJ y el derecho de autor no se han llevado bien. Desde que surgió el remix, este ha estado todo el tiempo en conflicto con los cánones establecidos desde finales del siglo XVII”, asegura.

Estos artistas, que suelen usar música preexistente para versionar con mezclas, no pueden acogerse al derecho de cita, que ampara el uso de fragmentos de obras musicales con fines educativos o informativos sin pedir el consentimiento del autor, que en este caso no recibe remuneración alguna.

A su juicio, “un conflicto de nuestros tiempos” es la “fricción” entre la música creada con las nuevas tecnologías y el derecho de autor.

En tanto, la abogada remarca que buena parte de la música electrónica se distribuye y comercializa en Internet y los DJs tampoco son consultados ni remunerados por eso.

Por eso, les aconsejó a los jóvenes del movimiento cubano de música electrónica durante el Festival Proelectrónica, realizado del 3 al 5 de julio, “estar informados sobre los nuevos campos de su trabajo”.

La experta insiste en la importancia de que las y los DJs productores registren sus obras en la Asociación Cubana de Derecho de Autor Musical, en aras de que se les reconozca legalmente su propiedad intelectual.

Dicha asociación representa el derecho de autor colectivo y tiene contratos con instituciones culturales como el estatal Instituto Cubano de Radio y Televisión, que está obligado a pagar el derecho de autor cuando se incluye música electrónica en productos radiales y televisivos.

Incluso solo dos DJs cubanos pertenecen hoy a la SGAE, una sociedad privada que se dedicada a la gestión de los derechos de autor de artistas y empresarios del negocio de la cultura.

Estos derechos son aquellos exclusivos que se les reconocen a los creadores y les garantiza que, cada vez que una obra protegida se utiliza públicamente, deban recibir una remuneración a cambio.

En casi todos los países del mundo, este tipo de propietario está protegido de por vida y 70 años más. Cuando el titular fallece, los derechos pasan a sus herederos.

La industria musical contemporánea, entre otros intentos de regulación, procura evitar fugas de capital haciendo que las descargas de música a través de internet dejen una huella digital y la creación de tiendas en línea.

Pero “el modelo legal está siendo cuestionado fuertemente en las nuevas circunstancias de consumo”, asegura la abogada, porque existen plataformas digitales como Spotify que permiten escuchar canciones gratis.

Existe un movimiento a nivel mundial que promueve el sentido contrario del copyright (indica que una obra está sujeta a derechos de autor y sin pagarlo no puede ser copiada), denominado copyleft.

Esa iniciativa, que impulsan creadores interesados en colaborar, plantea el otorgamiento de licencias en virtud de las cuales cualquier persona puede hacer uso de una obra siempre que cite la original, es decir, el autor cede su derecho a terceros. (2014)

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