Falta en Cuba comprensión sobre agroecología, aseguran especialistas.

Fuentes especializadas consideran que el movimiento agroecológico pudiera perder el terreno ganado en la isla caribeña en un eventual mayor acceso a la tecnología convencional.

Los organopónicos y huertos intensivos semi-protegidos producen el 50 por ciento de los vegetales que se consume en las ciudades .

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

La Habana, 22 abr.- Con capacitación, sensibilización, intercambio de buenas prácticas, uso de productos naturales y diversificación de cultivos, Cuba persigue avanzar hacia una agricultura sostenible sobre bases agroecológicas, que reduzca las fuertes importaciones anuales de alimentos por 2.000 millones de dólares.

Esa noble aspiración avanza, no sin tropiezos, trascendió esta semana en un programa televisivo dedicado a la agricultura agroecológica. Los obstáculos que persisten son el uso de fertilizantes y plaguicidas químicos, exceso de laboreo y alto consumo de agua y otros recursos, indicaron especialistas invitados, el 20 de abril, al espacio Mesa Redonda Informativa.

“En Cuba hay un modo de producción establecido que dificulta la aceptación por técnicos y agricultores de una propuesta de agricultura sostenible sobre bases agroecológicas, porque no hay un completo entendimiento de lo que significa la agroecología”, dijo Roberto A. Caballero, coordinador del Programa Agroecológico de la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales (Actaf).

Caballero aclaró que esta práctica “no es un conjunto de tecnologías, ni es un modelo productivo”, sino “una ciencia que se nutre de los saberes campesinos, de la cultura agraria local… del estudio detallado del sistema en que se desarrolla la agricultura, la finca, la empresa, el lugar donde debe desarrollarse el proceso de producción y (…) de los conceptos más avanzados de la ciencia cubana e internacional”.

“La agroecología suministra el saber para hacer la tecnología”, apuntó.

A su juicio, esta tendencia resulta coherente con el programa de reforma económica y social emprendido desde 2008 por el gobierno de Raúl Castro, “donde está claramente definido que pretendemos el logro de un socialismo próspero y sostenible”.

En el país, consideró, la seguridad alimentaria es un asunto de seguridad nacional y “si no tenemos seguridad alimentaria, resultará muy difícil lograr un socialismo próspero y sostenible”.

“Una agricultura próspera y sostenible debe ser eficiente en el uso óptimo de los recursos técnicos y humanos”, con mayor uso de la ciencia, sin elevados insumos, pero que a la vez reporte mayor rendimiento y estabilidad productiva.

A su juicio, tiene que tener una reducida dependencia externa, ser resiliente a las condiciones climáticas adversas, ambientalmente responsable y socialmente justa.

No son nuevos los caminos de Cuba por esta senda, que promueven de forma separada pero confluente la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y la Actaf.

A este modelo que quiere extenderse no se llegó por voluntad propia, sino que tomó fuerza por la casi desaparición de los insumos propios de la agricultura convencional por la crisis económica que comenzó en 1991 y se extiende hasta la actualidad. Hoy el país dispone de recursos financieros solo para insumos de cultivos muy específicos.

De acuerdo con Adilén Roque, coordinadora del movimiento agroecológico de la ANAP, en esa organización la agroecología, que llegó en 2007 con la metodología llamada De campesino a campesino, tiene como antecedente la sabiduría del agricultor.

“Desde ese momento hasta la actualidad hemos llegado hasta 150.000 familias campesinas que hoy producen de forma agroecológica por convicción. Hoy tenemos agrupadas más de 200.000 fincas con diferentes integraciones agroecológicas”, dijo.

Para ello, establecen tres categorías: finca iniciada en el camino agroecológico, finca en transformación agroecológica y fincas agroecológicas, que también propician la integración familiar, la participación de mujeres, juventud, niñez y personas de la tercera edad.

Durante el espacio televisado se mostraron ejemplos de unidades de producción donde acciones como la diversificación e intercalado de cultivos, uso de medios biológicos y la creación de bancos propios de semillas han permitido avances en los rendimientos, tanto en fincas pequeñas como en grandes cooperativa.

Las prácticas agroecológicas también ocupan un lugar privilegiado en la agricultura urbana.

El ingeniero Francisco Martínez, investigador del estatal Instituto de Suelos y miembro del Grupo Nacional de Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar, explicó que los organopónicos y huertos intensivos semi-protegidos creados en las ciudades suman 8.300 hectáreas y son responsables de la producción de 50 por ciento de los vegetales que se consumen.

En el caso del movimiento de frutales, en la agricultura urbana, suburbana y familiar se incorporan 100 nuevas cooperativas en las cuales se han introducido 57 especies de frutales, incluso aquellos escasos o en peligro de extinción, con las prácticas agroecológicas, entre ellas la producción de abonos orgánicos y de semillas.

Idalmis Nazco, presidenta de Actaf, organización que celebró en febrero pasado su 30 aniversario, destacó que en el camino hacia la sustentabilidad se potencia la atención a los hombres y mujeres vinculados al sector. (2017)

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