A debate

2008-2018: Las reformas en Cuba desde su gente

Actores de la sociedad civil y especialistas comparten sus vivencias sobre cómo han impactado en la vida personal y social de cubanas y cubanos, las transformaciones llevadas a cabo en la isla caribeña, en el último decenio.

  1. ¿Cuánto ha cambiado Cuba bajo el proceso de actualización del modelo económico y social?

    Omar Everleny Pérez Villanueva

    Todo depende del ámbito y del alcance que se quiera analizar. Pero debe ubicarse en el periodo posterior a 2011, como fecha donde comenzó a hablarse de la actualización. Con respecto a lo social, se han logrado avances, en el sentido de la recuperación de lo que se había alcanzado a finales de los ochenta; es decir, mejoría de instalaciones y servicios educacionales y de salud.

    Sin embargo, a pesar de las innumerables acciones de política económica, el país creció poco, como promedio dos por ciento en todo el periodo. El poder adquisitivo de una gran mayoría de los trabajadores, especialmente del sector presupuestario, se ha mantenido estable, pero distante de lo alcanzado en los años 80 y en algunos casos ha bajado, evidenciado en la no relación de los salarios con los precios en cualquier mercado existente, con la excepción del normado.

    Pero, a la vez, Cuba ha cambiado. El tejido social se ha estratificado, ha habido ganadores y por ende, perdedores. Se ha respetado más las iniciativas individuales, se desmontaron prohibiciones que eran innecesarias y siempre cuestionadas por la población, como el derecho a viajar libremente, comprar y vender viviendas, automóviles… Se progresó mucho con respecto al acceso a las tecnologías de avanzadas, en especial la informatización de la sociedad, entre ellas el acceso a Internet para uso de la población y las instituciones.

    El Estado ha sido hábil y pragmático en la solución del endeudamiento que atravesaba el país, lo que le permitió acceder a nuevos recursos financieros, entre otros temas externos.



    Cualquier cubano o cubana que haya vivido en la isla los últimos 40 años, más allá de las luces y sombras que se ciernen sobre una realidad que es idealizada por unos y maldecida por otros, sabe que Cuba no es la misma y que vivimos profundos cambios en la sociedad cubana actual.

    La realidad política-social-económica que dejó la década de los noventa con el llamado “periodo especial”, como los fenómenos migratorios y las nuevas tecnologías que aceleran procesos de información y/o desinformación en la sociedad, dejan en claro que la realidad cubana ha cambiado. Sin embargo, todo ello contrasta con el cambio de mentalidad, tanto en los que dirigen como en los que son dirigidos. De manera que el análisis de: ¿cuánto ha cambiado Cuba?, depende de respondernos en qué medida seguimos reproduciendo mentalmente una Cuba que responde a otros tiempos y con otras urgencias. Lo cual hace mucho más lento los procesos de cambios, así como la sensación de que no cambia todo lo que debe cambiar.

    No responderé las preguntas de una manera formal, es decir, de una en una, porque aunque tengo determinadas opiniones, el análisis que brindaré no es propiamente el de una especialista en el campo de la economía; alejada estoy de la visión experta que sí aportarán otras personas muy conocedoras del tema. Solo lo haré en función de una “observadora participante” más, que ha vivido bajo esta experiencia de ensayos —como todo el pueblo de Cuba— durante muchos años, en mi caso específico, mi vida entera. El modelo que seguimos, en definitiva, es el de ensayo-error.

    Cuando nos convocaron a brindar opiniones sobre los denominados lineamientos (documento programático de las reformas emprendidas por el gobierno de Raúl Castro) que conducirían al nuevo experimento económico esbozado, varios de mis colegas expresaron sus preocupaciones porque no se contemplaba de una manera sustantiva la dimensión social de tales medidas, consideraban —con mucha razón— que no era suficiente lo que se argumentaba con tal enfoque en ese importante documento.

    Por lo antes expuesto, escribo mis puntos de vista que son los de una cubana más, los de una “extraña que permanece”, como nombró el sociólogo alemán Georg Simmel (1858-1918) a los actores sociales que eran apartados y, por ese motivo, podían hacer observaciones más objetivas, pues nacían bajo esa condición. Resumiré en varios puntos lo que deseo expresar:

    Se implementa en la actualidad el desarrollo económico del país como si partiéramos de cero desde el punto de vista social. Es decir, cuando se proclama el desarrollo de un modelo próspero y sustentable, muchas veces me he preguntado: ¿y qué estuvimos haciendo durante 59 largos años? Es como que lo anterior ahora es borrón y cuenta nueva; cuando también se ha proclamado que este camino tomado es sin pausa, pero sin prisa, me ha dolido en lo más profundo, porque ya mi generación tiene nietos. Hemos arribado a los 60 o más años y siempre esperamos por un futuro que nunca llegó, sin cruzarnos de brazos. Trabajamos y cumplimos con lo que nos tocó, mucho trabajo y pocos beneficios. Lo material es importante porque los seres humanos todos tenemos derecho a una vida decente, la pobreza es indigna cuando es miserable.

    Observo, en este contexto, que Cuba se ha dividido entre los que tienen dinero y los que no lo tenemos. Antes de 1959 había una división entre los cubanos bichos y los sanacos. Eso también lo puedo constatar ahora, al permanecer la pirámide invertida vemos que un cantinero, por solo poner un ejemplo, puede levantar una mansión y un profesional con maestrías y doctorados, si no tiene entradas extras, termina en la extrema miseria al final de su vida laboral.

    Fue una sorpresa ¿o no? enterarnos de que los trabajadores cubanos que comenzaron a reconstruir el edificio de lo que es hoy el Hotel Manzana fueron sustituidos por trabajadores indios. Es una vergüenza constatar la diferencia entre los mezquinos salarios que les otorgan a los nacionales, donde quiera que estén, y los que reciben otros trabajadores de otras nacionalidades en muchos lugares del mundo. ¿De qué socialismo estamos hablando? El comunismo científico que yo estudié afirmaba de manera rotunda esa tesis marxista de que a cada cual según su trabajo, etapa imprescindible para arribar a la ilusión de una sociedad “luminosa” y totalmente utópica, donde se recibiría de acuerdo a las necesidades. Sabemos lo absurdo de la parte segunda, pero si no se cumple la primera, eso no tiene otro nombre: explotación, fuerza de trabajo barata…

    No quisiera un modelo económico-social que no incluyera a todos los cubanos, los de aquí y los de allá, no deseo una sociedad que todavía, en 2018, priva de ciudadanía a los nacidos en esta tierra por “permanecer más de dos años” fuera de su país, es abominable otorgarle visa a un cubano(a) para que entre en un territorio que también le pertenece. “Cuba no es feudo ni capellanía de nadie”, como bien dijera nuestro José Martí (Héroe Nacional de Cuba, 1853-1895). Nadie es dueño de la verdad absoluta.

    Es necesaria la renovación del discurso, el chequeo de los lineamientos se hace o se puede hacer sobre la base de que la gente pueda expresar sus ideas, sus sentimientos, sus aspiraciones. Las cosas van por un lado, las palabras por otro. Hay un ultranacionalismo que cacarea el beneplácito por proclamar con mucho ruido las proezas, las hazañas, los méritos de un proyecto que todavía no ha llegado a la mesa de la familia cubana. Si esto no se cumple, es decir, el cambio de mentalidad que requiere un proyecto que asegure el desarrollo sostenible, entonces de utopía que todavía es, se puede tornar —en vez de avance económico y social— en una gran melancolía, o lo que es lo mismo, una tendencia a la tristeza por la influencia deprimente de un lugar o de un ambiente.

    El modelo tiene que incluir la aceleración de una construcción que no dure más de 20 años, como ha pasado con muchos edificios. Aunque no es en esencia eso lo que quiero expresar, esta gran dificultad no es noticia para nadie que viva aquí, ¿o sí? ¿A quién le ha interesado que un edificio ha durado ese tiempo en edificarse? ¿Quién ha respondido por eso? Nadie. Debemos entender, además, la tragedia de Solness (se trata del personaje del constructor Harvard Solness del dramaturgo noruego Henrik Ibsen, 1828-1906, que fue retomado como un símbolo por el escritor argentino Eduardo Mallea, 1903-1982, en su ensayo Historia de una pasión argentina, 1937), el constructor, la tragedia de la construcción, la cual se alza cuando colocamos piedra sobre piedra y, sin embargo, tenemos la sensación de que resulta una construcción no animada, estéril y triste. A veces la conformidad es asfixiante, a veces el complejo de superioridad es grande, ello unido a mucho desconocimiento de lo que pasa en el resto del mundo.

    Me pregunto: ¿dónde quedarán en este esquema los sin voces, los sin casa, los viejos, los niños? El desarrollo de este proyecto requiere el acompañamiento de los denominados valores, que no son más que las virtudes. La honradez desaparece en una sociedad donde los que venden estafan de manera continuada a sus clientes, nadie se pregunta o nadie escribe ¿por qué lo hacen? ¿Porque son perversos, tránsfugas, delincuentes? Es muy fácil la solución que brinda el programa policiaco (de la televisión pública) Tras la huella: los buenos se encargan de castigar a los malos. Punto. Se requiere un análisis o un guión que complejizara más nuestra realidad a través del arte. El peligro está en que la necesidad obliga, pero es un fenómeno que amenaza en volverse costumbre, en naturalizarse. He ahí la importancia de la prisa.

    Hablamos de resistencia, pero esa palabra debe ser germinativa. Hablamos de esperanza, pero no es tal, si no es creadora. Hay un refrán que todos conocemos: mucho ruido y pocas nueces. Ese es el riesgo que puede traer el “nuevo” modelo. Se dice que este pueblo habla en voz alta, aunque su rigor más pleno también ha sido silencioso. Los cubanos y cubanas saben muy bien que se puede transformar allí donde están las cosas en el plano más elemental, en las cosas mismas, a partir de las cuales nuestra patria vive.

    Cuando hablamos de cambios siempre hay que pensar sistémicamente, por eso tendríamos que hablar de los cambios positivos y de los negativos. Lo que sí es una verdad absoluta que Cuba ha cambiado mucho, invitaciones como estas invitan a pensar ¿en qué mucho ha cambiado en lo positivo? y ¿en qué mucho en lo negativo?

    En lo positivo aprecio que se han destrabado muchos temas relacionados, sobre todo, con la propiedad (compraventa de carros/casas); el tema de poder viajar, vedado durante años; cambios en la ley migratoria; impulso al trabajo por cuenta propia, que si bien trae consecuencias positivas en relación con los ingresos familiares, trae aparejado otros fenómenos no siempre positivos. Hay una política tributaria que reconoce la responsabilidad de que mayor número de personas jurídicas o naturales participen con el aporte de una parte de sus ingresos en los presupuestos de servicios básicos a la población, como la salud y la educación. Gradualmente se va instalando el principio de subsidiar personas y no productos, lo que veo como positivo; sin embargo, esto impacta en el anterior sistema de seguridad social para sectores en vulnerabilidad, en el que aprecio algunos retrocesos.

    En lo negativo también hay cambios que preocupan a no pocas personas:

    En lo económico:

    • La situación económica que “mejora” en lo macro, pero no impacta la microeconomía familiar (solo en el caso de las familias que reciben remesas o tienen negocios privados).
    • La visibilización de las desigualdades sociales y su profundización si no se toman políticas a tiempo.
    • Incremento de las migraciones y comienza a instalarse, sobre todo en el sector juventud, una percepción de que el futuro no está dentro del país, sino que hay que emigrar hacia fuera.
    • Migración de fuerza calificada de sectores estratégicos como salud, educación, ciencia y otros, a otros sectores mejor remunerados dentro del país y hacia otros países, descapitalizando los recursos humanos en esferas muy importantes para el desarrollo de la nación.
    • La elevación del costo de la vida, relación salarios/precios de productos de primera necesidad.

    Socialmente:

    • La despolitización y el conservadurismo se instala en amplios sectores de la sociedad.
    • Débil funcionamiento de las organizaciones sociales y de masas que, por no recontextualizar su trabajo, las personas no participan como antes de sus tareas, funciones y procesos.
    • Se reconocen sectores de pobreza.
    • Al no tener garantizadas necesidades básicas, las personas se ocupan de vivir pendientes a su solución y participan cada vez menos en la vida colectiva, comunitaria, social.

    En la balanza, no sabría decir si están en el mismo nivel lo positivo y lo negativo. Humanamente siempre tendemos a ver más el vaso medio vacío y, como soy una persona optimista, me considero positiva; pero los cambios positivos no alcanzan a la mayoría de la población, todos no tenemos casa ni carro para vender, no todos tenemos dinero para viajar… Sin embargo, lo negativo sí nos impacta a todos: a quienes pueden vender y comprar, a los que tienen dinero y a los que no.

    Por tanto, podríamos hablar de cambios que impactan todos los ámbitos de la vida en lo económico, político, social y subjetivo.


  2. ¿Qué transformaciones implementadas desde 2008 en adelante considera más importantes?

    Omar Everleny Pérez Villanueva

    Una de las transformaciones más importantes implementadas fue el volver a reconocer que un país como Cuba necesitaba capitales externos para su desarrollo económico, lo que permitió la aprobación de una nueva ley de inversiones y un decreto para la creación de una zona especial de desarrollo (Mariel). Aunque todos sabemos que aún existe un enorme freno al avance de esta temática.

    Otra medida fue el desarrollo del sector no estatal de la economía, es decir, una aceptación de que el sector privado es válido y muy necesario en el desarrollo económico cubano y que, a pesar de los vaivenes, avances y retrocesos a que han sido sometidos, ya el aporte a la economía de lo no estatal es más de 25 por ciento, y aún tiene enormes potencialidades.

    El tratamiento del gobierno a su emigración o a la posibilidad de que una parte de su población viaje libremente, debe reconocerse como un avance significativo, aunque aún existen mecanismos que deben actualizarse.



    Dentro de las transformaciones que se han implementado desde 2008 considero importante todo lo referente al trabajo por cuenta propia. Por supuesto que no es la única. Sin embargo, representa un impacto social e histórico, en tanto ha tenido un crecimiento notable en la sociedad cubana actual y significó un giro en la mentalidad del cubano; si tenemos en cuenta que en 1968 toda la actividad comercial en Cuba fue intervenida por el Estado. El trabajo por cuenta propia puso sobre la mesa de los cubanos y cubanas que era posible un socialismo alternativo. Al menos otro socialismo, donde el Estado no jugara a ser el “papá resuélvelo todo”; sin dejar de apostar por la justicia social y los valores humanos alcanzados o por alcanzar. Vale mencionar el desafío que representa para la familia y las instituciones sociales que deben acompañar este proceso, en tanto se develan en el país desigualdades sociales incongruentes con una propuesta social socialista.

    Las positivas que menciono en la respuesta a la pregunta anterior.


  3. ¿Cuáles sectores sociales han sido los más y menos beneficiados en el actual proceso de actualización del modelo económico cubano? ¿Por qué?

    Omar Everleny Pérez Villanueva

    Creo que los trabajadores presupuestados, que alcanzan más del 45 por ciento de los trabajadores del país, han sido los menos beneficiados, a pesar del aumento de salario que tuvieron hace ya más de cinco años, sumado a otros asalariados, aunque puede llamarse ingresos y no salarios para incluir otros ingresos que reciben; pero el sentido no cambia.

    Se podría decir que existe una pirámide invertida: a mayor conocimiento de los empleados o los que trabajan en tareas complejas y útiles a la sociedad reciben menos incentivos, que quienes se relacionan con el sector de los servicios en su sentido amplio.

    Es evidente que la apertura al negocio particular ha ido conformando cierta clase media, que se diferencia de las demás; algo correcto, siempre que su aporte a la sociedad venga del trabajo que realizan. En vez de prestarle tanta atención a ese sector, distinto a lo que hacen en economías que partieron de la misma base de planificación central y socialista, como Viet Nam y China, que estimulan a su sector privado, debería pensarse en cómo alentar o ayudar financieramente a los que tengan o quieran entrar a ese pelotón de avanzada.



    Me preocupa que los sectores más beneficiados no son precisamente los que sostienen el país (los trabajadores estatales son 70 por ciento de la fuerza laboral), no son medidas que benefician a la gran mayoría, al sector más amplio de la población. Las medidas adoptadas, que considero positivas, han servido para destrabar muchas cosas que eran grandes pendientes; sin embargo, otras muy necesarias y urgentes deberían pensarse y aprobarse, como el pendiente tema salarial, la dualidad monetaria, políticas que frenen la migración de jóvenes y otras acciones que formen parte de la política de atención a este sector, que den esperanza a la juventud de que aquí se puede vivir dignamente y ser feliz con bienestar, sin necesidad de migrar.


  4. ¿Cómo han impactado esas transformaciones en su vida personal y familiar?

    Marilín Peña Pérez

    En lo personal y familiar esas trasformaciones impactan de manera positiva y negativa. Por ejemplo, mi esposo deja el trabajo estatal y trabaja privadamente para poder producir básicamente lo que necesitamos para vivir, criar a dos hijas y sostener una casa. Cada familia busca salidas y estrategias para enfrentar el momento. Es una especie de guerra ética. Durante años casi obligué a mi esposo a trabajar para el Estado porque siempre le decía: cómo vamos a explicar a las niñas que yo me levanto a las seis de la madrugada, salgo corriendo a firmar la entrada a las ocho, doy lo mejor de mí como socióloga urbanista, trabajando para un bien común que nos trasciende, salvar el patrimonio de Santiago de Cuba; salgo a las cinco de la tarde, aporto mucho socialmente, hago vida de militante —que implica un espíritu de participación en todo— y no tengo ningún estímulo, mi salario no llegaba a 20 CUC (moneda fuerte equivalente al dólar). Y mi esposo —que era chofer de CIMEX, sector emergente de la economía—, ganaba casi el doble de mi salario, tenía estimulación en divisa, monto de dinero para módulo de ropa… ¿Quién aportaba socialmente más? ¿Quién recibía remuneración?

    Soy hija de la época en que el trabajo privado era un estigma mal visto socialmente y defendía a mis hijas de dar esas explicaciones. Por otra parte, también es cierto que el trabajo particular puede ser bueno, económicamente, pero impacta la dinámica familiar, porque no tiene horarios; rara vez se coincide para cenar, rara vez uno se levanta y duerme a la misma hora. En mi caso, esta decisión de trabajo por cuenta propia perpetuó y legitimó el papel de proveedor de la economía familiar de mi esposo. Positivo es que en esta etapa mis hijas crecieron y esa dinámica permite que ellas entiendan y valoren mejor los esfuerzos que se hacen para que vivan lo mejor posible y satisfagan básicamente las necesidades de su edad.

    En sentido general, creo que muchas familias comienzan a ser conscientemente más responsables de sus proyectos de vida y menos dependientes de las políticas públicas del Estado. El peligro sigue siendo que la gente se empiece a ver más desde el “sálvese quien pueda”, desde lo individual, y no alimente ese carácter colectivo de salvarnos todos como nación.



    En mi vida personal, esas transformaciones me han impactado positivamente, ya que he logrado comprender que cuando un individuo se propone metas y lucha por alcanzarlas, puede mejorar su estatus social. Además, aún hay espacios que se pueden cubrir, pero solo con expectativas y dispuestos a cruzar las barreras que te imponen es que se crece y se fortalece el individuo. Muchos años de hacer cosas de la misma manera nos ha hecho pensar de forma conformista y eso debe cambiarse. Como el trabajo dignifica al ser humano, entonces he comprendido que se debe trabajar más y mejorar la calidad de la vida también, ya que si no se crean riquezas, no podremos repartir prosperidad.


  5. ¿Qué cambios propuestos, pero aún incumplidos, espera usted que se hagan realidad en 2018?

    Omar Everleny Pérez Villanueva

    Comprendo la complejidad de algunos temas del ámbito económico aún no implementados, pero algunos se han anunciado desde 2011, por ejemplo, la eliminación de la dualidad monetaria, y en paralelo deberá trabajarse en las tasas de cambio, tanto de la población como de las instituciones cubanas. Aunque hay demasiadas expectativas en relación con ese proceso —y se desconocen algunas lógicas que estarían presentes en el corto plazo, como el aumento de ciertos y determinados precios—, todo el mundo espera que ese momento llegue.

    Ya hace más de siete meses se encuentra paralizada la entrega de licencias a un grupo de actividades privadas o cooperativas, por lo que es un tiempo más que razonable para que las nuevas legislaciones, que “evitarán” ciertas distorsiones que se crearon en ese entorno, se implementen en 2018.



    Yo esperaría cambios que impacten favorablemente a la mayoría de las personas y no a una pequeña parte. Creo que tiene que ver con la tan reconocida y necesaria reforma de salarios. Si bien es correcto reconocer su necesidad, también lo es dar pasos concretos para hacerla posible. No creo que se deba seguir apelando a que los salarios se subirán cuando suba la productividad; hay que estudiar maneras. Las grandes mayorías no pueden esperar más una subida de salarios o hay que impulsar una baja de precios de productos de primera necesidad, y todo esto en relación con la necesidad urgente de una unificación monetaria.

    Es imprescindible, además, actualizar el tema legislativo, que las leyes, normativas jurídicas acompañen los cambios que se están produciendo.

    Tiene que haber una política expresada en acciones y programas concretos que devuelva la esperanza y el compromiso de la juventud de querer vivir y hacer por el desarrollo de Cuba.

    Aspiro a que el impulso dado en diferentes frentes no tenga retrocesos como el caso de las cooperativas no agropecuarias, el otorgamiento de licencias para el trabajo por cuenta propia, donde se aprecia un estancamiento. Todo eso tiene costos sociales.

    Aspiro a que lo plasmado en la conceptualización del modelo económico para cada esfera de la vida cubana, vaya siendo evaluado participativamente para corregir posibles desvíos que permitan afianzar el socialismo en Cuba y no lo contrario. Y para ello es muy necesario que se creen mecanismos de participación y control del pueblo en todo este nuevo momento que vivimos.

    En el futuro inmediato es urgente dar continuidad a los procesos de transformación y actualización en la sociedad cubana. Considero que el país necesita una infraestructura que permita crecer al trabajador por cuenta propia, y, en este sentido, tal vez lo primero que hay que cambiar es el nombre: “trabajador por cuenta propia” por ser individualista y excluyente… me pregunto si en una sociedad socialista alguien trabaja por “cuenta propia”. Aun cuando hablemos de pequeñas empresas que no trabajan directamente con el Estado, necesitan de empresas mayoristas, de mayor confianza y de pocos “frenos” para que crezcan en el servicio que brindan.


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