Suspensión de obra teatral genera polémicas

“El Rey se muere” debió presentarse durante todos los fines de semana de julio.

Juan Carlos Cremata es un reconocido y polémico director de cine y teatro.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 15 jul.- Diversas reacciones en medios alternativos, blogs y las redes sociales sigue provocando la cancelación de la puesta en escena de “El Rey se muere”, original del rumano-francés Eugène Ionesco (1912-1994) y dirigida por Juan Carlos Cremata, en el capitalino Centro Cultural Bertolt Brecht.

El bloguero Luis Rondón consideró que la obra sirve “para reflexionar de todo lo que está a nuestro alrededor, nuestros valores y creencias. Además de plantearnos la verdad absoluta de que algún día, todas y todos moriremos”.

Otras voces se preguntan si la medida fue “excesiva”, en un país con un pasado reciente de restricciones a las manifestaciones artísticas y sus principales exponentes, conocido hoy como “quinquenio gris” aunque abarcó más tiempo que de 1970 a 1975.

Cremata circuló su versión del hecho en un texto titulado “CONDENADNOS, no importa: el ARTE nos ABSORBERÁ”, donde calificó de “un acto de censura” la salida de la pieza, el 6 de julio, de la cartelera de la sala Tito Junco, donde solo se realizaron dos funciones para el público.

La decisión fue tomada por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE), que regula la actividad teatral en el país, y el Centro de Teatro de La Habana.

El también director de cine afirmó que la suspensión de la obra, prevista para los fines de semana de este mes de julio, constituyó una “medida inmoral, medieval e incomprensible”.

A través de las redes de difusión informales, circulan en el país copias piratas de los últimos cortos de Cremata, “Crematorio 1: en fin… el mal” y “Crematorio 2” , donde reflexiona de manera mordaz sobre la rigidez e hipocresía de los dogmas ideológicos, pérdida de valores, falsedad y doble moral que se ha instaurado en las relaciones sociales.

Además, en el texto divulgado el 10 de julio, criticó al CNAE por escudarse en tecnicismos para el “uso abusivo de un poder absolutista que se ostenta, sustenta y expone en el ejercicio cruel de una censura infame”.

Recordó que el consejo sacó de cartelera en 2012 su presentación de “La hijastra”, luego de 14 funciones, entonces “atendiendo a comentarios desproporcionados, frustrantes y maliciosos, que se acallaron (…) meses después”.

Cremata negó que en “El Rey se muere”  se intentara “hacer referencia a monarca, líder o dirigente alguno” y remarcó que el objetivo “era hablar de la resistencia al cambio”.

La obra, con los códigos del teatro del absurdo, aborda la decadencia y últimas horas del “rey Berenguer” (Berenjena en la adaptación cubana), monarca absoluto que ha sumido en la ruina a la nación por sus disparatados caprichos y que se niega a morir, mientras miembros de la corte se aprestan a festejar su deceso.

Por su parte, Andy Arencibia, especialista del CNAE, subrayó el 8 de julio en el artículo “Notas apresuradas partir del estreno de El rey se muere”, que “esta particular puesta en escena está indisociablemente ligada a una noción de teatralidad política”, a través de “el choteo y la carnavalización de los símbolos políticos” de la Cuba de hoy.

Se quejó asimismo de “los referentes reales e históricos tratados de manera irrespetuosa, y que no llegan a tener un peso teatral artístico verdadero”.

Una escueta nota del CNAE publicada, el 7 de julio, en el sitio Cubarte, del Ministerio de Cultura, indicó que la decisión atendió “a las estrategias de desarrollo del arte escénico cubano, al diálogo permanente entre la institución y la práctica artística cotidiana, en pos de lograr estadios más propositivos entre las obsesiones poéticas de nuestros creadores y la política cultural de la Nación”. (2015)

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