Aguja ecológica en el pajar de la microempresa cubana

La gestión amigable con el ambiente es muy rara entre los casi 400.000 microempresarios cubanos registrados en 2011.

Jorge Luis Baños - IPS

La vendedora explica a una clienta las bondades y maneras de usar un biofertilizante.

LA HABANA, nov (Tierramérica) – Oasis Nelva es una pausa verde en el paisaje asfaltado de La Habana Vieja, la zona más antigua de la capital cubana. Puertas adentro, esta tienda de plantas ornamentales ensaya un enfoque ecológico para sortear limitaciones de la creciente microempresa cubana.

“Apostamos por una gestión sustentable para despegar económicamente”, dice a Tierramérica una de sus propietarias, Carmen Monteagudo, especialista en estrategias de desarrollo local. Ella y el experto en jardinería Evelio Pérez crearon un proyecto inusual entre los pequeños negocios que repuntan desde 2010, cuando el gobierno de Raúl Castro legalizó nuevos oficios para el sector privado.

Este enfoque los ayuda a vencer algunos obstáculos. El desarrollo del sector privado se frena, entre otras razones, por un mercado mayorista de insumos casi nulo y porque las actividades permitidas, pocas y muy específicas, limitan la creatividad, afirman los economistas Omar Everleny Pérez y Pavel Vidal en un estudio publicado este año.

“Lo que ofrecemos es de factura nacional y se elabora en el territorio capitalino”, explica Monteagudo sobre las macetas, pedestales, elementos de herrería, lámparas chinas, estatuas de jardín y otros soportes que venden para la decoración con plantas. “También nos guiamos por el reciclaje”.

Con la mira puesta en el turismo internacional y nacional que visita La Habana Vieja, Monteagudo y Pérez pidieron a los artesanos, proveedores de soportes y depósitos, que idearan diseños originales y recuperaran materiales de desecho.

Así nacieron tiestos de cortezas de coco con botellas plásticas por dentro, o de maderas recuperadas del encofrado para las construcciones, y las vasijas fundidas por una artesana que encontró una fórmula para aprovechar los restos de mamposterías derrumbadas.

La gestión económica amigable con el ambiente es muy rara entre los 391.500 trabajadores por cuenta propia registrados en 2011 por la estatal Oficina de Estadística e Información.

Monteagudo y Pérez no conocen a otros cuentapropistas que apliquen preceptos de sostenibilidad. “Se necesita más divulgación y capacitaciones. También este es un sector muy joven”, valora Monteagudo, integrante del no gubernamental Centro de Intercambio y Referencia Iniciativa Comunitaria.

Para ellos, Oasis Nelva es la oportunidad de concretar habilidades y obsesiones de toda la vida. En noviembre de 2011, la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana les ofreció participar en un proyecto especial para pequeños negocios que beneficiaran a la comunidad del casco histórico de La Habana.

La oferta incluyó un local rehabilitado en arrendamiento y la posibilidad de realizar cursos. En el entrepiso de la tienda se habilitará un aula-taller para capacitaciones en calidad de vida y sustentabilidad urbana y clases de bonsái y floristería, pagas y gratuitas, para “multiplicar la visión ecológica”, explica Pérez.

Oasis Nelva tiene un listado de precios en las dos monedas que circulan en este país, los pesos cubanos y los convertibles.

Y se abastece de la red nacional de viveros y huertos de agricultura urbana y suburbana, coordinada por el estatal Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical “Alejandro de Humboldt”, que produce alimentos, plantas y posturas con manejo ecológico.

“Nos nutrimos de varios de esos viveros y de mi azotea”, explica Pérez en referencia al lugar donde atesora sus bonsáis. En las macetas de la tienda solo crecen plantas cuidadas con técnicas agroecológicas y productos biológicos.

La oferta también incluye biofertilizantes nacionales, como Ecofel, que son “los productos más vendidos”, apunta la vendedora de la tienda, Nercys Pérez.

“Si obtenemos un patio baldío vecino, idearemos un vivero donde se aproveche el agua pluvial y se haga un manejo óptimo del suelo”, planifica Monteagudo. Mientras tanto, un tubo conectado a los dos equipos de climatización lleva el agua que rezuman a sendos aljibes. “Esto nos garantiza una reserva y disminuye los gastos”, asegura.

La mayor parte de las 181 actividades legalizadas para el sector privado “son poco intensivas en conocimiento”, alertaron Everleny Pérez y Vidal en su artículo “Apertura al cuentapropismo y la microempresa, una pieza clave del ajuste estructural”.

Las opciones, circunscritas a servicios básicos como transporte, hospedaje y gastronomía, resultan poco atractivas para los profesionales de esta isla caribeña, agregaron.

Por eso, recomiendan ampliar el perfil privado para atraer al más de un millón de trabajadores que quedarán sin empleo público para 2015. Muchos negocios ya son microempresas, pues pueden contratar personal e incluso arrendar locales estatales y contar con préstamos y cuentas bancarias. (FIN/2012)

* Este artículo fue publicado originalmente el 24 de noviembre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

Un comentario

  1. ernesto figueredo

    Me parece muy absoluto este trabajo, y las personas q trabajan en esta tienda. ni por asomo los únicos en establecer desde preceptos de sustentabilidad ecológica. Y no solamente en estas actividades de jardinería y artesanía. son miles los campesinos en Cuba q realizan acciones agroecológicas, y hasta se tienen experiencias de la permacultura. además, buena parte de los artesanos cubanos (mucho más q habaneros) realizan todo tipo de objetos con materiales reciclados, en ocasiones todos sus productos. es una experiencia aplasuible, ahora, les pregunto: esto lo hacen para vender más y de paso protegen el medio ambiente y satisfacen algunas necesidades sociales o cúal es visión?
    efigueredo@cimac.cu

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