Joven narradora rescata la vida de Juana Borrero

“La isla de las mujeres tristes” cuenta el amor trágico entre la poeta Juana Borrero y Carlos Pío Uhrbach.

Tomado de UNEAC

Elizabeth Mirabal ha obtenido varios premios nacionales de periodismo cultural.

La Habana, 18 nov.- La atormentada y breve vida de la poeta y pintora cubana Juana Borrero (1877-1896) vuelve en la novela “La isla de las mujeres tristes”, con la cual la joven escritora Elizabeth Mirabal obtuvo el Premio Iberoamericano de Novela 2014, conferido por la española Editorial Verbum.

El fallo del jurado destacó que la obra, bien documentada históricamente y con una trama delineada con precisión, aborda con maestría técnica la vida de la familia Borrero, una de las más relevantes de la Cuba de fines del siglo XIX e inicios del XX.

El texto cuenta el amor trágico entre Carlos Pío Uhrbach (1872-1897) y Juana Borrero, una joven precoz que murió a los 18 años y dejó una obra plástica y literaria imprescindible para la cultura cubana. Pío también murió a temprana edad, pero en la guerra de independencia.

Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana en 2009, Elizabeth Mirabal (1986) es coautora junto a su compañero Carlos Velazco de “Sobre los pasos del cronista. El quehacer intelectual de Guillermo Cabrera Infante en Cuba hasta 1965”. La investigación recibió el Premio Enrique José Varona Uneac 2009 y el de la Crítica Literaria Cubana 2011.

También con Velazco comparte la autoría de “Tiempo de escuchar” (Editorial Oriente, 2012), una selección de entrevistas a escritores; el libro de testimonios sobre Cabrera Infante “Buscando a Caín” (Ediciones ICAIC, 2013) y “Hablar de Guillermo Rosales” (Editorial Silueta, 2013).

Mirabal obtuvo los premios nacionales de periodismo cultural Monchy Font 2006 de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y Rubén Martínez Villena 2006 y 2008 de la Asociación Hermanos Saíz.

La joven narradora conversó con la Redacción IPS Cuba sobre su novela y los retos que sorteó para realizarla:

REDACCIÓN IPS CUBA: ¿Por qué el título?

ELIZABETH MIRABAL: Sentí que lo exigían las voces que se superponen en la novela, que van contra esa larga tradición de lugares comunes que tiene su paroxismo en el estereotipo de la mujer cubana siempre sonriente y despreocupada. Cuando camino por las calles de la ciudad, ascendiendo la empinada Calzada de Jesús del Monte (de Diez de Octubre) o bajando por la calle Monte, las mujeres, cualquier sea su color, edad, estrato social, ostentan caras más bien tensas y escépticas.

IPS CUBA: ¿Qué complejidad supone (re)escribir, (re)interpretar la historia, aun a través de la literatura?

EM: La historia es una materia viva expuesta a nuevas lecturas e interpretaciones: con los años se desclasifican documentos, se incorporan testimonios ignorados y las versiones precedentes son confrontadas por miradas que ya se han desprendido de antiguos esquemas.

La literatura, a pesar de contar con más libertades que barreras cuando trabaja la historia, se expone también a ser enjuiciada, porque como disciplina se enmarca en determinados límites fijados y protegidos por códigos, santos y señas, mientras que en el plano de la imaginación casi todo resulta posible.

Por ejemplo, cuando el escritor boricua Edgardo Rodríguez Juliá publicó su novela “La noche oscura del niño Avilés” (1984) la comunidad de historiadores molestos escribieron reseñas adversas debido a los anacronismos del texto.

En Cuba se ha llegado al punto hasta de concebir y publicar un libro-respuesta porque un determinado enfoque en torno a un poeta del XIX en una obra de teatro no se ajustaba a la imagen luminosa que de él se tenía.

IPS CUBA: ¿A través de qué elementos consideras que la novela dialoga con la Cuba contemporánea?

EM: Son varios los puentes que se tienden hacia esa “Cuba contemporánea”. No podría ser de otra forma, pues La isla… ha sido escrita desde mi presente. Algunas un poco más cifradas, otras voluntariamente evidentes, confío en que los lectores podrán descifrar esas conexiones.

No me propuse hacer un corte temporal ascético y, como a otros muchos autores, me interesaba interpelar el hoy desde un ayer relativo, y digo relativo, porque la novela alcanza el inicio de la década del ochenta del pasado siglo, período que en términos de cronologías y líneas del tiempo mantiene aún su cercanía.

IPS CUBA: ¿Consideras que la novela se inscribe en la corriente de lo que se denomina literatura femenina o feminista?

EM: Prefiero dejar esa tarea a los críticos. Sería un poco jactancioso de mi parte intentar argumentar una respuesta afirmativa. Respeto este campo de estudios cuando se asume con seriedad y compromiso, y lo miro con dudas apenas percibo que la inmersión en él se debe a modas académicas convenientes que aseguren una escalada profesional.

El hecho de que yo sea mujer, que el título de la novela incluya al plural de nuestro sexo y que sean varios los personajes femeninos en la trama, no asegura la pertenencia a una visión con matices tan particulares.

IPS CUBA: ¿Cuáles de los dilemas que acosaban a la poeta en aquella época siguen siendo problemas para las mujeres y la sociedad cubana del presente?

EM: Juana Borrero disfrutó de una comprensión especial de su familia a la hora de crear, en especial de su padre el doctor Esteban Borrero. Salvo muy contadas ocasiones, no le exigieron coser y bordar en detrimento de escribir o pintar. En este aspecto, su caso no es el típico de las jóvenes de fines del siglo XIX.

Esa podría ser una primera diferencia respecto a la realidad de no pocas muchachas cubanas que, deseando dedicarse a otras labores más enriquecedoras o importantes para ellas, están presionadas no solo por convenciones y ataduras sociales, sino por la dureza y dificultades que imponen la falta de recursos y la pobreza o tempranas responsabilidades para asegurar una mejor economía familiar.

La castidad era un gran dilema para Juana. Quizás a las potenciales lectoras de la novela les resulte difícil comprender la magnitud de este drama. Pero también hallarán numerosas coincidencias entre esos proyectos de vida que no le confiesan a casi nadie y los sueños de felicidad de la poeta.

Aunque transcurran siglos enteros, las muchachas nos hemos aferrado a ciertos deseos y aspiraciones universales. Acaso la libertad clasifique como el más constante. (2014)

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