Emprendedoras cubanas defienden la economía social solidaria

Un segmento del creciente sector privado en Cuba y organizaciones no gubernamentales colaboran en el fomento de negocios con responsabilidad social.

Alina Saborit (a la extrema izquierda), una líder natural y emprendedora del proyecto Mujeres y desarrollo, en el municipio habanero de Marianao.

Foto: Archivo IPS_Cuba

La Habana, 21 jun.- “Soy una de esas mujeres sobrevivientes de la violencia. Antes no sabía que era violentada, tenía muy baja autoestima, inseguridad y miedo hasta de ir a la escuela a ver cómo les iba a mis hijos”, compartió en un foro Alina Saborit, que es hoy una emprendedora cubana y ayuda a otras personas en situación de maltrato.

Saborit lleva el atelier “Atrévete, eres más”, en el habanero municipio de Marianao, junto con otras mujeres que antes trabajaban en sus hogares, “sin una disciplina laboral,porque preferían estar ahí dentro tranquilitas, sin salir a socializar”, dijo en la última edición del espacio Foro Permanente que organiza cada mes el no gubernamental Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR).

El encuentro realizado el pasado 15 de junio reunió experiencias femeninas de varios municipios de La Habana y al grupo de fotógrafas de Jagüey Grande, en la provincia occidental de Matanzas, para intercambiar sobre sus proyectos, lecciones aprendidas, dificultades y desafíos que enfrentan.

“Queríamos visibilizar el esfuerzo y resultados de trabajo de estas emprendedoras, de manera que sirviera de intercambio de experiencias y referente a otras prácticas, donde ellas pudieran recoger las sugerencias y recomendaciones de otras mujeres como ellas y también de instituciones que están trabajando el tema”, explicó a la Redacción IPS Cuba Laritza González, especialista de OAR.

El foro suele funcionar en forma de paneles. Pero, en esta ocasión, “quisimos hacerlo de manera más coloquial, más alegre, no tan formal, donde se sintieran cómodas y tuvieran un espacio de confort para poder expresarse”, detalló.

A la convocatoria respondieron zapateras, barberas, dulceras y costureras del proyecto Mujeres y desarrollo, de Marianao; peluqueras de la peluquería Unisex, del Cerro, y del proyecto de Párraga, en Arroyo Naranjo, todas de La Habana. Además participaron las fotógrafas del municipio de Jagüey Grande, en Matanzas.

La preocupación por sumar a otras personas para que su vida mejore en lo económico y personal distingue a estas experiencias.

“Con el grupo del atelier desarrollé algo que llamé Mujeres con propósito, donde aprendieron de violencia. Con ellas he compartido lo que aprendí y también recibo una retroalimentación tremenda”, sostuvo Saborit.

“Nos desarrollamos como cooperativa, no buscando la economía de capital sino la solidaria: no queremos perder quiénes somos, qué queremos y hacia dónde vamos, por eso abogo por la economía solidaria”, explicó la sobreviviente de violencia.

Dairilys Hernández, de 20 años, integra el proyecto de fotografía de Jagüey Grande. “Comenzó en 2015 con cursos de fotografía sobre iluminación, manejo de cámaras y edición para unas 15 mujeres desvinculadas del trabajo y estudiantes”, recordó Hernández.

Ahora buscan las vías para convertirlo en un emprendimiento para mejorar el poder adquisitivo y ser independientes sin “que el trabajo social se quede atrás”.

Vicky, una economista y arrendataria, valoró que esas mujeres, por tener un negocio, no se olvidaron del mundo y mantienen “esa semillita de pensar en el otro, en lo social, en cómo podemos articularnos y transmitirles lo que sabemos a otras mujeres y sumar a los hombres”.

Con ese criterio coincidió la instructora de arte Yoamaris Neptuno. “Estas experiencias nos dan un termómetro de cuánto han crecido las personas en conocimientos y en lo que hacen, buscando el rumbo a partir de sus propias vivencias y resultados”, comentó.

A juicio de Georgina Alfonso, del Grupo de Estudio América Latina: Filosofía social y Axiología, “en el fondo de todo esto está una cultura de trabajo cooperado y solidario que tenemos las cubanas por muchos años de resistencia y de lucha”.

Especialistas del Taller de Transformación Integral del Barrio Los Ángeles, en Marianao, explicaron que aplican una metodología que consiste en capacitar a mujeres víctimas en violencia de género hasta que logran salir del ciclo del maltrato y, a la par, aprenden un oficio.

El empoderamiento de estas mujeres“ha sido tanto desde el punto de vista económico, político,de los conocimientos, autoestima, la toma de decisiones y el ejercicio de la participación”, recalcó Betsy Calatayud, del taller que organiza el proyecto Mujeres y Desarrollo.

En el debate, se mencionaron desafíos generales que enfrentan las cooperativas y los emprendimientos privados como la ausencia de un mercado donde adquirir las materias primas y equipamientos, lagunas en la capacitación empresarial, la necesidad de un marco legal más flexible ylas desventajas de las mujeres para aprovechar estas oportunidades. (2017)

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