Investigadoras prevén cambios económicos en las editoriales cubanas

La producción del libro en Cuba, subvencionada por el Estado, resulta casi única en el mundo.

Cuba cuenta con 169 editoriales, de ellas 122 son de la capital, indican las autoras del texto.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La Habana, 7 ago.- Especialistas de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana instan a mantener el valor de las editoriales como engranajes claves de la cultura del país, durante el fuerte cambio que enfrentarán en el futuro próximo.

Hasta el momento, aseguran, las editoriales en Cuba se conciben como imprentas vinculadas a determinadas sociedades o filiaciones políticas, o a la espera de un mecenas que financie determinadas publicaciones.

Todas son subvencionadas por el Estado y responden más a políticas culturales que a las leyes del mercado.

Sin embargo, en aproximadamente un lustro, buena parte de estas instituciones pudieran pasar a ser empresas autofinanciadas, alertan las comunicadoras Yanet Blanco y Yamilé Ferrán en el número nueve de Alcance, la Revista Cubana de Información y Comunicación.

En el artículo De los encargos a los diálogos: Industria editorial cubana y políticas públicas de educación y cultura, las autoras vaticinan que se impondrá un cambio de su estructura física, organizativa, legal y de proyectos, bajo nuevas filosofías de producción y políticas más abiertas y flexibles en busca de más comercialización.

Ello, coinciden, implicará un reanálisis de los costos y una revisión de los criterios que hasta ahora se han legitimado sobre personal, derecho de autor, estética de los libros, temas, género y autor.

“Se impone una mirada analítica más actualizada y crítica que busque aunar la eficiencia/rentabilidad y calidad de una industria/sector, sin renunciar a la vocación humanística que ha caracterizado a las políticas culturales de la Revolución, y sin subvertir los valores de una sociedad donde la cultura no se rentabiliza”, afirman.

No obstante, Blanco y Ferrán se preguntan si “¿existirá un cambio tal que permitiera dadas estas condiciones el autofinanciamiento de los escritores?”.

Las autoras señalan “lastres y devaneos en la gestión editorial endógena a las que no escapan las irrisorias prácticas institucionales para la promoción de la obra de autores cubanos hacia el exterior bajo esquemas contractuales más agresivos y globales”.

También consideran insuficientes en el actual sistema editorial “reseñas, comentarios, resúmenes que ayuden al lector a ubicarse ante el producto que se le propone” o “los resúmenes de colección dónde se enumeren escritores y títulos publicados o por publicar, así como catálogos editoriales que se actualicen”.

En este punto, reclaman “una transparencia de la información, aplicable a los escritores que necesitan conocer las partes del proceso que atraviesa la obra y a los trabajadores de la editorial que requieren de este tipo de información de una manera más expedita”.

Asimismo, señalan prácticas deficientes o poco sistemáticas en la promoción, unido a la inexistente publicidad, “herramientas que el mercado internacional articula con mucha eficacia”.

Reconocen que el cambio de mentalidad y de esquemas productivos que transiten de lo institucional a lo empresarial “suscitan desde ya reticencias y expectación en los actores más involucrados”.

A la hora de imaginar ese escenario deseado, las investigadoras recomiendan que la industria ocupe un mayor protagonismo al interior de las agendas investigativas y de producción científica del país.

En su opinión, se abre una etapa de oportunidades, que bien aprovechadas, pueden encumbrar el libro “en una era digital para la cual la producción y el consumo de saberes escriturales y humanistas siguen siendo un muro de contención para la banalización y la enajenación del gusto y de la capacidad de crear”. (2016)

Un comentario

  1. Joel Franz Rosell

    La edición cubana tiene que modernizarse. Si lo han sabido hacer los creadores de microempresas en sector de las comunicaciones cibernéticas, ¿por qué no las editoriales? Los mecanismos de mercado no son solo negativos en el campo de la producción cultural: ayudan a incrementar el conocimiento del destinatario del trabajo por el artista o escritor y por los intermediarios entre creadores y público. Eso falta mucho en Cuba. Se publican muchos libros inmaduros, repetitivos o que no interesan a nadie, mientras que los altamente demandados y a veces novedosos, escasean o no existen. Los derechos de autor de un libro nuevo no deben ser la principal fuente de ingresos de un autor, pues eso lo empuja a producir sin madurar. Es un fenómeno que también se produce en otros países, pero la peculiaridad en Cuba es la casi inexistencia de reediciones y la práctica inexistencia de estudios de recepción. No se puede publicar un libro solo para justificar la existencia social de un autor, como no se pueden crear editoriales solo para darles trabajo a los profesionales (que ni siempre lo son tanto) del libro y la literatura.

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