Libro reivindica el rol del instituto cubano de cine en América Latina

Es considerado una de las instituciones culturales más relevantes del último medio siglo en la isla caribeña.

El Icaic continúa siendo la institución estatal rectora de la producción cinematográfica en Cuba mientas productoras independientes esperan por su legalización.

Foto: Tomada del sitio web de la Uneac

La Habana, 7 ene.- El Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) ha sido un instrumento invaluable para el ejercicio de una “diplomacia alternativa”, afirma un libro con referentes teóricos sobre políticas y resistencias culturales desde el audiovisual.

Con una proyección explícitamente internacionalista, la institución contribuyó a la extensión del movimiento revolucionario hacia América Latina y posteriormente jugó un rol importante en la resistencia contra las dictaduras militares que asolaron la región en la década de 1970.

Tal tesis es desarrollada por el académico Salvador Salazar (La Habana, 1982) en el texto “Cine, revolución y resistencia. La política cultural del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos hacia América Latina” (Buenos Aires, Clacso, octubre de 2017).

Fundado el 24 de marzo de 1959, el Icaic deviene una de las primeras instituciones culturales creadas por la revolución cubana, ha sido uno de los pilares del Movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano, del cual el Festival de La Habana (1979) resulta uno de sus principales impulsores, recuerda el autor.

Desde la década de 1960, cubanos y latinoamericanos encontraron causa común en la resistencia al cine comercial hollywoodense, la ponderación del cine de autor, la denuncia al monopolio de las grandes productoras, y la búsqueda de temas nacionales y regionales, auténticos y políticamente comprometidos, analiza.

A juicio de Salazar, una dimensión de dicha resistencia, poco abordada hasta el momento, es el compromiso del Icaic con los movimientos de liberación de América Latina, “actividad que no era vista con buenos ojos por Moscú, interesado en mantener estables las fronteras que la Guerra Fría implantó tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)”.

Podría decirse que el respaldo del Icaic al “latinoamericanismo” del guerrillero Ernesto “Che” Guevara (1928-1967) marca la voluntad de la institución por distanciarse del bloque soviético, y por quienes desde Cuba ponderaban los nexos entre La Habana y Moscú, acota el también periodista.

Elementos ilustrativos de esta actividad lo constituyen los vínculos entre el cine cubano y

procesos políticos afines al gobierno encabezado por Fidel Castro (1926-2016), como el gobierno de la Unidad Popular en Chile (1970-1973) y la Revolución Sandinista (1979) en Nicaragua.

Asimismo, sobresale la realización de materiales audiovisuales de denuncia y el apoyo a realizadores exiliados a causa de la represión militar durante gobiernos dictatoriales en Argentina, Chile, Bolivia y Ecuador, entre otros.

Otra de las ideas desarrolladas en el libro alude al pragmatismo de la política exterior del instituto y los esfuerzos para la construcción de un consenso favorable que venciera el aislamiento internacional al cual se vio sometida Cuba por parte de Estados Unidos.

Además, el interés del Icaic por la región se explica desde una concepción estratégica, amparada en el pensamiento latinoamericanista e integrador de sus cineastas y directivos, y en las relaciones de estos con la intelectualidad del subcontinente, en especial con el sector cinematográfico.

Resalta el autor que un factor insoslayable en el diseño de estas políticas es el extremo personalismo que imprimieron a la actividad internacional directivos y cineastas como Julio García-Espinosa (1926-2016), Santiago Álvarez (1919-1998) y Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996), y en especial Alfredo Guevara (1925-2013), creador y presidente fundador del Icaic.

De acuerdo con el texto, algunos de los principios generales de la política del Icaic hacia América Latina se mantienen en mayor o menor grado hasta el presente, como el apoyo a las labores de propaganda del gobierno cubano, a través de la producción fílmica y otras acciones de movilización en el terreno de la comunicación interpersonal. (2018)

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