Investigaciones revelan desigualdades en el consumo cultural

Se observa una baja asistencia de la población cubana a diversos circuitos públicos de difusión cultural y la no renovación de los auditorios.

Archivo IPS-Cuba

Nuevos actores no estatales participan en la difusión cultural.

La Habana, 23 sep.- Las inequidades existentes en la sociedad cubana hoy alcanzan el consumo cultural, donde están en desventaja las personas de menores ingresos y desfavorecidas social y culturalmente, alertan especialistas.

Según Cecilia Linares, del estatal Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello”, las prácticas de consumo son disímiles y demostrativas de una sociedad cada vez más compleja por poder adquisitivo, lugares de residencia, acceso a equipamientos (tanto en el hogar como en los espacios colectivos) y capitales económicos, culturales, sociales y educativos, entre otros.

También las prácticas comunes, donde la música ocupa un lugar privilegiado, interconectan y comunican a los más diversos grupos sociales, destacó la científica en la última edición del espacio Foro Permanente, del Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero”, dedicada al consumo cultural y la equidad social.

En declaraciones a la Redacción de IPS Cuba, Linares indicó que las personas con mayor capital  económico y acceso estable a divisas suelen tener “un tipo de consumo distinto”, caracterizado por “el acceso a espacios que otros no pueden frecuentar”, de calidad artística variada.

“Otra inequidad se da en dependencia de las posibilidades del capital cultural y las competencias reales de determinados grupos sociales, de los espacios que han compartido, sus marcos de referencia para acercarse a manifestaciones y obras donde se necesitan conocimientos de los códigos para apropiarse de ellas”, señaló.

Para la estudiosa, el acceso a las nuevas tecnologías es otro fenómeno que demanda un cambio radical en la manera de ver, producir y enfrentarse a las acciones y políticas culturales.

Advirtió que hoy existe una mayor diversidad de actores, realizadores y distribuidores, con una jerarquía artística diferente a la que predominó hasta ahora en el país, la estatal.

Los estudios arrojan, además, que las personas más activas del consumo cultural son la juventud y profesionales, los cuales ostentan el consumo más alto en todas las manifestaciones, incluidas las artísticas-literarias.

De acuerdo con Kenia Lorenzo, del estatal Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, la escuela excluye y segrega de diferentes maneras -unas veladas y otras explícitas-, aunque en Cuba el acceso a la enseñanza primaria es universal, gratuito y obligatorio.

Una investigación desarrollada en tres escuelas primarias de La Habana, entre 2006 y 2009, concluyó que se crean conductas discriminatorias hacia las niñas y niños percibidos como pobres por su apariencia física. También encontró distancias en cuanto a vivencias cotidianas, necesidades y experiencias culturales entre los diferentes grupos.

A juicio de Lorenzo, es preciso entonces “no reproducir la desigualdad, asumir de manera constructiva la diversidad de actores de la sociedad cubana actual, la diversidad social y subjetiva de la infancia, los niños y niñas que tienen o no un determinado espacio en la escuela, acogerlos en una situación de igualdad genuina y no continuar reproduciendo inequidades y desigualdades”.

La diferencia, aclaró, no es mala en sí misma, forma parte de un universo enriquecedor. Para ella, el problema es la desigualdad que la escuela está reproduciendo, a veces sin saber.

En el intercambio se habló de la necesidad de contar con claustros de profesores capaces de contribuir a la formación, tanto en las diferentes materias curriculares como en valores cívicos.

Nelia Casado, del Instituto Cubano de Radio y Televisión, reveló que no existe una política de programación televisiva coherente con las representaciones de género, porque conviven mensajes no sexistas con otros muy estereotipados y escasean las mujeres diversas.

Entre las menos mostradas están las mujeres rurales, negras, lesbianas y de la tercera edad, apuntó, a partir de los resultados de un estudio de género realizado en la televisión cubana.

En el debate generado entre especialistas y el público asistente al Foro, hubo fuertes cuestionamientos a la televisión local como la falta de asesoría especializada y la persistencia de contradicciones entre el  discurso de los directivos y la calidad de lo que reciben las audiencias.

Según Danae Diéguez, profesora de la Universidad de las Artes,  la televisión cubana, por su carácter público, tiene que tener un compromiso ético aunque escaseen los recursos económicos y tecnológicos para la realización.

Por su parte, la investigadora María del Carmen Zabala alertó que en la sociedad cubana se presentan inequidades en la salud, educación y cultura, espacios supuestamente inclusivos, las cuales están interconectadas con otras como el lugar de residencia, posibilidades de acceso, transportación, economía y desventaja cultural familiar.  (2013)

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