Estudios privados llenan vacíos de instituciones culturales

La muestra Cabeza de ratón está abierta al público hasta el próximo 7 de diciembre.

La muestra Cabeza de ratón es un gesto colegiado de Estudio Figueroa-Vives con artistas invitados para celebrar sus 20 años de existencia.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Habana, 19 oct.- Por las debilidades de las instituciones culturales cubanas, cada vez es más frecuente que los creadores plásticos establezcan sus propios espacios expositivos, de promoción y comercialización, conocidos como Estudios de Artistas o el nombre global de Open Studio.En la capital existen muy pocas galerías, que no satisfacen la demanda del amplio número de exponentes. Además, en ocasiones su andamiaje no responde a la naturaleza individual y dinámica del arte, explicó la curadora Cristina Vives a la Redacción IPS Cuba.

La especialista en Historia del Arte, junto a su esposo el fotógrafo José A. Figueroa, fueron pioneros en la apertura de uno de esos centros: el Estudio Figueroa-Vives, que celebra sus 20 años con la muestra Cabeza de ratón, enclavada en salas de la Embajada de Noruega en esta capital y en su casa-taller.

La exposición sale en defensa de esos espacios alternativos a los circuitos tradicionales de exhibición y circulación de bienes culturales, “porque es mejor ser cabeza de ratón que cola de león”, dijo.

Según la curadora, el actual concepto de estudio tiene sus orígenes en el taller: poco a poco este lugar fue “desarrollándose” para suplir las carencias de las instituciones.

Valoró que, “en el contexto cubano, el estudio se convierte en una especie de sustituto de la galería privada, aunque aquí prevalece todavía cierto sentido de la colaboración, una línea prácticamente en extinción en el mundo entero”.

Estas casas-estudio son un lugar de debate sobre el arte.

Estas casas-estudio son un lugar de debate sobre el arte.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Cuando un artista tiene una propuesta de ese tipo, usualmente es asumida y compartida por varios. El taller, que era antes sitio privado de creación, se convierte paulatinamente en centros de promoción y comercialización de varios individuos, apuntó Vives.

Durante su nacimiento en el contexto local, “el diálogo con lo estatal se hacía más difícil y la comercialización de las obras comenzó a ser considerada una especie de actividad o vía de enriquecimiento ilícito”, recordó, sobre épocas pasadas.

Con la llegada de los años 1994 y 1995, tímidamente comenzó a aparecer el mercado de arte en Cuba, después de legalizarse la circulación del dólar. Quienes supieron sacar el mejor partido y aprovechar esa dinámica fueron los artistas desde sus estudios privados. Aunque las estadísticas solo recogen lo institucional y no abarcan lo privado, señaló.

“Además, estas casas-estudio son un lugar de debate, donde se hace arte, se discute sobre arte y se logra vivir del arte”, indicó.

Durante los últimos años, los estudios toman mayor fuerza, pero muchos se enfocan hacia fines cada vez más comerciales. “A veces, los artistas no trabajan ahí ni tienen exponentes de sus piezas más recientes o proyectos en proceso”, observó Vives.

Incluso, agregó, algunos superan por su condición física (diseño espacial, acondicionamiento) a los tradicionales espacios expositivos institucionales y, en su mayoría, se acercan bastante a los conceptos de mediana y pequeña industria, o microempresas por su organización y efectividad.

“La mayoría de lo que hoy llamamos Estudios de Artistas en el entorno capitalino, son un híbrido derivado del concepto fundacional del taller pero que ha perdido intimidad, propósitos y espontaneidad, asumiendo un empaque de nuevo tipo y camuflando en él, con la venia de todos, sus nuevos roles promocionales y comerciales”, detalló.

De esa forma, devino un producto organizado y ofrecido a clientes y mentores, además de una práctica generalizada e institucionalizada hoy en casi todas las ciudades o capitales culturales del mundo.

Tal modalidad de la gestión independiente del arte está siendo asimilada tímidamente en Cuba por el sector estatal que antes la reprobaba.

En la Bienal de La Habana 2015, la sección colateral Zona Franca se nutrió de los proyectos de artistas y grupos que utilizaron los espacios expositivos de La Cabaña como extensiones de sus estudios privados y galerías. (2015)

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