El largo camino por un techo

Desde el último censo nacional en 2002 hasta el presente, 13 huracanes azotaron la isla y la cantidad de viviendas terminadas por año mermó a partir de 2007.

Jorge Luis Baños - IPS

Las autoridades pretenden que el grueso de las actividades productivas en la construcción pase paulatinamente al sector no estatal.

LA HABANA, 24 sep (IPS) – “La casa es lo más importante para la gente en Cuba”, sostuvo Raimundo Pérez, un corredor de inmuebles conocedor de las vicisitudes que atraviesan muchas familias para obtener vivienda, pese a los últimos incentivos dispuestos por el gobierno.

Pérez describió que “algunas personas reunieron centavo a centavo, otras trabajaron durante años en el extranjero, y sé de casos que vendieron todo para comprarse una casita propia”.

“Los precios suben cada vez más por la escasez de casas”, añadió a IPS este habanero que prefirió usar nombre y apellido ficticios, de oficio jardinero, pero de larga experiencia como intermediario en compraventas y permutas de inmuebles, tarea que realiza sin la licencia oficial.

Las dimensiones actuales del deterioro y déficit habitacional en Cuba se conocerán a cabalidad cuando se tengan los resultados del Censo de Población y Viviendas, iniciado el sábado 15 y que finalizó este lunes 24.

Desde el último censo nacional en 2002 hasta el presente, 13 huracanes azotaron la isla y la cantidad de viviendas terminadas por año mermó a partir de 2007. Con la reforma económica, se flexibilizaron los permisos de obra, se amplió la oferta de materiales y se legalizó la compraventa de casas, entre otros cambios.

Hace una década, el censo registró 3.534.327 unidades de alojamiento, para un promedio de 3,16 personas por cada una. Las casas en mal estado representaban entonces 15 por ciento del total en las ciudades y casi 38 por ciento en zonas rurales.

También el registro de 2002 indicó que la población había aumentado en 1.454.138 y las viviendas en 1.165.874 respecto del anterior conteo de 1981.

Desde entonces, el panorama habitacional se tornó complejo. En 2004, las autoridades calculaban un déficit de más de medio millón de domicilios. Para satisfacer esa demanda se requería edificar unas 80.000 casas por año durante dos lustros, unas 20.000 de ellas solo en La Habana.

Ante esas necesidades, en 2006 se lanzó un programa especial para la conservación y rehabilitación del fondo habitacional, que incrementó en más de 30 por ciento el monto para las inversiones en el área.

La meta pautada fue superior a las necesidades, incluso, al fijarse en 100.000 nuevas viviendas anuales, pero solo se cumplió ese año, con la terminación de 111.373, un hecho excepcional en la historia reciente del país. Ese ritmo descendió abruptamente en 2007, hasta que en 2011 se finalizaron unas 32.540 unidades, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información.

A fines de 2008, tres intensos huracanes azotaron el país y dañaron 647.110 viviendas, de las cuales se derrumbaron 84.737.

Como muchos jóvenes, Alejandro Robaina no aspira a tener una casa. “Con mi salario nunca me va a alcanzar para construir o comprar una”, confesó a IPS este empleado de una cafetería privada en La Habana. Hace dos años, luego de confirmar que su esposa estaba embarazada, rentó un apartamento en San Miguel del Padrón, un municipio de la periferia capitalina.

“Los alquileres son escasos y muy inestables. El día que mi hija nació, tuve que sacar nuestras cosas porque el dueño necesitó la vivienda”, recordó. Entonces “nos fuimos a vivir con mi mamá, hasta que encontramos otro alquiler muy barato en San Miguel. Todavía estamos allí”, indicó Robaina, de 23 años, mientras cruzaba los dedos en señal de buena suerte.

El fondo habitacional capitalino tiene una edad media de 75 años, calculó el arquitecto Miguel Coyula en un artículo entregado a IPS y titulado “La Habana, ciudad envejecida”. Los domicilios en buen estado predominan en las centrales urbes de Matanzas, Cienfuegos y Sancti Spíritus, mientras aquellos en regular y mal estado corresponden en 50 por ciento a las localidades del este.

Con la crisis económica que afronta esta isla desde los años 90, la construcción liderada por empresas estatales se frenó, entre otras causas, por un descenso en las inversiones, la baja productividad de la fuerza constructiva, la carencia de mano de obra calificada y la mala calidad de las edificaciones.

Con miras a descentralizar, las autoridades aspiran a que 70 por ciento de las actividades productivas en relación a la vivienda sean ejecutadas por el sector no estatal hacia 2015.

La legislación vigente indica que los propietarios, que llegan a 90 por ciento de las casas cubanas ocupadas, son los responsables de su mantenimiento.

Así, en 2010 se flexibilizó el camino para obtener una licencia de construcción por esfuerzo propio para obras nuevas, ampliaciones, remodelaciones, rehabilitación y divisiones. Al año siguiente, se permitió la venta en pesos cubanos de materiales de construcción, que no suplen toda la demanda ni son asequibles para el ingreso medio.

Las personas con bajos ingresos, dispuestas a remozar o ampliar su vivienda, pueden solicitar subsidios al gobierno local. Desde 2011 hasta mediados de junio de 2012 se otorgaron 7,3 millones de pesos cubanos (unos 232.700 dólares). De ellos, se ejecutaron entonces poco más de la mitad por causas como el déficit de materiales.

Además, en enero entró en vigor la solicitud de préstamos bancarios para rehabilitar viviendas, incentivar la producción agropecuaria y los negocios privados. Al mes de comenzar este plan, la mayoría de los pedidos buscaban remozar domicilios. Esta tarea resulta “muy costosa para una significativa cantidad de los propietarios”, según Coyula.

“No da la cuenta alimentarse y construir al mismo tiempo”, advirtió Yusmila Guevara, una vecina de la provincia de Mayabeque, colindante con La Habana.

Guevara guardó el pago extra que cada semestre recibe en su empleo estatal de investigadora para terminar la mitad de una casa inconclusa, legada por su padre a ella y a su hermana.

“Llevó dos años solo para colocar, en mi parte, los pisos, el sistema eléctrico y de agua, forrar las ventanas y agregar un baño”, narró a IPS.

Es que “la mano de obra y los materiales son muy caros”, explicó. “Aún me faltan al menos 5.000 pesos (unos 160 dólares) para terminar”, sopesó esta mujer de 33 años, quien desea un techo propio para tener un hijo.

“Le di un empujón cuando comenzaron a vender el cemento en pesos cubanos, pero hace falta bastante dinero”, valoró Guevara.

Su hermana, Maidelys, trabajó como enfermera en Venezuela durante tres años. Gracias a ese empleo pudo “terminar su parte de la casa, y a su gusto”, apuntó.(FIN/2012)

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