Emprendimientos privados forman a jóvenes

Varios negocios privados y cooperativos contribuyen de otras maneras con el desarrollo de sus localidades.

En la actualidad, 11 restaurantes capacitan a más de 300 alumnos en La Habana Vieja.

Foto: Jorge Luis Baños

La Habana, 3 ago .- Muchachos y muchachas de varias localidades habaneras se benefician de un programa de formación gastronómica integral, creado por el restaurante privado La moneda cubana, en el Centro Histórico de esta capital.

La idea surgió en 2010, cuando el joven Ángel Aguilera invistió el cargo de presidente del consejo popular Catedral, uno de los 105 en que está dividida La Habana.

Un diagnóstico identificó, entre otros problemas, que 21 adolescentes y jóvenes estaban desvinculados del estudio y el trabajo. En respuesta, nació el proyecto Jóvenes emprendedores para la formación integral de ese grupo.

“Con el apoyo del restaurante La moneda cubana se concibió el programa para capacitarlos como futuros gastronómicos y fomentar en ellos valores para su incorporación integral a la comunidad. Ahí comenzó este sueño que ya tiene cuatro años”, explicó Aguilera.

Estaban en sus casas y merodeaban por las calles sin hacer nada provechoso. La iniciativa propició  que hoy algunos de ellos tengan empleo como trabajadores por cuenta propia en ese restaurante, que promueve el desarrollo local solidario.

Se denomina Jóvenes emprendedores porque desde una cultura multidisciplinaria, se les prepara en el oficio gastronómico y culinario y también en otros saberes necesarios para impulsar futuros negocios propios. Con el tiempo ha traspasado las fronteras de La Habana Vieja para beneficiar a jóvenes de toda la ciudad.

Al proyecto se incorporaron posteriormente otros restaurantes particulares (conocidos popularmente como paladares) hasta alcanzar la cifra de once, que de ocho de la mañana a doce del día, en su horario de descanso, se convierten en aulas, donde se preparan más de 300 alumnos.

Liusia Lien Ortega, de 22 años, residente en el municipio periférico de San Miguel del Padrón, terminó sus estudios de anatomía patológica, pero al final no le gustó.

“Mi mamá se enteró del proyecto y ya estoy en segundo año. Tenemos diferentes asignaturas: gerencia básica, marketing, metodología de la investigación, ortografía, servicio gastronómico, idiomas y otras más”, dijo a la Redacción IPS Cuba.

“Mi perspectiva es trabajar de dependienta, algo que me gusta”, señaló Suyen Ferrán, quien llegó a Jóvenes emprendedores con una historia similar a la de Luisia Lien.

“Pagamos 50 pesos cubanos (dos dólares) mensuales. Tenemos que venir todos de lunes a viernes, en uniforme. Es bastante riguroso. Hacemos prácticas en La moneda cubana y otros restaurantes”, comentó.

Mientras estudian, los padres y madres asumen sus gastos, además de que “a principio de año, según el desempeño y las habilidades de cada cual, los insertan a trabajar en una paladar asociada al proyecto”, continuó.

Miguel Ángel  Baró, propietario de La moneda cubana, dice sentirse satisfecho “porque con ellos hemos conseguido importantes logros. El restaurante tiene un alto estándar y eso en parte se lo debemos a los jóvenes”.

Entre las entidades estatales que se vinculan al proyecto está la Oficina del Historiador de la Ciudad con un programa de cultura general mediante el cual profesores altamente calificados imparten inglés, francés, educación formal, gerencia básica, entorno legal, patrimonio y turismo.

Las técnicas gastronómicas y de cantina las imparten profesores de la Federación de Asociaciones Culinarias de la República de Cuba y la Asociación de Cantineros de Cuba, respectivamente.

Otra de los logros de esta iniciativa local es la posibilidad de garantizar empleo a las y los egresados: hasta la fecha se han generado unas cien capacidades. En el caso de La moneda cubana, los exalumnos constituyen 80 por ciento del plantel.

“Hoy podemos decir que es una de las experiencias más gratificantes, cuando uno los ve cómo se desarrollan y aportan. Las familias están motivadas y los jóvenes han cambiado su rostro. Uno ve el aporte para la comunidad”, opinó el presidente del consejo popular Catedral.

“Estamos también demostrando que la actividad por cuenta propia en este barrio se incorpora como una herramienta de transformación comunitaria. A estas paladares ya no solo les preocupa crecer ellos como privados, sino también cómo desde su posición pueden contribuir al desarrollo local y ayudar a jóvenes desvinculados para que se incorporen a la sociedad”, apuntó Aguilera.

Además de los saberes adquiridos, la participación ha generado cambios en la conducta.

Diego Carcasés, de 19 años, concluyó el servicio militar y no quiso hacer la licenciatura en deporte, vio el anuncio en la calle, hizo la solicitud y lo aceptaron. Ahora culmina su primer año.

“Me ha servido de mucho, he aprendido a cocinar y un idioma. También me ha organizado la vida, me ha dado disciplina y responsabilidad”, contó. “Cuando termine, me gustaría emprender mi propio negocio”, concluyó. (2015)

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