Alianzas necesarias para fortalecer desarrollo económico y social cubano

En Cuba persisten estereotipos que limitan la promoción de alianzas y asociatividades entre actores económicos y sociales.

En los principales documentos programáticos para impulsar el desarrollo nacional apenas se tiene en cuenta las alianzas multiactorales.

La Habana,   27 feb.- La intersectorialidad y el liderazgo de los actores sociales en la gestión y transformación de las comunidades son potencialidades que siguen sin aprovecharse para impulsar el desarrollo económico-social del país, sostienen cientistas sociales y activistas.

Una consecuencia de estas alianzas multiactorales sería el gradual incremento del aprovechamiento de las potencialidades mutuas de cada sector económico y otros actores implicados en el mejoramiento de la economía nacional.

Así opina el investigador Ovidio D’Angelo, quien llama la atención sobre la ausencia de tan importantes aspectos de articulación y asociatividad en los “Lineamientos de Actualización del Modelo Económico-Social” y en la llamada “Conceptualización del Modelo Económico Cubano”.

Ambos documentos, discutidos en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (abril de 2016), constituyen la plataforma programática de la organización política dirigente para encauzar el desarrollo nacional bajo un régimen socialista hacia 2030.

Estimular iniciativas productivas para el desarrollo a nivel local y de toda la sociedad puede producir, en esas nuevas condiciones, saltos cualitativos importantes.

Apunta D’Angelo que ello “generaría un sentido de compromiso, pertenencia y satisfacción mucho mayores que en las actuales condiciones de divergencias entre capital-trabajo (en las nacientes medianas y pequeñas empresas privadas y cooperativas y empresas mixtas o de capital extranjero); entre Estado-trabajo (en las actuales empresas estatales), así como en la actual cuasi-exclusión de la ciudadanía de los procesos productivos y de gobierno fundamentales”.

Sin embargo, para que ello ocurra, deben desmontarse “los estereotipos sociales que limitan la promoción de alianzas y asociatividades entre actores (económicos y sociales) de diferente naturaleza y frenan la interconexión de los procesos asociados al desarrollo humano, en nuestro contexto histórico y social”.

Por ello, conceptos como Economía Social Solidaria y Responsabilidad Social deberán formar parte consustancial de los proyectos de desarrollo, con el fin de tener en cuenta el aporte de los diversos sectores económicos al desarrollo de las comunidades, agrega el experto.

Como experiencia ilustrativa destaca las acciones del Proyecto Arte-Corte, iniciativa no estatal que desde 1999 impulsa en el Centro Histórico de la capital cubana el emprendedor Gilberto Valladares, conocido como Papito, el peluquero.

Apoyado por el Plan Maestro de la Oficina del Historiador de la Ciudad y el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, dicho proyecto reúne a barberos, peluqueros, artistas, historiadores y la ciudadanía que, con esfuerzo propio y ayuda de algunas entidades, impulsan actividades económicas, sociales y culturales de beneficio comunitario y dignificación de las personas.

Las características del liderazgo comunitario contribuyeron, de manera decisiva, al éxito del proyecto. La labor de sensibilización realizada por éste (Papito), fue materializándose en la atracción de nuevos cuentapropistas de la zona, así como de empresas estatales y otros diversos actores sociales, antes desvinculados del desarrollo comunitario, resalta D’Angelo.

A juicio del propio Valladares, el modelo de trabajo de Arte Corte se inspira en la Economía Social Solidaria, mediante la cual “todos podemos aportar algo a la sociedad, dinero, conocimiento, fuerza de trabajo o tiempo”.

Esto contribuye con beneficios sociales, culturales, medioambientales y económicos. Lo más importante es que todo tribute hacia la propia comunidad, hacia los cuentapropistas solidarios y hacia la Oficina del Historiador, refirió en diálogo con la redacción de IPS Cuba.

Papito tiene como filosofía que “muchos poquitos hacen mucho, si cada cual impulsa esa idea desde cualquier perspectiva” y sostiene que la alianza de la comunidad con artistas, emprendedores, la universidad, el delegado y los vecinos pueden ser una fuerza transformadora de los barrios y la economía de un país.

Creo que está en llegar a que el sector estatal y el sector por cuenta propia ayuden a construir la sociedad. Eso se logra haciendo alianzas como lo hacemos nosotros, remarcó.

Pero, más allá de las experiencias de estas alianzas intersectoriales públicas-no estatales, el papel aún poco articulador adjudicado actualmente desde la concepción y normas jurídicas al sector de emprendimientos privados y cooperativos, sin un contenido social solidario expreso, limita su campo de generación de iniciativas y autonomía para su aportación a la economía y la sociedad, advierte D’Angelo. (2017)

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