Crisis del transporte se acentúa en La Habana

Transportistas privados llevan a cabo una “huelga silenciosa” o de “brazos caídos”, afirma la población.

En algunos lugares de La Habana, la espera para abordar un taxi privado han pasado de unos 15 ó 20 minutos a mucho más de una hora.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La Habana, 2 mar.- Los ómnibus transitan más atestados que de costumbre y decenas de personas se apretujan en las rutas por donde solían pasar numerosos taxis privados, que parecen negarse a mantener su trabajo habitual luego de que las autoridades habaneras establecieron precios a sus rutas.

A las 6:00 de la tarde, Yamilé corrió infructuosamente para alcanzar una guagua (bus) P-4, ruta citadina que habitualmente utiliza para trasladarse desde el trabajo a su casa.

“El problema es que si los almendrones (nombre local a algunos autos antiguos) no recogen, entonces todo el personal que antes utilizaba esa variante tiene que intentar coger una guagua”, dijo la joven, de 29 años, a la Redacción IPS Cuba.

Y agregó que “la situación nunca ha sido fácil entre las cuatro y las seis de la tarde, pero está peor después de las medidas tomadas por el Estado”, en referencia a las nuevas tarifas aprobadas para los trabajadores por cuenta propia con licencia de operación del transporte.

La mayoría de los taxis privadas en Cuba son carros antiguos americanos con más de cuatro década de explotación.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Con ello coincide José Raúl, quien manifestó su inconformidad con la situación actual. “Ahora hay que pensarlo mucho antes de salir a hacer alguna gestión, porque no hay transporte ni en las zonas céntricas”, manifestó.

Afirmó que “los taxistas están protestando a su manera y no pasa nada”.

Otras personas alegaron que estos transportistas privados realizan una especia de “huelga silenciosa” o “de brazos caídos”.

La percepción de muchas personas en La Habana es que la situación actual del transporte se agravó después del 8 de febrero, cuando el Consejo de la Administración Provincial anunció medidas para “no permitir el incremento de los precios máximos” aprobados desde julio de 2016.

La información publicada en la prensa estatal estipuló “el obligatorio cumplimiento de los precios referenciales máximos según la salida o retorno en la ruta que utilicen, y previa información al usuario”.

Tras la disposición, algunos recorridos cortos quedaron topados en cinco pesos cubanos (25 centavos de dólar) y otros más extensos en 15 pesos (70 centavos de dólar), cuando antes costaban 10 y 20 pesos, respectivamente.

La presencia de agentes de la Policía Nacional Revolucionaria es notoria en las avenidas por donde circulan los llamados “almendrones”.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Además, el gobierno estableció que las violaciones, ya sea por denuncias de la población o aquellas detectadas en acciones de control, conllevan a la cancelación de la licencia, e incluso, el decomiso del medio de transporte.

Sin embargo, los resultados no han sido los esperados y en las últimas semanas ha aumentado el malestar de la población.

“Ahora los choferes no están recogiendo a nadie en los diferentes tramos que competen a esa ruta, prefieren ir vacíos a que alguien les pague un tramo corto de cinco pesos”, comentó el usuario Maikel en un foro debate realizado en el sitio digital Cubadebate.

Boris Luis, otro forista, apuntó que “es increíble la cantidad de personas que está estancada en las esquinas, los taxistas se aprovechan de eso y ahora, increíblemente, en varios puntos, están cobrando más, de lo contrario no puedes irte, ni llegar a tiempo a ningún lugar”.

Opinó que “muchos (taxistas) están en huelga silenciosa y continuarán así, o en el mejor de los casos, guardaran sus carros y eso creara un conflicto social”.

Magy Ceci, otra cibernauta, expresó que “era mejor dejarlo como estaba, si iban a seguir con paños tibios”.

Al respecto, agregó que “los boteros, simple y llanamente, desde la ley anterior se estaban burlado del pueblo y de las instituciones que reglamentaron precios y rutas”.

Otras personas instan a abrir el diálogo con los transportistas privados y no continuar con las imposiciones.

“Mi esposo maneja un almendrón, trabaja todo el día y no es de los que violan la ley, pero está molesto porque gana menos y tiene que pagar a precios altísimos las piezas, las reparaciones y la gasolina”, dijo Milagros a la Redacción IPS Cuba.

“Nadie mira esa parte, él se desangra cuando el carro tiene algún fallo”, remarcó esta habanera, que reside en el municipio habanero 10 de octubre.

El aumento del turismo también contribuye a agravar la ya situación del transporte y de otros servicios en la capital cubana.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Un criterio similar tiene un ciberlector que se identifica como Kamilo. “¿Cuándo van a topar el precio que cobran chapisteros, mecánicos, poncheros y todo un grupo de gente que vive de los boteros?”, cuestionó.

“Caerle encima a los boteros es igual que lavarse la cara y dejarse el resto del cuerpo sucio”, acotó.

Carlos Gutiérrez, por su parte, consideró que, “como casi siempre, están atacando el síntoma y no la enfermedad”.

A su juicio, “la verdadera causa de los abusos de los boteros es la escasez crónica de transporte público. Eso no se arregla por decreto”, subrayó.

Agregó que “en la medida en que resuelvan ese viejísimo problema, los boteros dejarán de ser paulatinamente los villanos de la película”.

“Mientras tanto seguiremos igual que hasta ahora: los boteros en una huelga virtual, las personas pasando mil trabajos para llegar a cualquier parte y el malestar social acumulándose”, afirmó.

La televisora estatal Canal Habana informó que el sistema de transporte público en la capital cubana precisa alrededor de 2.000 ómnibus y se cuenta con una cifra inferior a los 700, una parte de ellos en mal estado técnico.

Personas de la capital observan desde el lunes un despliegue policial en varios puntos de la provincia, en especial en los alrededores de la Plaza de la Revolución. El vox populi asegura que es a causa de la situación con los transportistas privados, que muchos califican de “huelga”. (2017)

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