A debate

Líderes naturales en Cuba: perdidos en las comunidades

Araís Chávez Valia Solís Rosío Fernández y Rita M. García

Trabajadoras del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba, en Cárdenas, Matanzas.

Dentro de los avances más significativos en la segunda mitad del siglo XX ha sido paulatina la inserción de las mujeres, no obstante sigue siendo desigual la participación femenina en los espacios de toma de decisiones que históricamente se han adjudicado a los hombres. Esto responde a un condicionamiento social centrado en las tareas domésticas, papel atribuido por la sociedad a través del tiempo, es decir, como construcción social.

En las instituciones cristianas este protagonismo se ha visto minimizado por la cultura patriarcal reforzada con interpretaciones de la Biblia.

En la Cuba de hoy el 66 por ciento de la fuerza profesional se corresponde con el sexo femenino.

Sin embargo, existe ambigüedad en este sentido expresada por la incorporación de las mujeres al espacio público pero como estrategia de supervivencia familiar, con la consecuente sobrecarga de roles, lo cual dificulta que se asuman otras actitudes desde el liderazgo. Esto no niega que existe representatividad de féminas pero si entendemos el liderazgo como la capacidad de influir en los/as otros/as desde un fuerte sentimiento de compromiso, esta realidad se ha dado más al interior de las familias cubanas.

El contexto cubano es propicio para el surgimiento de nuevos líderes naturales, aun cuando se ha limitado la potenciación de estos por la verticalidad en el proceso de toma de decisiones, que si bien fue necesario en un momento histórico del proceso revolucionario, este contexto cambió y ahora la conciencia social no está a la par de las exigencias que impone la situación.
Esto no es indicativo de imposibilidad de surgimiento de líderes naturales. La población ha sido dotada de saberes teóricos que son fortalezas en el ejercicio de cualquier forma de liderazgo y unido a la visibilización de elementos sociales como la pobreza, generan el surgimiento de líderes.

La carencia de recursos materiales y la dificultad para acceder al bienestar: dígase salud, educación, vialidad, agua, trabajo y otros, generan la vivencia de necesidades en diferentes realidades sociales, donde se identifican personas con capacidad de movilizar a la comunidad. Tienen como reto que este liderazgo no se formalice o institucionalice, limitando su creatividad.

Cuando hablamos de líderes pensamos en personas carismáticas, entusiastas y que toman riesgos, propio de lo que culturalmente caracteriza la idiosincrasia del cubano/a. Desde la experiencia de trabajo de nuestra institución reconocemos como líderes a aquellas personas con determinadas aptitudes, actitudes, capacidades y habilidades, que se potencian en las relaciones sociales que establecen con el medio en que viven, siendo capaces de mover a la comunidad en función de metas y/o proyectos comunes.

La existencia de altos niveles de escolaridad no son sinónimos de liderazgo. Se requiere además de un fuerte compromiso que va desde lo personal hasta lo contextual más amplio. Los líderes naturales se reconocen dentro de comunidades rurales, en las iglesias, centros de trabajo y barrios, pudiendo incluso existir más de uno en un mismo espacio, lo cual refuerza las polaridades y no siempre promueve el desarrollo humano.

En la mayoría de los casos los líderes naturales no coinciden con los líderes formales. En las comunidades rurales, suelen ser protagónicos el líder religioso, el médico o enfermera/o de la familia o un trabajador por cuenta propia con recursos que muchas veces se ponen en función de la comunidad.