Padura toma asiento en la Academia Cubana de la Lengua

El Premio Nacional de Literatura (2012) es también Miembro Honorario de las Academias nacionales de la Lengua Española de Puerto Rico, Panamá y Costa Rica.

Leonardo Padura recibió una medalla con la letra U que identifica la silla que le corresponderá como académico.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

La Habana, 27 nov.- La novela, en tanto ejercicio literario y procedimiento de construcción del ser humano, debería siempre habitar en el reino de la absoluta libertad creadora, afirmó el escritor Leonardo Padura al ingresar como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua (ACuL).

El acontecimiento tuvo lugar la víspera en sesión abierta, pública y solemne de la ACuL, en el Aula Magna del Colegio Universitario de San Gerónimo de La Habana, en el Centro Histórico capitalino.

Padura recibió una medalla con la letra U que identifica la silla que le corresponderá como académico, ocupada anteriormente por monseñor Carlos Manuel de Céspedes (1936-2014), junto con el diploma acreditativo y un ejemplar de la última edición del Diccionario de la Lengua Española.

El Premio Nacional de Literatura (2012), Premio Princesa de Asturias de las Letras (2015) y Premio Internacional de Novela Histórica Barcino (2018) pronunció el discurso ¿Para qué se escribe una novela?, en el cual reflexionó sobre las complejidades del género.

En su discurso, Padura sintetizó la esencia del acto de novelar: “llegar al alma de las cosas”.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Consideró imposible fijar una forma específica para conceptualizar la novela, “ya que una de las condiciones de su calidad radica en su constante evolución formal”.

Durante su intervención, el creador del personaje del detective Mario Conde recurrió a teorizaciones sobre el acto de escribir una novela hechas por dos de sus referentes literarios, el español Manuel Vázquez Montalván (1939-2003) y el checo Milán Kundera (1929).

Asimismo, Padura sintetizó con palabras de Gustave Flaubert (1821-1880) la esencia del acto de novelar: “llegar al alma de las cosas”.

Aseguró que el principal recurso, el sujeto y objeto de las novelas, “somos nosotros, las personas con sus pasiones, pensamientos, reflexiones más íntimas y variadas, con sus comportamientos más comunes o extravagantes”.

Comentó que, muchas veces, las novelas parten de una obsesión que persigue a los escritores durante años, como ocurrió en su caso con Herejes (2013), una obra donde se analiza el natural deseo humano de ejercitar la libertad y poner en práctica un libre ejercicio del albedrío individual, a pesar del sistema político o momento histórico específico.

La última novela de Padura, La transparencia del tiempo, fue publicada este año en España por Tusquets Editores.

Y preguntó: “¿Se puede escribir una novela para narrar las peripecias singulares y hasta aleccionadoras, para evacuar dudas o certezas sobre un determinado argumento, sobre unos personajes específicos, pero a la vez para ir más allá en la comprensión y reflejo de un mundo hasta llegar a las esencias de la historia, la sociedad, la existencia humana e incluso algo tan complejo como la existencia de una nación, un ser natural único y específico?”

El autor de la mundialmente reconocida El hombre que amaba los perros (2009) explicó que, en La novela de mi vida (2005), trató de encontrar respuestas a la decisión del poeta romántico José María Heredia (1803-1839) de ser cubano y no español.

“Me pregunté si la había escrito para decir que muchas veces la historia nos define, pero que en ocasiones nosotros escribimos momentos dentro de la historia y si había sido Heredia, con su decisión de pertenencia, el que había fundado y expresado por primera vez un sentimiento de cubanía que siglo y medio después (…) me persigue a mí, víctima de mi obsesivo sentido de pertenencia”, compartió.

A su juicio, el arte de la novela y la sociedad han mantenido una convivencia compleja y en ocasiones dolorosas, pues “la sociedad no siempre está preparada para las respuestas artísticas y, curiosamente, la ACuL se sintió incómoda ante la imagen de José María Heredia que esbocé en La novela de mi vida”, indicó.

De acuerdo con Padura, escribir una novela conduce a hurgar en el misterio de la vida y que “en la construcción a través de la literatura existe una proyección social hacia fuera del escritor que no solo es forma de testimoniar, sino también de revelarse contra la dominación, la barbarie, el dolor y de compartir esos demonios y esa rebelión con unos seres increíblemente cercanos que son los lectores”.

Leonardo Padura recibe el Premio Barcino en el Saló de Cent, en el Ayuntamiento de Barcelona, España.

Foto: Archivo IPS Cuba

“Al fin y al cabo, no solo por mí, sino también por ellos, los profundos lectores, siempre me pregunto para qué voy a escribir una novela. Y si uno le vira la espalda a esta pregunta, aunque sea en el fondo de su conciencia, su literatura pagará las consecuencias”, concluyó.

Pese al mutismo de los medios

La Académica de Número Margarita Mateo Palmer resaltó la extensa y laureada trayectoria narrativa, ensayística y periodística del escritor nacido en 1955 y residente en la barriada habanera de Mantilla, que incluye más de 25 libros de diversos géneros, incluyendo 12 novelas.

“Leonardo Padura se ha convertido en el escritor cubano vivo más asediado por el público lector y la crítica (…) Varios libros de reconocidos estudiosos y numerosas tesis de grado, maestrías y doctorados, se han dedicado al análisis de su obra. Sus libros han sido traducidos a 24 lenguas y algunos de ellos como El hombre que amaba los perros ha tenido más de 80 ediciones solamente en España, Argentina y México”, significó.

Sostuvo que, “aunque el éxito y la fama lo han acechado con particular intensidad, sus textos no han sido escritos para satisfacer las banales exigencias del mercado, sino que conforman un sólido cuerpo que desde sus inicios se caracteriza por una honda indagación sobre el ser humano y sus respuestas a las circunstancias y retos de la vida”.

Resaltó además que el padre de Mario Conde “siempre se las ha ingeniado para que toda su obra se publique en Cuba, aunque esas tiradas no alcanzan a satisfacer la demanda de un público lector que persigue sus libros con un fanatismo muy cercano al despertado por las estrellas del rock”.

Mateo Palmer observó que, a pesar “de la poca divulgación y del ostensible mutismo de la prensa y otros medios de comunicación (locales) sobre su quehacer, este narrador cuenta con una popularidad y un prestigio alcanzado por muy pocos escritores en Cuba”.

Llamó la atención asimismo sobre el contraste entre “la notable difusión que tuvo en su momento la obtención del premio Príncipe de Asturias por Javier Sotomayor (1993) y el silencio absoluto sobre el de Padura en los medios nacionales”, a pesar de ser “los dos únicos cubanos que han recibido hasta el momento tan importante galardón”.

“Padura, desde luego, no es campeón de salto alto, ni tan siquiera pudo cumplir su sueño adolescente de ser pelotero y mucho menos ser cantante de un grupo de heavy metal, a pesar de su conocida capacidad de convocatoria. Pero es, sin duda alguna, una de las figuras más sobresalientes e importantes de la cultura cubana actual”, concluyó la escritora.

Padura fue seleccionado para integrar la ACuL el 9 de abril de 2018, durante una sesión plenaria en la cual también resultaron electos la escritora, ensayista e investigadora Cira Romero (1946) y el novelista, dramaturgo y guionista, Reinaldo Montero (1952). (2018)

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