Vigencia del cine de Humberto Solás

Especialistas e integrantes del equipo de realización de Cecilia (1982) reivindicaron los valores de una obra aún envuelta en la polémica.

Orsanhec Plaza

Importantes personalidades y estudiosos del cine, tales como el cineasta Manolo Herrera, la profesora Mayra Pastrana, moderadora y especialista en medios audiovisuales Danae Diéguez, la actriz Eslinda Núñez, el escritor Reynaldo González y el director de fotografía Livio Delgado, estuvieron a cargo del panel

La Habana, 19 sep.- Marcada por la polémica y la transgresión, la película Cecilia (1982) trasegó hasta hoy, cuando se cumplen 30 años de su estreno. La obra del cineasta Humberto Solás (1941-2008), inspirada en la más trascendental novela decimonónica cubana, reafirma su lugar entre los clásicos del séptimo arte en la isla caribeña, según especialistas.

El fotógrafo de la cinta, Livio Delgado, la actriz Eslinda Núñez, el escritor Reinaldo González, el realizador Manolo Herrera y la crítica de cine Mayra Pastrana destacaron los valores de la película en una actividad desarrollada el 18 de septiembre, en la Casa del Alba Cultural de La Habana.

El panel titulado “Connotación de Cecilia en el cine y las artes cubanas” y moderado por la académica Danae C. Diéguez, integró un programa más amplio por el cuarto aniversario de la desaparición física de Solás, nombre insigne del séptimo arte en el país.

Como un cuadro de la nacionalidad cubana, Herrera calificó a Cecilia. A su juicio, en ella se recogen varias de las esencias históricas y culturales de la tierra cubana. Por ello, merece una reivindicación, coincidieron los panelistas en la cita organizada por la productora de audiovisuales y eventos Solás&Benvenuto y con el apoyo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.

Sobre la base del clásico Cecilia Valdés, del escritor Cirilo Villaverde, Solás construyó una mirada auténtica a asuntos como la racialidad, el sincretismo, la esclavitud, la falsa moral y las contradicciones de la clase aristocrática en la primera mitad del siglo XIX cubano, elementos claves en el surgimiento de la nación caribeña.

El argumento se centra en el amor incestuoso entre el joven criollo Leonardo Gamboa- interpretado por el actor español Imanol Arias-, y Cecilia Valdés, una mulata que “parece blanca” y ambiciona ascender en su escalón social, encarnada por la cubana Daysi Granados. Aunque en principio lo desconocen, ambos son hijos del mismo padre.

Por otra parte, el mulato José Dolores Pimienta ama a la protagonista, mas no cumple sus expectativas por ser pobre y mestizo. Al transcurrir la trama Leonardo abandona a Cecilia presionado por los convencionalismos y se compromete con Isabel Ilincheta, una joven de su mismo estrato social, con lo cual se desencadena la tragedia.

Tanto Villaverde como Solás aprovechan el triángulo amoroso para develar las tensiones de una sociedad esclavista, racista y estratificada. A criterio del escritor Reynaldo González, lo que interesa de Cecilia no es la anécdota sentimental, sino la realidad que expone en cuanto a la economía, los problemas religiosos y sociales.

“No hay en América Latina otra novela que corresponda al paisaje moral que sea tan efectiva como la de Villaverde”, significó. De ahí el reto de representarla en imágenes, sostuvo González.

Si bien la obra ha tenido adaptaciones en la zarzuela y el ballet, solo el también autor de cintas emblemáticas como Lucía (1968) la llevó al audiovisual, con dos versiones de distinta duración, un largometraje y una serie de seis capítulos para la televisión.

Entre los aportes cinematográficos señalados al filme destacó la fotografía incisiva, a cargo de Livio Delgado, cuyo trabajo con la luz y el contraste de colores connota la atmósfera social enrarecida que envuelve el relato.

En tanto, la investigadora Mayra Pastrana resaltó el carácter dramático de la arquitectura, la ambientación y la escenografía en la película como reflejo de una subjetividad social que trasciende a los propios personajes. Por su parte, la actriz Eslinda Núñez evocó la exigencia de Humberto en los detalles históricos durante el rodaje, que duró más de un año y alcanzó un elevado presupuesto.

Polémica tras Cecilia

Si bien no se soslayaron en su momento los valores artísticos de la pieza, la apuesta del cineasta no fue comprendida y Cecilia generó cuestionamientos por parte de algunos funcionarios y de críticos conservadores.

Entre los argumentos esgrimidos estuvieron sus altos costos de producción, el largo período de rodaje y el no haberse ceñido de manera estricta al original literario. Incluso, detrás de los señalamientos a la pieza de Solás se escondía un emplazamiento a las dinámicas del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), según el panel.

El debate trascendió entonces el hecho artístico para adentrarse en la política cultural de la década de los ochenta del siglo XX, señaló Diéguez, y condujo a transformaciones internas en el ICAIC. Herrera, quien por entonces representaba el sindicato de ese gremio, recordó el apoyo unánime de las y los trabajadores del cine a la película, pues a su juicio se trataba de una obra necesaria.

“Lo que le han señalado a Humberto es el arte”, concluyó González. Cecilia se posicionó entre lo mejor del cine cubano y es reconocida por la crítica como el filme más importante de la década de los ochenta del siglo XX en Cuba, según una encuesta publicada en 2009 a propósito del 50 aniversario del ICAIC.

Para Solás, se trataba de su mejor obra, por ser la más estudiada y rigurosa. “Es mi película preferida, sobre todo por el hecho de que significó replantear la libertad del creador”, reveló en una entrevista cuyos fragmentos fueron publicados en el blog Cine cubano, La pupila insomne.

El creador de películas antológicas como Un hombre de éxito (1986) y El siglo de las luces (1992) interpretó la polémica como evidencia de que el cine es parte activa de la sociedad.

“Que una película tuviera esa capacidad demoledora de cuestionar desde una novela hasta una institución, de provocar un enfrentamiento tan fuerte, me reveló la porción viva de mi trabajo”, confesó.

Tributo por Humberto Solás

La casa de Aguiar 154 pudiera ser una de las tantas que abundan en la Habana Vieja, la zona fundacional de la capital cubana. Sin embargo, ese ventanal que se divisa desde la calle refresca el hogar en el que vivió Humberto Solás (1941-2008), desde apenas meses de nacido hasta el año 1968.

Una tarja ubicada en la pared del frente por la Oficina del Historiador de la Ciudad recuerda que ese lugar acogió buena parte de la vida del artista, una etapa recordada por su hermana Elia Solás durante el homenaje realizado el 17 y 18 de septiembre, cuando se cumplen cuatro años de la muerte del director de cintas emblemáticas como Lucía (1968).

Fue un encuentro entre amigos y familiares, uno de esos instantes lleno de emociones porque Elia leyó un fragmento de una carta escrita en 1964 por su hermano, cuando era todavía aprendiz de cineasta. En la misiva, dirigida a ella y su madre, el joven Humberto habla del amor y pasión que sentía por Cuba mientras se encontraba en Roma, para conocer en directo la corriente artística del neorrealismo italiano.

Más adelante el director de cine y televisión Tomás Piard leyó su homenaje personal al maestro. Para él, Lucía es la gran película del cine cubano porque allí se entrelazan tres filmes con estéticas y representaciones diversas. Esa cinta dejó en él una huella imborrable, cuando siendo un joven estudiante de preuniversitario asistió a su premier y esas imágenes le guiaron el camino a seguir como creador, compartió con los presentes.

Aguiar 154 fue testigo de los años que forjaron la personalidad del cineasta, la gestación del mediometraje Manuela (1965) y el largometraje Lucía, cuando Solás se erigió como el arquitecto fundamental del cine cubano.

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