Villa cubana de Trinidad afronta el boom turístico a su manera

Las autoridades no prevén “el crecimiento de nuevas propuestas culturales” en el casco histórico trinitario para evitar la sobreexplotación.

Este hostal, que comparte espacio con una galería de arte de la Oficina del Conservador, genera ingresos para la preservación del patrimonio.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Trinidad, Cuba, 29 abr.- El sector local de la cultura usa la explotación turística de sitios históricos y el alojamiento como fuentes de ingresos para preservar el patrimonio material e intangible de Trinidad, la tercera villa fundada en Cuba por la colonia española.

Ubicada en la central provincia de Sancti Spíritus y uno de los polos turísticos más atractivos de Cuba, la ciudad de 503 años desarrolla proyectos de desarrollo local y centros de interpretación para absorber el creciente número de visitantes internacionales atraídos por su preservada arquitectura.

La empresa estatal Aldaba, perteneciente a la Oficina del Conservador de la Ciudad, se encarga de gestionar el patrimonio de forma pensada y racional y rescatar los valores culturales y espirituales de la villa y el Valle de los Ingenios.

Empresa local

Alberto Turiño explicó que la creación de Aldaba, en abril de 2012, busca la defensa de sus valores patrimoniales y la generación de ingresos para la continuidad de la labor cultural en una ciudad, cuyo Centro Histórico y su Valle de los Ingenios fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1988.

“La sostenibilidad de la cultura es costosa y si no se cuenta con un respaldo económico y financiero, resulta muy difícil”, consideró.

En Trinidad, explicó, “existe la posibilidad de operar como empresa, lo que le da la fortaleza de generar ingresos propios”.

Aldaba comercializa productos con valor identitario y otros de amplio consumo, “lo que permite obtener financiamiento para reinvertir en la cultura y la preservación del patrimonio”, detalló.

Dentro de las líneas de trabajo de la empresa se encuentran los recorridos especializados, dirigidos a usuario de perfil más técnico y científico, en los que se insertan también especialistas de la Oficina del Conservador.

Entre los destinatarios de esos servicios, han estado representantes de varias publicaciones, incluida la revista estadounidense National Geographic.

La entidad cuenta con tres centros de interpretación: la Maqueta de la Ciudad; el de la arqueología industrial del Valle de los Ingenios, nombrado San Isidro de los Destiladeros, y el sitio de Guáimaro, donde se explica todo el proceso azucarero del valle, su interrelación con la ciudad y las historias de las diferentes familias poderosas del valle.

Según Turiño, San Isidro estuvo a punto de desaparecer y se comenzó la intervención con un impulso financiero de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que luego fue extendida con recursos de la Oficina del Conservador.

“Esto permitió que se hayan excavado y sacado a la luz objetos relacionados con el proceso industrial de la fabricación de azúcar que permanecían enterrados y sin posibilidad de ser mostrados. Hoy resultan un atractivo para el turismo, por lo que el sitio es visitado diariamente por más de 100 personas”, indicó.

Nuevas obras

Ante el creciente interés que despierta entre los visitantes la tercera villa, se impulsan las obras en el Valle de los Ingenios, una llanura que concentró cerca de 70 fábricas en los tiempos de mayor esplendor de la industria azucarera en Cuba en el siglo XIX.

Turiño informó que se está reconstruyendo la casa de San Isidro de los Destiladeros a la usanza de la época, un obra que está a cargo de la Empresa Constructora de la Oficina del Conservador.

“En la casa, con la utilización de modernos medios audiovisuales, aspiramos a recrear el sitio completo, como si se estuviese trabajando. Con solo pinchar una tecla, se podrán apreciar las diferentes fases del proceso productivo, con todas las características del lugar descritas en el libro El ingenio (1964), del historiador Manuel Moreno Fraginals (1920-2001)”, dijo.

Como parte de nuevas formas de gestión económicas que pueden emprender los municipios cubanos, Aldaba cuenta en el Centro Histórico con dos proyectos de desarrollo local, un hostal y un restaurante, que generan los ingresos necesarios para mantenerse y preservar los valores.

Una de las proyecciones es crear un Centro para la Diversidad Cultural fuera del área del Centro Histórico urbano para descongestionar esta “zona muy frágil, que está sometida a una sobrecarga tanto de personas como de centros turísticos”, indicó el experto.

En los alrededores del Fortín de Vizcaya, comentó Turiño, en un barrio periférico del Centro Histórico, existen dos tejares, un taller de guano y una carpintería, cuatro manifestaciones de arte que esperan conectar con la historia de las fortificaciones militares en Trinidad y desarrollar recorridos turísticos en esa parte de la ciudad.

Por tratarse de una zona donde se mezclan desventaja social con manifestaciones de violencia, Turiño quiere aliarse con especialistas y proyectos por la no violencia de género para promover otras formas de convivencia familiar y social.

También idea construir en los alrededores de San Isidro de los Destiladeros cinco casitas de arquitectura vernácula, hechas con madera y barro, para el hospedaje de turismo rural y ecológico, que tendría otras opciones rústicas como transportarse en coches y a caballo a través de senderos.

A su juicio, “con ese tipo de acción, se transmite y se difunde cultura y tradición, y continuamos generando ingresos. Esa es la comercialización de la cultura, no su mercantilización”. (2017)

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