2017: Cuba, eterna carrera de obstáculos

Resumen anual económico.

El récord de turistas extranjeros en Cuba creció en casi medio millón de visitantes, hasta 4,7 millones en 2017.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Un crecimiento del PIB cubano de 1,6 por ciento en 2017 mantiene a la economía alejada del nivel exigido por el desarrollo, mientras persisten trabas para acceder a divisas y desde EE.UU. la política de bloqueo envía signos de agravamiento.

Entre los sectores de exportación, el turismo casi constituye un oasis, cuando tienden a disminuir los ingresos por servicios médicos a otros países y los de exportaciones tradicionales. Las inversiones estatales y extranjeras pueden acelerarse con la renegociación de la deuda externa. La actualización del modelo económico y social también introdujo novedades el año pasado en empresas estatales y de los negocios privados, pero después de siete años comienza a percibirse un sentimiento de insatisfacción de la población y de las autoridades por la velocidad de los cambios.

A las insatisfacciones con origen en el sector externo de la economía cubana, comunes desde hace años, se sumaron en 2017 señales más intensas de otros bombillos rojos y, en contraste, la reiteración de planes a los que no faltan dosis de osadía. El programa de transformaciones del modelo económico se debate entre adelantos, promesas, decepciones y francas demoras, a pocos meses de un pronosticado cambio de generaciones en la conducción política del Estado cubano.

Los pasos de avance de la economía, calificados de “discretos” por el ministro de Economía, Ricardo Cabrisas, no traen aún los beneficios esperados de la actualización del modelo económico y social. Pero logran mantener la confianza en una reforma que recibió luz verde formalmente en 2011.

El crecimiento de 1,6 por ciento del producto interno bruto (PIB) en 2017 fue valorado de positivo por algunos economistas cubanos. “Es sin dudas sorprendente y supera con ventaja el crecimiento del 1,1 por ciento del primer semestre de este mismo año”, opinó Juan Triana Cordoví. Al considerar las difíciles condiciones que enfrentó el país el año pasado, este experto valoró que “alcanzar un desempeño positivo es una muy buena noticia”.

Limitaciones financieras, presiones por la deuda, contrariedades con precios en los mercados externos, una aguda sequía, el desastre Irma y el no menos desastroso Trump se colocaron en la carrera de obstáculos que Cuba afrontó en 2017. A juzgar por las previsiones de 2018, las vallas continúan en la pista de carreras.

La “buena noticia” del incremento del PIB en 2017 llegó como oportuno alivio para la conciencia cubana, roída durante más de un año por el informe de que ese indicador había caído 0,9 por ciento en 2016 –este dato, ofrecido por el Ministerio de Economía en diciembre de 2016, lo rectificó el Anuario Estadístico de Cuba tardíamente, un año y un mes después, al publicar que el PIB creció 0,5 por ciento en 2016.

De cualquier manera, el consenso compartido por el gobierno y los economistas es que los actuales ritmos de crecimiento de la economía permanecen distantes del cinco o seis por ciento estimado como necesidad del desarrollo. El PIB alcanzó un crecimiento promedio de 2,3 por ciento de 2011 a 2017, por debajo del 4,4 por ciento que se habían propuesto las autoridades, al aprobar a inicios de ese período los Lineamientos de la nueva política económica. Para el presente año, el plan es crecer dos por ciento.

Récord de Irma

Con los mayores destrozos económicos por un huracán en varias décadas, el Irma recorrió importantes enclaves del turismo, la industria y la agricultura, y destruyó decenas de miles de viviendas.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Uno de los traumas de mayor impacto en 2017 sobrevino en septiembre, por el huracán Irma. Considerado uno de los más destructores en la historia meteorológica del Caribe, provocó en Cuba la muerte de 10 personas y las mayores pérdidas económicas achacadas a un ciclón en varias décadas: 13.185 millones de pesos, informó el gobierno (un peso igual al dólar, según la tasa de cambio oficial).

Irma, que castigó a 11 de las 15 provincias del país, se ensañó sobre todo con cinco: Camagüey, Ciego de Ávila, Sancti Spíritus, Villa Clara y Matanzas. Recorrió un largo tramo de la costa norte, donde se encuentran los principales destinos cubanos del turismo, importantes zonas industriales y producciones agropecuarias. Dañó cerca de 160.000 viviendas, más de 30.000 con derrumbes totales o parciales, y paralizó todo el sistema eléctrico nacional.

Este desastre, que al menos puso fin a una costosa sequía de varios años, superó los daños del peor momento meteorológico anterior en varias décadas, la suma de los huracanes Gustav, Ike y Paloma, en septiembre de 2008, que causaron pérdidas entre los tres de unos 10.000 millones de pesos.

Menos de dos meses después de Irma, los polos turísticos de la cayería norte cubana reabrieron sus instalaciones, gracias a una operación nacional de reconstrucción y restauración de hoteles, carreteras, puentes y otros accesos y servicios, a tiempo para el inicio de la temporada alta. Pero los costos y consecuencias del huracán en otras áreas de la economía, como la agroindustria azucarera y la agricultura, se sentirán bien entrado el presente año.

Trump contra normalización

Tan permanentes como los huracanes en el Caribe, parecen para Cuba las tormentas políticas y económicas con origen en Estados Unidos. Con una retórica agresiva, el presidente Donald Trump frenó e hizo retroceder en 2017 el proceso de pacificación y normalización de relaciones de EE.UU. con su vecino insular del Caribe, que Barack Obama (2009-2017) había iniciado.

La Administración de Donald Trump ha dado pasos concretos para enfriar o hacer retroceder los pasos iniciados por Barack Obama para normalizar las relaciones con Cuba.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Los departamentos de Estado, Comercio y Tesoro del gobierno estadounidense pusieron en vigor, en noviembre, un paquete de medidas para restringir los negocios con un grupo de 180 empresas cubanas y los viajes de estadounidenses a Cuba, que habían experimentado una franca escalada para beneficio de la industria turística de ambos países.

Como consecuencia, se ha vuelto a alejar la hora final del bloqueo económico, comercial y financiero de EE.UU. a Cuba, con más de medio siglo de existencia. Las nuevas medidas las anunció la Casa Blanca pocos días después de informar La Habana que este bloqueo le costó al país 4.305 millones de dólares en el último año –de abril de 2016 a junio de 2O17-, por el encarecimiento de importaciones, el fracaso de inversiones extranjeras y otros enredos comerciales.

Pero, después de Washington comunicar las nuevas restricciones, solo pequeñas aerolíneas de ese país, como Spirit y Alaska Airlines, suspendieron vuelos a Cuba. Las principales, American Airlines, Delta y Jetblue entre otras, anunciaron, por el contrario, planes de ampliar los vuelos comerciales que habían reiniciado en 2016, al amparo del acercamiento favorecido por Obama.

Los cruceros estadounidenses anunciaron que planifican un incremento de viajes a puertos cubanos, a pesar de las presiones del Gobierno de EE.UU. contra los negocios con este país del Caribe.

Tampoco se ha congelado el entusiasmo de las líneas de cruceros de bandera estadounidense. Las compañías Carnival Cruise, Royal Caribbean y Norwegian Cruise reiteraron a fin de año, en La Habana, sus planes de ampliar a 286 los viajes a puertos cubanos hasta 2019, con 455.000 pasajeros, lo que apunta a convertir este país en uno de los principales destinos del crucerismo en el Caribe, como observa el analista José Luis Perelló. Este desarrollo daría una contribución importante al alza que experimenta el turismo en la mayor de las Antillas.

Turismo contra viento y marea

La industria turística cerró 2017 con otro salto, pese a la desaceleración en septiembre y octubre por el impacto de Irma y, en menor medida, por las tormentas políticas de sello estadounidense, que llegaron a niveles grotescos con la historia de supuestos ataques sónicos a diplomáticos de EE.UU. en La Habana.

A Cuba arribaron casi 4,7 millones de visitantes extranjeros, un crecimiento de 16,2 por ciento sobre el año previo, muy superior a los planes de recibir 4,2 millones. El alza, que da continuidad al avance anual de dos dígitos iniciado en 2015 –después del anuncio simultáneo de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, el 17 de diciembre de 2014-, tuvo lugar a pesar de la contracción en 2017 del principal mercado emisor de Cuba, Canadá.

Aunque continúan en el primer lugar con más de un millón de visitantes, las llegadas de canadienses disminuyeron 5,9 por ciento en 2017, caída compensada por el fuerte ascenso de los mercados europeos, entre otros.

La mayor alza se la anotaron los estadounidenses, cuyas visitas se duplicaron hasta cerca de 620.000, para ubicarse en el segundo lugar de las visitas a Cuba. El grueso viajó a este país a bordo de cruceros con base en la Florida y con recorridos por el Caribe, que incluyen los puertos de La Habana, Cienfuegos y Santiago de Cuba. De esta manera, evaden la prohibición establecida por Washington de viajar a la nación caribeña en calidad de turistas.

Desagregado el cálculo del PIB por actividades, el turismo encabezó la dinámica de crecimiento en 2017, con un alza de 4,4 por ciento, de acuerdo con el informe anual del ministro de Economía. Le siguen el sector de las comunicaciones y el transporte (3 %), la agricultura (3 %) y la construcción (2,8 %).

José Luis Rodríguez, uno de los economistas que con más rigor examina la evolución de la economía cubana, observa que “los sectores reseñados oficialmente como los de mejor desempeño, representan solo 26 por ciento del PIB”. Tras criticar la insuficiencia de información oficial, Rodríguez calcula que otras actividades, como el comercio y servicios sociales básicos, deben haber influido también positivamente para lograr el 1,6 por ciento de crecimiento de la economía.

En 2017 se mantuvo la baja de exportaciones tradicionales de Cuba, por problemas de producción en casos como el níquel y de precios externos para el azúcar.

Tensiones de las finanzas

Con un fuerte y sostenido flujo de visitantes, el turismo casi es un oasis entre los sectores que aportan moneda dura a la economía cubana. A diferencia de los ingresos de la industria del ocio, que en 2017 treparon 8,1 por ciento hasta 3.318 millones de dólares, a otros rubros principales de exportación les ha ido mal, incluida la exportación de servicios profesionales.

Cabrisas reconoció en diciembre, ante el Parlamento, un incumplimiento en los ingresos por ventas de bienes y servicios al exterior, aunque no dio cifras. Economist Intelligence Unit estima una baja de 8,5 por ciento en el saldo general por exportación de servicios –servicios profesionales más turismo- en 2017 y de 28,6 por ciento de 2014 a 2017.

Es lógico deducir que si los ingresos del turismo han crecido, la reducción general por exportación de servicios obedece a una contracción en las entradas de la fuerza de trabajo calificada. En particular, se encuentran bajo presión los servicios médicos que Cuba brinda a Venezuela por la situación política y económica en ese país. También enfrentan una posible reducción los contratos intergubernamentales de asistencia médica de Cuba a Brasil.

El golpe es sensible, por constituir los servicios profesionales el sostén principal de la balanza comercial cubana, con aportes que llegaron en 2015 a más de 8.000 millones de dólares.

Las producciones de la industria farmacéutica y biotecnológica han introducido un nuevo sello exportador en Cuba.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La exportación de bienes, los tradicionales en primer lugar, encontraron una situación para maldecir: la producción de azúcar aumentó alrededor de 20 por ciento en la zafra pasada, pero los precios bajaron en el mercado mundial. La cotización internacional del níquel, por el contrario, subió moderadamente, pero lo desaprovechó una producción cubana que ha retrocedido en los últimos años. Otro tanto ocurrió con las exportaciones cubanas de derivados del petróleo, afectadas al contraerse en 2017, por segundo año consecutivo, la importación de crudo de Venezuela, debido a la crisis política y las tensiones económicas internas en ese país.

Entretanto, las producciones de la industria farmacéutica y biotecnológica se han mantenido entre las de mayores ingresos en el abanico de exportaciones, con cientos de millones de dólares cada año, y el registro en otros países de medicamentos cubanos de avanzada tecnología y algunos exclusivos.

Deuda renegociada: beneficios y presiones

Las restricciones en la disponibilidad de divisas acusadas por el gobierno cubano se han complicado en lo inmediato por una estrategia del Estado para recuperar credibilidad financiera internacional y reducir esas presiones en el mediano plazo: el reordenamiento de la deuda externa.

Después de la exitosa renegociación de deudas con otros países, Cuba ha tenido que enfrentar obligaciones financieras que incrementan las presiones sobre la caja del Estado. En julio de 2017, Cabrisas informó que el país había desembolsado, en medio año, 2.306 millones de dólares por estos acuerdos de pagos.

Analistas como José Luis Rodríguez estiman montos mucho mayores, derivados del ordenamiento exitoso de deudas vencidas desde hacía años. Valora, por tanto, de “colosal” el esfuerzo que ha implicado para Cuba realizar estas operaciones sin el apoyo del FMI, el Banco Mundial u otros organismos financieros internacionales, y con el agravante de miles de millones de dólares perdidos por el bloqueo económico de EE.UU.

Aun cuando se cumplen los compromisos de pagos renegociados, el gobierno cubano ha reconocido la persistencia de demoras en el cumplimiento de obligaciones en deudas de corto plazo con proveedores. “El incumplimiento de los pagos de cartas de créditos vencidas ha determinado afectaciones a las importaciones, así como dificultades en la utilización de los créditos”, dijo Cabrisas ante los diputados en diciembre. Por esa razón, el país dejó de importar unos 1.500 millones de dólares en el primer semestre, informó en julio el ministro.

Las fallas en el flujo de importaciones han afectado el suministro a producciones industriales y la agricultura,además de visibilizarse en la irregular oferta del comercio minorista. La desaparición, por momentos, de algunos productos se tornó un fenómeno más común de lo habitual en las tiendas en divisas durante 2017.

Pese a tales dolores de cabeza, comienza a atisbarse una reacción que bien puede interpretarse como beneficio incipiente del reordenamiento de relaciones con los acreedores externos: la reanimación de inversiones extranjeras en Cuba.

Inversiones extranjeras: ¿avance o lentitud?

Las inversiones extranjeras directas (IED) en Cuba ganaron alguna velocidad en 2017, a juzgar por las cifras oficiales y pese a continuar distante todavía de las necesidades de la economía.

En la pasada Feria Internacional de La Habana, en noviembre, el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, anunció que durante el año transcurrido desde la anterior edición de esa cita comercial, Cuba había firmado inversiones extranjeras con “un capital comprometido superior a los 2.000 millones de dólares”.

Con 33 negocios firmados con compañías foráneas al comenzar 2018, la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM) funciona como punta de lanza en la actual política de inversiones extranjeras.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La diligencia parece aumentar. A 1.346 millones ascendía el capital pactado durante casi tres años previos, desde la aprobación a inicios de 2014 de la Ley 118 de Inversión Extranjera, hasta el cierre de 2016.

Los nuevos proyectos fueron acordados –para su ejecución en varios años- en los sectores de energía renovable, prospección petrolera, construcción, turismo, minería, bancario y en las industrias ligeras, alimentaria y azucarera.

De acuerdo con informes de prensa, existían 209 negocios de inversión extranjera en noviembre. La mitad, 104, son contratos de administración con cadenas hoteleras internacionales; 97, empresas mixtas y solo ocho, proyectos de inversión de capital ciento por ciento extranjero. Estos últimos radican en la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), que con 33 proyectos actúa como punta de lanza en la política cubana de desarrollo con capital externo.

A juzgar por informes sobre el Plan de la Economía Nacional en 2017, la entrada de capital extranjero permanece distante todavía de una meta que Cuba ubica entre 2.000 y 2.500 millones de dólares de ejecución por año. El programa de inversiones del país preveía 6,5 por ciento de participación foránea ese año, lo que representa poco más de 500 millones de dólares, según comentarios de la prensa cubana.

Sorprendentemente, a pesar de las limitaciones de capital fresco, Cuba insiste en propósitos de inversiones cada vez más ambiciosos.

Ambiciones inversionistas del Estado

Las inversiones ejecutadas por el Estado cubano crecieron un 34 por ciento en 2017 con objetivos como las fuentes renovables de energía.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El ministro de Economía presentó en diciembre un programa de inversiones del Estado ascendente a 10.800 millones de pesos (o dólares, según la tasa de cambio oficial) en 2017, destinados en primer lugar a los sectores turístico y energético. También a infraestructura hidráulica (trasvases y presas) y capacidades de almacenamiento e industrias disímiles, con avances desde hace unos años.

Ese plan implica un salto de 23 por ciento o de unos 2.000 millones de pesos sobre las inversiones ejecutadas en 2017. ¿Podrá Cuba cumplirlo?

La tendencia reciente le otorga un aval. Aunque en 2017 el país ejecutó solo 90,8 por ciento del Plan Nacional de Inversiones, ya implicó un crecimiento de unos 2.200 millones de pesos (34 %) sobre la ejecución del año anterior (6.500 millones de pesos).

El desafío es tirante, entre otras razones porque todavía la participación extranjera es baja: apenas 5,6 por ciento del valor total de las inversiones que planifica el país en 2018, después de un 2017 en proporción también reducida.

Al parecer, los esfuerzos gubernamentales para acelerar el programa inversionista, en primera instancia con recursos estatales, responden a preocupaciones insistentes de economistas del patio acerca de la baja tasa de inversiones del país. Ese indicador, ligeramente superior al 10 por ciento del PIB todavía en 2017, permanece distante de convenciones del desarrollo que exigen más de 20 por ciento.

Las claves para dinamizar la actividad de inversiones y de la economía en general,dependen en buena medida de un proceso de Actualización del modelo económico, que avanza con más lentitud de la prevista –vox populi compartida por las máximas autoridades.

Insatisfacciones con la velocidad

La solución de la dualidad monetaria y cambiaria está tomando más tiempo del que se propusieron en sus inicios las autoridades.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

“Todos los problemas que hemos enfrentado en la actualización del Modelo son más complejos y más profundos que lo que habíamos pensado inicialmente”, declaró al Parlamento, en diciembre, el Jefe de la Comisión Permanente de Desarrollo e Implementación, Marino Murillo, y admitió que al inicio “pensamos que esto lo podíamos resolver en un periodo de tiempo más corto”.

Como ejemplo, expuso la demora de la dualidad monetaria y cambiaria, una de las trabas más hirientes que afronta la economía cubana, en primer lugar, las empresas estatales.

“Nadie puede calcular, ni el más sabio de los sabios que tengamos nosotros –abundó luego el Presidente Raúl Castro-, el elevado costo que ha significado para el sector estatal la persistencia de la dualidad monetaria y cambiaria”. Reconoció que este mal “favorece la injusta pirámide invertida, donde a mayor responsabilidad se recibe una menor retribución y no todos los ciudadanos aptos se sienten motivados a trabajar legalmente”.

Los aplausos de los diputados tras declarar el mandatario que “este asunto nos ha tomado demasiado tiempo y no puede dilatarse más su solución”, expresan el agotamiento generalizado de la sociedad ante este problema.

En esa sesión parlamentaria, Murillo se comprometió a presentar, a más tardar en este marzo, un informe sobre la marcha de la actualización, así como una proyección estratégica de cómo enfrentar la implementación de los Lineamientos hasta 2021.

Sobre cuatro prioridades mencionadas por Murillo, se esperan definiciones importantes: la dualidad monetaria y cambiaria –dijo que más de 200 personas trabajan en la solución de este problema, con consulta a expertos extranjeros-, el sistema de empresas estatales, el Plan de Desarrollo de Largo Plazo y la inversión extranjera.

El plazo de entrega de tierras en usufructo a productores privados se extendió de 10 a 20 años.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La interrogante pendiente de respuesta es si el país logrará acelerar un proceso de transformaciones que vio pasar el año 2017 con nuevas medidas en áreas sensibles de la economía, pero aún sin los grandes avances o resultados que espera la sociedad.

Novedades de la reforma

Entre las novedades más importantes de 2017, se encuentra la aprobación final y publicación de los documentos programáticos del proceso de cambios, pendientes desde que en abril de 2016 se celebró el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba: los Lineamientos de la Política Económica y Social 2016-2021, la Conceptualización del Modelo Económico y Social y las Bases del Plan Nacional de Desarrollo de Largo Plazo (hasta el 2030).

A fin de año salió a la luz otro paquete de un decreto-ley y tres decretos con intención de ampliar la autonomía de las empresas estatales, un ámbito con transformaciones graduales previas en materia de salarios y otras áreas. Publicadas en diciembre, las nuevas normas legales buscan perfeccionar las corporaciones denominadas organizaciones superiores de dirección empresarial (OSDE) y ampliar la separación de funciones estatales y empresariales, que centralizaban los ministerios en el modelo económico anterior.

El gobierno frenó el otorgamiento de licencias a un grupo de actividades por cuenta propia vinculadas a los mercados agropecuarios, ante las quejas populares por sus altos precios y otras fallas.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

A lo largo del año, las autoridades también adoptaron medidas para ordenar mejor la naciente actividad no estatal, en un esfuerzo más bien baldío por poner techo al alza desmedida de precios de negocios específicos, como los taxis privados, que La Habana identifica como almendrones o boteros.

Atento a la evolución del trabajo por cuenta propia, el gobierno detuvo la aprobación de nuevas licencias para 27 actividades reconocidas por la ley (181 es el total), aunque temporalmente. Y canceló definitivamente el otorgamiento en cinco actividades, tres de ellas vinculadas con el mercado agropecuario, un área de quejas insistentes de los consumidores y la prensa, por la persistencia de altos precios.

A pesar del ajuste, las personas incorporadas al trabajo por cuenta propia aumentaron en 2017 hasta casi 580.000, de acuerdo con reportes divulgados en octubre.

También recibió freno en 2017 la aprobación de nuevas cooperativas no agropecuarias. El gobierno anunció su intención de reordenar esa actividad para eliminar distorsiones de los conceptos originales de este experimento, indisciplinas y hasta problemas de corrupción en algunas de ellas. A la par, estableció límites provinciales para las operaciones de esta forma empresarial no estatal. Al comenzar el nuevo año, deben mantenerse 429 cooperativas, tras la incorporación de cinco vinculadas con la actividad pesquera.

Cuatro prioridades definió Marino Murillo para el proceso de actualización del modelo económico: dualidad monetaria, empresas estatales, inversiones extranjeras y Plan Económico de largo plazo.

Foto: Tomada de Cubadebate

Otras medidas ampliaron el máximo de tierra que se puede entregar en usufructo a cooperativas y otros productores agropecuarios y buscan un empleo más eficiente de esos suelos.

Ante la proximidad del informe prometido para el primer trimestre del presente año, han aumentado las tensiones de la población por insatisfacciones con los resultados del proceso de transformaciones. Por su impacto para todo el funcionamiento de la economía –comercio externo e interno; industrias, producciones agropecuarias, turismo, energía, banca y otros servicios; empresas y unidades presupuestadas, sector mayorista y minorista, etc.-, el sueño de la unificación monetaria y cambiaria sintetiza quizás, como pocas otras, la mayor deuda del proceso.

Cuba concluyó 2017, por tanto, sumida entre interrogantes, planes y expectativas más que en el cálculo de ganancias, después de siete años de iniciada oficialmente esta Actualización del modelo económico. Nuevos actores, rasgos y reglas han entrado en escena, sin cambios visibles aún en las capacidades de la economía, en una carrera de obstáculos que amenaza con ser eterna.(2018).

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