A debate

Activismo cubano por la no discriminación racial a fondo

Conozca quiénes son y qué piensan las y los protagonistas de las iniciativas ciudadanas que abogan por barrer con los prejuicios racistas en la sociedad cubana.

  1. ¿Cómo valora el activismo por la no discriminación racial en Cuba en la actualidad?

    Deyni E. Terry Abreu

    Considero que es un activismo naciente, que aún necesita establecer alianzas, generar agendas temáticas a través de los medios de comunicación y enfocar el discurso en función de acciones concretas que dejen detrás la manida narrativa de hechos de agresión, que ya se han contado una y otra vez. Es tiempo de resultados.

     



    MTG: Lo veo de muy bajo perfil. Somos pocas las personas comprometidas debido a que apenas existe una educación antirracista, la gente no tiene conciencia de los peligros del racismo y hay otro gran número de personas que considera que ser racista es algo políticamente correcto. Lo otro es que desde el sistema curricular no hay un plan de acción que lo contrarreste.

    JAML: Desde mi óptica, creo que hay más ciudadanos, no solo comprometidos sino también sensibilizados con esta problemática. Hay más conciencia, más gente que intenta nuclearse alrededor de organizaciones, pero el escenario resulta hostil por la no comprensión de las autoridades en cuanto a la necesidad de un bloque de movimiento antirracista. A través del lente ideológico del Partido Comunista de Cuba se continúa dinamitando la posibilidad de un debate sobre el racismo en la esfera pública. Los activistas sociales, negros y blancos, desarrollan su labor de incidencia en un escenario hostil.

    Uno de los conflictos que en general tiene el activismo en Cuba es que, como somos personas que hemos luchado cada una dentro de un espacio, al final trabajamos en solitario. Y ese trabajo en solitario deja marcas. Otra cosa es el vacío institucional ante el tema.

    Por otra parte, a veces quienes hacemos activismo no logramos ponernos de acuerdo, cada uno defiende sus propios puntos de vista. Y eso debilita el trabajo.

    No se puede criticar a la sociedad porque no tenga conciencia racista. No puede tenerla, pues es un tema del que nunca se ha hablado. No se puede pensar que el racismo es una cuestión del color de la piel, cuando en realidad es un asunto que tiene que ver con el proceso, la evolución de la conciencia social.

    En 1959, la sociedad cubana no estaba preparada para promover un discurso de integración racial. Entonces la Revolución cubana decide trabajar el tema en silencio. Por tanto, el proyecto que se pone entonces sobre la mesa es el de la igualdad de oportunidades.

    Creo que, en lo profundo de la problemática racial en Cuba, hay una cuestión epistemológica que no se ha resuelto aún. De hecho, se puede ser una persona de un racismo furibundo y, al mismo tiempo, ser un revolucionario de vanguardia. La revolución cuestiona el machismo, un poquito; la homofobia, un poquito; pero el racismo, nada.

    De todos modos, creo que el activismo está avanzando, se empieza a sentir que hay un relevo en mejores posiciones.

    En estos momentos está muy fuerte. No se siente más porque la única organización que ha logrado tener un espacio, a veces, en la televisión y en la radio, es básicamente la Comisión Aponte, que es la oficial y a la cual pertenezco también. Es evidente que es la organización que tiene el visto bueno para hacer sus actividades. Se reúne periódicamente con el vicepresidente del Consejo de Ministros Miguel Díaz-Canel y con miembros de las asambleas provinciales del poder popular (gobiernos provinciales).

    En la Cofradía de la Negritud, sin embargo, enviamos cartas a la Asamblea Nacional del Poder Popular, a diferentes organismos, a los sindicatos y nunca tuvimos una respuesta.

    Ahora estamos en un momento muy importante. Por ejemplo, las mujeres están haciendo un trabajo increíble. Gracias a ellas se publicó el libro Afrocubanas y la Red Barrial Afrodescendiente, que surgió en La Lisa, está haciendo muchas actividades comunitarias.

    Los grupos que estamos luchando para mejorar nuestra sociedad desde el punto de vista de la discriminación racial, tenemos diferentes metodologías, diferentes puntos de vista. Hacemos lo que podemos. Lo que nos falta es divulgación, nos falta operar dentro de una red donde todos sepamos lo que se está haciendo y nos comuniquemos de manera visible.

    Existe, pero muy fraccionado y eso impide su efectividad.


  2. ¿Qué ha sucedido con el debate público sobre el tema racial en Cuba logrado en 2011, Año Internacional de los Afrodescendientes?

    Maritza López Lambiña

    En 2011 la mirada que estábamos haciendo a la situación de la discriminación racial era diferente a la que hacemos ahora. Éramos menos. Ahora hay muchas más personas involucradas. Antes trabajábamos de manera desorganizada. No ha habido un liderazgo capaz de reunirnos a todas y a todos en una agenda común. A pesar de que criticamos tanto las cuestiones del verticalismo, las reproducimos a diario. Hay que tener voluntad de escuchar, de “horizontalizar” los saberes y los poderes. Todo el mundo tiene un saber y, según (el pedagogo brasileño) Paulo Freire, un mínimo espacio de poder. Si ese mínimo lo compartiéramos muchas y muchos, quizás lograríamos, por lo menos, disminuir esas acciones que suceden en la vida cotidiana.

    Claro, hay algo que se agudiza y tiene que ver con la cuestión económica, con que muchos de los líderes o activistas que han estado vinculados a procesos somos gente que lidiamos con los problemas de la cotidianidad, gente que montamos “los P” (tipos de ómnibus urbanos). Esta es una cuestión que tiene mucho que ver con la motivación y el compromiso que cada cual tiene y no con el oropel, ni con los viajes, ni con el dinero.

    Mucha gente en Cuba —a pesar de todas las acciones que se hicieron en 2011— no se enteró que ese fue el Año internacional de los Afrodescendientes, así designado por las Naciones Unidas. Y eso tuvo muy poca —por no decir ninguna— repercusión en los medios de comunicación.

    La televisión, por ejemplo, reproduce estereotipos y prejuicios. Si quienes hacemos activismo pudiéramos llegar a la televisión, llegaríamos a otros y eso sería fabuloso. En los últimos años han egresado de las facultades de Psicología, Sociología y Comunicación Social jóvenes que han hecho sus tesis sobre la temática racial. Sin dudas, eso puede ayudar, pero aún es insuficiente.

    Por otra parte, la mayoría de quienes hacemos activismo en Cuba no contamos con apoyos financieros, con acceso a información; ni siquiera con teléfono, ni correo electrónico. Por eso digo que el activismo lleva mucho sacrificio y compromiso. Mucha gente se desanima. Aunque somos más los locos que seguimos y los que vamos a seguir.



    La falta de consenso entre nosotros, el cansancio, los afanes de liderazgo. Por otra parte, se necesita de un diálogo con el Gobierno y el Partido (Comunista de Cuba) que no sé logró de manera integral y desde el reconocimiento a la pluralidad de grupos y posicionamientos con los que coexistimos. Ellos solo seleccionaron a sus interlocutores: la Comisión Aponte. Y como dice la sabiduría africana: “un solo palo no hace el monte”. A ello se suma el desencanto de muchos activistas, que vienen clamando por la necesidad de un debate público sobre el tema que sigue postergándose.

    Ha descendido porque no hay apoyo institucional. Uno de los conflictos que tenemos en la sociedad cubana en general, pero en este tema en particular, es la utopía de creer que todos vamos a pensar igual. Eso es una falacia, es un pretexto. No vamos a esperar que ese momento llegue porque no va a llegar. Los conflictos no son de ahora. Los acuerdos van a depender de muchas cosas. Tiene que haber un espacio de legitimación para que esto fluya.

    MTG: Continúa siendo una asignatura pendiente la discusión del tema en el propio seno del Partido, y los espacios de debate en la UNEAC han sido desmantelados.

    JAML: Falta de voluntad política por parte del Estado cubano. En primer lugar, no reconoce la categoría afrodescendiente como identidad política, la cual es global, por aquello de que eso contribuye a fragmentar la unidad del pueblo. Lo otro es que se continua dinamitando la posibilidad de un debate en la esfera pública sobre el tema, ya que hay militantes muy conservadores en el propio Partido Comunista de Cuba, tan conservadores como la propia Inquisición, que defienden la idea de que en Cuba no hay racismo; y están quienes opinan que hablar del racismo es fragmentar la unidad del pueblo. Lo que me asusta es que haya gente que, en algún momento, desde sus posiciones de poder, alzaban la bandera de la antidiscriminación y denunciaban en espacios intelectuales el racismo en Cuba —como el presidente de la UNEAC, Miguel Barnet— hoy sean capaces de negarlo y eso es grave.

    Hay muchas cosas que nos limitan y esas limitaciones, a veces, están en nosotros mismos. Yo vivo para la causa de mejorar nuestra sociedad poniendo un granito de arena. Otros no viven para la causa, sino que viven de la causa. Sé que lo que estoy diciendo son cosas terribles, que a mucha gente no le van a gustar, pero me caracterizo por ser honesto, y como dice (la intelectual cubana) Graciela Pogolotti en la antología, hay que coger al toro por los cuernos. No podemos seguir silenciando los problemas que enfrentamos porque la historia nos demuestra que haber silenciado tantos años ante este problema, lejos de mejorarlo, lo ha agravado. Justamente en este momento, por todo lo que estamos cambiando en el país, no podemos seguir callados. Tenemos que decir la verdad y enfrentarla con la honestidad revolucionaria y humana que debe caracterizar a los que estamos luchando de verdad por mejorar nuestro país.

    Se ha logrado algo, pero muy débilmente. Por eso mi discurso es amplio y conciliatorio en el sentido en que tenemos que luchar unidos en este frente y no siempre sucede eso. Acabo de publicar Antología cubana del pensamiento antirracista y estoy trabajando en otro proyecto que se llamará Pensamiento antirracista contemporáneo. Y eso forma parte de lo que estoy haciendo desde mi ejercicio profesional.

    Escribo pensando en el mejoramiento de nuestra sociedad, en trasmitirles a los jóvenes parte de mi modesta experiencia, de todo lo que he podido reflexionar y darle gracias a la vida porque estoy en Cuba. Mi campo de batalla está aquí. Lo que más deseo es que haya oídos que puedan oír y comprender lo que estamos haciendo, con un sentido constructivo, no para sembrar resentimientos ni odios.


  3. ¿Conoce de algún proyecto que haya intentado legalizar una asociación de afrodescendientes o por la no discriminación racial en el Registro de Asociaciones del Ministerio de Justicia? En caso de ser afirmativa la respuesta, por favor, diga cuál y en qué año.

    Roberto Zurbano Torres

    No tengo idea. Lo cierto es que es muy grande el desamparo legal en el que se encuentran los activistas de todas estas organizaciones que luchan contra el racismo en Cuba.

    Me parece muy interesante recuperar la proyección emancipadora de actores, protagonistas del debate racial cubano que están en la base, en el activismo, en la producción del conocimiento y que, lamentablemente, se ha desperdigado y fragmentado. Cómo darle cuerpo a eso, cómo ponerlo en relación, en articulación, precisar su rumbo, su alcance. ¿Hacia una ley?, ¿una ley que tenga impacto en el mercado laboral, en la educación, en los medios, en las políticas públicas…?



    De manera cierta, no conozco de ningún intento de legalizar asociaciones, como hubo antes, de Morenos, Pardos y Mulatos, que así se llamó durante la etapa neocolonial en Cuba. Tampoco ahora, de meras asociaciones de negros; pero sí puedo aseverar que, en 1996, fui visitada dos veces en un proyecto sociocultural comunitario que sesionaba en Cayo Hueso, Centro Habana, y se nos cuestionó por llamarnos “Moros y Cristianos”. También creo que, si estuviera en la voluntad política del Estado, se hubiese creado, así como han surgido el resto de las asociaciones.

     

    No, no lo conozco.

    No conozco ninguno.

    No conozco, pero el registro de asociaciones no está abierto a nadie, ni a nada.


  4. ¿Cree usted que sería necesaria una organización u organizaciones cubanas que tengan como misión sensibilizar por la no discriminación racial? ¿Por qué?

    Tomás Fernández Robaina

    Debe existir, como no. La sociedad civil, históricamente, se expresa por la agrupación de un grupo de personas que tienen intereses comunes y luchan por un factor común. Existe la Federación de Mujeres Cubanas. Mucho antes del triunfo de la revolución, existieron organizaciones de mujeres. ¿Por qué no se permite una organización de afrodescendientes?



    Sí claro. Eso nos va a permitir existir, sensibilizar y socializar lo que ya se ha hecho

    Desde luego que sí. Se trata de un asunto cuya resolución ya resulta impostergable para la nación cubana.

    MGT: El racismo está muy bien acomodado. Muchas de las desigualdades del pasado continúan existiendo y otras se reciclan. No hay conciencia y mucha gente no disimula ser racista. Por otra parte, nuestro trabajo de sensibilización y educación como actores independientes se desarrolla bajo un escenario hostil, bajo la supervisión del Departamento de Enfrentamiento de la Seguridad del Estado, por aquello de tener conexión externa con organizaciones no gubernamentales (Ong). El racismo es una herida real.

    JAML: Es necesaria, pues contra la discriminación racial no existen políticas públicas. El racismo está muy bien acomodado. Muchas de las desigualdades del pasado continúan existiendo y otras se reciclan. Las vísceras del racismo cubano son visibles y a mucha gente no solo le preocupa la desigualdad, sino también el futuro. El racismo es un peligroso combustible que genera mucha inseguridad ciudadana.

    Una organización con esos fines no me parece necesaria, por cuanto el problema racial en Cuba no es privativo de la población negra y mestiza, sino del pueblo en general, independientemente del color de la piel, ya que todos y todas, de alguna manera, resultan víctimas del racismo.

    A mi entender, lo que se necesita a corto plazo es un real debate a todos los niveles y sectores que permita la aceptación pública de su existencia y se pueda, sin contradecir el discurso oficial, poner en vigor alguna resolución (de tipo legal) que condene su práctica, cuestión muy necesaria por el aumento de esas acciones en la actualidad. Por ejemplo, en la política de los empleadores particulares. Es imprescindible también que se ponga en práctica, por parte del Ministerio de Educación, todo lo planteado en relación con este problema.


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