Villa colonial defiende tradición e identidad

Este año, expertos supervisaron la fiesta como paso previo para su eventual declaración como Patrimonio Cultural de la nación.

Archivo IPS Cuba

El trabajo de plaza del barrio del Carmen, al lado de la Iglesia Parroquial Mayor

La Habana, 31 dic.- La otrora San Juan de los Remedios mantiene vivas sus tradiciones, entre ellas las conocidas parrandas, surgidas en el siglo XIX cuando un padre franciscano ideó un método poco ortodoxo para atraer feligreses a la misa del Gallo, el 24 de diciembre: pitos, fotutos y otros ruidos.

La costumbre iniciada en 1871 y devenida enfrentamiento entre dos barrios: San Salvador y El Carmen, incluye pugnas de voladores, trabajos de plaza- una especie de pizarra iluminada con miles de bombillas de colores-, y carrozas y se repitió también este año, cuando resultaron ganadores los sansaríes, como se denominan los seguidores de San Salvador, cuya figura representativa es el gallo.

De nada sirvió esta vez el epitafio de 1904 del bando contrario, simbolizado por un gavilán, que reza: “¿qué vamos a hacer? Paciencia, usted lo dice y me callo, pero sepa que su gallo, se ha huido de mi presencia; el gavilán sin clemencia, aunque más pobre y más chico, le desgarró el abanico. Y agitando el cortaplumas, le arrancó todas las plumas, desde la cola hasta el pico”. El gavilán salió esta vez derrotado.

El pueblo de Remedios, considerado la octava villa aunque no alcanzó esta condición, con cerca de 48.000 habitantes, se divide afectivamente en dos bandos, para ello basta solo la afinidad sentimental, para ser partidario de uno u otro ni siquiera es preciso vivir en San Salvador o en el Carmen.

Orelvis, de 47 años, uno de los portadores de la bandera del gallo, vive en el Carmen, pero su afecto está con los sansaríes. A la pregunta de por qué no se muda para el otro barrio, responde: “de eso nada, hay que estar dentro del enemigo, los carmelitas, para ver qué está tramando”.

Cada año, los bandos confeccionan sus carrozas y trabajos de plaza que mantienen en secreto casi hasta último momento, algunos remedianos residentes fuera de Cuba, le envían algunos recursos técnicos para mejorar las decoraciones. Los voladores y fuegos artificiales son confeccionados en un taller de pirotecnia, ubicado en las afueras de la ciudad.

Los disparos comienzan desde el amanecer del 24 y se repiten durante todo el día. Quienes llegan por primera vez a la fiesta, reciben instrucciones de dónde ubicarse para evitar quemaduras por morteros y bengalas. En una de las entradas de la plaza, los bomberos están pendientes a cualquier eventualidad.

Después de un descanso al final de la tarde, a las nueve comienzan los saludos de fuegos de uno y otro bando y, a parque y calles repletas, comienzan a encenderse progresivamente los trabajos de plaza. A las doce de la noche, a la misa del Gallo acuden decenas de personas, como aspiraba el cura que inició la tradición.

A partir de las dos de la madrugada comienza el desplazamiento de las carrozas, apenas una cuadra a lo largo de la plaza. Este año, la del Carmen estuvo inspirada en cuentos infantiles, mientras que la de San Salvador evocaba al circo, con elefantes de atrezo incluidos.

Al final de la madrugada, el barrio de San Salvador fue seleccionado ganador e izadas las banderas en el trabajo de plaza. Como es habitual, la pertenencia a uno otro bando genera comentarios y disputas. Dos hermanas defendían cada una a su equipo, criticando con vehemencia al contrario. Mercedes, de 68 años, residente en Remedios hace apenas seis, comentó: “desde que llegué me gusta el Carmen, sus trabajos de plaza tienen un significado, una vez fue un homenaje al cantante de música campesina Polo Montañés; otro, los signos zodiacales, eso no lo hacen en San Salvador”.

Las hermanas Zunay y Danay no se pierden las parrandas. El niño de Danay queda al cuidado de su abuela Nayda, mientras ellas, cada una con su grupo de amigos, corren bajo los fuegos, disfrutan del encendido de las luces y bailan hasta el amanecer. “Uno lleva esto en la sangre, es lo que hemos visto desde pequeñas”, dicen.

Aunque la mayoría disfruta esta vieja tradición, algunos la ignoran. A Carmen, nacida y criada en el poblado, ubicado a 15 kilómetros de la costa norte de Villa Clara, no le gustan las parrandas. “Le tengo miedo a los voladores, siempre lo he tenido y jamás me acerco a la plaza”, explica.

Entre los pobladores, nadie se pregunta de dónde sale el dinero para costear estas producciones. “Creo que de los propios barrios, pero las fiestas en sí generan recursos, porque las personas venden pan con lechón, helados y refrescos y eso recauda bastante”, explica Luis, un remediano cuyo turno nocturno de trabajo coincidió con la noche buena y solo pudo disfrutar de los fuegos desde la puerta del almacén que custodia.

“Este año, vinieron expertos para supervisar la fiesta, sus valores identitarios y la participación popular, dicen que quieren declararla Patrimonio Cultural de la nación. Si es por participación del pueblo y por lo que representa en la identidad de los remedianos, no hay dudas de que es un patrimonio”, considera Nayda Cardoso, profesora de una escuela primaria.

Esta festividad nacida en una ciudad cuyo centro histórico fue declarado Monumento Nacional en 1980, se fue extendiendo posteriormente y con características parecidas a otras localidades, entre ellas Caibarién, Camajuaní, Vueltas, y Chambas.

Además de las parrandas, una de las tres fiestas nacionales cubanas, Remedios se precia de contar una plaza muy singular al ser la única del país con dos iglesias: la de Nuestra Señora del Buen Viaje y la Parroquia Mayor de San Juan Bautista, cuyo altar está totalmente enchapado en oro.

Lo más artístico que tenemos, explica Esteban Granda Fernández, de 90 años y vinculado a la iglesia desde hace 83, es una escultura representando a la Inmaculada Concepción, embarazada, considerada única en el mundo.

“Hay diferentes criterios sobre el tiempo de gestación, un obstetra cubano lo calculó en seis meses, pero otras cinco opiniones que tuvieron en cuenta la altura de la barriga, apuntan a que la virgen tiene siete meses de embarazo”, explicó.

Fundada en 1578 por los colonizadores españoles, la Villa de San Juan de los Remedios recibió en 1843 el título de ciudad. En la época colonial sufrió ataques de corsarios y piratas de todas las naciones enemigas de España, como era usual en la región caribeña, lo que llevó al poblado a alejarse de las costas. (2012)

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