Feminista toma asiento en la Academia Cubana de la Lengua

La institución fundada en 1926 agrupa a escritores, críticos, lingüistas y profesores de la nación caribeña.

La polifacética Yáñez se reconoce además como feminista.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 31 mar.- “La Habana es una ciudad bien grande”, “Todos los negros tomamos café”, “Las visitas”, “El diablo son las cosas”, “La hora de los mameyes” y “Sangra por la herida”, entre otros, son títulos de poesía, ensayo, cuento y novela, que la literatura cubana le agradece a la escritora Mirta Yáñez, quien ingresó la víspera como Miembro de Número de la Academia Cubana de la Lengua.

Nacida en La Habana en 1947 y graduada de la carrera de Letras en 1970, las hojas de su biografía incluyen un espacio para su actividad como guionista para el cine y la televisión, periodista, crítica literaria, profesora, investigadora, especialista en literatura latinoamericana, prologuista, editora  y autora de versiones literarias de traducciones de textos para niños.

De baja estatura, pelo plateado y corto, y sonrisa que recuerda la inocencia, Yáñez ha recorrido con su mente particularmente aguda e inquieta la simbiosis entre literatura e historia de la región.

Precedida por la presentación sobre su vida y obra, hecha por la escritora Nancy Morejón, la intelectual pronunció el discurso titulado “El personaje femenino en la narrativa del romanticismo latinoamericano”, un tema que ha estudiado a profundidad y con mirada crítica durante su carrera.

Yáñez, quien a partir de ahora ocupará el sillón R de la corporación, develó en su discurso cómo la literatura latinoamericana del siglo XIX, escrita generalmente por hombres y marcada por la misoginia,  relegó a las mujeres todas indígenas, criollas, blancas, emigrantes de Europa, pobres y ricas, a un segundo plano, “convirtiéndolas en los seres más desfavorecidos”.

A partir de los estudios de la marginación de la mujer, se enfatiza el desconocimiento desde los tiempos coloniales en América Latina de la situación preterida de la mujer, víctima de los poderes religiosos, judiciales y familiares, indicó.

Naturalmente, acotó, a las injusticias de género se sumaban las discriminaciones sociales por orden de raza, de tal manera que la violencia y los atropellos sobre ellas se multiplicaron.

“Me gustaría enfatizar que el romanticismo no fue ese periodo de exaltación de lo femenino como se ha querido ver en determinadas ocasiones”, sostuvo. Planteó que a las mujeres no les era permitida la bohemia, propia de varones, y se les relegaba “dentro de casa”.

La escritora puso sobre el tapete un hecho: a partir de la independencia de las colonias se aspiraba darle un impulso a la educación femenina, pero las pautas trazadas para ello seguían viendo a las mujeres y a las niñas como seres inferiores, lo que condujo a programas parciales y discriminatorios.

Yáñez se refirió también a aquellas “mal vistas mujeres” letradas que intentaron insertarse en la defensa del sufragio femenino, entre otras reivindicaciones, y que obtuvieron por ello el sarcasmo de la prensa, el ninguneo, el exilio y el manicomio.

Y citó algunas de las cualidades y contradicciones de protagonistas femeninas de la época.

Aun con sus limitaciones, “el romanticismo  significó una presencia descollante de la mujer, como lectora, como autora y como protagonista”.

“Si bien muy pocas de las grandes heroínas son provenientes de la autoría femenina, la mirada de género puede sacar a flote sus características, revelar sus máscaras y la tendencia entre las escritoras de cuestionar el orden, no solo en la educación sino en la igualdad social, familiar y sexual”, consideró.

Al discurso de Yáñez respondió la también académica de número Margarita Mateo Palmer, quien le atribuyó a la recién estrenada integrante características como “maña para leer entre líneas,  astucia para desempolvar textos olvidados, picardía para interpretar los silencios, suspicacia para distinguir gato por liebre, triquiñuelas para desmantelar frases alabadoras y abracadabras para recuperar voces perdidas”.

Mateo destacó la versatilidad del quehacer literario de Yáñez, su profundo dominio de la lengua, su sensibilidad hacia el habla popular y la oralidad, como herencia del español en Cuba, con múltiples ejemplos diseminados en toda su obra.

Al darle la bienvenida al sillón R, Mateo dijo que esa letra se ajustaba a la personalidad de la escritora en palabras como rigurosa, reconocida y racional.

Fundada en 1926, la Academia Cubana de la Lengua agrupa a escritores, críticos, lingüistas y profesores, empeñados en la difusión, cultivo y perfeccionamiento de la lengua española, particularmente en su variedad cubana.

Es correspondiente de la Real Academia Española y en esa condición participa de proyectos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, entre ellos la conformación de corpus sincrónicos y diacrónicos de las hablas regionales, y la elaboración de repertorios lexicográficos o gramaticales.

Con sede desde el 11 de enero de 2010, en el Edificio Santo Domingo, en el Centro Histórico de La Habana, la Academia Cubana de la Lengua concibe programas propios de elaboración de ediciones críticas y anotadas de obras cubanas, de acciones de extensión cultural y otros. (2015)

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