¿Existe el cine cubano fuera de Cuba?

Un artículo publicado en el último número de Palabra Nueva retoma la polémica sobre el arte de la diáspora.

Tomado del sitio oficial de León Ichaso

León Ichaso

La Habana, 5 ene.- El crítico de cine Jorge Luis Lanza Caride ha puesto sobre el tapete nuevamente la pregunta de por qué no se divulgan en la isla caribeña las películas de autores como León Ichaso o Rolando Díaz basadas en el dilema de la emigración cubana después del triunfo de la Revolución en 1959.

Su artículo “El cine cubano de la diáspora: la identidad fragmentada”, que salió a la luz en el último número de la revista de la Arquidiócesis de La Habana, se refiere a la excesiva centralización del Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficas (ICAIC) sobre la exhibición en las salas del país, como uno de los factores que alejan de las pantallas al cine de la emigración.

Lanza Caride aborda la diáspora como un fenómeno distinto del exilio, al aclarar que este último está marcado por la ruptura y la oposición política al sistema cubano, en tanto el primero se refiere a las personas que han salido de Cuba por razones que trascienden lo ideológico.

El crítico villaclareño centra su texto en resaltar los valores de El Súper (1979), cinta de Ichaso sobre el conflicto de una familia cubana que trata de sobrepasar barreras lingüísticas y culturales para insertarse en la sociedad estadounidense.

La película, considerada una de las primeras en abordar de forma no esquemática las complejidades de la emigración, constituye para Lanza Caride y otros críticos, un reflejo claro de cómo un segmento de la emigración desea mantener su vínculo con Cuba.

“El súper es uno de los pocos filmes realizados por cubanos en la diáspora que aborda desde una perspectiva humanista los conflictos inherentes a una identidad cultural fragmentada, dispersa por el trauma que implica el éxodo continuo de sus habitantes”, sentencia el crítico de cine.

Los debates sobre la diáspora se intensifican por estos días, luego de que el gobierno cubano aprobara una nueva legislación en materia migratoria para flexibilizar las condiciones de viaje al extranjero y ampliar la relación con la comunidad cubana residente en el exterior.

La política cultural cubana no ha estado exenta del distanciamiento con la emigración que supusieron las regulaciones estatales ahora modificadas, aunque desde mediados de la década de 1990 un grupo de intelectuales y artistas radicados en Cuba comenzaron a buscar nuevos intercambios con la diáspora.

Así surgieron los dossiers de la revista La Gaceta de Cuba dedicados a difundir la literatura hecha por cubanos en el extranjero, que fueron coordinados y luego antologados en un libro por el hoy Premio Nacional de Literatura, Ambrosio Fornet.

En su volumen de ensayos Narrar la nación, el intelectual apunta: “Los que se quedan son la otra cara de los que se van. Para dar cuenta cabal del fenómeno, por consiguiente, habría que estudiar en sus dos dimensiones los factores subjetivos, emocionales y conceptuales de la sensibilidad exílica”.

De manera creciente y sostenida, la divulgación de una parte de la producción académica y artístico-literaria que generan residentes cubanos en el exterior ha sido asumida por otras publicaciones como Casa de las Américas, Unión, La Jiribilla y Revolución y Cultura, pero en algunos campos esa presencia se hace más visible que en otros.

En este sentido discursa el artículo de Lanza Carides, aunque no menciona que en las pantallas cubanas se han visto –no sin generar polémica- filmes de cubanos residentes en el exterior como Memorias del desarrollo (2010), de Miguel Coyula. (2012)

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